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	<title>123porno.com &#187; Relatos maduras</title>
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		<title>Sexo oral gracias a Internet</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:46:56 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi preferencia hacía las mujeres siempre ha sido por las mujeres maduras, me atraen de una manera que tan solo de pensar en ellas mi cuerpo se excita.

Hace tiempo conocí por internet a una mujer de unos 45 años, empezamos a charlar y después de un rato de hablar de cosas sin interés, tocamos el tema de sexualidad, cosa que a ella le entusiasmó, empecé a preguntar que le agradaba y ella confió en mi y me dijo que le gustaba le acariciaran los pechos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi preferencia hacía las mujeres siempre ha sido por las mujeres maduras, me atraen de una manera que tan solo de pensar en ellas mi cuerpo se excita.</p>
<p>Hace tiempo conocí por internet a una mujer de unos 45 años, empezamos a charlar y después de un rato de hablar de cosas sin interés, tocamos el tema de sexualidad, cosa que a ella le entusiasmó, empecé a preguntar que le agradaba y ella confió en mi y me dijo que le gustaba le acariciaran los pechos, el cuello y la besaran, a lo que le pregunte si le gustaba oral, a lo que ella me dijo que nunca se lo habían hecho y que a ella le gustaría no solo se lo hicieran, si no que también ella lo hiciera, ya que tenia ganas de probar un pene, a estas alturas yo me encontraba muy excitado, le pregunte que donde se encontraba, afortunadamente estábamos cerca, y le dije que si me daba la oportunidad de tener esa experiencia con ella y para mi asombro acepto, nos quedamos de ver cerca de televisa, centro. Ya que esta zona es de muchos hoteles de paso.</p>
<p>Llego como habíamos acordado y nos dirigimos a uno de estos hoteles, en el trayecto pude ver que tenia buen cuerpo y era agradable, llegando al hotel la empecé a besar, acariciar y poco a poco a desnudarla, al besarla ella paso su mano por mi verga y la empezó acariciar de tal manera que en unos segundos estaba para reventar, cuando ella estuvo totalmente desnuda pude ver su cuerpo, que para la edad que tenia estaba muy bien conservada.</p>
<p>Y como se lo había prometido empecé acariciarla y besarla. poco a poco baje por su cuerpo, pasando por su cuello, sus pechos, tocándole los pezones con los labios, solo rozándolos y me di cuenta que a cada roce sus pezones de endurecían al llegar a su ombligo toque su osito y pude sentir que estaba mojado y caliente, al tocarlo ella soltó un grito de placer, baje hasta encontrar sus labios vaginales y sentí en mi rostro su olor a sexo y su calor, empecé a besarle los labios y poco a poco se fueron abriendo, dejándome ver su clítoris que empezaba a endurecerse, ayudándome con las manos le acabe de separar los labios y toque con la punta de la lengua su clítoris, y fue como si le hubieran dado un descarga eléctrica, empezó a moverse de tal manera que pedía a gritos más y más, le bese el clítoris, su vagina y sus labios, recorriendo la lengua desde su clítoris hasta su ano, de esta manera se vino más de una vez.</p>
<p>Para entonces yo ya quería penetrarla a lo cual ella me dijo que faltaba lo que ella deseaba y bajo por mi pecho hasta llegar a mi verga, la tomo con la mano y la empezó a besar desde la punta hasta los testículos, después regreso mordiéndolo hasta la punta y acariciándome los testículos, al llegar a la punta se lo fue comiendo poco a poco hasta tener todo a dentro, empecé a sentir una sensación fabulosa, después la saco suavemente y empezó con sacarla y meterla de su boca, como si me la estuviera cogiendo por la boca, me lo hizo de tal manera que sentí lo que nunca había experimentado, cuando estaba por venirme le dije que quería meterselo en su verija, para lo cual se puso boca arriba y tome sus pies y los puse encima de mi hombro, de esta manera su verija quedo a mi disposición, ella tomó mi verga y se la puso en su entrada, cuando sentí que estaba en su entrada, de un solo golpe se la encaje alo cual ella solo pego un grito, el cual poco a poco lo cambio por gemidos de placer, estuvimos durante un rato en esta posición cambiando de ritmo, en un mete y saca, como tenia unas caderas bonitas le pedí que se pusiera en cuatro para poder disfrutarlas, cuando se puso en esta posición parecía que habían crecido más, se las mame y bese, acaricie su verija y poco a poco se la fui metiendo por su verija, mientras me la cogía, le acaricie su clítoris poniéndola a 1000, yo ya no aguantaba y ella me dijo que estaba por venirse una ves más a lo cual le pedí que no se aguantara más y nos viniéramos los 2 al mismo tiempo, que experiencia tan fabulosa, desafortunadamente no volví a saber de ella.</p>
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		<title>Tere, mi madurita calentorra</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:46:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy Oscar un chico de Madrid de 23 años, mido 1,85 ojos marrones pelo corto, y bastante deportista, me pego buenas machacadas en el gimnasio, en la piscina y practicando algo de deporte siempre que puedo. 

Os voy a contar como conocí a Tere, mi madurita calentorra, una mujer de 54 años de Zaragoza, yo escribí un relato sobre mujeres maduras hace mucho tiempo, recibí su contestación, y me contaba que era una mujer de 54 años de Zaragoza, me mando una foto suya en una playa nudista...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Soy Oscar un chico de Madrid de 23 años, mido 1,85 ojos marrones pelo corto, y bastante deportista, me pego buenas machacadas en el gimnasio, en la piscina y practicando algo de deporte siempre que puedo. </p>
<p>Os voy a contar como conocí a Tere, mi madurita calentorra, una mujer de 54 años de Zaragoza, yo escribí un relato sobre mujeres maduras hace mucho tiempo, recibí su contestación, y me contaba que era una mujer de 54 años de Zaragoza, me mando una foto suya en una playa nudista, estaba buenísima o por lo menos a mí me lo parecía y seguro que a muchos de los jovencitos como yo que estáis leyendo este relato y os gustan las maduras tetonas y culonas, os pondría a mil ver sus fotos y os harías unas pajas antológicas igual que las que yo me he hecho pensando en su cuerpo, en sus tetas, en su coño y en todas las cosas que me gustaría hacer con ella. </p>
<p>Tere era muy guarra y sumisa, le gustaba que la tratasen como una cerda ramera, eso le excitaba escribirle en los mails tratándola como “ puta “ y también como “ guarra “, eso creo que debía hacer que su coñito se mojase al instante. Me contaba como se follaba a un amigo de su marido, le gustaba que la enculasen, tragarse el semen&#8230; le encantaba el sexo, era una viciosa del copón. También le encantaba la lluvia dorada y sentir como una buena polla se meaba encima de su cara o de sus preciosas tetas. A mi me excitaba mogollón la idea de que me mandase unas bragas suyas usadas.. con el paso del tiempo recibí sus dos bragas preferidas según ella me contaba, a cambio yo prometí algo que no pude cumplir.. prometí mandarle una foto de mi polla empalmada envuelta con sus bragas y de sus fotos recubiertas de mi espesa leche caliente. Seguro que Tere se puso muy triste al no poder comprobar al menos en foto como se ponían mis 18 centímetros de polla cuando estaban en contacto con sus bragas y yo veía sus fotos y me pajeaba pensando en ella. </p>
