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	<title>123porno.com &#187; felaciones</title>
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		<title>50 formas diferentes de tocar a tu hombre</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 12:14:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Reconozcámoslo: los hombres son facilones a la hora de excitarse y tienen un punto clave infalible. Toquetea o acaricia su pene y lo tendrás inmediatamente excitado y contento. Ya que el punto sensible está tan localizado, te proponemos 50 formas diferentes de tocársela para que tengas infinitas posibilidades de darle mucho placer. 1- Simplemente, acaricia su paquete, él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Reconozcámoslo: los hombres son facilones a la hora de excitarse y tienen un punto clave infalible. <strong><a href="http://www.sexywebcam.com/?ref=sexomail">Toquetea o acaricia su pene </a></strong>y lo tendrás inmediatamente excitado y contento. Ya que el punto sensible está tan localizado, te proponemos 50 formas diferentes de tocársela para que tengas infinitas posibilidades de darle mucho placer.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1583" title="50-tocar-pene2" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2012/01/50-tocar-pene2.jpg" alt="50 formas de tocar el pene" width="560" height="376" /></p>
<p><strong>1-</strong> Simplemente, acaricia su paquete, él se siente tan a agradecido que no se quejará, no importa si te falta habilidad.</p>
<p><strong>2-</strong> Con tus dedos, dale unos golpecitos ligeros arriba y debajo de su miembro, como si estuvieras tocando el piano con una sola mano. Así lo ayudas a mantener la erección, haciendo que la sangre fluya al tejido esponjoso del pene.</p>
<p><strong>3-</strong> Con una mano, lleva hacia abajo la piel de su pene para exponer más terminaciones nerviosas. Usa tu otra mano para envolver la punta de su miembro y luego deslízala de arriba abajo. Usa una gota de lubricante para no irritarlo.</p>
<p><strong>4-</strong> Toma su pene entre tus palmas abiertas, y usando estas como si fueran raquetas de ping-pong, muévelo ligeramente de un lado a otro. Los toques rápidos resultan vigorizadores y aumentan el flujo sanguíneo en la superficie.</p>
<p><strong>5-</strong> Entrelaza tus dedos alrededor de su pene y coloca tus dos pulgares en la parte de abajo (justo sobre el frenillo). Ejerciendo una presión firme, traza círculos en ese punto sensible, moviendo el pulgar derecho en el sentido de las manecillas del reloj y el izquierdo en dirección contraria.</p>
<p><strong>6-</strong> Une el pulgar y el índice en forma de ?O? alrededor de la punta de su miembro; después deslízalos para acariciar todo su pene hacia abajo e, inmediatamente, con la otra mano, haz el mismo movimiento. Comienza de nuevo en la punta, repite varias veces y luego hazlo al revés, tirando la piel hacia arriba para variar el movimiento.</p>
<p><strong>7-</strong> Agarra la base de su pene con una mano y la parte superior con la otra (ambas lubricadas). Ahora mueve las dos manos con suavidad en dirección opuesta, como si exprimieras una toalla mojada.</p>
<p><strong>8-</strong> Crea un ?anillo? con el pulgar y el índice alrededor de la base del pene y aprieta ligeramente. Así la sangre queda retenida en su miembro, y elevas su placer. Usa la otra mano para mover la punta y hacer giros sobre ella. Después llévala hasta abajo para reunirla con el ?anillo?.</p>
<p><strong>9-</strong> Usando el mismo ?anillo? de la técnica anterior, aprieta por un segundo; luego repite mientras recorres todo su miembro de la base a la punta. La mezcla de presiones lo mantendrá alerta.</p>
<p><strong>10-</strong> Dale una manita en la ducha. Acércate por detrás y rózale la espalda enjabonada; extiende ahora la mano y estimula su pene. Una vez erecto, agárralo firmemente colocando tu pulgar cerca de la punta y mueve tu mano de arriba abajo como él mismo hace cuando <strong><a href="http://sexomail.com/zonaprivada">se da placer en solitario</a></strong>. (Tip: un poco de acondicionador hará las cosas más resbaladizas).</p>
<p><strong>11-</strong> Pon tus palmas lubricadas en su miembro y frótalo como si trataras de crear fuego para encender una fogata.</p>
<p><strong>12-</strong> Agarra con firmeza la base de su miembro con una mano y envuelve la punta con los dedos de la otra, de modo que la dirijas hacia tu palma. Entonces sujeta la corona (el borde que separa la punta del resto del miembro) y tira suavemente hacia arriba y abajo, acariciando ese punto hipersensible.</p>
<p><strong>13-</strong> Pon una mano sobre la base de su miembro y agarra con firmeza. Mientras deslizas esa mano hacia la punta, coloca la otra en base y muévela igual. Cuando una mano llegue a la punta, la otra debe seguirla, de modo que la caricia sea constante.</p>
<p><strong>14-</strong> Coloca su pene en algún punto sorpresivo de tu cuerpo. ¿Ideas? Contra el interior de tus muslos, boca, mejillas?</p>
<p><strong>15-</strong> Mientras lo besas, acuna sus testículos en la palma de tu mano. Sólo tienes que sostenerlos. Tu mano tibia y tus besos <strong><a href="http://sexomail.com/zonaprivada">lo excitarán al instante</a></strong>.</p>
<p><strong>16-</strong> Mueve en círculos la yema de tu dedo índice sobre la base de su miembro. Tu dedo sólo debe cosquillear la parte superior del escroto.</p>
<p><strong>17- </strong>Pellizca muy suavemente la piel del escroto, en el área donde la base de su miembro se une con los testículos. Ojo: ¡es sólo la piel!</p>
<p><strong>18-</strong> Acuna sus testículos en tu mano y dales un ligero masaje con tu pulgar y tu índice; luego tira con suavidad hacia ti, de modo que los sostengas en una especie de saco compacto. (Así expones más terminaciones nerviosas y le brindas más placer). Acarícialos ligeramente con las puntas de tus dedos.</p>
<p><strong>19-</strong> Envuelve su pene con tus dos manos, una sobre otra; luego mueve la mano superior hacia la punta y la otra hacia los testículos; en esencia, estás tirando de su miembro suavemente, hacia arriba con una mano y hacia abajo con la otra. Espera un momento para que él registre que la erección así es mayor. Suelta y repite.</p>
<p><strong>20-</strong> Súbete a horcajadas sobre su pecho, mirando hacia sus pies. Lubrícate las dos manos y coloca una de ellas entre sus piernas, abarcándole con los dedos los testículos. Entonces desliza ligeramente tus dedos hacia arriba por sus testículos y pene hasta llegar al estómago. Repite con la otra mano y sigue alternando para darle un masaje delicioso.</p>
<p><strong>21-</strong> Pásale la parte superior de las uñas (no las puntas) por el escroto, para provocarle una sensación distinta. La razón es que las uñas son más duras y lisas, y se sienten algo más frías que las puntas de los dedos.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1584" title="50-tocar-pene3" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2012/01/50-tocar-pene3.jpg" alt="50 formas de tocar el pene" width="560" height="410" /></p>
<p><strong>22-</strong> Toma uno o los dos testículos de tu hombre y póntelos dentro de la boca (teniendo cuidado con los dientes). Mantenlos allí y haz girar la lengua sobre ellos, o chúpalos con delicadeza. Los testículos son muy sensibles y la presión ligera funciona mejor.</p>
<p><strong>23-</strong> Pasa tu lengua por esa ?costurita? en medio de sus testículos.</p>
<p><strong>24-</strong> Mientras acunas sus testículos con una mano, pon un nudillo de la otra contra su perineo (esa área supersensible que hay entre sus testículos y el ano) y hazlo vibrar.</p>
<p><strong>25-</strong> Gentilmente, pero con seguridad, golpea la punta del pene contra tu boca mientras lo miras con ojos de pasión.</p>
<p><strong>26-</strong> Con tu lengua plana y relajada, lame desde los testículos hasta la punta, como harías con un cono de helado.</p>
<p><strong>27-</strong> Acuéstate boca arriba, con la cabeza colgando a un lado de la cama, mientras él permanece de pie detrás de ti mirándote de frente. Toma su pene en tu boca y pon las manos en su cintura, para controlar el empuje. Es un modo fácil de darle un <strong><a href="http://www.sexywebcam.com/?ref=sexomail">sexo oral profundo</a></strong> sin sentir arqueadas.</p>
<p><strong>28-</strong> Prueba este truco de ?garganta poco profunda?: presiona la punta de tu lengua contra el cielo de la boca para proteger tu garganta. Toma su pene en tu boca; cuando la punta toque el dorso de tu lengua, él sentirá algo similar al sexo oral profundo.</p>
<p><strong>29-</strong> Gira tu cuello de izquierda a derecha mientras lo tienes en la boca. El sentirá que tu boca gira alrededor de su miembro.</p>
<p><strong>30- </strong>Saca la lengua. Entonces quédate bien quieto/a mientras tomas su pene por la base y lo agitas con rapidez de un lado al otro, de modo que la punta se desplace sobre tu lengua con firmeza. Advertencia: este estímulo sobre la parte más sensible del pene lo puede llevar al orgasmo rápidamente.</p>
<p><strong>31-</strong> Deja que la punta de su pene entre y salga de tu boca, al mismo tiempo que frotas el resto de su miembro de arriba abajo con tus palmas. Así estimulas su pene en cuatro direcciones a la vez.</p>
<p><strong>32-</strong> Guía su pene formando un ángulo dentro de tu boca, de modo que choque con el interior de tu mejilla; entonces mueve tu cabeza, para que su miembro salga y entre despacio. El suave tejido de tu mejilla le despertará maravillosas sensaciones.</p>
<p><strong>33-</strong> Vocaliza tu entusiasmo con varios ?ahh? y ?ohh? mientras lo tienes en tu boca. Saber que te estás divirtiendo será excitante para él, y la vibración de tu voz le producirá un placer enorme.</p>
<p><strong>34-</strong> Por cada 10 veces que lamas su miembro, tómalo entero en tu boca y retíralo. Haz una pausa durante unos segundos para enloquecerlo, sonríe y repite el proceso.</p>
<p><strong>35-</strong> Pasa tu lengua alrededor de toda la base del pene. Es una zona poco atendida.</p>
<p><strong>36-</strong> Toma su miembro en tu boca, succiona superficialmente varias veces, luego haz una succión profunda y regresa otra vez a las superficiales. EL no sabrá cuándo viene el momento de profundidad.</p>
<p><strong>37-</strong> Cúbrete los dientes con los labios y mordisquea su miembro erecto a todo lo largo.</p>
<p><strong>38-</strong> Mientras mueves tu boca de arriba abajo, coloca la punta de la lengua bajo el borde que rodea el extremo de su pene y presiona contra el frenillo.</p>
<p><strong>39-</strong> Explora ese huequito en la punta del pene por donde sale el semen. Tiene muchas terminaciones nerviosas y al presionarlo con la lengua, él sentirá algo nuevo y excitante.</p>
<p><strong>40-</strong> Quítale la corbata de seda o tu ropa interior, envuelve su paquete y acarícialo a través de la tela.</p>
<p><strong>41-</strong> Cierra la boca alrededor de la parte superior de su pene y chupa la punta como si estuvieras usando una pajilla para tomar un batido. La mayoría de ellos no están acostumbrados a esta succión; será una sorpresa agradable.</p>
<p><strong>42-</strong> Si tienes el pelo largo, pasa ligeramente tu melena por su pene y testículos hasta llegar a su pecho, y baja otra vez.</p>
<p><strong>43-</strong> Experimenta con cambios de temperatura antes y durante el sexo oral; toma una bebida caliente para que tu boca se entibie o chupa un hielo para darle una sensación fría.</p>
<p><strong>44-</strong> Pasa una brocha o pincel, limpio y suave, por sus testículos, pene, la parte interna de los muslos y el abdomen, trazando círculos. Esto produce una sensación sutil, más fuerte que la obtenida con la pluma, pero más ligera que con tus dedos. Repite varias veces.</p>
<p><strong>45-</strong> Provócalo tocando su paquete antes de que se desnude. Apriétalo con seguridad a través del pantalón. El sentirá fricción contra la tela de un modo increíble.</p>
<p><strong>46-</strong> Otra textura sorprendente para él será enredarle un collar de perlas falsas alrededor de su pene bien lubricado y rodarlo con delicadeza al darle sexo oral (cuidado: mucha presión podría irritar su piel).</p>
<p><strong>47-</strong> Ponte un par de guantes de látex o de goma. Lubrícalos para darle masaje en su miembro erecto. Los guantes proveen una textura sexy y pueden <strong><a href="http://sexomail.com/zonaprivada">inspirar fantasías</a></strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1585" title="50-tocar-pene4" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2012/01/50-tocar-pene4.jpg" alt="50 formas de tocar el pene" width="560" height="382" /></p>
<p><strong>48-</strong> Pon un anillo vibrador en la base de su pene, para provocarle mayores sensaciones mientras practicas su movida oral o manual favorita.</p>
<p><strong>49-</strong> Comparte tus juguetes sexuales con él: coloca tu vibrador junto a su miembro y envuelve los dos entre tus manos mientras chupas el glande; presiona con el vibrador la base de su pene, entre los testículos; o pega el juguetito a la parte externa de tu mejilla mientras le das sexo oral.</p>
<p><strong>50-</strong> Lame su miembro y después sopla. Así, la humedad se evapora, y le provocarás escalofríos de placer. O respira sobre su pene con la boca bien abierta, como harías para calentar tus manos en un día frío.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://sexomail.com/2011/12/50-formas-diferentes-de-tocar-a-tu-hombre/" target="_blank">Sexomail</a></em></p>
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		<title>Buscando mís límites</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 14:24:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites"><img class="alignleft size-full wp-image-1207" title="spanking" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/spanking.jpg" alt="spanking" width="200" height="150" /></a> Una película hará que una pareja descubra cosas que desconocía. Dolor. Placer...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que nunca llegamos a conocer a las demás personas. Y es cierto.  Crees que conoces a alguien y de repente todo cambia. Aparece ante ti  como otra persona, completamente distinta, casi una desconocida. Te  preguntas quién es, cómo es que nunca la habías visto así. Te preguntas  quien de las dos es la real, la antigua o la nueva. Quizás ni la una ni  la otra.  Quizás las dos a la vez.</p>
<p>A veces, incluso, esa persona eres tú mismo. Crees que sabes cómo  eres, lo que piensas, lo que sientes, y de improviso todo cambia.</p>
<p>A mí me pasó. Me está pasando. He descubierto en la mujer que amo a  otra persona que no estaba ahí. Al menos, yo nunca la vi, nunca la dejó  salir. Y he descubierto en mí mismo cosas que desconocía. Cosas que me  inquietan, pero que están ahí, con las que estoy aprendiendo a vivir.</p>
<p>Llevo casado con Rosa dos años. Felizmente casado, debo añadir. Desde  que la vi supe que era la mujer de mi vida. Imaginativa, inteligente,  simpática. Y en el sexo, maravillosa. A los dos nos encanta el sexo.</p>
<p>Hasta ahora, me consideraba, nos consideraba, una pareja normal en  ese sentido. Rosa es una mujer caliente, cosa que me vuelve loco. Muchas  veces es ella la que me incita, la que me busca.</p>
<p>Algo que no gusta mucho es alquilar una buena película los viernes  por la noche y verla juntos. Yo me siento frente a la tele y ella se  acuesta a mi lado, poniendo su cabeza apoyada en mi hombro o en mi  regazo. No me refiero a películas porno, que también solemos ver, sino a  películas normales. Unas veces de acción, otras románticas, de miedo.  De todo un poco.</p>
<p>Muchas veces la película resulta un tostonazo, y entonces Rosa  empieza a jugar. Seguimos viendo la película mientras ella me acaricia  la polla sobre el pantalón, hasta ponérmela bien dura. Entonces me la  saca y me hace una lenta paja mirando la tele.</p>
<p>No tengo más que hacer una ligera presión en su cabeza para que se  agache y me haga una de sus maravillosas mamadas. Más de una vez me ha  estado chupando la polla durante toda la película, sin dejarme correr,  esperando a los títulos de crédito, y, entonces, chupar con fuerza hasta  hacerme estallar en su boca. El sonido de su garganta tragándose mi  semen es una de las cosas más eróticas de este mundo.</p>
<p>Mientras ella me la chupa, yo acaricio su sedoso cabello, y alargo mi  mano izquierda hasta llegar a su precioso culito. Lo acaricio y espero a  que ella se coloque, pidiendo una caricia más íntima. Abre sus piernas y  me da acceso a su coño. Rosa sigue mamando mientras la masturbo.</p>
<p>Yo a ella no la hago esperar. Tiene la suerte de llegar con facilidad  al orgasmo, y suele tener varios hasta que al final se traga toda mi  leche.</p>
<p>Otras veces, si la película es realmente mala, ni la terminamos. Ella  se levanta, se sienta sobre mí y me cabalga para llenarnos a los dos de  placer.</p>
<p>El día en que todo cambió empezó como un viernes más. Fui al  videoclub y no vi nada interesante. Sólo una película llamada “El  demonio bajo la piel”, protagonizada por el hermano de Casey Affleck y  Jessica Alba. Parecía una película policiaca. La verdad es que ni leí la  sinopsis. La presencia de la guapa Jessica me bastó. Esa chica tiene un  culito precioso.</p>
<p>Después de cenar, nos pusimos unos cómodos pijamas y nos dispusimos a ver la película.</p>
<p>-¿De qué trata la película, cariño? – me preguntó.<br />
-Pues, no sé exactamente. Policíaca es.<br />
-¿No leíste el argumento?<br />
-Jeje, pues no.<br />
-Jajaja. Entonces es que sale una tía buena.<br />
-Jajaja. Me has pillado.</p>
<p>La película resultó algo lenta. Rosa, apoyada en mi hombro, miraba la  pantalla, sin decir nada. Empezó una escena en donde Jessica Alba,  prostituta, empezaba a pegarle en la cara a Casey, policía, hasta que  éste la cogía en volandas, la llevaba a la cama, la ponía boca abajo, le  desnudaba el culo y le daba fuertes azotes, haciéndola llorar.</p>
<p>Él se para cuando se da cuenta de que ha sido demasiado rudo y se aparta, pero ella se lo impide y hacen el amor, con pasión.</p>
<p>Cuando me quise dar cuenta, mi dura polla formaba un bulto en el  ligero pijama. Mi mujer también se había dado cuenta, y alargó una de  sus manos, la metió por dentro del pijama y me sacó la polla. En la  pantalla el policía se follaba a la prostituta mientras mi mujer me  acariciaba. Yo también la acaricié a ella. Su espalda y luego su  preciosas nalgas. Primero sobre el pijama. Luego, metiendo la mano por  dentro, directamente sobre la suave piel de sus nalgas.</p>
<p>Seguimos viendo la película. Hasta que llegó la escena que cambió  nuestras vidas. Apareció una chica, boca abajo en una cama. Tenía un  precioso culito, y lo tenía lleno de marcas, de golpes, latigazos, no  sé. Un muchacho la miraba y ella le decía que mirara lo que le había  hecho su padre. También le decía que a ella le gustaba que le pegaran.</p>
<p>Mi mano acariciaba el culo de mi mujer. Al ver aquella imagen del  lindo culito marcado, no sé que me pasó por la cabeza, pero saqué la  mano de dentro del pijama de Rosa y le di una nalgada. No era la primera  vez que lo hacía. Muchas veces cariñosamente al pasar junto a ella,  incluso mientras follábamos.<br />
Esta fue distinta. Fue más fuerte. Ella no dijo nada. Siguió moviendo su  mano por mi polla. Levanté la mano y volví a darle, más fuerte. Rosa  gimió. No sé si de dolor o de placer. Ahora creo que de ambos a la vez.</p>
<p>La tercera nalgada fue la más fuerte. Incluso me dolió a mí la mano.  Mi mujer se estremeció, se tensó. Pero no protestó. Se puso boca abajo,  acercó su boca a mi polla y empezó una maravillosa mamada. Cerré los  ojos y gocé de su cálida caricia. La oía respirar, agitada. Estaba  excitada. Lo noté por cómo me la chupaba.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1248" title="spanking" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/spanking.jpg" alt="spanking" width="500" height="374" /></p>
<p>Levanté la mano y volví a descargar un golpe contra su culo. Gimió  con mi polla dentro de la boca, pero no dejó de mamar. Mi mano derecha  fue a su cabeza, a su cabello. Otros días le acariciaba el pelo mientras  su cabeza subía y bajaba a lo largo de mi polla. Esta vez, la cogí con  fuerza del pelo y la empujé hacia abajo, clavándole más mi polla en su  boca.</p>
<p>Y con la mano izquierda, una nueva torta. Fuerte, con ganas. Ella  gemía, se quejaba, pero su cuerpo se mecía contra el sofá. Frotaba sus  piernas entre sí. Le bajé el pijama, desnudando sus preciosas nalgas.  Estaban rojas. Rojas por mis golpes. Eso me excitó más.</p>
<p>Seguí dándole con la mano abierta. Los dedos quedaban marcados en  blanco hasta ponerse seguidamente rojos. Y con un último golpe, un  tremendo golpe, me corrí en su boca como no recordaba haberme corrido  jamás. Le hubiese seguido pegando, pero todos los músculos de mi cuerpo  estaban tensos, mientras mi polla disparaba con fuerza, una y otra vez,  en la boca de mía amada esposa.</p>
<p>Cuando mi orgasmo me dejó reaccionar, me di cuenta de que ella  también se estaba corriendo. Trataba de tragarse mi semen, pero no  podía, y lo sentó salir de su boca y bajar hasta mi pubis.</p>
<p>No dijimos nada. Nos quedamos quietos, respirando con fuerza. Mi  polla seguía en su boca. Noté como empezaba a lamerla, a chupar el  tronco y con su lengua, recoger el semen que no se había tragado y  lamerlo, hasta dejarme bien limpio.</p>
<p>Miré su culo. Estaba rojo, con marcas, y tenía algunas rayas un poco  hinchadas. Me sentí mal. Tenía que dolerle. Me había pasado. No sé que  me pasó. Me dejé llevar por algo que había dentro de mí.</p>
<p>Pero ella no me lo impidió. No me dijo que parara. Seguimos un rato  más viendo la tele y luego nos fuimos a dormir. Rosa se abrazó a mí,  poniendo su cabeza sombre mi pecho. Yo le acaricié tiernamente el  cabello.</p>
<p>-Te quiero – me dijo<br />
-Y yo a ti.</p>
<p>Me miró y sonrió. Acercó su boca a la mía y nos besamos. Besos  suaves, llenos de amor y de ternura. Me empecé a excitar otra vez. A mi  cabeza acudieron los recuerdos de mi mano golpeando su culo, rojo, y  temí que esa parte de mí volviera a salir, así que apagué la luz y me di  la vuelta.</p>
<p>Rosa se abrazó a mí y así nos dormimos.</p>
<p>Me desperté tarde el sábado. Ella aún dormía. Sin hacer ruido, me  levanté a hacer pis. Me había dormido excitado, y me levantaba, como  siempre, con una erección. Me lavé la cara y me miré al espejo.</p>
<p>¿Qué me había pasado? ¿Cómo había sido capaz de darle aquellos  tortazos tan fuertes a mi mujer? La amaba con locura, y jamás le haría  daño. Pero se lo había hecho. Y ella no había protestado, no me había  detenido. Me dejó hacerlo y creo que llegó a gustarle.</p>
<p>Yo sabía lo que era el sadomasoquismo. Por oídas. Gente a la que le  gusta infringir dolor y gente a la que le gusta recibirlo. Todo para  buscar el placer. No lo entendía. ¿Dónde está el placer en provocar  dolor en otra persona? ¿Dónde está el placer en sentir dolor?</p>
<p>No. No lo entendía. Pero cuando golpeaba a mi mujer y le daba dolor, yo sentía placer. Y ella sintió placer con ese dolor.</p>
<p>La imagen que reflejaba el espejo era mi propia imagen, la de  siempre. La del hombre normal de siempre. La del hombre que había  golpeado con saña las nalgas de su mujer y había gozado con ello.</p>
<p>Estaba confuso. Hasta un poco asustado. Volví al dormitorio,  dispuesto a hablar con Rosa. Decirlo que lo sentía, que no sabía lo que  me había pasado. Y cuando entré en el dormitorio, la vi.</p>
<p>Estaba boca abajo. Se había quitado la parte baja del pijama, con lo  que sus preciosas nalgas quedaban expuestas. Sus preciosas y marcadas  nalgas. Aún tenía marcas de los golpes. Ligeras líneas rojas. Apoyada en  sus codos, me miraba.</p>
<p>Con esa mirada me lo dijo todo. Me acerqué a la cama, subí y me tumbé  a su lado. Una de mis manos acarició  su espalda, y fue bajando poco a  poco hasta llegar a su culito. Lo acaricié con ternura. Pasé los dedos  por las marcas que dejé. Noté bajo las yemas la piel hinchada. ¿Cómo  pude ser tan bestia?</p>
<p>Me acerqué a su espalda y la besé. Rosa ronroneó como una gatita. Fue  bajando por su columna hasta llegar a sus nalgas. Las lamí. Les di  besitos.</p>
<p>Y le di un mordisquito.</p>
<p>Suave, cariñoso. Lamí la zona. Y mordí otra vez. Un poco más fuerte.  Con el tercero, Rosa reaccionó. Dio un pequeño gemido. El mordisco había  sido moderado. Lo repetí. Y ella volvió a gemir.</p>
<p>Mordí la otra nalga. Más fuerte. El gemido también fue más fuerte.  ¿No me iba a decir que parara? Uno más. Muy fuerte. Su cuerpo se tensó.  Apretó los puños contra las sábanas, pero no dijo nada.</p>
<p>Miré su culo. Estaba otra vez rojo, con marcas de mis dientes. ¿Y si  le daba uno un poquito más fuerte? Sólo un poco más. Acerqué mi boca a  una zona sin marcas, y mordí. Con fuerza. Esta vez se quejó de dolor.  Apartó sus nalgas de mi boca. Pero no dijo nada. Y cuando miré, uno de  mis colmillos había rasgado su piel. Una gotita de sangre asomaba por el  agujero que mi diente había hecho. Con la punta de mi lengua lo lamí.  Me sentí como una especie de vampiro. Era sólo un pequeño arañazo y  enseguida dejó de sangrar.</p>
<p>Miré a Rosa. Tenía los ojos cerrados. Una mano a cada lado de su  cabeza, agarrando las sábanas. Sin dejar de mirarla, levanté una mano y  le di una torta en el culo.</p>
<p>-PLAS!</p>
<p>Se mordió el labio. Cerró los puños.</p>
<p>-PLAS! – con más fuerza.<br />
-Agggggggggg</p>
<p>Me incorporé, arrodillándome. Puse una rodilla a cada lado de su  cuerpo, a la altura de sus rodillas. Mi polla estaba como una piedra,  formando una tienda de campaña en mi ligero pijama. Lo bajé y liberé mi  polla.</p>
<p>Ante mi, su lindo culito. Rojo, con marcas de mordiscos y de dedos.  Levanté la mano derecha y le di una buena torta en la nalga derecha.  Repetí lo mismo con la mano izquierda.</p>
<p>Su expresión de dolor y placer me volvía loco. Le daba más y más  torta. De la punta de mi polla goteaba líquido pre seminal. Estaba muy  excitado.</p>
<p>De repente, me paré. Respiraba con fuerza, por el esfuerzo de darle  azotes. Llevé mis dos manos a sus nalgas. Estaban calientes. Las  masajeé, primero con suavidad y luego con fuerza, apretando los dedos.  Las separé y vi su cerrado ano.</p>
<p>Nunca le había follado el culo. Me decía que tenía miedo, que le  dolería. Y por más que le insistí que tendría cuidado y que al menor  atisbo de dolor pararía, nunca me dejó.</p>
<p>Dolor. ¿Más dolor que aquellos azotes? ¿Que el mordisco? Seguía con  los ojos cerrados. Me chupé el pulgar y lo llevé a su ano. Apreté, con  fuerza, y le metí el dedo hasta el fondo.</p>
<p>-Aggggggggggg – se quejó, con una mueca de dolor</p>
<p>Siempre le decía que si le dolía, pararía. Y ahora, le dolía. Saqué  el dedo de su culo. Abrí las nalgas con mis manos. Puse mi boca en la  vertical de su culo y dejé caer un poco de saliva. Cayó justo en su ano.</p>
<p>Subí un poco, acercando mi dura polla. Cuando la punta se apoyó  contra la apretada entrada, se aferró con fuerza a las sábanas. Empujé,  pero no pude meterla. Estaba apretando con fuerza.</p>
<p>Levanté una mano y la di una fuerte torta en el culo.</p>
<p>-No hagas fuerza, zorra.</p>
<p>Jamás la había llamado así, pero así es como la veía ahora. Como a  una zorra a la que le gustaba ser castigada. Pues lo iba a ser. Volví a  empujar, haciendo fuerza. Pero no conseguí metérsela.</p>
<p>Esta vez, la torta que le di me dolió hasta a mí.</p>
<p>-Te he dicho que no hagas fuerza. Si lo vuelves a hacer, sabrás lo que es el dolor de verdad.</p>
<p>No dijo nada. Sólo se mordió otra vez el labio inferior y cerró los  ojos con fuerza. Volví a intentarlo. Empujé y la punta de mi polla  entró, por fin, dentro de su culo. Rosa gritó. Gritó de dolor. Por fin  una reacción.</p>
<p>Pero eso no me paró. Me animó a seguir empujando, clavándole toda mi  polla en tu caliente y apretado culo, hasta donde pude. En esa postura,  ella boca abajo y yo arrodillado sobre ella no se la podía meter toda. Y  yo deseaba clavarle toda mi polla en su culo.<br />
Sin sacársela, estiré mis piernas, poniéndome sobre ella. Ahora sí que  pude terminar de metérsela, hasta que choqué contra sus nalgas.</p>
<p>Su cara reflejaba dolor, intenso dolor. Sólo tenía que decirme que  parara y todo terminaría. Pero se quedó callada, sintiéndose atravesada  por mi dura barra. Sus puños cerrados. Yo estaba tan excitado que notaba  que me correría pronto, sin moverme.</p>
<p>Traté de concentrarme, de pensar en otra cosa. Pero cuando Rosa  empezó a gemir, no pude más y me empecé a correr. Un intenso orgasmo me  atravesó el cuerpo y de mi polla salieron disparados varios chorros de  caliente semen, que se estrellaban contras las paredes de su recto. No  recuerdo un placer tan intenso como ese. Mis manos apoyadas en la cama  mientras mi polla se vaciaba dentro del hasta ahora virgen culo de mi  amada esposa.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1249" title="anal" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/anal.jpg" alt="anal" width="500" height="333" /></p>
<p>Me quedé quieto, disfrutando mi intenso placer, mirando su bello  rostro, crispado de dolor. Y de placer. Lo veía. Me terminé de correr, y  empecé a moverme. Mi polla seguía dura, como antes de correrme, y  entraba y salía de su apretado culito.</p>
<p>El dolor era ahora más intenso. Y el placer. Ya no apretaba los puños. Los abría y cerraba, con fuerza.</p>
<p>-Ahora vas a saber lo que es una buena enculada – le dije.</p>
<p>La follada fue brutal, empujando a fondo y sacándola le polla hasta  más de la mitad, sólo para volver a enterrársela hasta el fondo. Mi  reciente corrida me permitió follarla un buen rato, hasta que poco a  poco los quejidos de dolor se fueron transformando en gemidos de placer.</p>
<p>Rosa se tensó y se corrió, sin previo aviso. Su cuerpo temblaba.  Abrió la boca pero no emitió sonido alguno, y apretó su culo contra mí,  buscando sentir mi polla clavada hasta el fondo.</p>
<p>-¿Así te estás corriendo, eh? Zorra. Nunca me dejaste darte por el culo y mírate ahora, corriéndote como una puta.<br />
-Agggggggggggg  gimió cuando el orgasmo pasó y el aire volvió a sus pulmones.</p>
<p>Le había mordido. Le había dado unos tortazos muy fuertes en culo. Y  le había metido la polla sin miramientos, con fuerza. ¿No era eso  suficiente para mí?</p>
<p>No. No lo era. Deseaba más. Apoyado con la mano izquierda, llevé mi  mano derecha a su cabello y la agarré. En ese momento no era yo. Era una  bestia que deseaba más placer para mí. Más dolor para ella. Tiré de su  pelo, con fuerza, levantando su cabeza, estirando su cuello, y seguí  enculándola, con saña, cada vez más rápido.</p>
<p>-Toma polla, zorra. Toma polla.</p>
<p>La postura se me hizo incomoda. Le saqué la polla del culo, la hice  poner a cuatro patas en la cama y se la volví a meter, de un sólo golpe.</p>
<p>Su grito de dolor me animó a seguir. Agarré de nuevo su cabello y  tiré de él, con fuerza, primero con una mano y luego con las dos,  mientras mi polla perforaba una y otra vez su culo. Un nuevo orgasmo se  formó en mi interior y arremetí contra ella con más fuerza aún. Tiré de  su pelo con tanta fuerza que la levanté hasta mi pecho.</p>
<p>Me corrí, por segunda vez, dentro de su culo. Y ella se corrió  conmigo, sintiendo un nuevo baño hirviente dentro de ella. Tuvo espasmos  por todo el cuerpo.</p>