<p>La otra noche volví a soñar con ella, volví a soñar con Tere, su precioso culo, su peludo coño y sus tetazas&#8230; dándome de mamar con esos exquisitos pezones rosados apuntando hacia el cielo. Yo estaba en mi nuevo trabajo, como vendedor, comercial y representante de una conocida marca de ropa, mi jefe me había llamado para ir a Zaragoza a una reunión con otros directores y comerciales de la zona de Cataluña y Aragón, llegue a Zaragoza y en un taxi me dirigí hacia el conocido hotel de la ciudad, llegue a mi habitación, me puse cómodo y pedí un cubata al servicio de habitaciones, pagaba la empresa&#8230; así que no pensaba privarme de nada, y hacer muchas cosas que no haría en un hotel si tuviese que ser yo quien paga. Lo siguiente que hice una vez el camarero del servicio de habitaciones me trajo mi copa, fue sacar un cigarrito y tumbarme en la cama, encender la televisión y poner un canal de pago con películas porno, que casualidad, estaban poniendo una peli de maduras&#8230; con Kitty una de mis actrices maduritas preferidas, algunos de vosotros ya la conoceréis, si a esa rubia, cincuentona, culona y tetona&#8230; tuve la suerte de conocerla en persona el año pasado en el festival de Cine Erótico de Barcelona.</p>
<p>Cogí mi móvil e hice una llamada al móvil de Tere para darla una sorpresa y decirla que estaba en Zaragoza para todo el fin de semana. Ella se puso muy contenta al recibir mi llamada, quedamos en que se escaparía la mañana siguiente para hacerme una vista&#8230; y follar como salvajes tal y como me dijo al teléfono, me venia perfecto, puesto que yo tenia el resto de tarde libre y la mañana del día siguiente libre, hasta la hora de la comida que tenia una comida de empresa y después la reunión con el resto de jefazos de la zona para comentar las nuevas medidas para aumentar las ventas y los resultados de las nuevas campañas de publicidad y demás historias de mi curro. </p>
<p>Aquella noche dormí como los campeones, desperté a la mañana siguiente y me di una buena ducha de agua fría para quedarme bien despejado, a eso de las 10,30 me llamo Tere diciéndome que se iba a escapar a la compra y aprovecharía para hacerme esa visita a la habitación del hotel, sin que su marido sospechase nada. Pasado un rato llamaron a mi habitación, era ella, la abrí y vi a mi madurita calentorra, estaba igual de buena que en las fotos, con una blusa de lycra en negro que marcaba los pezones y reafirmaba todo el contorno y la forma de sus tetas. Nos tomamos un café y charlamos un rato hasta que la conversación fue tirando por caminos más calientes y Tere se fue acercando mas a mí, comencé a meterle mano acariciando sus muslos y ella se tocaba las tetas y los pezones que ya se marcaban realmente duros a través de su blusa. Se quito la blusa y le empecé a comer las tetas mientras ella me desabrochaba el pantalón y acariciaba mi polla ya erecta por encima de mis boxers. Tere se puso de rodillas delante del sillón y sentí sus labios y su lengua recorriendo toda la longitud de mi polla hasta que se la metió en su boca y comenzó a chupar con autentico vicio&#8230; me la mamaba con un ritmo brutal, y de repente paraba y jugaba con su lengua en mi glande.. y seguía mamando, no podía aguantar mas después de unos 20 minutos devorando mi polla así que la pedí que sacase la lengua y recibiese mi semen con la boca bien abierta y comencé a correrme como un caballo en su lengua, en su cara y en su boca, llevaba dos semanas sin eyacular y jamás pensé que pudiesen mis huevos almacenar tanta lefa, me quede extasiado con una de las mejores corridas de mi vida. Seguidamente la tumbe en la cama y la abrí de piernas para que me mostrase toda la plenitud de su coño.. estaba mojado por sus flujos y comencé a saborearlo y comérmelo entero lamiendo, chupando los labios, el clítoris y cada pliegue de su coño que se me hacia mas y más delicioso&#8230; ella se apretaba contra mi boca y me agarraba la cabeza con las manos empujándola hacia su coño para que se lo comiese mas y mas fuerte&#8230; hasta que se corrió como una loca llenándome de sus fluidos que yo acepte en mi boca con gran placer y pego un grito que se debió de escuchar en todos los pasillos del hotel, la di la vuelta y con el culo en pompa le abrí el culo y se lo deje bien ensalivado, es alucinate el lamer el culo de una mujer&#8230; me encanta, es una cerdada pero disfruto como un loco, chupando el ojete de una mujer.. ese sabor, ese olor&#8230;mmm, mientras ella me masturbaba yo le comía el culo a Tere&#8230; me puse como una piedra de nuevo y a 4 patas empecé a follarle el coño.. cogiendola de la cintura y embistiéndola bien fuerte&#8230;después me puse a encularla metiendo un dedo en su culo para después meter mis 6cm de diámetro de polla poco a poco en su culo sin que se quejase mucho..cuando entro toda la polla comencé a follarla salvajemente hasta que no podía mas y me corrí dentro de su culo inundándola con mi leche&#8230;ella se puso en cuclillas y yo comencé a sorber todo mi esperma caliente que resbalaba por su ano&#8230; me pidió que la mease y la lleve a la ducha donde le eche una buena meada caliente en su cara.. y en sus tetas y ella me correspondió también con una buena meada.. nos terminamos de duchar juntos y extasiados tumbados en la cama&#8230; ella me regalo sus bragas húmedas.. y se fue a su casa a seguir con sus tareas de Ama de Casa&#8230; al fin había cumplido mi fantasía de follar a lo bestia con Tere&#8230;.</p>
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		<title>Orgía inesperada</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:45:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Mirna y yo habíamos terminado cinco meses atrás, para frustración de mi vida sexual y de mi vanidad, porque nunca he tenido mujer más bella y me hacía sentir grande, muy grande, pasear por la Universidad con ella de la mano, y porque cogía como las diosas; pero para descanso de mi espíritu, porque los ocho meses que duró nuestro noviazgo formal fueron una tormenta permanente...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mirna y yo habíamos terminado cinco meses atrás, para frustración de mi vida sexual y de mi vanidad, porque nunca he tenido mujer más bella y me hacía sentir grande, muy grande, pasear por la Universidad con ella de la mano, y porque cogía como las diosas; pero para descanso de mi espíritu, porque los ocho meses que duró nuestro noviazgo formal fueron una tormenta permanente.</p>
<p>Mirna era, es, como una princesa de El Palacio de Hierro, salvo por la estatura, porque medía 1.63 o 1.64. Fuera de eso, podía haber salido en cinemex en esos anuncios: su carita parecía sacada de un cuadro de Boticelli, y es delgada, de muy buen cuerpo y, sobre todo, tiene una mirada ardiente, que asoma tras sus verdes ojos cuando ella así lo quiere, por entre sus largas pestañas. Imagínensela.</p>
<p>Durante tres meses nos esquivamos con éxito, pero cuando empezó el siguiente semestre (último) coincidimos en una clase fundamental, y aunque apenas nos dábamos los buenos días, me dolía verla. Así, pasaron dos meses hasta que salimos de viaje de prácticas, quizá unos 75 chavos en dos camiones, con tres profesores, a algún lugar del sureste mexicano. El viaje duró seis días y cinco noches y marcó mi último encuentro con Mirna, el último, pero el más heterodoxo, ni duda cabe.</p>