<p>Cuando la solté, se cayó hacia adelante, quedando boca abajo, sobre  la cama. Mi polla quedó libre, en el aire. Mi corazón parecía que se me  iba a salir del pecho. Mis pulmones se hinchaban una y otra vez.</p>
<p>Rosa estaba quieta. Con los ojos cerrados. La cara en paz. Ya sin  dolor. Miré sus nalgas. Esas nalgas que tanto placer me habían dado.  Estaba rojas, marcadas de dientes y de dedos.</p>
<p>¿Cómo fui capaz de hacerlo? Tenía que dolerle. Me tumbé a su lado,  mirándola. Abrió los ojos, lentamente. Estaban rojos. Vi sus mejillas  mojadas, por lágrimas. Me miró con aquellos bellos ojos.</p>
<p>¿Qué me diría? ¿Me reprocharía algo? Quizás me diría que le había hecho mucho daño, que me había pasado.</p>
<p>Pero no dijo nada. Sólo me miró y sonrió. Esa sonrisa fue como un  bálsamo en una herida. Todo estaba bien. Ella estaba bien. Yo estaba  bien. Me acerqué y la besé. Con ternura. Ella me abrazó.</p>
<p>¿Todo estaba bien? No. No estaba bien. Yo no estaba bien. Me había  comportado como un animal. Había provocado dolor a conciencia. Y me  había gustado. Me había excitado. Había lastimado al ser que más amaba  en este mundo, y ella no me dijo ni una palabra. En vez de salir  corriendo, de huir de mí, apoyó su cabeza en mi pecho y me acarició.  Sólo dijo una cosa.</p>
<p>-Te quiero.<br />
-Y yo a ti, mi vida.</p>
<p>Estuvimos un buen rato así. Acariciándonos sin hablar. No sé en qué  pensaba ella. Yo pensaba en lo que me estaba pasando. En lo que nos  estaba pasando. Quería hablarle. Preguntarle. Pero no me atreví.  Simplemente, callé.</p>
<p>El resto del día fue normal, tranquilo. Como siempre. Nos  comportábamos como lo hacíamos habitualmente. Noté que ella se sentaba  despacito. Le debía doler el culo. Pero que bestia fui, dios mío.  Quizás, como compensación, la abrazaba a cada momento, la besaba, le  decía que la amaba.</p>
<p>Pero cada vez que la miraba, veía su cara, crispada por el dolor, por  el placer. Quería volver a ver esa cara. Quería oírla quejarse. Luché  contra esos pensamientos. No era yo. Yo no era así. Yo era una buena  persona.</p>
<p>Por la noche vimos la tele en el salón, y después nos fuimos a la  cama. Normalmente los sábados por la noche siempre hacíamos el amor.  Teníamos el domingo para descansar, así que solíamos gozar de unas  noches llenas de sexo.<br />
Esa noche, yo tenía miedo. Miedo a que esa parte de mí volviese a salir,  así que me di la vuelta, dándole la espalda a Rosa. Quería dormirme,  que todo pasara, que quedara sólo como un recuerdo.</p>
<p>Ella se abrazó a mí. Empezó a darme besitos en la nuca. Acarició mi  espalda, hasta llegar a mi culo. Lo acarició por fuera del pijama, hasta  que al poco metió la mano y sentí su mano en mi piel. Besó mi cuello,  mi oreja. Cuando su mano llegó a mi polla, ya la tenía bien dura.</p>
<p>La sentí gemir. Agarró mi polla y empezó una lenta paja.</p>
<p>-Te deseo – me susurró al oído.</p>
<p>Me di la vuelta, quedando boca arriba. Nos besamos con pasión. Su  mano no abandonó mi polla mientras yo acariciaba su espalda. Cada vez  estábamos más excitados. Me dije que no haría nada. Que dejaría que  fuera ella la que llevase el ritmo, la que decidiera cómo hacerlo</p>
<p>Sin dejar de besarse se fue desnudando. Acaricié sus bellas tetas,  grandes. Llenaban mis manos y sus duros pezones se notaban claramente.  Rosa me bajó el pijama, bajándolo hasta mis rodillas, y miró mi polla.  Después se sentó sobre mí, cara a mí, pero sin meterse la polla. La dejó  sobre mi pubis, y empezó a frotarse con ella. Pude sentir el calor de  su coño, la humedad.</p>
<p>-Ummmm mi amor. Estoy muy cachonda. Lo notas, ¿verdad?<br />
-Sí, estas muy mojadita.</p>
<p>Su coño se deslizaba a los largo de mi polla, haciendo que su  clítoris se rozara con toda mi dureza. Eso lo solíamos hacer muchas  veces. Simplemente se frotaba hasta que se corría. Incluso, si yo estaba  muy caliente, me hacía correr a mí también, sin necesidad de metérsela.</p>
<p>Y yo estaba muy caliente. La miré. Imágenes de sus ojos cerrados, su  boca abierta, sus dientes apretados, acudieron a mi mente. Cerré los  míos para no mirarla.</p>
<p>-¿Quieres que te folle, mi amor? ¿Quieres que me clave tu polla en mi coñito?<br />
-Sí. Métela hasta el fondo. Cabálgame.</p>
<p>Noté su mano, agarrando mi polla, dejándola vertical. Y noté como  resbaló entera dentro de su coño. Abrí los ojos y la miré. Me sonrió y  empezó a moverse, lentamente. Primero sólo rotando, frotando, sin  moverse arriba y abajo, sintiendo mi polla rozar las paredes de su  vagina. Y después, poniendo sus manos en mi pecho, empezó a subir y  bajar.</p>
<p>Su cara era de placer. Cerraba los ojos, los abría. Se lamía los  labios, mojándolos. Y gemía. Gemidos suaves. Yo también gozaba, cada vez  más, a medida que Rosa me cabalgaba cada vez más rápido, meciendo sus  caderas alrededor de mi polla. Cerré de nuevo los ojos para gozar con  los demás sentidos, para agudizarlos.</p>
<p>Mis manos acariciaron sus muslos, su sedosa piel, cálida. Y fueron  subiendo por su cuerpo, despacito, hasta llegar a sus tetas. Me encantan  sus tetas. Sentí su peso en mis manos. Las sobé, y mis pulgares  apretaron sus pezones como si fueran dos botoncitos. Dos duros  botoncitos. Rosa gimió de placer.</p>
<p>Y, al poco, gimió de dolor. Su cuerpo se estremeció. Abrí los ojos y  me di cuenta de que le estaba apretando los pezones entre mis dedos. No  dejó de moverse, siguió subiendo, bajando. Su cara ahora reflejaba esa  mezcla de placer y de dolor que tanto me cautivaba. Apreté con más  fuerza.</p>
<p>-Agggggggg – se quejó, mirándome con los ojos entrecerrados, con su labio inferior mordido.</p>
<p>Aflojé la presión de los dedos, y su cara se relajó un poco. Volví a apretar, con fuerza.</p>
<p>-Agggggggg – volvió a gemir, levantando la cabeza, echándola hacia atrás.</p>
<p>Empezó a temblar, a tensarse, y estalló en un fuerte orgasmo que  precipitó el mío. La tensión que se apoderó de los músculos de mi cuerpo  hizo que mis dedos apretaran aún más fuerte sus pezones, y rosa, en  pleno orgasmo, gritó. Sus manos, que estaban apoyadas en mi pecho, se  cerraron como garras y sus uñas rasparon mi piel.</p>
<p>Jamás olvidaré la expresión de su rostro en ese momento. Había dolor,  sí, mucho dolor, pero sobre ese dolor había más placer del que nunca  había visto reflejado en su cara. Mi polla terminó de vaciarse dentro de  ella y Rosa seguía con espasmos, temblando, corriéndose, hasta que un  último latigazo de placer la dejó inmóvil, para después dejarse caer,  fláccida, sobre mí.</p>
<p>Y así permanecimos, abrazados, largo rato. El sueño nos venció, se tumbó a mi lado y nos dormimos.</p>
<p>El domingo por la mañana estuvimos en la cama hasta tarde. En varias  ocasiones quise hablar con ella, de lo que nos estaba pasando. Pero la  miraba y veía a la Rosa de siempre, y no me atrevía.</p>
<p>Por la tarde, aproveché que Rosa durmió la siesta en el salón para  conectarme a internet. Busqué información sobre el sado. Vi videos,  muchos. Algunos eran brutales, y pensé que jamás yo podría hacer algo  así. Pero también pensaba que nunca haría daño a Rosa intencionadamente,  y lo había hecho. Y lo peor de todo, me había gustado.</p>
<p>Me llamó la atención que en la mayoría de videos el cuero estaba  presente. Ataduras, ropa interior, látigos. Eso no me llamaba la  atención. Lo que atraía mi curiosidad era lo que hacían con esos  látigos. Fuertes azotes. De hombres a mujeres. De mujeres a hombres. Me  impresionaron especialmente los videos en los que usaban agujas, las  cuales clavaban en varias partes del cuerpo.</p>
<p>Algunos videos me repugnaron. Otros, me excitaron. Imaginaba que le  hacía esas cosas a mi amada Rosa. Me empecé a acariciar la polla por  encima del pijama. Una chica era azotada en el culo con una paleta,  dejándoselo bien rojo.</p>
<p>Me saqué la polla y me masturbé mirando la escena. Después, encontré  otro video. Y lo que vi se me llevó al máximo de excitación. Era algo  que alguna vez había visto, como algo exótico, pero que ahora deseaba  hacérselo a Rosa. Apagué el ordenador y fui en su busca.</p>
<p>Seguía dormida, acurrucada en el sofá. La admiré un buen rato. Era  tan hermosa. Tenía mucha suerte de tenerla a mi lado. Seguía con el  pijama puesto. Sin que se despertara, me senté a su lado.</p>
<p>Acaricié sus piernas. Siempre me ha gustado acariciar su piel. Es  suave y cálida. Llegó a su culito, a sus caderas. Ella, en sueños, se  movió, quedando boca arriba. Un poco de salivilla le salía por la  comisura de sus labios. Me reí. Estaba tan a gusto que babeaba.</p>
<p>El pijama era holgado, así que pude meter una mano por dentro de una  de las perneras y llegué hasta su coño. Estaba cerrado, seco. Recorrí la  rajita con un dedo, con delicadeza, mirando su bello rostro.</p>
<p>Sonrió. Estaba despierta, pero no abrió los ojos. Lo que abrió fueron  las piernas, para que la acariciara mejor. Y así lo hice. Recorrí su  coño con mis dedos, notando como se empezaba a mojar, facilitando que  resbalase mejor. Se pasó la lengua por los labios, y sus pezones se  empezaron a marcar bajo la blusa.</p>
<p>-Ummmm que rico despertarse así – dijo, susurrando.</p>
<p>Uno de mis dedos se metió en su vagina. Estaba cada vez más mojada.  Pero el pijama no me dejaba maniobrar bien, así que le junté las piernas  y se lo quite, para luego volvérselas a abrir. Abrió los ojos y me  sonrió</p>
<p>Siempre me ha gustado mirar su coño así, abierto, mojado, excitado.  Es precioso. Recorrí sus labios, y después metí un dedo, hasta el fondo.  Lo saqué y metí dos. A ella le encanta que frote así la parte superior  de su vagina. Lo hice y se estremeció. Llevó sus manos a sus tetas y se  las acarició.</p>
<p>-Agggggg así mi amor. Así</p>
<p>La follé con los dos dedos. Los saqué. Estaban mojados, llenos de flujo que esparcí por su vulva.</p>
<p>Entonces, metí tres dedos. Índice, anular y corazón. Entraron con  facilidad. Los giré dentro, los saqué y volví a meter. Rosa gemía de  placer, cerrando los ojos, meciendo las caderas.</p>
<p>Un poco más. Un paso más. Junté los cuatro dedos, todos menos el  pulgar, y los metí lentamente en su coño. Ahora era más difícil. Antes  de llegar a los nudillos, ya no podía más. Su vagina no daba más de sí.</p>
<p>Entraba, salía, girando la mano, frotando las paredes de su coñito.  El pulgar acariciaba su clítoris, frotándolo. Estuve así hasta que Rosa  empezó a tensarse y se corrió, levantando sus caderas con cada espasmo.</p>
<p>Aproveché su orgasmo, sus jugos que bañaron mi mano para empujar, con  fuerza. Conseguí que mis nudillos traspasaran la entrada. Rosa se  tensó, pero esta vez de dolor.</p>
<p>Sólo mi pulgar quedaba fuera. Sentía como su vagina oprimía mi mano.  Con cuidado empecé a girarla. Rosa tenía los ojos cerrados. El labio  inferior mordido. Y esa expresión, de placer y dolor, que me atraía.  Empujé un poco, y luego tiré, hacia afuera, hasta que los nudillos  salieron.</p>
<p>Pero volví a empujar. Ahora no la cogí por sorpresa. Me costó, pero  volví a meter los cuatro dedos y la palma de la mano hasta que el dedo  pulgar me impidió seguir.</p>
<p>¿Más?, me pregunté. Claro que más. Todo.</p>
<p>Saqué la mano, puse el pulgar debajo, y empujé. Empujé. Empujé.  Mirándola. Se quejó de dolor. Llevó sus manos a mi mano y me hizo parar.  Mis nudillos estaban justo en la entrada. Rosa se mordía el labio con  fuerza.</p>
<p>Joder. Le estaba haciendo daño. Mucho daño. ¿Cómo podía ser tan  bestia? Iba a retirar mi mano cuando ella me soltó y me miró. Vi en sus  ojos que quería más. Y más le di. Mi mano siguió entrando en su coño,  poco a poco, lentamente. Cuando estuvo toda dentro, hasta la muñeca,  paré. Apenas podía girarla, y ella seguía mirándome. La saqué un poco.  Salía brillante, llena de jugos. Y la metí otra vez.</p>
<p>Rosa empezó a gemir, de placer, y cuando acerqué mi boca a su  clítoris y se lo lamí se corrió, empalada en mi mano. Un orgasmo fuerte,  intenso, que lubricó su vagina, que poco a poco se fue dilatando hasta  que pude follarla bien, a fondo, girando la mano, saliendo hasta más  allá de los nudillos y enterrándola seguidamente toda, hasta la muñeca.  Ella se corría, una y otra vez, y yo estaba cada vez más excitado. Mi  polla pugnaba por salirse del pijama. Llevé mi mano libre hasta mi polla  y la liberé, empezando una furiosa paja.</p>
<p>Rosa empezó a gritar en pleno orgasmo, el más intenso de la serie. Se  tensó toda durante largos segundos y luego quedó sobre el sofá,  desmadejada, respirando por la boca a bocanadas. Yo ya no podía más. Le  saqué la mano y me cogí la polla con ella, llena de jugos, caliente. Me  acerqué a su cara. La cogí por el pelo con la otra, con fuerza. Ella  tenía los ojos cerrados.</p>
<p>-Mírame, zorra – le dije</p>
<p>Abrió los ojos, lentamente. Yo estaba a punto de correrme. No era la  primera vez que me corría en su cara, cosa que me encanta. Pero sí fue  la primera vez que lo hacía así. No tuve cuidado. No procuré no marchar  su pelo. Y sobre, no intenté evitar sus ojos. Me corrí como nunca,  apretando su pelo, apuntado a toda su cara, incluso a sus ojos. Sabía  que le escocería, pero eso, en vez de retenerme, me animó llenar se  semen sus bellos ojos, que cerró.</p>
<p>Y cuando terminé de correrme, le metí la polla en la boca. Rosa tenía  la cara cubierta de mi corrida. Ambos ojos, cerrados, con semen sobre  los párpados.</p>
<p>-Abre los ojos. Mírame.</p>
<p>Me obedeció. Sus pestañas quedaron pringadas. Y sus ojos…sus bellos  ojos que me enamoraron la primera vez que los vi, estaban ahora rojos,  como si hubiese llorado. Me ayudé de la polla para recoger la leche que  cubría su cara y llevarla hasta su boca. Se la comió sin decir nada. Con  los dedos le quité el semen de los ojos.</p>
<p>Cuando quedó limpia, me tumbé a su lado y la besé. Cogí, con suavidad, su cabeza y la miré.</p>
<p>-Te quiero, Rosa.<br />
-Y yo a ti, mi amor.</p>
<p>De sus ojos irritados caían lágrimas. Puse su cabeza en mi pecho, y estuvimos así un buen rato.</p>
<p>Al día siguiente, el lunes por la mañana, solo, sentado en mi  despacho, tuve tiempo para pensar en lo que había pasado el fin de  semana. Por más que lo intentaba, no comprendía qué diablos me había  pasado. ¿Cómo era posible que de la nada hubiese surgido aquello?  Sadismo. Masoquismo. Placer en hacer daño. Placer en recibirlo.</p>
<p>No lo entendía. En mi educación siempre me inculcaron el respeto a  los demás, sobre todo a las mujeres. El ser buena persona, amable,  cariñoso. Y así lo había sido, hasta que aquella maldita película  despertó algo en mí. Pero no era sólo en mí. También despertó algo en mi  mujer. Todo se hubiese cortado de raíz si ella hubiese protestado al  primer tortazo. Un simple no habría bastado.<br />
Ese no, no llegó. Todo lo que hice fue recibido con placer. Me empecé a  preguntar dónde estaba el límite. Cuando podría ella aguantar hasta  decir basta. Pero lo que más me asustaba no era eso. Lo que más me  asustaba, lo que más me asusta, es hasta dónde puedo llegar yo. ¿Dónde  está el límite?</p>
<p>La llamé a su trabajo.</p>
<p>-Hola mi amor – le dije<br />
-Hola mi vida.<br />
-¿Cómo estás?<br />
-Muy bien .¿Y tú?<br />
-Bien.</p>
<p>Hice una pausa. Esperaba que ella dijese algo sobre lo ocurrido. Que me diera pie para empezar a hablar. Pero no sacó el tema.</p>
<p>-¿Vendrás a comer hoy? – pregunté.<br />
-Sí. Nos vemos en casa, cariño.<br />
-Hasta luego.</p>
<p>Al medio día, camino a casa, me propuse hablar, por fin del asunto.  Ya no seguir así. Deseando cosas y atormentándome después por haberlas  hecho. Entré en casa. La oí en la cocina y me dirigí hacia allí.</p>
<p>Estaba preciosa, con un vestido ejecutivo azul marino. Se había  puesto un delantal para no mancharse. Me acerqué a ella por detrás y la  abracé, besando su cuello.</p>
<p>-Hola corazón.<br />
-Ummmm hola mi amor.</p>
<p>Su culo presionaba contra mi polla. Lo movía ligeramente, mientras ya  la besaba. Y consiguió lo que buscaba. Ponerme la polla dura. Cuando la  notó, más se restregó.</p>
<p>-Me has puesto la polla dura.<br />
-Ummm sí, ya la noto.</p>
<p>Llevé mi mano a su cabello, para acariciarlo. En vez de eso, lo  agarré con fuerza, tirando de él, haciendo que su cuello se doblase  hacia mí.</p>
<p>-Tu culo me la ha puesto dura. ¿Sabes lo que eso significa?<br />
-No.<br />
-Que te voy a dar por el culo. Que te voy a clavar mi polla hasta el  fondo y te lo voy a llenar de leche. Eso significa. Levántate la falda.</p>
<p>Noté como se estremecía. Sin soltar su pelo, mire como se subía la  falda, mostrándome sus bellas bragas azules, tipo culotte. Con la mano  libre me bajé la bragueta y me saqué la polla. Era una barra de hierro  ardiendo.</p>
<p>Le hice apoyar en el pollete, poniendo el culo hacia atrás, ofrecido.  Tiré de sus bragas hasta que cayeron al suelo. En sus nalgas quedaban  ligeras marcas del otro día. Le iba a poner marcas nuevas.</p>
<p>-PLAS! – golpeé, con la mano abierta<br />
-Agggggggg.<br />
-Si me pones la polla dura con tu culo, me follo tu culo. ¿Entendido?- PLAS!<br />
-Ummmmmmm sí, sí, lo entiendo.</p>
<p>Seguí dándole tortas en ambas nalgas, hasta dejárselas bien rojas. Mi  polla babeaba de excitación. Hubiese seguida así para siempre.  Golpeando su culo y oyéndola quejarse.</p>
<p>Me acerqué. Lo abrí con las manos. Su apretado ano quedó a la vista.  Escupí en mis dedos y lo lubriqué un poco, apoyé la punta de mi polla y  empujé. Sin miramientos. Sin cuidado. Fuerte y profundo. Me costó  meterle la polla hasta el fondo. En el reflejo de la ventana que  teníamos delante me mostraba su cara crispada de dolor. Y en vez de  apiadarme, me agarré a sus caderas y empecé un dura enculada.</p>
<p>Se la clavaba hasta el fondo, hasta que mis caderas chocaban con su  culo, y se la sacaba casi toda. Me puse como loco. Seguí dándole con las  manos.</p>
<p>PLAS, PLAS, PLAS.</p>
<p>Se crispó y se corrió. Sentí perfectamente su orgasmo en mi polla. Su  recto se convulsionó a su alrededor, y no dejé ni un momento de darle  tortas. Sonoras, y dolorosas. Hasta a mí me dolían los dedos.</p>
<p>Quería que me dijese “Para ya, mi amor. Me duelo, por favor, para”.  En vez de eso, se volvió a correr al poco tiempo del anterior orgasmo.  Yo ya no pude más, y agarrado a sus caderas, grité como un animal y me  corrí a borbotones en su culo. Mi placer fue intenso, total. Casi me  hace perder el equilibrio.</p>
<p>Nos quedamos en silencio, con los ojos cerrados. Lo abrí lentamente.  MI polla seguía clavada en su culo. Se la saqué despacito. Su ano quedó  abierto, y un poco de semen goteó fuera.</p>
<p>Me guardé la polla. Ese seguía en la misma postura.</p>
<p>-Voy a buscar una cosa. Desnúdate.</p>
<p>Cuando volví a la cocina, estaba totalmente desnuda. Que visión más  hermosa. Miró lo que traía en las manos. Dos pinzas para la ropa.</p>
<p>Me acerqué. Miré sus pezones. Se notaban duros, erectos. Cuando los  acaricié confirmé su dureza. Cogí la primera pinza. Cuando se cerró  sobre el pezón, se quejó de dolor.</p>
<p>-Calla, zorra.</p>
<p>Cuando le puse la otra pinza en el pezón restante, no se quejó. Sólo puso una mueca de dolor.</p>
<p>-Y ahora, comamos, mi amor.</p>
<p>Sirvió la comida así, desnuda, con las pinzas apretando sus pezones.  Yo la miraba. Empezamos a comer, ella sentada enfrente de mí.<br />
Sin que se diera cuenta, me descalcé y me quité el calcetín. Adelanté el  pie hasta tocar el suyo, y empecé a subir por él. Llegué a su rodilla,  al interior de sus muslos y seguí hacia adentro, hasta llegar a su coño.</p>
<p>Era un mar de jugos. Caliente, babosito. Rosa estaba muy excitada,  cachonda. Le pasé el pulgar a lo largo de la rajita, frotando su  clítoris. En su cara vi reflejado el placer que sentía.</p>
<p>Por fin me decidí a hablar, mientras la masturbaba.</p>
<p>-Rosa, mi amor. No sé que me está pasando. Que nos está pasando. Pero me gusta. Y voy a seguir – le dije, mirándola a los ojos.</p>
<p>Ahora era su oportunidad de decir algo. De decirme lo que sentía, lo  que deseaba. Me miró, se tensó y se corrió, apretando los puños,  cerrando los ojos, mojando mis dedos.</p>
<p>No dijo nada. No hizo falta. Todo estaba dicho.</p>
<p>Terminamos de comer. Rosa recogió la mesa. La ayudé con los platos.  Cuando se dio la vuelta, su culo colorado me encantó. A mi cabeza acudió  una imagen. Algo que había visto. Iba a ser la siguiente vuelta de  tuerca.<br />
Cuando hubimos recogido todo, la llamé. Se quedó de pie, en frente mío.</p>
<p>-¿Sabes que te amo, verdad?<br />
-Sí, lo sé. Y yo a ti, con todo mi ser.<br />
-Espera aquí.</p>
<p>Fui a buscar una cinta. Cuando encontré lo que buscaba, regresé.</p>
<p>-Date la vuelta.</p>
<p>Obedeció.</p>
<p>-Las manos atrás.</p>
<p>Se las até, con fuerza, pero sin contarle la circulación. La giré. Sus ojos brillaban.</p>
<p>-Arrodíllate</p>
<p>Lo hizo despacito, mirándome. Tenerla allí, arrodillada, con los  pezones martirizados por las pinzas me tenía otra vez excitado,  cachondo. Me bajé la cremallera y me saqué la polla. Me la agarré con  una mano. Con la otra agarré su cabello.<br />
Empecé a pasarle la polla por la cara. Tiernamente, con dulzura. Hasta  que la abofeteé con ella. Primero en una mejilla, luego en la otra.  Golpes en su cara con mi polla. El líquido pre seminal que mi excitada  verga soltaba dejaba marcas brillantes en su rostro.</p>
<p>-Abre la boca.</p>
<p>Le hice echar un poco la cabeza hacia atrás. Acerqué mi polla a su  abierta boca y se la metí, centímetro a centímetro. Media polla, y seguí  empujando. Más, más, hasta que tuvo una arcada y echó la cabeza hacia  atrás, tosiendo.</p>
<p>-No hagas eso, zorra. Estate quieta – le dije, sujetándola con fuerza por el pelo.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1250" title="throaty" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/throaty.jpg" alt="throaty" width="480" height="360" /></p>
<p>Volví a meterle la polla, hasta que rozó su garganta y no pudo  reprimir otra arcada, más fuerte que la anterior. Esta vez la sujeté con  fuerza y la mantuve allí. Empezó a toser y a expulsar grandes  cantidades de saliva, que bajaban por mi polla, hasta mis huevos.</p>
<p>Se la saqué un poco. En sus ojos había lágrimas provocadas por las fuertes arcadas.</p>
<p>-Prepárate.</p>
<p>Mi polla llegó a la zona roja, en donde se le provocaba la arcada.  Apreté y la sobrepasé. Jamás mi polla había estado tan dentro de su  boca. Mi mano, en la parte de atrás de su cabeza presionó y la polla  entró aún más.</p>
<p>No lo pudo resistir. Se zafó de mi presa, tosiendo. Le caían babas en  gran cantidad. Tuvo más arcadas, más toses. Mi polla, llena de saliva,  saltaba de excitación delante de su cara. Mi miró. Estaba llena de  saliva. Su barbilla, su cuello. Sus bellos ojos llenos de lágrimas.</p>
<p>Llegamos a este punto, no me iba a parar. Agarré su cabeza con  fuerza, le metí la polla en la boca y empecé a metérsela, decidido a  todo. Noté como la punta de mi polla tocaba el fondo de su boca. Empujé  más. Rosa se tensó. Puso mis manos en mis muslos.</p>
<p>¿Me iba a empujar? ¿Iba a quitarme de encima de ella? No. Sólo apretó  sus manos. Así que, con mis manos en su cabeza, le clavé toda mi polla  en la boca. Su nariz toco mi pantalón.</p>
<p>No lo resistió. Empezó a vomitar sobre mí, pero no me apiadé de ella.  La mantuve sujeta, con fuerza. No me importó que me manchara la ropa,  los zapatos. La mantuve así hasta que paró de vomitar, y entonces empecé  a follarle la boca, con fuerza, sintiendo como mi polla resbalaba por  su garganta.</p>
<p>La apreté con fuerza contra mí, y volvió a vomitar. Ya no era yo. No  sé quién era. Seguí follándole la boca hasta que no pude más y me corrí  en su garganta. Mi corrida bajó directamente por su esófago hasta su  estómago.</p>
<p>Sólo cuando estuve satisfecho la solté y le saqué la polla. Tosió con fuerza. De su nariz salían babas, así como de su boca.</p>
<p>La miré. Cualquier persona viendo todo aquello, a la mujer amada  arrodillada entre sus propios vómitos, con la cara sucia, los ojos  llenos de lágrimas, se hubiese horrorizado por lo que había hecho.</p>
<p>Estuve a punto de derrumbarme, de arrodillarme ante ella y pedirle, suplicarle, perdón. Rosa levantó la cabeza. Me miró.</p>
<p>Y sonrió. Mi amor, sólo me sonrió.</p>
<p>Han pasado varios días. Cada vez estoy más asustado. Por las cosas  que hago. Por las cosas que me deja hacerle. Porque busco el límite y no  lo encuentro.</p>
<p>Y sobre todo, estoy asustado porque mientras más dolor le doy, más placer obtengo.</p>
<p>FIN</p>
<p><em>Autor: <a href="http://abe21abe21.wordpress.com/2011/06/08/buscando-mis-limites" target="_blank">abe21abe21</a></em></p>
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		<title>Mercedes ¿Puedo meterte un dedito?</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Apr 2011 10:34:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de incesto]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de primera vez]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de sexo]]></category>
		<category><![CDATA[chupadas]]></category>
		<category><![CDATA[coños]]></category>
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		<category><![CDATA[estimulación]]></category>
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		<category><![CDATA[incesto]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
		<category><![CDATA[tetas]]></category>

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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2011/04/12/mercedes-¿puedo-meterte-un-dedito" ><img class="alignleft size-full wp-image-1133" title="mercedes" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/04/mercedes.jpg" alt="mercedes" width="250" height="181" /></a> Me llamo Mercedes, tengo 18 años y soy de Argentina. Soy una chica bastante recatada, no suelo hablar con casi nadie de sexo, me da vergüenza, pero hace poco conocí a una persona que me hizo cambiar de opinión, y por eso les voy a contar mi gran e inconfesable atracción por mi hermano.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta es la pregunta que me hizo mi  hermano, hace algunos días. Yo lógicamente, le contesté que no, pero  ahora les cuento con tranquilidad nuestra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Me llamo Mercedes, tengo 18 años y soy  de Argentina. Soy una chica bastante recatada, no suelo hablar con casi  nadie de sexo, me da vergüenza, pero hace poco conocí a una persona que  me hizo cambiar de opinión, y por eso les voy a contar mi gran e  inconfesable atracción por mi hermano.</p>
<p style="text-align: justify;">Soy morena, pelo largo rizado y una  figura bastante bonita para una chica de mi edad, pechos medianos,  pezones de puntita y un buen culito. Tengo bastante pelito en mi cuca,  sólo me depilo las ingles y alguna vez me corto los pelitos con tijeras.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca he estado con un hombre, si que he  tenido algún noviete, pero sigo siendo virgen, sólo nos hemos besado y  tocado un poquito, aunque me ha encantado tocarles la polla por encima  del pantalón, nunca he tenido una de verdad en mi mano.</p>
<p style="text-align: justify;">En <a href="http://www-sexywebcam.com" target="_blank">mis fantasías</a>, me caliento mucho  pensando en las pollas, me da igual su tamaño, me gustaría ponerlas bien  duras, para poder pajearlas, mientras me meten una mano dentro de mi  bomabachita y me tocan el botoncito del placer. Espero el momento de  pajear lentamente, apretando bien la polla, cambiando de ritmo, notando  que tengo el poder de hacer que se corran cuando yo quiera.</p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, mi vida cambió a los 12 años,  cuando por casualidad descubrí a mi hermano, cinco años mayor que yo,  sentado en su silla de la habitación, con los pantalones bajados,  mirando una revista pornográfica, mientras con una mano iba moviendo su  pija lentamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no sabía que era aquello, pero sólo  intuí que no debía molestarlo, así que sigilosamente permanecí oculta,  hasta que de la polla de mi hermano salió un chorro de un líquido espeso  y pegajoso. Rápidamente me fui a mi habitación, sin tener mucha idea de  lo que acababa de presenciar.,</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre he tenido muy buena relación con  él, es muy amable conmigo y hablamos de todo, el me cuenta algunas  cosas de las chicas con las que sale, y yo aunque tengo unos celos  terribles, también le cuento algunas cosas, pero nunca hemos hablado de  sexo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasaron los años, y desde entonces había  vuelto a repetir la escena en mi mente muchas veces, pero sin hacer  nada, no sabía que significaba aquello, y porqué no podía sacármelo de  la cabeza, tan solo notaba que de vez en cuando mis bombachitas se  mojaban más de lo habitual.</p>
<p style="text-align: justify;">Por la noche cuando me acuesto en mi  camita, apago la luz y me pongo boca abajo, y sin esperar un segundo,  levanto un poco el culito, me bajo los pantaloncitos y el tanga por  debajo de mi culito bien paradito y empiezo a dedearme.</p>
<p style="text-align: justify;">Dejo un dedito sobre mi clítoris y  empiezo a culear, primero lento, pero poco a poco me voy calentando más y  aumento el ritmo hasta que experimento un placer muy grande y me quedo  totalmente satisfecha y relajada.</p>
<p style="text-align: justify;">Otras veces, cuando estoy sola en casa,  <a href="http://www.sexywebcam.com" target="_blank">me gusta sentarme delante del ordenador, sólo con mis braguitas puestas</a>,  empiezo a leer algún relato erótico que me pasa un amigo, y sigo las  instrucciones que el me da para masturbarme.</p>
<p style="text-align: justify;">Pongo mis pezoncitos duros contra el  borde de la mesa y me los rozo, suavemente, al mismo tiempo que abro al  máximo mis piernas. Aguanto así todo lo que puedo, contrayendo y  relajando mi cuquita, igual que cuando hago pipí. Cuando noto mis suaves  y finitas braguitas súper mojadas, hago una tirita finita con ellas y  me las aprieto contra mi rajita, estimulándome el clítoris todo lo que  puedo. Me gusta sentirme así de caliente durante el máximo de rato  posible, me he llegado a correr hasta seis veces….me pongo recaliente  sólo de escribirlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Un sábado por la mañana me desperté  pronto, eran como las ocho, salí al servicio y al pasar por delante de  la habitación de mi hermano, tenía la puerta entreabierta, no pude  resistirme y me asomé.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que presencié me dejó totalmente  helada, mi hermano estaba boca arriba, llevaba tan solo unos slips  puestos, el sol entraba levemente por su persiana con la luz suficiente  para apreciar aquel bulto enorme de mi querido hermanito. Me quedé unos  segundos admirando aquella pija enorme, y volví rápidamente a mi  habitación.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1133" title="mercedes" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/04/mercedes.jpg" alt="mercedes" width="450" height="325" /></p>