<p>Yo compartí cuarto, en los hoteles en que paramos, con Raúl, un buen amigo, que era uno de los más chupamaros de mi grupo de camaradas -ninguno abstemio, no-, así que ya sabía que, a menos que se ligara una chavita, cosa no tan fácil, estaría todas las noches en el cuarto del “escuadrón suicida” (cuatro tíos que compartían habitación, a los que les decíamos así por su manera de beber hasta caer, y olé). Yo tenía la mira puesta en Angélica, una buena y querida amiga, pero la vista de Mirna, sentada unos lugares delante de mí, me hizo olvidarlo todo.</p>
<p>La primera noche, volviendo del trabajo que había que hacer, no la vi por ningún lado y tuve que ahogar penas con el escuadrón suicida, pero el segundo día la seguí, platicamos, nos tiramos varias indirectas y, como era de esperarse (donde hubo fuego, dicen), terminamos follando como desesperados. Ella no se, pero yo, en esos cinco meses, sólo había tenido una más de mis reincidencias con Ariadna, y estaba que reventaba. Yo sabía, y ella también, que lo nuestro no tenía futuro, pero mi cuerpo tenía sed del suyo (¿por qué no podíamos ser sólo amantes?, ¿por qué contaminar el sexo con tanto royo?), de la curva de su cintura, de la flexible dureza de sus muslos, del brillo mate de su estómago, de la húmeda cavidad del sexo, de sus ojos mirándome, muy abiertos, en el instante anterior al orgasmo.</p>
<p>Al día siguiente, en una hermosísima ciudad semiselvática, discutimos como en los viejos tiempos, hasta que la convencí de que no regresaríamos, pero que ya en vacaciones, había que disfrutar, que despedir nuestros cuerpos, y ella accedió, y esa noche volví a gozarla, no con la urgencia de la víspera, pero con igual hambre, y como la víspera, ella se fue antes de que llegara Raúl.</p>
<p>Todo hubiese podido quedar ahí, pero la cuarta noche, en vez de retirarnos discretamente, las amigas de Mirna nos jalaron a su habitación, donde bebimos tres o cuatro cubas y fumamos un par de porros. Yo era el único varón del cuarto, y las chicas contaban historias bastante subiditas de color y todos moríamos de risa y, finalmente, Mirna se despidió diciendo que allá ellas, que se quedaran con el paliqueo, y que ya nos íbamos a ejercer. Riendo aún, entramos en la habitación, pero la tardanza, las cubetas, la mota, la excitación palmaria que la plática de las chicas me había provocado, hicieron que se me olvidara colocar el mensaje “no molestar” convenido con Raulito.</p>
<p>Aquella vez, Mirna estaba en cuatro patas, con la cara vuelta hacia la puerta, y yo dándole desde atrás, cuando Raúl entró, con una buena dosis de alcohol encima, pero lejos aún de la borrachera. Raúl se nos quedó viendo, y tras el shock inicial, amagó dar media vuelta para salir musitando “perdón”, pero Mirna se salió de donde estaba (yo, al ver entrar a Raúl, me hinqué y la solté), dejándome sentado, con el pito al aire y a medio comer, y acercándosele le dijo: “bien, Raúl, ya que estás aquí, cumple mi fantasía de tener dos penes a la vez. No creo que Pablo se oponga”, diciendo esto último sin voltear a verme.</p>
<p>Si Mirna vestida es un bombón, desnuda es espectacular, y me imagino lo que sentía Raulito viéndola caminar hacia él, blanca y delgada, con sus pechos pequeños pero bien erguidos, su cintura de sílfide y sus suaves caderas&#8230; viéndola caminar, descalza, con su paso de gacela, hasta llegar a su lado, y empinándose sobre las puntas de los pies (Raúl mide cerca de 1.80) rodearle el cuello con sus brazos y jalarle la cabeza hasta darle un ardiente beso. Si la escena para mí fue muy larga, para él ha de haber sido eterna.</p>
<p>Sin voltear a verme en ningún momento, empezó a desabrochar la camisa de Raúl, mientras él me echaba miradas en que se mezclaban el deseo y el temor. Yo, resignado, le hice una seña de inteligencia, y me senté en la cama, con la polla casi en estado de reposo. Me sentía raro viendo lo que siempre había gozado, me empezó a gustar verla desde lejos, apreciar su espléndida figura desvistiendo al azorado Raúl.</p>
<p>Pronto estaba Raúl en cueros, tan flaco como yo (bueno, no tanto), y con el miembro escandalosamente enhiesto. Mirna se hincó y empezó a hacerle una mamada de urgencia, y cuando Raúl quiso subirla, ella dijo “no, mi rey, quiero que la siguiente dures”, y siguió succionando hasta hacerlo venirse. Entonces, por fin, volteó a verme, y como era obvio que yo había aceptado tácitamente la situación, jaló a Raúl del brazo, y al llegar junto a mi me obligó a acostarme boca arriba, hincó sus rodillas en la cama y bajó su boca hasta mi pene, ya amorcillado, y antes de metérselo en la boca, volteó a ver a Raúl y le dijo: “ándale, mi rey, no seas tímido: gózame, penétrame por detrás”: así hablaba ella, y apenas empezaba.</p>
<p>Yo me puse una almohada detrás de la cabeza, y mientras sentía cómo su lengua me erizaba la polla y sus vellitos, observaba las maniobras de Raúl en la retaguardia de Mirna. Cuando Raúl se vino (a pesar del alcohol que tenía adentro y de la mamada precedente: es que tenía como tres meses sin comerse una rosca y Mirna, ya lo he dicho, es una princesa), Mirna reptó sobre mi cuerpo, empapada en sudor, y se metió mi verga en su coño, que escurría sus fluidos y los de mi camarada. Totalmente acostada sobre mi, con sus piernas al lado de las mías, empezó a moverse en lentos y pequeños círculos, tratando de que su clítoris rozara con mi cuerpo todo el tiempo. Raúl se preparó un saque de coca, dándose un pericazo, que Mirna, metida en lo suyo, no vio.</p>
<p>Yo tenía los ojos cerrados, sintiendo sus movimientos sobre mi sexo, su estómago y sus pechos sobre mi cuerpo, y sólo cuando sentí un peso mayor comprendí que mi joven amigo subía. Abrí los ojos, sólo para ver los de ella abiertos como platos. Dejó de moverse mientras Raúl le la verga a empujones por el culo. Pero una vez que se sintió ensartada por ambas cavidades, reanudó sus suaves movimientos circulares, que yo sentía además de los martillazos que, desde arriba, Raúl le propinaba.</p>
<p>Nos venimos casi simultáneamente los tres, y yo derribé la pirámide. Quedamos tendidos en la cama, yo acariciándole los pechos y dándole largos besos en la boca, mientras Raúl le sobaba las nalgas. Era bastante tarde y ella estaba quedándose dormida, cuando Raúl se paró y nos invitó a seguirlo. Sobre el tocador había quedado su bolsa de coca, y preparó tres líneas, se metió la primera y nos invitó a secundarlo.</p>
<p>Yo sabía que Mirna había probado la coca, que se metía ocasionalmente. Yo he de confesar que sólo me había periqueado dos veces antes, una con Raúl, luego de tres días de borrachera, y otra con Clelia (esa es una historia que otro día contaré en ésta página), y me encantaba el efecto eufórico que solía producirme, la euforia y el corte del cansancio y la borrachera, y aunque al final solía ponerme un poco paranoico, estaba convencido de que mientras sólo lo hiciera muy de cuando, en cuando, mantendría a raya el peligro, así que una vez que Mirna terminó su parte, yo aspiré la mía. </p>