<p style="text-align: justify;">No lo dudé ni un segundo, me metí en mi  camita como todas las noches, bajé mis pantaloncitos y mi tanga, y me  puse a masturbarme.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba mojada como nunca antes lo había  estado. Me rozaba con mi dedito el clítoris cada vez más fuerte, culeaba  mucho, cada vez más rápido. No podía aguantar más estaba muy caliente.  Me quité toda la ropa quedándome totalmente desnuda.</p>
<p style="text-align: justify;">Continué masturbándome en la misma  posición, boca a bajo, rozaba mis pezones contra las sábanas y me  gustaba, imaginaba a mi hermano chupándolos al mismo tiempo que yo  cabalgaba sobre su pija.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguí rozándome con el dedito más  fuerte, de vez en cuando subía mi culito y me pegaba dos palmaditas en  el clítoris para seguir tocándome, hasta que no puede aguantar más y me  corrí como nunca antes en mi vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedé totalmente relajada, y aunque  tenía la mano llena de mi flujo espeso y reluciente, no podía ni  moverme, así que me cubrí con la sabana y me quedé dormida bien  satisfecha.</p>
<p style="text-align: justify;">No se el tiempo que había pasado, pero me desperté sobresaltada.</p>
<p style="text-align: justify;">Había alguien en mi cama.</p>
<p style="text-align: justify;">Rápidamente recordé que estaba  totalmente desnuda, y me avergoncé ya que además de no llevar nada  puesto, mi habitación olía toda a sexo, a coñito mojado y virgen.</p>
<p style="text-align: justify;">Me ladee un poco y observé a mi hermano, sentado en mi cama, mirándome.</p>
<p style="text-align: justify;">El suavemente me dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-         “Mercedes, te encuentras bien?”</p>
<p style="text-align: justify;">-         Si, por qué lo preguntas?</p>
<p style="text-align: justify;">-         Nada, escuché quejidos hace un par de horas.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo totalmente avergonzada, pensé que  esta era mi oportunidad de hacer realidad mis fantasías, me giré y me  puse sentada en la cama, con mis rodillas flexionadas y mi espalda  apoyada en la pared y tapándome con la sabana le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">-         Pues estoy perfectamente,  aunque si quieres que te diga que eran esos quejidos, tendrás que  responderme a una pregunta.</p>
<p style="text-align: justify;">-         De acuerdo, pregúntame lo que quieras, hermanita.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo sacando valor de donde no lo había, le pregunté:</p>
<p style="text-align: justify;">-         ¿Con cuantas chicas has follado y cuando fue tu primera vez?</p>
<p style="text-align: justify;">El se sorprendió un poco por la pregunta  de su hermanita pequeña, sabía que si contestaba, seguramente no habría  vuelta atrás, y tras unos segundos en silencio dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-         ¿Seguro que quieres hablar de esto?</p>
<p style="text-align: justify;">Yo mordiéndome levemente el labio inferior, le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">-         Si, por favor, cuéntamelo todo.</p>
<p style="text-align: justify;">-         Está bien, perdí mi virginidad a tu edad actual, a los 18, y sólo me he acostado con tres chicas.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces él comenzó a contarme como fue  su primera vez, con todo lujo de detalles, yo en ese momento,  disimuladamente, bajé una mano entre mis piernas, y lentamente con mi  dedito corazón empecé a <a href="http://www.sexywebcam.com" target="_blank">tocarme mi coñito</a>, que a pesar de haberme  corrido hacía un momento, estaba otra vez con los labios hinchados y  totalmente mojado.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi hermano pareció darse cuenta de mis  movimientos bajo las sábanas, y con una mano empezó a apretarse la polla  por encima de su slip.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí fue cuando mi hermano paró de contarme sus experiencias y mirándome fijamente a los ojos me dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-         Mercedes, ¿Puedo meterte un dedito?</p>
<p style="text-align: justify;">-         No hermanito, un dedito no. Estoy harta de deditos, quiero que me metas otra cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta yo misma me sorprendí de las  palabras que acababa de pronunciar, pero mi excitación no me dejó ni  pensar. Después de pronunciar estas palabras, aparté la sábana, y mi  hermano me pudo contemplar totalmente desnuda, con mis pechos duros de  excitación, mis pezones a punto de estallar de lo puntiagudos que los  tenía. A continuación, mirándole a los ojos, aparté mi mano de mi cuca y  con las piernas flexionadas como las tenía, las abrí al máximo dándole  <a href="http://www.sexywebcam.com" target="_blank">una vista extraordinaria de mi bien abierto y mojado coñito</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi hermano rápidamente se desnudó y con  su pija grande y dura, curvada hacia arriba se tumbó sobre mí y empezó a  rozarme muy lentamente toda su herramienta contra mi bien lubricado  coñito.</p>
<p style="text-align: justify;">-         Uffff, hermanito, que rico se siente, sigue así…..</p>
<p style="text-align: justify;">Mi hermano dominaba bien la situación,  estuvo rozándome durante unos minutos que a mi se me hicieron eternos  por la excitación y morbo del momento, el no decía nada, sólo disfrutaba  del momento, me seguía dando mucho placer rozándome mi cuca mientras me  mordía levemente los pezones.</p>
<p style="text-align: justify;">-         ¿Estas lista Mercedes? ¿Estas preparada para dejar de ser una niña?</p>
<p style="text-align: justify;">-         Siiiiiiiiiiiiii, no aguanto más, fóllame cabrón, quiero que me la metas entera….</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces el apoyó su glande rosado en la entrada de mi cuquita, y muy despacio para no lastimarme me fue penetrando.</p>
<p style="text-align: justify;">Se paró el mundo, notaba cada milímetro de su pollón entrando dentro de mí.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo me abrí de piernas todo lo que pude  para facilitarle la penetración, mientras con mis manos acariciaba su  duro culo, rozándole su ano para excitarlo más si cabe.</p>
<p style="text-align: justify;">No noté nada de dolor, algunas de mis  amigas me habían contado que su primera vez fue muy dolorosa y  desagradable. Yo estaba disfrutando del momento. Estaba atenta y  expectante ante todo lo que me hacía mi hermanito querido.</p>
<p style="text-align: justify;">Me tumbó totalmente, y puso mis pies  apoyados sobre su pecho, el empezó a embestirme fuertemente, metiendo y  sacando toda su polla. Entonces hizo algo que recordaré el resto de mi  vida, mientras me follaba fuertemente empezó a masturbarme el clítoris  con su dedo pulgar.</p>
<p style="text-align: justify;">No duré ni un minuto, y me arrancó mi primer orgasmo entre gritos y gemidos de placer.</p>
<p style="text-align: justify;">En mi vida me había corrido de esa  manera, de dentro de mi salieron varios chorros de flujo vaginal, que el  rápidamente recogió con su boca, lamiéndome sin parar arrancándome un  segundo orgasmo seguido que me hizo quedarme traspuesta.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que perdí la noción del tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sólo recuerdo que cuando me desperté al cabo de unos minutos, el ya no estaba, se había marchado al baño a tomar una ducha.</p>
<p style="text-align: justify;">Entré en el baño, y me puse a orinar.  Sentada en la taza del wc podía distinguir la silueta de mi hermano con  la polla aún mirando al cielo, entonces suavemente aparté la cortina y  le dije:</p>
<p style="text-align: justify;">-         Hermanito, ha sido genial, pero me gustaría hacerte acabar igual que tu lo has conseguido conmigo.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces sin decir nada, empezó a masturbarse lentamente mirándome como orinaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo lentamente separe mis piernas y le  dejé mirar como salía de mi coñito el río de orina, cuando terminé, me  limpié con mi mano, sin papel. Recogí del interior de mi cuca los restos  de pipi y flujos de la follada, me levanté y le puse mi mano en su boca  mientras con la otra mano le cogí fuertemente su polla.</p>
<p style="text-align: justify;">Era la primera vez que tenía una polla en mi mano, y me encantó pajearla lentamente, notando su dureza.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1134" title="mercedes3" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/04/mercedes3-325x433-custom.jpg" alt="mercedes3" width="325" height="433" /></p>
<p style="text-align: justify;">Lentamente me arrodillé dentro de la  ducha y empecé a chuparla mientras la pajeaba con una mano y con la otra  le apretaba sus pelotas.</p>
<p style="text-align: justify;">No duró mucho mi primera mamada, ya que a  los pocos segundos recibí en mi boquita toda la leche de mi hermanito.  Fue una corrida extraordinaria, no puede aguantarla toda en mi boca y la  derramé sobre mis tetitas. Después me levanté y nos besamos  apasionadamente, mientras el recogió con sus manos su leche y me la  llevó a la boca para que no se desperdiciara ni una sola gota.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue un día genial que como podrán imaginar, recordaré toda mi vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante les contaré las numerosas historias que sucedieron en los días posteriores.</p>
<p style="text-align: justify;">Espero que les haya gustado y que hayan disfrutado tanto al leerlo como yo al escribirlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Autor: Erval. Dedicado a Mercedes.</p>
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		<title>Sensual felación con un collar de perlas</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Feb 2011 14:02:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2011/02/09/sensual-felacion-con-un-collar-de-perlas"><img class="aligncenter size-full wp-image-1060" title="Camille perlas - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/02/video-camille-perlas.jpg" alt="Camille perlas - 123porno.com" width="575" height="209" /></a> Camille Crimson es una de las más sensuales felatrices que se encuentran por internet. Experta y exquisita, viendo sus vídeos te volverás loco de excitación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Camille Crimson es una de las más sensuales felatrices que se encuentran por internet. Experta y exquisita, viendo sus vídeos te volverás loco de excitación.</p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="510" height="399" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="bgColor" value="#000000" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="FlashVars" value="options=http://www.pornhub.com/embed_player.php?id=2011692" /><param name="src" value="http://ph-static.phncdn.com/flash/embed_player_v1.3.swf" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="510" height="399" src="http://ph-static.phncdn.com/flash/embed_player_v1.3.swf" flashvars="options=http://www.pornhub.com/embed_player.php?id=2011692" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" bgcolor="#000000"></embed></object></p>
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		<title>Taladrando a la patinadora</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Feb 2011 15:01:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2011/02/04/taladrando-a-la-patinadora/"><img class="aligncenter size-full wp-image-1054" title="Taladrando a la patinadora - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/02/video-patinadora-anal.jpg" alt="Taladrando a la patinadora - 123porno.com" width="575" height="209" /></a> Ese precioso culito no se merece menos que ser taladrado sin piedad y hasta los huevos. Cómo disfruta la patinadora, se ve que le gusta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ese precioso culito no se merece menos que ser taladrado sin piedad y hasta los huevos. Cómo disfruta la patinadora, se ve que le gusta.</p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="510" height="399" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="bgColor" value="#000000" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="FlashVars" value="options=http://www.pornhub.com/embed_player.php?id=3020462" /><param name="src" value="http://ph-static.phncdn.com/flash/embed_player_v1.3.swf" /><param name="bgcolor" value="#000000" /><param name="flashvars" value="options=http://www.pornhub.com/embed_player.php?id=3020462" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="510" height="399" src="http://ph-static.phncdn.com/flash/embed_player_v1.3.swf" flashvars="options=http://www.pornhub.com/embed_player.php?id=3020462" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" bgcolor="#000000"></embed></object></p>
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		<title>Disfrutando de una buena ducha</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Nov 2010 10:45:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2010/11/16/disfrutando-de-una-buena-ducha"><img class="alignleft size-full wp-image-886" title="Disfrutando de una buena ducha - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/11/video-ducha.jpg" alt="Disfrutando de una buena ducha - 123porno.com" width="160" height="120" /></a> Cassandra se lo pasa de miedo en el baño, primero a pelo y después bajo el chorro de la ducha. Y duchada es como acabó ella después de esa tremenda follada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cassandra se lo pasa de miedo en el baño, primero a pelo y después bajo el chorro de la ducha. Y duchada es como acabó ella después de esa tremenda follada.</p>
<p align="center"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="510" height="400" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="quality" value="high" /><param name="bgcolor" value="#000000" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="flashvars" value="id_video=283203" /><param name="src" value="http://static.xvideos.com/swf/flv_player_site_v4.swf" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="510" height="400" src="http://static.xvideos.com/swf/flv_player_site_v4.swf" flashvars="id_video=283203" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" bgcolor="#000000" quality="high"></embed></object></p>
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		<title>Increíble sesión de anal con mi exnovia</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Sep 2010 13:16:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2010/09/28/increible-sesion-de-anal-con-mi-exnovia"><img class="alignleft size-full wp-image-839" title="Anal con mi exnovia - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/09/video-anal-exnovia.jpg" alt="Anal con mi exnovia - 123porno.com" width="160" height="120" /></a> El sexo con mi exnovia era brutal. Le gustaba que nos grabásemos en vídeo y todavía me pongo malísimo cuando veo alguno de ellos. Éste es mi preferido.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sexo con mi exnovia era brutal. Le gustaba que nos grabásemos en vídeo y todavía me pongo malísimo cuando veo alguno de ellos. Éste es mi preferido.</p>
<p align="center"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="510" height="400" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="quality" value="high" /><param name="bgcolor" value="#000000" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="flashvars" value="id_video=540645" /><param name="src" value="http://static.xvideos.com/swf/flv_player_site_v4.swf" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="510" height="400" src="http://static.xvideos.com/swf/flv_player_site_v4.swf" flashvars="id_video=540645" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" bgcolor="#000000" quality="high"></embed></object></p>
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		<title>La aprendiz</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Sep 2010 13:39:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2010/09/15/la-aprendiz/"><img class="alignleft size-full wp-image-813" title="La aprendiz - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/09/enfermera.jpg" alt="La aprendiz - 123porno.com" width="175" height="268" /></a>... De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Allí estaba yo, en la consulta del médico, total y absolutamente acojonado. Tres o cuatro semanas atrás había empezado a sentir molestias en una zona muy delicada para los hombres, en los testículos. Acudí a mi médico, que inmediatamente me envió a un especialista, donde se me practicaron varias pruebas. Ahora estaba en su despacho, esperando los resultados de las mismas y tan asustado que la camisa no me llegaba al cuerpo.</p>
<p>¿Dónde se habrá metido este cabrón? &#8211; pensé &#8211; ¿querrá volverme loco o qué?</p>
<p>Aún tuve que esperar cinco minutos más, era como si el tipo hubiera tenido que ir a por los informes hasta el mismo laboratorio y además andando. Por fin, la puerta volvió a abrirse y el doctor entró con un montón de papeles en la mano. Sin decir nada, se sentó a su mesa y se puso a repasarlos, como si aún no los hubiese leído. Yo sudaba como un cerdo. Un par de minutos después separó sus ojos de los documentos y los plantó en mí:</p>
<p>¿Se encuentra usted bien? &#8211; me dijo &#8211; Tiene mala cara&#8230;</p>
<p>Sí, sí, estoy bien, es que hace un poco de calor &#8211; dije yo mientras mentalmente me cagaba en sus muertos.</p>
<p>Bueno, señor Rovira, aquí tengo los resultados de su examen médico.</p>
<p>¿En serio?, yo creí que era prensa deportiva &#8211; estuve a punto de decirle, aunque en realidad me limité a sonreír nervioso.</p>
<p>Verá, hemos detectado un pequeño tumor en uno de sus testículos.</p>
<p>El alma se me cayó a los pies, mi mundo se hundía, quería morirme.</p>
<p>Pero no se preocupe, es benigno y perfectamente operable.</p>
<p>¡Que resuenen las trompetas y las fanfarrias! ¡Gloria a Dios en las alturas!</p>
<p>¿De verdad? &#8211; acerté a balbucear.</p>
<p>Sí, tranquilo &#8211; dijo el médico sonriente &#8211; lo hemos detectado en una etapa muy precoz de su desarrollo. Sólo tendrá que pasar 3 o 4 días en el hospital y podrá llevar una vida perfectamente normal.</p>
<p>Pero, ¿no habrá secuelas?</p>
<p>De ningún tipo. Bueno, ¡tendrá que pasarse un par de semanitas sin sexo! &#8211; dijo riendo.</p>
<p>Yo también me reí.</p>
<p>Si es sólo eso &#8211; en ese momento aquel tipo era mi mejor amigo. Si fuese gay, lo hubiera besado.</p>
<p>Hablamos un rato sobre los detalles de la operación. Me ingresarían el martes siguiente, para hacerme unos análisis y otras pruebas. La intervención sería el miércoles por la tarde, recibiendo el alta con toda probabilidad el viernes o el sábado.</p>
<p>Me marché a casa mucho más tranquilo. Iba por la calle, feliz, sonriente, todo me parecía de color de rosa. Nada más llegar, llamé a mi novia, Pili y le conté las buenas noticias. Me hubiese encantado que viniera a mi piso para celebrarlo, pero por desgracia se encontraba fuera de la ciudad. Era azafata y en ese momento estaba en Argentina y no volvería hasta la semana siguiente.</p>
<p>La semana pasó rápidamente, teniendo que soportar las continuas bromas de mis amigos y compañeros de oficina, que si me iban a dejar eunuco, que la fimosis se opera de pequeño y otras lindezas similares. A medida que transcurrían los días, yo me iba poniendo cada vez más nervioso, pues por mucho que el médico dijera que era un procedimiento sencillo, no dejaba de ser una operación en mis pelotas y yo les tenía (y les tengo) mucho cariño.</p>
<p>Por fin llegó el martes. La hora de ingreso eran las once de la mañana, así que me levanté temprano y preparé una pequeña maleta con ropa y objetos de aseo. Cogí un taxi y me fui a la clínica.</p>
<p>Tuve que rellenar un montón de papeles antes de que me condujesen a planta. Por fin, terminé con los trámites burocráticos y un celador me llevó hasta el tercer piso.</p>
<p>Entréguele esto a la jefa de enfermeras &#8211; dijo dándome un fajo de papeles y señalando hacia un mostrador que había más adelante.</p>
<p><a href="http://www.123porno.com/2010/09/15/la-aprendiz/"><img class="alignleft size-full wp-image-813" title="La aprendiz - 123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/09/enfermera.jpg" alt="La aprendiz - 123porno.com" width="250" height="383" /></a>Me dirigí hacia allí con los papeles en una mano y la maleta en la otra. El hospital era una clínica privada, por lo que en los pasillos no había enfermos arrastrándose, carritos de la limpieza, ni olor a desinfectante. Esto me alegró, pues yo detesto los hospitales. Al llegar junto al mostrador, dejé la maleta en el suelo y los papeles encima. De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.</p>
<p>Por fin, la razón se impuso y dije con voz calmada:</p>
<p>Disculpe, señorita, ¿es usted la jefa de enfermeras?</p>
<p>La chica se enderezó y se dio la vuelta, mirándome mientras esbozaba una ligera sonrisa.</p>
<p>Sí, soy yo, ¿qué desea?</p>
<p>Ante mí estaba un bello ejemplar de mujer. Su rostro era muy atractivo, boca grande, de labios carnosos, sensuales, nariz aguileña, bien definida y unos ojos verdes que me miraron divertidos, como si supieran que yo poco antes estaba espiando a su dueña.</p>
<p>Como yo me había quedado mudo, ella volvió a insistir:</p>
<p>¿Desea usted algo?</p>
<p>Por fin, reaccioné.</p>
<p>¡Oh, sí, sí! Disculpe. Traigo estos papeles, me tienen que ingresar en esta planta.</p>
<p>Ella tomó los impresos y se puso a leerlos. Mientras, yo le echaba disimuladas miradas. Llevaba todos los botones del uniforme abrochados menos el último, lo que me permitió contemplar su cuello, de piel morena y atractiva. Sus senos eran de buen tamaño, apretaban con firmeza la delantera de su vestido, que se veía bastante tensa. Sobre su seno izquierdo había prendida una plaquita. &#8220;Lucía Sánchez&#8221; decía. Yo estaba absolutamente hipnotizado.</p>
<p>&#8230;Señor Rovira &#8211; dijo ella, creo que llevaba un rato hablándome ya.</p>
<p>¿Cómo dice? &#8211; dije despertando.</p>
<p>Que me acompañe por favor.</p>
<p>Levanté la mirada hasta su rostro y me di cuenta de que ella había notado perfectamente adonde miraba yo. Me invadió un repentino sentimiento de vergüenza, seguro de que estaba a punto de llamarme la atención, pero, para mi sorpresa, se limitó a esbozar una sonrisa pícara. Salió de detrás del mostrador y echó a andar por el pasillo.</p>
<p>Sígame &#8211; dijo.</p>
<p>Yo recogí mi maleta y eché a andar tras ella. Me mantenía un par de metros por detrás, para poder contemplar cómo su precioso trasero iba bamboleándose en el interior de su uniforme. Parecía tener un motorcito allí dentro, así de bien lo movía.</p>
<p>Por fin se detuvo frente a una habitación. Abrió la puerta y se apartó, para que yo entrara. Era la típica habitación de hospital, paredes blancas, una cama articulada, mesita de noche, armario empotrado y un sillón para las visitas. También había una mesa colocada a los pies de la cama, supongo que para la tele. Junto a la entrada había otra puerta, la del baño y al fondo, una ventana daba a la calle El cuarto era bastante grande, con seguridad cabría otra cama más.</p>
<p>Entré y dejé mi maleta sobre la cama. Ella entró detrás mía.</p>
<p>Si necesita algo, pulse el timbre que hay en la cabecera de la cama y yo o una de mis compañeras vendremos enseguida. ¿Ha traído pijama? &#8211; comenzó a decirme.</p>
<p>Por supuesto.</p>
<p>Bien, póngaselo. Dentro de un rato habrá que sacarle sangre. ¿Desea que le traigamos una televisión?</p>
<p>No, gracias, he traído para leer. No soy muy aficionado a la tele.</p>
<p>De acuerdo. Si no necesita nada&#8230;</p>
<p>No, gracias, señorita Lucía.</p>
<p>Ella me miró interrogante.</p>
<p>Oh, disculpe. Lo he leído en su placa.</p>
<p>Ella miró hacia abajo, a su pecho. Levantó la mirada y la clavó en mí.</p>
<p>Ya comprendo &#8211; dijo con expresión seria.</p>
<p>Yo estaba muy avergonzado.</p>
<p>Yo&#8230; Disculpe&#8230;</p>
<p>¿Cómo dice?</p>
<p>No nada, nada &#8211; dije yo, rojo como un tomate.</p>
<p>Bien, pues hasta luego.</p>
<p>Se marchó cerrando la puerta, dejándome bastante avergonzado.</p>
<p>¿En qué estaría yo pensando? &#8211; exclamé.</p>
<p>Ya no podía cambiar nada, así que comencé a deshacer la maleta. No me parecía buena idea ir por ahí cabreando a gente en cuyas manos iba a poner mis pelotas dentro de poco. Tras ordenarlo todo, empecé a desnudarme, para ponerme el pijama. Mientras me quitaba la ropa, me acordaba de Lucía. Estaba buenísima y encima, vestida de enfermera ¡Uuuummmm! ¡Qué morbazo!</p>
<p>Cuando terminé de ponerme el pijama tenía una erección de campeonato. Estaba allí, de pié como un imbécil, contemplando el enorme bulto de mi pijama, cuando alguien llamó a la puerta.</p>
<p>Como un rayo abrí la cama y me metí dentro, arropándome hasta el cuello.</p>
<p>¡Adelante! &#8211; dije.</p>
<p>Era Lucía. Entró empujando un carrito con instrumental.</p>
<p>Vengo para el análisis &#8211; me dijo.</p>
<p>De acuerdo &#8211; contesté yo incorporándome.</p>
<p>Empujó el carrito hasta situarlo junto a la cama. Rebuscó un poco y se acercó a mí con una goma en la mano.</p>
<p>Súbase la manga &#8211; me dijo.</p>
<p>Yo obedecí con presteza, quería portarme bien para que se olvidara de lo de antes.</p>
<p>Estire el brazo &#8211; continuó.</p>
<p>En ese momento yo estaba pensando que no hay nada en el mundo para bajar una erección como la amenaza de una jeringuilla, pero entonces ella se inclinó un poco para atar la goma en mi antebrazo. Al hacerlo, noté que el segundo botón de su uniforme se había desabrochado, así que olvidé en un segundo todos los propósitos de portarme bien, y mi miembro recuperó de golpe todo su esplendor. Dirigí una mirada disimulada a su escote. Cuando se inclinaba, alcanzaba a ver el borde de un delicado sostén de encaje. Ella, tras atar la goma, golpeó con dos dedos en mi brazo, para que se marcaran las venas, pero yo apenas lo noté.</p>
<p>Disimuladamente, fui estirando el cuello, para obtener una visión más amplia. Su seno iba revelándose poco a poco a mi mirada. Su sujetador era blanco, bordado, lencería fina sin duda. Estaba preguntándome si llevaría las braguitas a juego, cuando oí su voz que decía:</p>
<p>Ya está. Doble el brazo &#8211; dijo apoyando un poco de algodón sobre el pinchazo.</p>
<p>Se incorporó y dejó la jeringuilla sobre el carrito. Con un hábil gesto, soltó la gomilla de mi antebrazo, mientras yo la miraba anonadado.</p>
<p>¿Ya lo ha hecho? Es usted fantástica &#8211; le dije.</p>
<p>Gracias, una tiene sus trucos para hacerlo rápidamente y sin dolor &#8211; dijo dirigiéndome una mirada enigmática.</p>
<p>Las implicaciones de lo que acababa de decir hicieron que me quedara momentáneamente cortado. ¿Qué quería decir? ¿Que era muy buena sacando sangre? ¿Que se había abierto el botón ella misma?</p>
<p>Bueno, me marcho &#8211; me dijo &#8211; Le traerán la comida dentro de media hora más o menos.</p>
<p>De acuerdo, gracias. Ya la llamaré si la necesito.</p>
<p>Lo siento &#8211; respondió &#8211; Yo no podré atenderle, me marcho ya. Mi turno acaba a la una y media.</p>
<p>¡Ah! Ya veo. Pues entonces supongo que la veré mañana.</p>
<p>Sí, mañana por la mañana vendré para afeitarle.</p>
<p>Bueno, pues hasta luego &#8211; dije yo.</p>
<p>Adiós &#8211; dijo dirigiéndose a la puerta con el carrito.</p>
<p>Entonces, lo que había dicho por fin penetró en mi mente y una espeluznante sospecha se apoderó de mí.</p>
<p>Perdone &#8211; le dije &#8211; ¿Ha dicho usted afeitarme?</p>
<p>Ella se detuvo y se volvió hacia mí.</p>
<p>Afeitarle, claro.</p>
<p>Pero, ¿afeitarme cómo?</p>
<p>Afeitarle el pubis, por supuesto &#8211; dijo ella impertérrita.</p>
<p>¿Qué?</p>
<p>Ella me miró como una maestra mira al niño más torpe de la clase.</p>
<p>Señor Rovira, va usted a ser sometido a una intervención quirúrgica en la zona genital. Como comprenderá, es absolutamente necesario rasurarle y desinfectarle esa parte.</p>
<p>Sí, claro, ya comprendo. Es sólo que no lo había pensado.</p>
<p>De acuerdo, pues hasta mañana.</p>
<p>Hasta mañana.</p>
<p>Ella cerró la puerta tras salir, y yo me quedé allí, alucinando. ¡Esa pedazo de tía iba a afeitarme los huevos! ¡Dios mío! ¡Qué podía hacer! Ya la había cagado bastante con ella ese día, ¿qué pasaría al siguiente, cuando ella empezara a manipular por ahí abajo y mi polla se empalmara?</p>
<p>Traté de tranquilizarme, pero la perspectiva del increíble ridículo que iba a hacer me lo impedía.</p>
<p>Vamos, tío &#8211; me decía &#8211; Es una profesional, seguro que si te pasa no le importa en absoluto. Además, ya piensa que eres un pervertido, ¿qué mas da que piense que eres un degenerado?</p>
<p>Estuve un buen rato sumergido en este tipo de pensamientos, cuando de repente, llamaron a la puerta. Tras dar mi permiso, entró en la habitación otra enfermera, una bastante mayor, de 50 años al menos.</p>
<p>¡Ojalá me afeitara ésta! &#8211; pensé.</p>
<p>Buenas tardes &#8211; me dijo &#8211; Le traigo el almuerzo.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
<p>La enfermera acercó la bandeja hasta la cama. Estaba colocándomela bien cuando sonaron unos golpecitos en la puerta. Alcé la vista y allí estaba Pili, mi novia, todavía llevando su uniforme de azafata.</p>
<p>¡Pili! &#8211; exclamé &#8211; ¿Ya estás de vuelta?</p>
<p>Sí querido &#8211; respondió ella sonriente &#8211; Adelantaron mi vuelo y me he venido directamente a verte. Ni siquiera he pasado por casa.</p>
<p>Luego vendré a por la bandeja &#8211; dijo interrumpiéndonos la enfermera.</p>
<p>Sí, sí, muchas gracias.</p>
<p>Mientras la vieja salía, Pili se acercó a mí y me plantó un fuerte beso en los morros.</p>
<p>¿Y qué cómo estás? &#8211; dijo dejándose caer en el sillón.</p>
<p>Pues qué quieres, un poco nervioso, pero bien.</p>
<p>Vaya, creí que estarías cagado del susto, con lo aprensivo que eres &#8211; dijo riendo.</p>
<p>Ja, ja. Muy graciosa.</p>
<p>Nos quedamos callados, mirándonos. Yo le dirigí una apreciativa mirada. Estaba la mar de sexy con su uniforme azul y las medias negras, llevando su rubio cabello recogido; más de una vez habíamos echado un polvete llevándolo ella puesto, por puro morbo.</p>
<p>¿Qué miras? &#8211; me dijo.</p>
<p>Estás buenísima con ese traje &#8211; le dije.</p>
<p>Sí, lo sé &#8211; respondió sonriente.</p>
<p>Seguimos conversando durante un rato, sobre la operación, su viaje, la situación en Argentina. Mientras, yo iba comiendo un poco de la sosa comida que me habían traído. Ella se puso cómoda, se echó hacia atrás y cruzó las piernas. Como el sillón era muy bajo, su trasero quedaba hundido, muy por debajo de sus rodillas, por lo que su minifalda se subió, revelando una buena porción de muslo. Alcanzaba incluso a ver el final de sus medias y el broche del liguero. Me estaba poniendo como una moto.</p>
<p>Pili &#8211; le dije.</p>
<p>Dime.</p>
<p>Una ominosa idea iba tomando forma en mi mente.</p>
<p>Verás, quería pedirte un favor.</p>
<p>En ese momento llamaron a la puerta y la enfermera asomó la cara.</p>
<p>¿Ha terminado? &#8211; preguntó.</p>
<p>Sí, sí, pase.</p>
<p>Entró y recogió la bandeja. Pocos segundos después volvía a salir cerrando la puerta tras ella.</p>
<p>Ahora estaremos un rato tranquilos &#8211; pensé.</p>
<p>Ven siéntate aquí &#8211; le dije a mi novia palmeando en el colchón.</p>