<p>Luego de eso, me quedé unos instantes parado, con los ojos cerrados, esperando el efecto. Raúl dijo “chúpamela”, y oí que alguien abría la puerta del baño y que corrió un poco de agua. Cuando abrí los ojos vi que Raúl estaba sentado en la cama y Mirna, hincada en el suelo, terminaba de limpiarle la rígida verga con una toalla empapada. Una vez que lo hubo limpiado, lo hizo acostarse y empezó a darle unos suaves lengüetazos en el frenillo y el glande. Estaba en la misma posición que antes conmigo, con las rodillas hincadas a ambos lados de las piernas de Raúl, mostrando sus encantos, y verla así, verla chupar, aunados a la medicina que había tomado, me templaron otra vez. Me subí a la cama, me ensalivé la verga (no sin trabajos, porque tenía la boca bien seca), le puse la cabecita en la entrada del culo, y suavemente, muy suavemente, con su ayuda, se la fui metiendo en el estrecho orificio. </p>
<p>Dejé mi pito reposar un rato en su cavidad, y luego empecé un violento mete saca que, en pocos minutos, me hizo llenarle su agujero con un poco de leche (no quedaba mucho). Me eché al lado de ellos, y Mirna dejó de chupársela a Raúl, para cabalgarlo nuevamente, haciéndolo venirse rápidamente. Entonces se tendió a mi lado y dijo: “Raúl: es hora, cabrito, de que tus jugos regresen a ti”. Abrió las piernas y atrajo la cabeza de mi amigo a su sexo. Yo la besé –me encanta besar-, aunque la boca le sabía un poco a semen. Ahí estuve, sobándole las tetas, besándola, mientras Raúl terminaba su trabajo.</p>
<p>Mirna se vino con un largo suspiro, y dijo que se quería bañar. Los dejé ahí y fui a preparar la tina. Eran altas horas de la madrugada pero no tenía sueño, aunque no me creía capaz de volvérsela a meter. La tina se fue llenando, y yo observaba el agua subir. No se cuanto tiempo estuve ahí, paro cuando salí, de manera increíble, los encontré follando, otra vez, ahora en la posición del misionero, que tanto le gusta a Mirna, ella con sus piernas flexionadas, rodeando la cadera de Raúl.</p>
<p>Me senté cerca de ellos, a verlos. Pensaba si así me vería yo cuando se la metía, cuando lo hacíamos en nuestros tiempos de noviecitos. Era más que agradable verla, con la falsa alteración importada desde los Andes Peruanos, retorcerse debajo de un varón. Ver su cuerpo empapado de sudor, todavía capaz de recibir y dar placer. Yo me acariciaba la adolorida verga, que sólo estaba amorcillada, y los veía, la veía a ella, más bien. </p>
<p>Antes de que terminaran me adelanté y me sumergí en la tina, y poco después ellos me alcanzaron. Como no cabíamos los tres, Raúl se duchó (la regadera estaba a un lado) y se fue a dormir, mientras Mirna se quedaba conmigo. No hablamos, sólo dejábamos que el agua nos limpiara, nos relajara. Estuvimos ahí un muy largo rato, renovando el agua para que no se enfriara.</p>
<p>Salimos. Había un resto de coca y Mirna, brillante en su desnudez, hizo dos delgadas líneas que aspiramos. “Hoy termina el viaje”, dijo hoy, porque eran cerca de las cinco de la mañana: dos horas después estábamos todos citados a desayunar. “Sácate las últimas ganas, porque no volveremos a hacerlo”.</p>
<p>Volvió a besarme, untando su cuerpo junto al mío. Sus besos me prendieron otra vez. La acosté delicadamente. Cuando intenté penetrarla estaba seca, pero la saliva y los empujones me permitieron llegar al fondo, y la fui cogiendo como la última vez, como la primera, con la mayor delicadeza, buscando alargar el tiempo, mientras ella, con la verga adentro, empezó a segregar jugos.</p>
<p>Se paró y se fue: no quería salir de nuestra habitación. Yo me quedé sentado y, aunque no acostumbro fumar, encendí un cigarrillo del paquete de Raúl. Dejé que pasara una hora y lo desperté. “¿Soñé o fue cierto?”, preguntó.</p>
<p>No quiero contarles cómo empecé a sentirme dos horas después, ya en el bus. Ahí decidí que no quería más bajones de coca y menos, mucho menos, si se me iba una mujer como esa. Pero todo el malestar no compensaban la maravilla de esa larga noche en vela, ni la delicia que siento siempre al recordarla.</p>
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		<title>Casada aburrida busca sumisión</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:45:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Celia, la secretaria de mi jefe tiene 48 años, está casada y con tres hijos mayores. No es un monumento de mujer pero siempre pensé que tenía cara de viciosa, es menuda, delgada pero con unos grandes pechos un poco caídos por la edad, talle de avispa y caderas amplias contrastadas con esa cintura, un pequeño culito respingón pese a su edad, tiene unas manos deliciosas y unos ojos negros de mirada expresiva. Nunca tuve con ella ningún asunto de sexo, pero me ponía caliente cuando tenía que relacionarme con ella, ya que me hacía algún trabajo si faltaba mi secretaria Lucía...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Celia, la secretaria de mi jefe tiene 48 años, está casada y con tres hijos mayores. No es un monumento de mujer pero siempre pensé que tenía cara de viciosa, es menuda, delgada pero con unos grandes pechos un poco caídos por la edad, talle de avispa y caderas amplias contrastadas con esa cintura, un pequeño culito respingón pese a su edad, tiene unas manos deliciosas y unos ojos negros de mirada expresiva. Nunca tuve con ella ningún asunto de sexo, pero me ponía caliente cuando tenía que relacionarme con ella, ya que me hacía algún trabajo si faltaba mi secretaria Lucía. Con Lucía, de 45 años, que también está casada y con dos hijos si he follado alguna vez, soy amigo de su marido y ya os contaré la relación entre nosotros tres.</p>
<p>Hacía ya tiempo que no escuchaba a Celia hablar de las relaciones con su marido como era habitual en ella, pensé que era ocasión de hacer una intentona y comencé a toquetearla más de lo habitual cuando estaba a mi alcance. No recibí ningún rechazo pero tampoco ninguna síntoma de aliento al progreso. Una tarde, estando los dos solos en la oficina me llamó porque no encontraba un fichero de texto que yo le había pasado y que tenía que actualizar. Mientras buscábamos en el ordenador le pasé el brazo por el hombro y como casualmente dejé la mano sobre su cuello.</p>
<p>Ella me dijo: &#8211; Yo te gusto ¿no?</p>
<p>- Si, me gustas.</p>
<p>- Pero solamente para hacer sexo ¿no?</p>
<p>- Pues sí, la verdad. No pensarás que me voy a enamorar locamente a mi edad.</p>
<p>- Bien, si quieres podemos follar un día y después ya veremos. Pero con una condición: no quiero el típico polvo mal echado y la típica pregunta de ¿Que tal he estado?</p>
<p>Ya que voy a poner los cuernos a mi marido por primera vez quiero pasarlo bien. Quiero que me trates como a las actrices de las películas porno.</p>
<p>- De acuerdo. ¿En mi casa el viernes ?. &#8211; Bien, no tengo otra alternativa salvo un hotel.</p>
<p>El viernes se presentó en mi casa. Soy soltero, 30 años, y en mi casa no hay nadie salvo la asistenta que acude a limpiar los martes y jueves, a la que me beneficio a primera hora cuando estoy necesitado.</p>
<p>Después de quitarle el abrigo le di un beso en el que mi lengua recorrió durante un buen rato toda su boca y hasta dejarla sin aliento y notar cómo su cuerpo se pegaba al mío como una lapa.</p>
<p>La llevé al sofá donde tenía preparadas unas copas y empezó a explicarme: No pienses que soy una fulana, amo a mi marido y mis hijos, pero él sufrió un accidente el año pasado que le ha dejado impotente. Yo necesito sexo y él me lo daba cumplidamente, pero ahora que no puede, he hablado del asunto con él y comprende y aprueba que tenga alguna aventura de cuando en cuando para desahogarme. Pero eso sí, como no quiero que sea frecuentemente, espero que sea intensamente.</p>