<p>Ella no dudó ni un segundo. Se levantó y se sentó a mi lado. Yo, poniéndole una mano en el cuello, la besé tiernamente. Mientras lo hacía, llevé mi otra mano hasta su cacha y empecé a acariciarla.</p>
<p>¡Ay, estáte quieto jolín!</p>
<p>Nena, por favor &#8211; dije gimoteante.</p>
<p>¿Se puede saber qué te pasa?</p>
<p>Yo la miré seriamente y se lo solté de sopetón:</p>
<p>Hazme una paja.</p>
<p>¡¿QUÉ?!</p>
<p>Que me hagas una paja &#8211; repetí como si ella no me hubiera entendido.</p>
<p>¡Estás loco!</p>
<p>Loco de calentura.</p>
<p>Pili se levantó bruscamente de la cama y fue a sentarse nuevamente en el sillón, cruzándose de brazos, enfadada.</p>
<p>En eso estaba yo pensando, en pegarme 10 horas de vuelo para venir a cascársela a mi novio en un hospital.</p>
<p>Espera, déjame que te explique.</p>
<p>Explicarme qué. ¿Que eres un salido?</p>
<p>No, no es eso &#8211; contesté con tono serio.</p>
<p>No me interesa lo que vayas a decirme, no pienso hacerlo, podrían pillarnos.</p>
<p>Me quedé callado unos segundos.</p>
<p>Verás Pili, llevamos más de una semana separados ¿verdad?</p>
<p>Sí, pero me da igual si vas caliente por eso.</p>
<p>Exacto, hace bastante tiempo que mis necesidades no se ven satisfechas.</p>
<p>¿Qué quieres decir? ¿Qué tengo que &#8220;satisfacer tus necesidades&#8221; cuando a ti se te antoja?</p>
<p>No, mujer, no &#8211; continué &#8211; déjame explicarme.</p>
<p>Ella no dijo nada, se limitó a echarme una mirada de enojo.</p>
<p>Mira, lo cierto es que no he tenido sexo en una semana, por lo que me excito con facilidad.</p>
<p>Ya lo veo &#8211; dijo Pili, cortante.</p>
<p>Pues sucede que mañana por la mañana, una enfermera vendrá a afeitarme el pubis.</p>
<p>¿Cómo? &#8211; exclamó ella incorporándose, noté que había un brillo divertido en su mirada.</p>
<p>Lo que has oído, mañana vendrá la enfermera a rasurarme y yo estoy muy nervioso. ¿Te imaginas la vergüenza que voy a pasar cuando comience a trastear por ahí abajo y yo me empalme? Por favor Pili &#8211; dije juntando mis manos como si rezara &#8211; No puedes dejarme así.</p>
<p>Abrí las sábanas, dejando al descubierto mi pijama. En él se apreciaba un notable bulto a la altura de la ingle, pues yo, con la sesión de manoseo y la conversación, había vuelto a excitarme. Pili echó una mirada apreciativa a mi entrepierna.</p>
<p>¡Pobrecito! &#8211; dijo con tono pesaroso, aunque se notaba que estaba a punto de partirse de risa.</p>
<p>Sí, tú ríete, pero yo estoy muy preocupado.</p>
<p>¡Lo que no entiendo es cómo se te va a empalmar con semejante adefesio!</p>
<p>¿Adefesio? &#8211; dije yo perplejo.</p>
<p>¡Claro! Ella no había visto a Lucía, sino sólo a la vieja.</p>
<p>Pues mucho peor &#8211; mentí &#8211; Imagínate qué vergüenza empalmarse con esa vieja, pero en el estado en que estoy, bastará con que me rocen ahí abajo.</p>
<p>¡Ja, ja, ja!</p>
<p>Pili, por favor no te rías, que yo estoy muy serio.</p>
<p>Perdona &#8211; dijo todavía riéndose.</p>
<p>Además, no van a pillarnos. La vieja ya se ha llevado la bandeja y no hay razón para que vuelva si yo no la llamo.</p>
<p>Ella seguía mirándome divertida, aunque yo notaba que ya la tenía en el bote.</p>
<p>Y otra cosa &#8211; dije con tono sensual.</p>
<p>¿Qué?</p>
<p>A lo mejor mi picha le gusta a esa vieja y decide hacerme un &#8220;trabajito&#8221; ella misma. No sé si tendría fuerzas para resistirme&#8230;</p>
<p>Eso es verdad &#8211; dijo ella levantándose insinuante &#8211; ¡Tu polla es taaan bonita!</p>
<p>¿A que sí? &#8211; seguí bromeando.</p>
<p>A ver, nene, enséñame la colita para ver si es cierto que no puede más.</p>
<p>Yo, muy animado, sujeté las sábanas con una mano mientras con la otra me bajaba los pantalones, dejando mi miembro al aire.</p>
<p>¡Aaaay! ¡Pobrecita! &#8211; dijo con tono de niña pequeña.</p>
<p>Venga, Pili, no tontees más &#8211; dije lastimosamente.</p>
<p>Bueeeno &#8211; dijo ella sentándose a mi lado.</p>
<p>Ella llevó su mano hasta mi falo y lo acarició delicadamente. Sentí que la electricidad recorría mi cuerpo.</p>
<p>¿Tienes pañuelos de papel? &#8211; dijo empezando a pajearme.</p>
<p>Por ahí debe de haber, pero no los necesitamos ¿verdad?</p>
<p>Ella me entendió perfectamente, aunque hizo como si no comprendiera diciendo:</p>
<p>¿Ah sí? ¿Y por qué?</p>
<p>Pues porque había pensado que podrías acabar con la boca.</p>
<p>Eres un guarro ¿lo sabías?</p>
<p>¿Yo? &#8211; pregunté con aire inocente.</p>
<p>Sí tú.</p>
<p>¿Y quién fue la que me hizo comerle el coño en Euro Disney?</p>
<p>Ella me miró sonriente, sin parar de masturbarme.</p>
<p>Aquello fue diferente &#8211; dijo.</p>
<p>¿En qué?</p>
<p>Bueno &#8211; dijo encogiéndose de hombros &#8211; Si allí nos pillaban nos bastaba con no volver en la vida, pero aquí hay que volver mañana.</p>
<p>Eso es cierto &#8211; reconocí &#8211; pero ya no puedes dejarme así.</p>
<p>Tranquilo &#8211; me dijo guiñando un ojo.</p>
<p>Su paja era lenta, enloquecedora. Pili era (y es) una auténtica maestra en esos menesteres. Yo disfrutaba como un enano. Llevé mi mano hasta su muslo y comencé a acariciarlo lentamente. Poco a poco la introduje bajo su falda, deslizándola por la cara interna de sus piernas, sintiendo el tacto sedoso de sus medias. Por fin llegué hasta sus braguitas, las eché un poco hacia un lado y metí los dedos dentro. Estaba empapada.</p>
<p>¡Aahhhh! &#8211; suspiró.</p>
<p>¡Joder Pili! ¡Cómo te pones!</p>
<p>¿Uumm?</p>
<p>¡Estás chorreando! ¡Se nota que te gusta el morbo!</p>
<p>Eso ya lo sabías ¿no?</p>
<p>La verdad es que sí.</p>
<p>Seguimos disfrutando durante un rato, masturbándonos mutuamente. Pili me pajeaba espléndidamente, pero, lo cierto es que yo también soy bueno con las manos y su coño me lo conozco al dedillo. En pocos minutos, hice que se corriera.</p>
<p>Pili es una auténtica diosa del sexo, sus orgasmos son fuertes e intensos, lo que da al macho una sensación de poder, de ser buen amante. Al correrse, apretó con fuerza los muslos y se derrumbó sobre mi pecho, dejando durante unos instantes de pajearme mientras jadeaba. Mi polla protestó por esta interrupción.</p>
<p>Pili, cariño.</p>
<p>¿Ummm?</p>
<p>Mi polla, mírala la pobre.</p>
<p>Ella sonrió y estiró el cuerpo. Parecía una gatita satisfecha.</p>
<p>Eres un muchacho muuuy maaalo.</p>
<p>Sí, sí, pero por favor.</p>
<p>Ella miró mi miembro latiente. Esbozó una sonrisa de zorra que yo conocía muy bien y acercó su cara a mi entrepierna.</p>
<p>Tranquilo &#8211; me dijo &#8211; te voy a dejar tan seco que mañana no se te levantará ni con una grúa.</p>
<p>Así lo espero &#8211; pensé.</p>
<p>Ella me la agarró por la base. Yo cerré los ojos para disfrutar y sentí como su lengua me la recorría desde los huevos hasta la punta. Iba a ser increíble.</p>
<p>¡Toc, toc! &#8211; llamaron a la puerta, y sin esperar mi contestación, comenzó a abrirse.</p>
<p>Pili pareció desaparecer de mi lado y volver a materializarse sentada en el sillón, así de rápido se movió. Tenía las mejillas arreboladas mientras se arreglaba un poco la ropa. Yo simplemente volví a arroparme, con la polla doliéndome horrores y cagándome mentalmente en todos los muertos de quien quiera que fuese.</p>
<p>¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?</p>
<p>¡Oh, Dios mío! ¡Mis padres estaban allí!</p>
<p>Hola mamá &#8211; dije casi lloroso.</p>
<p>¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.</p>
<p>Si ellos supieran&#8230;</p>
<p>No, estoy bien. Sólo un poco nervioso.</p>
<p>Entonces Pili se levantó a saludarles.</p>
<p>Buenas tardes Encarna &#8211; dijo acercándose a mi madre.</p>
<p>¡Pili! ¡Cariño! No te había visto &#8211; dijo mi madre besándola en ambas mejillas.</p>
<p>Sí es que el sillón está ahí, escondido. Hola Cristóbal &#8211; también saludó a mi padre con un par de besos.</p>
<p>Hola Pili &#8211; dijo él.</p>
<p>Encarna, siéntese usted en el sillón &#8211; dijo Pili.</p>
<p>No, no cariño. Siéntate tú, debes estar reventada del viaje. ¡Si todavía llevas el uniforme!</p>
<p>Sí, es que acabo de llegar.</p>
<p>Mi madre no admitía un no por respuesta, y Pili lo sabía, así que se dejó caer de nuevo en el sillón, cruzando las piernas.</p>
<p>Mis padres estuvieron allí dándome el coñazo durante más de una hora. Yo sólo podía pensar en que se fueran, pues la polla seguía doliéndome. No hay nada peor que quedarse a medias. Era por eso que yo parecía distraído, por lo que encima tenía que soportar las bromitas de mis padres sobre lo asustón que yo era.</p>
<p>Pili intervino poco en la conversación. Se notaba que estaba cansada y de vez en cuando no podía evitar bostezar con fuerza. También advertí las disimuladas miradas que mi padre dirigía a las piernas de mi novia, supongo que en cuestión de mujeres en uniforme, he salido a él.</p>
<p>Por fin, mis padres decidieron marcharse. Yo me animé un poco, pero entonces mi madre se encargó de hundirme la moral.</p>
<p>Cristóbal vámonos ya &#8211; dijo &#8211; Y tú te vienes con nosotros.</p>
<p>¿Yo? &#8211; dijo Pili.</p>
<p>¡Por Dios no! &#8211; grité mentalmente.</p>
<p>Sí tú &#8211; insistió mi madre &#8211; estás a punto de quedarte dormida.</p>
<p>Pili me miró mientras yo ponía cara suplicante.</p>
<p>No se preocupe Encarna, todavía me quedo un rato.</p>
<p>De eso nada niña. Que te he visto bostezando. Tú te vienes con nosotros y te dejamos en casa. Éste se puede quedar un rato solo, pero tú te vas a quedar ahí frita. Necesitas descansar.</p>
<p>Mi madre me había derrotado. Pili me miró con expresión interrogante. Yo me encogí de hombros. Pili se acercó a la cama y me dio un casto beso.</p>
<p>Lo siento &#8211; susurró.</p>
<p>¡Pues anda que yo! &#8211; pensé.</p>
<p>Bueno, mañana por la mañana vendré a verte.</p>
<p>Me operan a las cinco, así que ven por la tarde.</p>
<p>¿Seguro?</p>
<p>Tranquila, estaré bien.</p>
<p>Pues hasta mañana &#8211; me dijo.</p>
<p>Adiós, cariño &#8211; dijo mi madre.</p>
<p>Sí, sí, adiós.</p>
<p>Se marcharon todos. ¡Vaya putada! Tenía una erección de campeonato y me habían dejado a medias en una situación de las más eróticas de mi vida. Qué se le iba a hacer. Me levanté y fui al baño, donde me hice una paja rápida, para aliviarme un poco. Me pasé el resto de la tarde leyendo, tratando de no pensar en lo que había pasado. Por la noche la enfermera me trajo la cena y se quedó un rato charlando conmigo. Era bastante simpática y me sentí un poco culpable por haberla llamada adefesio.</p>
<p>Por la noche y como no podía dormir, me hice un par de pajas más en el baño, para vaciar bien los depósitos y evitarme disgustos al día siguiente. O eso creía yo.</p>
<p>Descargado, por fin logré dormir y no me desperté hasta la mañana siguiente, cuando Lucía me trajo el desayuno.</p>
<p>Buenos días &#8211; me dijo.</p>
<p>Buenos días &#8211; dije sentándome en la cama.</p>
<p>¿Ha dormido usted bien?</p>
<p>Al principio me costó un poco, pero después dormí como un lirón.</p>
<p>Eso es por los nervios, no se preocupe.</p>
<p>Colocó la bandeja frente a mí y pude observar que los botones de su uniforme estaban correctamente abrochados.</p>
<p>Vendré dentro de un rato a por la bandeja &#8211; dijo.</p>
<p>Mientras salía, seguí el cadencioso ritmo de su trasero con la mirada. Desayuné poco, estaba nervioso, pues aunque me había desfogado a conciencia, la tía estaba muy buena y yo no las tenía todas conmigo. Como a la media hora, Lucía regresó.</p>
<p>¿Ha terminado? &#8211; dijo asomando la cabeza en el cuarto.</p>
<p>Sí, gracias.</p>
<p>Diligentemente, recogió la bandeja y la sacó al pasillo, supongo que la dejó en un carrito. Volvió a entrar y se acercó a la cama.</p>
<p>Señor Rovira.</p>
<p>Dígame &#8211; dije yo bastante nervioso.</p>
<p>Verá, quería pedirle un favor.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>Quería decirle si le importaría que le afeitase otra enfermera.</p>
<p>Lo cierto es que me sentí un poco decepcionado, pero la sensación de alivio fue tan grande que no me importó. ¡Tanto comerme la cabeza para nada!</p>
<p>Bueno, no, no me importa. Pero no comprendo por qué tiene que pedirme permiso, ustedes deciden quien lo hace.</p>
<p>No, verá usted. Sucede que se trata de una estudiante en prácticas y por eso hay que solicitar su autorización.</p>
<p>¿Una estudiante?</p>
<p>De último curso.</p>
<p>Me puse un poco nervioso.</p>
<p>No sé &#8211; dije &#8211; ¿no es un poco arriesgado?</p>
<p>No se preocupe &#8211; dijo sonriendo &#8211; No puede pasar nada, la cuchilla es especial. Es sólo para que practique, pero si no quiere&#8230;</p>
<p>Me lo pensé un segundo, y decidí aceptar porque si no lo hacía y después me empalmaba, ella pensaría que lo había hecho adrede.</p>
<p>De acuerdo, por mí no hay inconveniente.</p>
<p>Muchas gracias. Iré a avisarla &#8211; dijo dirigiéndose a la puerta &#8211; Mientras tanto, tome una buena ducha, para asearse.</p>
<p>Esto, Lucía.</p>
<p>¿Sí? &#8211; dijo volviéndose.</p>
<p>Como me pase algo la perseguiré eternamente &#8211; bromeé.</p>
<p>De acuerdo &#8211; rió ella marchándose.</p>
<p>Me quedé más tranquilo. Bueno, al final Lucía no iba a afeitarme, menos mal. Obedecí sus instrucciones y me duché, cambiándome de ropa interior y de pijama. Cuando terminé, aún tuve que esperar unos minutos hasta que Lucía reapareció empujando un carrito con una jofaina encima. Cuando vi a la mujer que entró después, me quise morir.</p>
<p>Era una chica de unos 20 años, 1, 60, cabello rubio, rizado, ojos azules. Su rostro parecía auténticamente el de una niña. Vestía el uniforme de enfermera, pero sobre él llevaba una especia de delantal blanco con rayas rosas, para indicar que era aprendiz. Se veía que estaba un tanto avergonzada. Estaba buenísima.</p>
<p>Señor Rovira &#8211; dijo Lucía &#8211; Ésta es Ana, se encargará de afeitarle.</p>
<p>Buenos días &#8211; dijo tímidamente.</p>
<p>Buenos días &#8211; respondí alelado &#8211; ¿No es un poco joven?</p>
<p>Tiene más de 20 años &#8211; respondió Lucía &#8211; No se preocupe, está plenamente cualificada.</p>
<p>Mientras hablábamos, Ana llevó el carrito junto a la cama.</p>
<p>¿Prefiere que me quede señor Rovira? &#8211; preguntó Lucía.</p>
<p>No, no, márchese, no se preocupe. Esto me da un poco de vergüenza, así que cuanta menos gente haya, mejor &#8211; acerté a decir.</p>
<p>Era cierto, si tenía que pasar vergüenza, al menos que fuera frente a una sola persona. Lucía se acercó a Ana y le dio unos últimos consejos.</p>
<p>Me voy, avísame cuando esté listo y vendré a revisarlo &#8211; dijo.</p>
<p>¿Revisarlo? &#8211; pregunté sorprendido.</p>
<p>Claro &#8211; respondió ella &#8211; Hay que asegurarse de que el afeitado sea correcto, es para supervisar su tarea.</p>
<p>Ah, comprendo.</p>
<p>Lucía salió, cerrando tras ella, dejándonos a solas a aquel bombón y a mí.</p>
<p>Bueno &#8211; dijo ella insegura &#8211; ¿Comenzamos ya?</p>
<p>Se acercó a la cama y apartó las sábanas. Intentó bajarme los pantalones, pero no podía.</p>
<p>Levante un poco el trasero por favor.</p>
<p>Yo obedecí y ella no sólo me bajó los pantalones y los calzoncillos, sino que me los quitó por completo. Noté que dirigía una mirada fugaz a mi miembro, lo que me excitó sobremanera.</p>
<p>- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! &#8211; no dejaba de pensar para mantener mi miembro en reposo.</p>
<p>Se acercó al carrito y tomó un guante de látex, colocándoselo en la mano izquierda. Después tomó un recipiente con espuma y una brocha de afeitar.</p>
<p>¿Sólo un guante? &#8211; pregunté.</p>
<p>Sí, la mano de la cuchilla es mejor tenerla libre, porque al fin y al cabo no va a tocar su&#8230;</p>
<p>Al decir esto enrojeció violentamente, lo que repercutió profundamente en mi grado de excitación.</p>
<p>¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! &#8211; volví a recitar mentalmente.</p>