<p>- No te preocupes, como te prometí, tendrás sexo estilo película porno.</p>
<p>La desnudé y, en el mismo sofá, lentamente comencé a examinarle todo el cuerpo alabando sus delicias y criticando sus defectos. Le critiqué su corte de pelo diciéndole que era demasiado convencional e incómodo. Noté en su mirada la satisfacción cuando hablé de sus ojos. Su decepción cuando le dije que no me agradaba que en la boca en que iba a meter mi polla hubiese un diente torcido. Alabé su fino y blanco cuello, así como sus hombros y orejas. Estuve un buen rato sopesando sus pechos, midiendo sus areolas y pezones, tirando de ellos, pellizcándolos y chupándolos. Noté cómo su calentura iba en aumento. Me excedí quizá en alabanzas a su cintura tan fina, pero le dije que, para resaltarla debía ponerse un cinturón ancho, aún estando desnuda. Casi insultantemente le reproché el poco cuidado que tenía con sus hermosas manos, que no tuviera las uñas pintadas, que no llevase al menos una sortija y, sobre todo, que ni tan siquiera llevase la alianza matrimonial. Eso, le reproché, es imperdonable. &#8211; Deberías tener más respeto por un hombre tan bueno que te permite desahogar tus necesidades sexuales sin exigir el deber de fidelidad conyugal aún en la enfermedad. Lo arregló rápidamente ya que la alianza la llevaba colgada del cuello en una cadenita. Se la quitó del cuello y se la puso en el dedo anular derecho. Mientras ella daba unos tragos a su copa fui a buscar un frasquito de laca de uñas rojo oscuro y un precioso anillo de plata muy ancho que debió olvidar alguna de mis visitas femeninas. Pintamos las uñas y, mientras se secaba la laca, examiné y elogié su tersa tripita que, pese a sus tres partos, se mantenía en excelentes condiciones. Donde me enfadé mucho fue en el examen de su pubis. Le dije que unos labios vaginales tan grandes, abultados y jugosos como los suyos no se podían ocultar bajo aquella mata de vello. También lo arreglamos sobre la marcha con una maquinilla de afeitar y una crema depiladora, también olvidada por alguna amistad. Su pubis quedó como el de una bebita. Incluso fue a una habitación con espejo a mirarse y quedó encantada de su imagen.</p>
<p>El examen de sus genitales fue más detenido y ahí intervinieron no solo los ojos y los dedos sino que di un gran protagonismo a mi boca y lengua. Noté como le vinieron varios orgasmos consecutivos, consecuencia de los cuales pude saborear sus maravillosos jugos vaginales. Puso algún reparo a la introducción de los dedos en su ano diciendo que era virgen de ese agujero, pero no la forcé y se conformó con la introducción de un solo dedo bajo la promesa de que era como ponerse un supositorio.</p>
<p>Por último le acerqué mi polla a su boca y le dije: Tu ya te has corrido varias veces, ahora me toca a mi. Quiero que la mames hasta que me corra en tu boca y te tragues todo saboreándolo. Se levantó de inmediato diciendo que no haría eso ni por asomo, cosa que me esperaba, así que le dije que no nos volveríamos a ver. Se vistió, tomó sus cosas y se marchó.</p>
<p>Tuve que llamar a una puta para que me aliviase de mi situación.</p>
<p>Al día siguiente Celia se acercó en un aparte del trabajo y me dijo: Está bien, lo haré, me he informado y no es tan repugnante como yo creía. &#8212; Estás muy mal informada respecto al sexo. Tu marido no ha hecho mucho por corregirlo. Creo que no sabes bien lo que has perdido. &#8212; Bueno, me enseñarás hoy no?.&#8211; Creí que habías dicho pocas veces pero intenso. &#8211; Ya, pero lo de ayer no terminó. Ni siquiera me follaste. &#8211; Vale, es tu decisión. Esta tarde en mi casa como ayer?. &#8211; De acuerdo.</p>
<p>Esa tarde se presentó con el pelo cortado de un estilo muy rejuvenecedor, se notaba que también había pasado por la manicura y, cuando la desnudé pude comprobar que la depilación del pubis había sido apurada hasta parecer el culo de un bebé. Llevaba puesto un ancho cinturón sobre su vientre desnudo.</p>
<p>Se puso de rodillas delante de mi y dijo: Sácala, como te he prometido, te la voy a mamar hasta que te corras y me voy a beber todo. &#8211; Ahora no me apetece, haremos otra cosa, vamos a animar tu culito y que te des cuenta de que es muy útil en el sexo. -Ya hablé de eso con mi marido también, le conté que me metiste un dedo en el culo y, con lo que me ha informado, he llegado a la conclusión de que también me puedes usar por ahí. De todas formas no te preocupes si doy muestras de asco al beber tu semen o me duele que me folles en el culo. Yo he decidido que me lo hagas y no te culparé de nada.</p>
<p>Esa noche abandonó la virginidad del culo por medio de una serie de consoladores cada vez más gruesos que le fui metiendo y se bebió dos veces mi semen. Abusando un poco de mi suerte y de su tolerancia hasta entonces, saque unas bolas chinas y unos tapaculos de mi maleta de artilugios y le dije: No me ha gustado mucho tu culo, tienes el agujero demasiado estrecho y poco elástico, mi polla sufriría si la metiese ahí pese a la lubricación que te pusiera. Tienes que obtener una mejor relajación y ensanche, por otro lado, te veo en la oficina muy fría, deberías estar mas amable con la gente. Por eso creo conveniente que lleves metidos en el culo estos consoladores todo el tiempo que puedas, cada vez uno de mayor grosor hasta que admitas debidamente la polla de cualquier hombre. Por otro lado, para mejorar tu agrio carácter en la oficina, resulta conveniente que te metas estas bolas en la vagina que hacen perder el mal humor. Mañana comprobaré si llevas todo puesto, en caso contrario no volveremos a tener una cita.</p>
<p>- Consultaré con mi marido el asunto, pero te recuerdo que realmente todavía no me has follado.</p>
<p>- Dijiste que querías que te follase como en una película porno, pero tu eres una mujer madura, religiosa practicante, casada, enamorada de tu marido, preocupada por tus hijos, con un trabajo estable, &#8230; eres realmente una burguesa conservadora de lo menos parecido a una actriz de cine porno. Tengo que hacerte parecer eso o no podrás disfrutar del sexo que te imaginas.</p>
<p>A la mañana siguiente le dije a mi secretaria, Lucía, que llamase a Celia para ver como iba un asunto que había comenzado ella. Cuando entró en mi despacho, le indiqué que tomase asiento, me acerqué a ella y le subía la falda, introduje la mano entre sus bragas y comprobé que llevaba las bolas chinas puestas, también pude comprobar, inclinándola sobre la mesa, que llevaba el cinturón directamente sobre la piel de su talle y que tenía metido el tapaculos, pese a que eso no se lo había pedido. &#8211; Me gusta que hayas obedecido mis indicaciones, así llegaremos a una mejor situación para mejorar tu actividad sexual. &#8211; Mi marido me dijo que era bueno lo del tapaculos cada vez más grueso, ya que así no me dolerá el culo cuando me penetres y disfrutaré totalmente. También, y tiene razón dice que es conveniente que te corras dentro de mi culo en vez de en mi vagina, porque desde que él se volvió impotente dejé de tomar la píldora y aún puedo quedar embarazada. Así que he decidido que tu esperma lo sueltes solamente en mi boca o en mi culo. &#8211; Está bien, lo que tu decidas. Esta tarde en mi casa ? OK.</p>
<p>Cuando ella se presentó le tenía preparada una sorpresa sobre cuyo resultado tenía dudas. Había contratado los servicios de Palmira, una enorme y rolliza mulata dominicana de 52 años y, al menos, 80 Kg de peso. En su juventud había sido una puta de los más solicitado, pero cuando empezó a envejecer y ganar peso montó un gabinete sado y se instaló como dómina. Palmira era una soberana mujer en todos los sentidos, pese a su gordura exenta de cualquier signo de celulitis destilaba sexo y vicio por todos sus poros, su piel era tersa y suave, de moreno uniforme, exhibía unas tetas enormes coronadas por amplias areolas y unos pezones de dos centímetros adornados por unas gruesas anillas de oro, también tenía varios anillos en el clítoris y los labios vaginales. Todo su pubis estaba perfectamente depilado. Tenía varios artísticos tatuajes, en la espalda, sobre los riñones había uno que decía: &#8220;Mi culo no solo suelta, también traga todo&#8221;, en el pubis otro diciendo: &#8220;La cueva de tu placer&#8221;. Había algunos otros con las iniciales o signos de los diferentes chulos que había tenido cuando ejercía de prostituta. Sus grandes, suaves y cuidadas manos de lacadas uñas largas mostraban gruesos anillos con motivos relacionados con el sado. Para la ocasión vestía únicamente unas medias negras y calzaba unos zapatos rojos de tacón alto, las tremendas tetas estaban ceñidas por un sujetador que solo las erguía, dejando al descubierto toda su soberbia masa.</p>
<p>La escondí en una habitación para que apareciese cuando escuchase un silbido mío.</p>
<p>Se presentó Celia y le ordené desnudarse totalmente procediendo a su examen, comprobando que seguía mis indicaciones de forma satisfactoria. Venía con su cinturón que dijo ya no se quitaba más que para dormir, el pubis estaba repasado y muy suave, en su culo llevaba introducido el tapaculos y las bolas chinas en la vagina. Sus manos denotaban cada vez más el intenso cuidado a que las estaba sometiendo, de manera que resultaban de una belleza que te hacía levantar la polla con solo verlas, sin necesidad de que te tocasen. También debía haber intensificado el cuidado del resto del cuerpo puesto que tenía una piel más suave que los primeros días.</p>
<p>Me dedique a su coño poniendo todo mi entusiasmo en una mamada y un tratamiento lingual del clítoris que abandoné cuando estaba a punto del orgasmo. Protestó pero pronto calló cuando me apliqué a mamar y mordisquear sus pezones mientras le metía dos dedos en el coño. También dejé la operación cuando la intuí otra vez al borde del orgasmo. Dejándola frustradísima le dije:</p>
<p>- Bueno, es hora de otra nueva lección. En primer lugar sigues sin tomar medidas para evitar un embarazo, eso me impide follarte debidamente el coño, ya que no quiero cargar a tu generoso y cornudo marido con un bebé. Así que mañana ve al ginecólogo a que te ponga un diu. Por otro lado ya sabes que las actrices porno tienen que ser bisexuales, así que si quieres ser follada como tal tienes que adquirir ese gusto que aumentará el placer de la práctica del sexo.</p>
<p>- Ni hablar.</p>
<p>Entonces lancé mi silbido y apareció Palmira por la puerta conforme habíamos acordado. Celia se puso a alborotar diciendo que era una trampa, que no se prestaría a nada con aquella enorme mujer y que se iba. Palmira, con su fuerza la sujetó y le pegó un fuerte sopapo. Seguidamente la puso de tetas sobre la mesa y la empezó a azotar las nalgas con sus robustas manos. Celia, comprendiendo que era inútil intentar desembarazarse de aquella gigante, se puso a llorar.</p>
<p>- Llora, llora, que dentro de un rato vas a gemir, pero de placer. Le dio la vuelta y comenzó a mamarle el coño introduciendo la lengua entre sus grandes labios. De vez en cuando le mordisqueaba el clítoris y le introducía dedos en la vagina. A su pesar, Celia, que ya había sufrido tres interrupciones de orgasmo y estaba absolutamente mojada, comenzó a sentir elevarse su calentura. En ese momento, Palmira comenzó a introducirle más dedos en el coño hasta que tuvo toda la mano dentro. Empezó entonces un ligero movimiento de vaiven y de rotación cuyos efectos se reflejaron inmediatamente en la respiración agitada y en la tensa cara de Celia. Cuando ésta estaba a punto de acabar, Palmira lo impidió retirando la mano bruscamente con un sonoro &#8220;flop&#8221;. Celia se incorporó sorprendida y disgustada y comenzó a gritar: ¡Puta Hija de puta! ¡Hipopótama! ¡Cerda grasienta! .Eres como ese cabrón. ¿Es que nadie a darme un orgasmo?. Palmira, con un brusco movimiento de sopetón de pegó un tetazo en la cara, y otro en sentido contrario con la otra teta que la callaron automáticamente. Mientras Celia se reponía de los dos sorprendentes tetazos que la habían dejado medio sonada, Palmira tomó la maleta que había traído con ella y extrajo varios adminículos que extendió en una mesita auxiliar. Celia, atontada como estaba no lo advirtió. Palmira, hábil y con presteza se colocó un cinturón con un enorme consolador provisto de vibrador, le abrochó a Celia un collar y unas muñequeras de cuero y enganchó sus manos al collar de manera que quedó, con tan sencilla traba, absolutamente sin capacidad de defensa, dada además la diferencia de estatura y peso. Aún confusa se encontró con el coño ocupado por el enorme trasto que vibraba de una manera endemoniada. Al cabo de un rato volvió a recuperar el calentón, delatado por la hinchazón de su clítoris, y otra vez se escucharon sus jadeos y gemidos. Cuando creí que esta vez alcanzaba el anhelado orgasmo, Palmira sacó el consolador seguido de otro sonoro &#8220;flop&#8221; y rápidamente le aplicó unas pinzas americanas al clítoris. El aullido de Celia me hizo temer la presencia de la policía. Palmira debió pensar lo mismo por lo que decidió aplicarle también una mordaza de bola. Con una destreza que evidenciaba su experiencia, levantó a Celia, se sentó ella en la mesa, rodeó con sus gruesas y vigorosas piernas por detrás a la desesperada presa y le aplicó lenta y concienzudamente otras pinzas a los pezones y los labios de la vagina. De esas pinzas colgaban unas pesas que, por su tamaño, debían tener un peso considerable. Atendiendo al lógico reflejo de autoprotección, Celia intentó agacharse y encogerse, pero Palmira la sujetó de los pelos y le apoyó el vientre sobre el respaldo del sofá por detrás de éste, de manera que las espléndidas y maduras tetas de Celia quedaron colgando y soportando sus pezones todo el peso añadido a las pinzas. Igualmente le era imposible aliviar el peso que distendía encantadoramente sus labios vaginales. La cara de Celia estaba desfigurada por el terror, tenía la cara empapada de lágrimas, mocos y saliva que se escapaba por los bordes de la mordaza, sus ojos casi se salían de las órbitas.</p>
<p>En esa posición, Palmira volvió a introducirle en consolador en la vagina y comenzó un suave mete saca acariciándole el cuello, la espalda y las nalgas. Poco a poco la cara de Celia fue distendiéndose y, al cabo de cinco minutos, no paraba de soltar mocos y parecía ahogarse. Entonces Palmira le quitó la mordaza y le dijo: ¿Vas a volver a aullar como una histérica? Si es así te la vuelvo a poner. ¡Responde! -&#8230;nnno. Entonces reanudó el mete saca y al poco rato le introdujo en el culo otro enorme vibrador que activó. En dos minutos el efecto de los dos vibradores y las caricias de Palmira se revelaron en la cara de Celia. Nuevamente llegó el jadeo y los gemidos, cada vez más acusados hasta el punto que temí que hubiera que colocar nuevamente la mordaza. No fue así, esta vez Celia alcanzó su deseado orgasmo, pero, ante mi asombro, su cara se volvió a desfigurar y pareció que tenía un ataque de epilepsia. Palmira me hizo un gesto tranquilizante y me dijo : Son orgasmos encadenados, se va a quedar muy muy relajada. No dará mas problemas.</p>