<p>Respiró profundamente y comenzó a enjabonarme, el escroto, el pubis, por encima, por debajo, incluso la cara interna de los muslos.</p>
<p>Oiga, Ana, ¿los muslos también?</p>
<p>Sí, y también la parte inferior del estómago, es importante que no haya vello en toda la zona &#8211; respondió mientras enjabonaba también mi barriga.</p>
<p>El tacto suave de la brocha con espuma estaba empezando a calentarme. La situación no podía tener más morbo. Involuntariamente, mi pene comenzó a despertar. No me empalmé, pero empezó a ponerse morcillón. Miré a su rostro y vi que estaba absolutamente rojo, sin duda se había dado cuenta.</p>
<p>Por fin dejó la brocha a un lado y trasteó en el carrito unos segundos de espaldas a mí. Gracias a eso, logré tranquilizarme un poco, mientras repetía mi exorcismo. Se dio la vuelta, llevando una cuchilla en la mano y acercó más el carrito a la cama.</p>
<p>Comenzó a afeitarme el estómago, una parte bastante inocente, así que logré controlarme. Ella iba enjuagando la cuchilla de vez en cuando en la jofaina, limpiándola de espuma. Después siguió por los muslos y yo pensé que estaba dejando lo bueno para el final, pensamiento que no contribuyó a relajarme precisamente.</p>
<p>Cuando empezó a afeitarme el pubis, mi cuerpo se tensó tanto que hasta ella lo notó.</p>
<p>Relájese &#8211; me dijo &#8211; No voy a cortarle.</p>
<p>No, si no es eso lo que me preocupa &#8211; respondí sin pensar.</p>
<p>Sus mejillas, que parecían haberse tranquilizado un tanto, volvieron a ponerse del color más rojo que he visto en mi vida.</p>
<p>Yo ya no podía más, mi polla volvía a estar morcillona mientras yo trataba de resistirme. La situación era tan erótica que se volvía insoportable por momentos, además yo notaba un extraño calor o picorcillo en las zonas ya rasuradas.</p>
<p>Entonces llegó el apocalipsis, tenía que afeitarme por debajo y mi miembro le estorbaba. Noté cómo sus dedos asían tímidamente mi verga y la mantenía separada de mi ingle mientras iba afeitando por debajo. No me importó que llevara guantes, no me importó el ridículo, ya me daba todo igual, así que me abandoné.</p>
<p>Mi miembro fue adquiriendo sus máximas proporciones en su mano. Ana trataba de adoptar una aptitud profesional, pero yo notaba que estaba pasando mucha vergüenza, lo que incrementaba mi calentura. Su mano enguantada agarraba mi picha ya completamente dura, con la cabeza escarlata asomando, con todas las venas bien marcadas. Daban igual todas las pajas que me hubiera hecho la noche anterior, aquella niña era capaz de levantársela a un muerto.</p>
<p>Seguimos así un buen rato, mientras afeitaba los últimos recovecos de mi escroto. En ocasiones me la soltaba para apartar los huevos y afeitarme bien por allí. Cuando lo hacía, mi pene se sostenía solo sin problemas, pero enseguida ella volvía a asirlo y yo empecé a preguntarme por qué.</p>
<p>Por fin, terminó el afeitado. Sin decir nada, soltó la cuchilla en el carrito y tomó una toalla. Me limpió bien toda la zona con ella, eliminando los últimos restos de espuma. Después revisó bien la zona, en busca de algún pelo suelto. Al hacerlo, tomaba mi pene con dos dedos, apartándolo para ver detrás. Acercaba su cara en ocasiones para ver mejor, yo casi sentía su respiración sobre mi miembro. Me quería morir.</p>
<p>Satisfecha, tomó un bote del carrito y se echó un líquido en la mano enguantada y comenzó a extenderlo por toda la zona rasurada. Supuse que era leche hidratante o algo así, para evitar el escozor, pero lo cierto es que no me importaba lo que fuera. Entonces ella hizo algo muy extraño, extendió el líquido también sobre mi polla, recorriéndola con su mano de arriba abajo.</p>
<p>¿Qué coño hace? &#8211; pensé excitadísimo &#8211; Si ahí no me ha afeitado.</p>
<p>Ella interrumpió mis pensamientos.</p>
<p>Bueno ya está.</p>
<p>Miré hacia abajo y eché un vistazo. Me sorprendió mucho ver cómo quedaba mi polla sin un solo pelo. Me gustó. Alcé la vista y vi que ella apartaba avergonzada los ojos de mi miembro y comenzaba a recoger las cosas. Se quitó el guante y organizó de nuevo todo lo del carrito. Terminó de hacerlo y se quedó allí, plantada.</p>
<p>¿Llamo a la enfermera? &#8211; pregunté</p>
<p>No, no todavía &#8211; respondió un poco alarmada.</p>
<p>¿Cómo?</p>
<p>Ella se puso coloradísima y dijo:</p>
<p>Será mejor esperar un poco.</p>
<p>Yo me quedé un tanto perplejo. Ella se apoyó en la pared, con las manos en la espalda mirando al techo distraída.</p>
<p>Pero ¿qué coño le pasa? &#8211; pensé.</p>
<p>Pero entonces, la luz se hizo en mi mente y comprendí por qué no se marchaba.</p>
<p>Vamos a por ella &#8211; pensé.</p>
<p>La miré fijamente, mientras ella seguía fingiendo estar despistada.</p>
<p>Ana &#8211; le dije.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>¿Se puede saber a qué esperamos?</p>
<p>Bueno&#8230; &#8211; dijo azorada.</p>
<p>Porque si estamos esperando a que esto se baje solo, nos van a dar las uvas.</p>
<p>Su rostro volvió a enrojecer, había dado de lleno.</p>
<p>¿Qué te pasa? ¿Te da vergüenza que Lucía vea en qué estado me has puesto?</p>
<p>La mirada que me dirigió me demostró que había acertado.</p>
<p>No, no es eso&#8230; &#8211; mintió.</p>
<p>¿Ah, no? Pues tú dirás, porque si es eso te aseguro que vamos a estar aquí muuucho raaato.</p>
<p>Ella me miró, se la veía un tanto asustada.</p>
<p>Perdone &#8211; dijo.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>¿Podría taparse?</p>
<p>¿Por qué? ¿No tiene que venir tu jefa a revisar tu trabajo?</p>
<p>Mientras decía esto, agité el culo levemente, de forma que mi polla pegó un bote.</p>
<p>No haga eso &#8211; me dijo.</p>
<p>¿El qué? ¿Esto? &#8211; dije repitiendo el movimiento.</p>
<p>Sí, eso &#8211; dijo ella muy seria.</p>
<p>¿Por qué? ¿Te molesta?</p>
<p>Sí.</p>
<p>Pues a mí me molesta que me hayas dejado así &#8211; dije cogiéndome la polla de la base y apuntando al techo.</p>
<p>Ella apartó la vista, avergonzada.</p>
<p>Vamos, vamos, mi niña. Una chica tan sexy como tú habrá visto un montón de estas.</p>
<p>&#8230;&#8230;&#8230;</p>
<p>Mira, Ana, tu jefa podría aparecer en cualquier momento e imagínate la vergüenza que vamos a pasar los dos.</p>
<p>Ha dicho que la llamáramos.</p>
<p>¡Buena idea! &#8211; exclamé &#8211; La llamaré ahora mismo.</p>
<p>Cogí el timbre de la cabecera de la cama, pero ella se abalanzó sobre mí quitándomelo.</p>
<p>¡No! &#8211; casi gritó.</p>
<p>¿Por qué no? A mí me operan dentro de un rato y no podemos estar así todo el día. Si tú no vas a hacer nada para aliviarme, será mejor que llamemos a tu jefa y que venga a revisar tu obra.</p>
<p>Por favor, no lo haga.</p>
<p>¿Por qué no?</p>
<p>Ella se puso muy seria y me dijo:</p>
<p>Ya tuve problemas con un paciente. Era mi novio y nos pillaron besándonos, por lo que me echaron una buena bronca.</p>
<p>Comprendo y esto puede ser un problema ¿verdad?</p>
<p>Sí &#8211; respondió bajando la mirada.</p>
<p>Estaba en mis manos. Con un poco de persuasión podía incluso follármela, pero aquello sería traicionar demasiado a Pili, así que decidí conformarme con algo menos.</p>
<p>¿Sabes? Podría llamar a tu jefa y decirle que me has estado manoseando mientras me afeitabas.</p>
<p>Su cara adquirió una tremenda expresión de horror.</p>
<p>¡No se atreverá! &#8211; exclamó.</p>
<p>Claro, que no mi niña &#8211; dije tranquilizándola &#8211; pero eso no cambia nada. Mi polla no va a bajarse solita y antes o después Lucía aparecerá si no la llamamos. Venga, bonita, a ti no te cuesta nada&#8230;</p>
<p>Ella aún dudó unos segundos.</p>
<p>Te juro que te recomendaré vivamente a tu jefa&#8230;</p>
<p>Por fin cedió.</p>
<p>¿Qué quiere que haga? &#8211; preguntó vencida.</p>
<p>Que me cantes algo, no te jode &#8211; pensé.</p>
<p>Ven aquí &#8211; le dije.</p>
<p>Ella se acercó hasta quedar a mi derecha. Yo tomé su mano por la muñeca y la conduje sobre mi miembro, apretando sus dedos sobre él. Retiré mi mano y la suya permaneció allí, empuñándolo.</p>
<p>Vamos, preciosa, empieza.</p>
<p>Con la mirada un poco perdida, comenzó a masturbarme. No lo hacía muy bien, su mano se movía muy rápido.</p>
<p>Así no &#8211; le dije &#8211; Hazlo bien. Estoy seguro de que sabes hacerlo mucho mejor.</p>
<p>Reanudó la paja, esta vez más lentamente, con mucho más arte. Sin lugar a dudas, aquella mujer con cara de niña había hecho más de una. Su mano se deslizaba hábilmente sobre mi polla, apretando convenientemente en los puntos adecuados. Mi miembro estaba aún lleno de leche hidratante, por lo que su mano se deslizaba estupendamente. De vez en cuando, me la soltaba, limitándose a pasar la palma de su mano por toda la longitud, desde los huevos hasta la punta, como extendiendo bien la leche esa.</p>
<p>Otras veces, sus dedos formaban una capucha que rodeaba mi glande, masturbándolo durante unos segundos. Entonces su mano se deslizaba hacia abajo y volvía a empuñar mi garrote, pajeándolo. Estaba disfrutando como un loco, pero las tres pajas del día anterior acudieron en mi ayuda, permitiéndome resistir y alargar mi estancia en aquel paraíso.</p>
<p>Era realmente fantástica, creo que incluso algo mejor que Pili. Miré a su rostro y noté un inequívoco brillo de excitación en la mirada. Me decidí a dar un paso más.</p>
<p>Disimuladamente, llevé mi mano derecha hasta el borde de su falda y la metí por debajo, plantándola directamente en su culo. Pude notar perfectamente que llevaba tanga.</p>
<p>¡Eh! &#8211; protestó ella &#8211; En eso no habíamos quedado.</p>
<p>Vamos Ana &#8211; le dije &#8211; Así me excitaré más y acabaremos antes.</p>
<p>El argumento era débil, pero pareció convencerla, así que volvió a concentrase en su tarea, dejándome hacer. Yo comencé a magrear su culo con energía, amasándolo. Tenía un trasero magnífico, duro y apretadito. Con mis dedos aparté el tanga y los introduje en la raja de su culo, buscando su ano. Lo encontré e intenté meter un dedo dentro. Ella me miró muy seria.</p>
<p>No, eso no &#8211; me dijo.</p>
<p>Como quieras &#8211; concedí y seguí acariciando su trasero.</p>
<p>La paja era magnífica, esa tía era una experta. No me extrañaba que la tuvieran por una zorra en el hospital, es que lo era.</p>
<p>Ana &#8211; le dije.</p>
<p>¿Sí? &#8211; respondió sin interrumpir su trabajo.</p>
<p>Sería mejor que cogieras una toalla, si no lo pondré todo perdido.</p>
<p>No te preocupes &#8211; contestó.</p>
<p>Entonces se abalanzó vorazmente sobre mi polla y se la metió de un viaje en la boca. Yo no me lo esperaba, pero desde luego no me resistí. Si la tía era buena con la mano, con la boca era una auténtica artista. ¡Cómo la chupaba! Su cabeza subía y bajaba por mi falo, llegando siempre hasta el fondo, donde se detenía para estimularme apretando con la garganta. Era increíble.</p>
<p>Su culo quedaba totalmente en pompa y yo quería devolverle un poco el favor, pero mi mano no llegaba bien desde atrás, así que agarré bien su trasero y lo acerqué más hacia mí. Ella comprendió lo que yo quería y no sólo no se resistió, sino que separó un poco sus muslos, dejándome mejor acceso.</p>
<p>Conduje mi mano por detrás, entre sus piernas y aparté su tanga. Me apropié con fuerza de su coño, que a esas alturas estaba chorreando. Hundí mis dedos en su interior y comencé a masturbarla.</p>
<p>¡Ughghg! &#8211; farfulló ella con la boca llena con mi polla.</p>
<p>Seguimos así un momento, pero la postura era incómoda para mí, porque tenía que inclinarme mucho hacia un lado, pues ella no era muy alta. Entonces le dije:</p>
<p>Súbete aquí.</p>
<p>Ella me entendió perfectamente. Se sacó mi polla de la boca, un fino hilo de saliva iba desde la punta hasta sus labios. ¡Menuda visión! Siguió pajeándome lentamente mientras se subía a horcajadas sobre la cama, su culo frente a mi cara. Inmediatamente, volvió a meterse la polla hasta el fondo en la boca, reanudando aquella increíble mamada.</p>
<p>Yo subí su uniforme hasta su cintura, aparté su tanga a un lado y comencé a frotar su raja con mi mano, lo que le arrancó profundos gemidos. La agarré por las caderas, atrayéndola hacia mí. Por fin, su coño quedó sobre mi cara, chorreante, hermoso. Separé sus labios con los dedos y hundí mi lengua en su interior.</p>
<p>Un tremendo espasmo recorrió su cuerpo y se transmitió a mi polla. A aquella zorra le encantaba que se lo chuparan, así que me dediqué a complacerla. Recorrí su vulva con la lengua, de arriba abajo. Chupaba y tragaba todo lo que de allí salía. Busqué su clítoris, y lo encontré, gordo y jugoso y lo introduje entre mis labios, chupándolo como haría un bebé con el pezón de su madre. Metí un par de dedos en su interior, masturbándola mientras estimulaba su clítoris.</p>
<p>Ella gemía como loca, creo que incluso hablaba, pero no se le entendía nada con la boca llena. A pesar del placer que estaba sintiendo, en ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida.</p>
<p>Por fin, se corrió con violencia. Yo notaba que ella gritaba, pero con mi falo hundido hasta el fondo sólo se escuchaban gorgoteos incoherentes. Yo noté que también me iba, pensé en avisarla, pero recordé que ella me la chupaba para no manchar las sábanas.</p>
<p>Que sea lo que Dios quiera &#8211; pensé.</p>
<p>Y me corrí. Mi polla disparó sus lechazos directamente en lo más hondo de su garganta. Yo pensé que se ahogaría y se pondría a toser, pero no fue así. Mantuvo mi verga bien hundida, tragándoselo todo. Fue alucinante.</p>
<p>Nos quedamos así unos segundos, reposando. Ella con mi polla menguante en la boca y yo con la nariz en su chocho. Por fin, pareció despertar y descabalgó mi cara. Se puso en pié y comenzó a arreglarse la ropa. Yo la contemplaba, respirando agitado.</p>
<p>Sin decir nada, cogió una toalla del carrito y me secó por todas partes, eliminando los restos de saliva. Después abrió la ventana, para airear el cuarto y fue al baño, a arreglarse el pelo.</p>
<p>Mi polla reposaba satisfecha sobre mi vientre, reducida al mínimo. Ana regresó y tocó el timbre. Entonces, sin decir nada, me besó. Tras hacerlo, se apartó de mí y se quedó junto al carrito.</p>
<p>Poco después se abrió la puerta y entró Lucía.</p>
<p>¿Has terminado? &#8211; preguntó.</p>
<p>Sí, ya está listo.</p>
<p>Lucía se acercó a mí y me echó un buen vistazo a la entrepierna. La revisó por todas partes y pareció quedar satisfecha con el resultado. De no haber estado tan cansado, sin duda aquello me habría excitado.</p>
<p>Buen trabajo &#8211; le dijo a Ana &#8211; no has dejado ni rastro de vello.</p>
<p>Gracias &#8211; respondió Ana.</p>
<p>Yo aproveché para volver a ponerme los pantalones, era mejor no tentar a la suerte.</p>
<p>Lleva eso al cuartillo &#8211; dijo señalando al carrito.</p>
<p>De acuerdo. Hasta luego &#8211; me dijo.</p>
<p>Hasta luego.</p>
<p>Yo me quedé contemplando cómo salía.</p>
<p>¿Ve usted como no pasaba nada? &#8211; dijo Lucía.</p>
<p>Sí, sí tenía usted razón &#8211; le respondí, fijando mi mirada en ella.</p>
<p>Entonces vi que sus ojos estaban fijos en las sábanas. Seguí la dirección de su mirada y vi que sobre la cama había una mancha de algo que inequívocamente era esperma. ¡Dios, cómo no nos habíamos dado cuenta!</p>
<p>Entonces, Lucía estiró su dedo y recogió la mancha con él, llevándoselo a la boca, donde lo chupó con deleite.</p>
<p>De acuerdo señor Rovira &#8211; me dijo &#8211; luego pasaré a verle&#8230;</p>
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		<title>La mamada de tu vida</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Sep 2010 14:02:53 +0000</pubDate>
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		<pubDate>Wed, 08 Sep 2010 11:01:12 +0000</pubDate>
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