<p>Cuando Celia cesó su cadena de orgasmos, que le duró al menos dos minutos, entró en una especie de hipnosis y poco después se quedó dormida en el sofá.</p>
<p>Palmira y yo aprovechamos para tomar unas copas y charlar. Me estuvo contando de su vida. De cómo vino al país dejando marido y dos niñas en el suyo, engañada por una mafia que le prometió trabajo y la dedicó a la prostitución. Cómo poco a poco le fue gustando el oficio, de sus chulos, los que quiso y los que la maltrataron, de dos embarazos que tuvo, el producto de uno de los cuales, una niña, trabaja hoy día, a sus 25 años, con ella en su gabinete de sadomasoquismo y es la más solicitada, tanto para dominar como para ser sumisa, debido al entrenamiento que ella le proporcionó. Reconoció que, aprovechándose personalmente de ese entrenamiento, la convirtió en su esclava personal. Su otro hijo, varón, es el encargado de la seguridad y el orden en el local, y entre las cláusulas de su contrato está el derecho a follarse a cualquiera de las chicas al término de la jornada. Entre las chicas no hay excepción, por lo que también suele follar con su hermana y su madre, a veces juntas. De cuando en cuando su madre le presta su esclava personal para que haga lo que quiera con ella.</p>
<p>A cabo de una hora despertamos a Celia y Palmira le dijo: &#8211; Bueno zorrona, tu ya has tenido tus orgasmos y ya es hora de que nos des placer a &#8220;tu señor&#8221; y a mi. Le soltó las manos del collar y le ordenó que comenzase a mamarmela. Cuando me la tuvo bien dura, Palmira me sentó en el sofá y, tras lubricarse el culo, se sentó sobre mi introduciéndose mi polla en su negro agujero con pasmosa facilidad, como si fuese tan elástico como una goma. Seguidamente le pidió a Celia que introdujese una mano en su vagina y, aferrándome la polla a través de la fina pared separatoria entre el intestino y la vagina, me pajease. Aquello fue delicioso, sin necesidad de ningún esfuerzo alcanzamos los dos un orgasmo fenomenal. Después Celia se vio obligada a sorber mi semen del culo de Palmira, cosa ante la que, contra lo esperado no expresó ninguna excusa ni protesta. Me asombraba la habilidad y el dominio psicológico de Palmira para haber sometido en tan poco tiempo a la tozuda y pacata madurita.</p>
<p>Para rematar, Palmira volvió a colocarle la mordaza a Celia quien, con la voluntad destruida, se dejó hacer mansamente. -Solamente es precaución, dijo Palmira. A Celia se le notó un escalofrío y un gesto de terror, pero no habló siquiera.</p>
<p>Después le colocó unas tobilleras, le enganchó las muñecas a los tobillos, ató los codos a las rodillas y le puso una barra separadora entre los muslos extendida al máximo posible.</p>
<p>Así atada, la tomó en vilo como si cargase una pluma y la colocó boca arriba sobre la mesa, le introdujo un enorme vibrador en marcha en cada uno de sus dos agujeros y le ató una goma elástica alrededor del clítoris comprimiéndolo fuertemente, quedando éste sobresaliendo descaradamente de su capuchón y hermosamente hinchado. Sacó una fusta de su maleta y comenzó a golpearla con gran precisión en los pezones, el interior de los muslos y, finalmente arreó tres fuertes latigazos en pleno clítoris. Los mocos de Celia salieron disparados a tres metros y sus lágrimas dejaron la mesa encharcada. Pero el cajón de sorpresas en que estaba convirtiéndose esa mujer aún contenía más material: Volvió a entrar en un estado de orgasmos encadenados.</p>
<p>Cuando salió del trance Palmira le quitó otra vez la mordaza y Celia comenzó a gritar: ¡Puta sebosa, pégame más! ¡Ponme el coño como un tomate! ¡Dame más fuerte! ¿Es que te cansas? ¡Inútil, dame en el culo, que lo has olvidado!.</p>
<p>Sin decir palabra Palmira le arreó otros tres fustazos en el clítoris y Celia volvió a correrse.</p>
<p>Palmira la desató y le quitó todos los instrumentos y yo, creyendo terminada la sesión dije: Celia ve a ducharte.</p>
<p>- No, dijo Palmira, espera.</p>
<p>La colocó de rodillas ante ella y le dijo: Abre la boca y bebe. Y abriéndose los labios vaginales comenzó a mear demostrando un gran dominio para dirigir el chorro del dorado licor a su objetivo. Celia bebía lo que podía y tragaba sin apartar la boca. Otra sorpresa de aquella recién conversa en zorra guarrona.</p>
<p>Cuando Palmira terminó me puso en su lugar: Ahora mea tu en esta letrina viva.</p>
<p>Celia no pudo apenas tragar casi nada de mi meada porque se corrió nuevamente con unos espasmos que parecían un ataque de epilepsia.</p>
<p>Al día siguiente, viernes, en el trabajo, Celia apareció pálida y demacrada y no se dirigió a mi para nada, al igual que al lunes siguiente, ya con un aspecto muy sexi y con una actitud alegre y desenvuelta. El martes entró en mi despacho, cerró la puerta y me dijo: Ya me han puesto el diu, ahora podrás follarme. Además mira ya como tengo los agujeros. Y con gran desparpajo y sin pizca de recato de desnudó y, sentandose en mi mesa me mostró su lindísimo y depiladito pubis. Pude apreciar que éste había cambiado de aspecto desde que iniciamos nuestras relaciones. Su enorme y abultado coño mostraba los labios mayores aún más prominentes si cabe, la entrada de su vagina aparecía muy abierta, de tal forma que hasta se le veía el meato urinario sin necesidad de separar los labios menores, bien guardaditos tras los mayores y sin sobresalir de aquellos, como a mi me gustaban. El otro orificio mostraba a su alrededor unas pequeñas estrías que antes no tenía y de él asomaba una deliciosa carnecilla rosada, cuando anteriormente estaba cerrado a cal y canto.</p>
<p>-Compruebalos con tu mano.</p>
<p>Los palpé e introduje algunos dedos en ellos comprobando que, efectivamente, se abrían con gran facilidad y elasticidad.</p>
<p>-Estupendo. Hay que hacer que los disfrutes un día de estos.</p>
<p>-Tu dirás.</p>
<p>-Pues ahora. ¿Por qué esperar?. Y cuando ella se llevaba la mano al coño para separar los labios pensando que iba a empezar comiéndoselo, me levanté, abrí la puerta del despacho y le dije a mi secretaria: Lucía, entra por favor.</p>
<p>Me volví a tiempo de ver en su cara un gesto de sorpresa y contrariedad, pero rápidamente adoptó una actitud impasible y vio entrara a Lucía sin hacer ningún movimiento para disimular o para tapar su desnudez.</p>
<p>-Lucía, Celia está muy caliente y no puede trabajar así. Por favor haz algo para aliviarla.</p>
<p>- Si jefe.</p>
<p>Volvió a su despacho y regresó con un tubo de vaselina. Entretanto Celia seguía desnuda sobre la mesa sin cambiar de postura y con gesto de curiosidad.</p>
<p>Lucía se embadurnó las dos manos con la vaselina, se acercó a Celia y comenzó a acariciarle y embadurnarle también el coño y el culo. Comenzó por meterle un dedo y, poco a poco, fue introduciendo todos tanto en la vagina como en el ano hasta que entraron los dos puños. A continuación empezó con un ligero movimiento de vaiven y rotación que se tradujeron en el enrojecimiento de la piel de Celia, respiración agitada y comienzos de sudoración. Al poco rato los gemidos y grititos indicaban su grado de satisfacción. Me quité la corbata y la amordacé, pues no era cuestión de que el resto del personal la oyese. Como me pareció ya habitual tras la experiencia con Palmira, explotó en un tremendo y prolongado orgasmo. Cuando se recuperó, Lucía extrajo delicadamente sus manos y, tras besarle profundamente en la boca, se fue diciendo: Ya me lo devolverás otro día.</p>
<p>- Mañana en mi casa, como siempre. Vístete y vete.</p>
<p>Al día siguiente se presentó en casa y tras endosarme un jugoso beso me dijo:</p>
<p>- Gracias cariño, por mostrarme este maravilloso estilo de vida. No lo hubiera imaginado jamás. Mi esposo está muy satisfecho de que me tengas tan contenta porque dice que en casa se nota mi buen humor y hay mejor ambiente. También le he contado todo a mi confesor y me ha puesto como penitencia que mortifique mi cuerpo para escapar de la tentación de la carne, así que he pensado que para mortificarme debieras llevarme a una sesión en el gabinete de Palmira, o mejor tú mismo podrías encargarte personalmente de la mortificación. Creo que Palmira tiene también un sex shop donde vende el instrumental necesario y me podrías mortificar aquí en tu casa.</p>
<p>- Ya lo tenía pensado. Me alegra que vayamos acercando nuestras posiciones. De momento hoy tengo otra sorpresa que creo te gustará vista tu conducta últimamente. Y chascando los dedos di aviso para que entrasen en el salón tres gigantescos negros del gabinete de Palmira que había contratado.</p>
<p>Se los presenté. &#8211; Estos caballeros van a instruirte en una faceta que aún no has experimentado, el sexo con varios hombres a la vez. Cuando yo te folle quiero que seas totalmente conocedora de todas tus posibilidades en cuanto al sexo.</p>
<p>Aunque sorprendida, esta vez no hubo reticencias.</p>
<p>- Encantada caballeros. Cuando ustedes quieran pueden empezar a impartirme sus lecciones.</p>
<p>Sin más preámbulos uno de los negros se acercó a ella por detrás y comenzó a besarle y mordisquearle el cuello. El segundo comenzó a despojarle de su vestimenta superior y el tercero de la inferior. Una vez desnuda la subieron a la mesa y le dijeron; Baila mientras nos desnudamos nosotros. Una vez más quedé pasmado con la capacidad de adaptación de aquella, hasta hacía pocos días, tímida y aburrida ama de casa. Con una impresionante desenvoltura y desparpajo inició una lasciva danza mostrándoles sus atributos, acariciándose y metiéndose sus dedos en los agujeros y chupándolos mientras les dirigía unas miradas llenas de lujuria e invitación, que se acentuaron cuando vio la espectacular longitud y grosor de sus pollas.</p>
<p>Uno la agarró desde la espalda y apoyándola en él y con sus manos aferradas a sus gordas y jugosas tetas, permitió que otro la levantase por los muslos y encajase su boca en el coño. Ella le rodeó la cabeza fuertemente con las piernas y comenzó a pegar empujones para incrustar su pubis en la boca del negro: ¡Mama cabrón! ¡Muérdeme el clítoris! ¡Mete la lengua! ¡Vamos, qué esperas, mastícame los labios y trágatelos!&#8230; Aaaahhhh&#8230; ¡Qué pasa con mi culo! ¿No existe?</p>
<p>El tercero, admirado de momento ante aquella calentura, reaccionó y se dedicó al citado culo. Comenzó a lamerlo y a juguetear con sus dedos en él pero el que ocupaba el coño reclamó ese orificio como parte de su territorio. Ya que no alcanzaba a ocupar su polla en la boca de ella, se dedicó a golpearla con el tremendo vástago en las nalgas y los riñones. Conociendo de antemano las reacciones de Celia, percibí como obtenía ya el primer orgasmo de la tarde. Ellos también debieron notarlo porque, como obedeciendo a una jugada de fútbol bien ensayada, la invirtieron de posición y, en menos de lo que se tarda en decirlo la tenían colgada por sus brazos del cuello del primero, penetrada su vagina por la polla de éste y el culo por la del segundo. El tercero se vio frustrado nuevamente y se dedico a pajearse mientras le decía al oído: Hey viejita, en tu vida has tenido otras así, mi amigo, el del culo, te va a llegar al estómago, y de la limpieza de intestinos que te va a hacer vas a soltar por la boca toda la mierda acumulada en ellos, y el del coño te va a sacar el útero por el ombligo. &#8211; Calla negro maricón, antes de que yo me canse se quedarán con los huevos vacíos para un mes, así que ve preparando los tuyos que se van a quedar como uvas pasas. &#8211; Ramera de mierda, zorra encubierta, cuando yo te suelte mi leche en ese enorme coño te va a salir hasta por las orejas, no tienes tamaño para soportar mis envites. &#8211; Estúpido hijo de esclavos, el tamaño de mi coño solo indica lo que soy capaz de absorber. Si tus dos amigos al mismo tiempo no me llenan, qué vas a hacer tu solo, desgraciado, cuando te toque follarme tu polla se quedará como un fideo, seguro que te corres en cuanto me la metas.</p>
<p>Aquella ama de casa me estaba dejando estupefacto, ese lenguaje debía haber estado metido en su reprimida mente durante toda su vida, ya que era imposible haberlo asimilado en tan poco tiempo de ejercicio del emputecimiento.</p>
<p>Los dos negrazos se corrieron casi al mismo tiempo que ella, que, una vez suelta salió corriendo hacia la cocina en uno de sus alardes de capacidad para asombrarme. Volvió con una cuchara y se dedicó a recoger cuidadosamente con ella el semen que le resbalaba por el culo y el coño y a bebérselo. Cuando ya no resbalaba nada, se metió la cuchara en ambos agujeros consecutivamente para extraer lo que quedase. Cuando vio que no sacaba ya nada, se dirigió al tercer negro y le dijo: A ver esa mierda minga que tienes y que tanto dices que puede hacer. Sácame tu leche por las orejas como has prometido. Para hacértelo más fácil y más cercano a las orejas voy a dejarte mi boca. Se metió su larguísimo rabo adentro y, al poco rato pude ver como, en el vaiven de la mamada, se distendía cada pocos segundos su cuello y desaparecía la enorme verga totalmente en su boca. Deduje que se metía aquel apéndice hasta la mitad del esófago más o menos. Comenzó a ponerse colorada de sofocación por falta de aire y me empecé a preocupar, pero de repente el negrazo soltó un alarido y se corrió. Ella se sacó la polla y le dijo: ¿Ves como eres un negro inútil? Te has corrido directamente a mi estómago y no he podido saborear tu, supongo estéril, semen. ¡Estúpido fanfarrón! Deberían castrarte.</p>
<p>El negro se quedó absolutamente mudo de vergüenza ante aquella pequeña madurita.</p>
<p>- Bueno, vosotros dos: ¿No dais para más?.</p>
<p>Fué a por ellos, les agarró las pollas y empezó a frotárselas para levantarlas. Ver aquella pequeña y deliciosa figura blanca contrastando contra los negros cuerpos, y sus dulces manos agarrando aquellos monstruosos vergajos que no podía abarcar me impulsó a correr a por mi cámara de vídeo y comenzar a filmar. Cuando ella se dio cuenta me dijo:</p>
<p>- ¿Ves? Ya soy una actriz porno.</p>
<p>Cuando enderezó los dos mástiles dijo: Ahora quiero el del coño en el culo y el del culo en el coño. Esta vez lo hicieron sobre el sofá en las dos posiciones posibles. Ella se corrió varias veces en su forma interminable, a la que a mi ya me tenía acostumbrado pero que a ellos les produjo cierto desconcierto y temor a haberla lesionado internamente. En sus letargos post-orgasmo les expliqué que ella era así y que no pasaba nada, con lo cual se tranquilizaron y siguieron la faena.</p>
<p>Ella no paraba de provocarlos con expresiones procaces dudando de su hombría. Los tuvo media hora faenando y amenazándoles con morderles la polla y otras expresiones igual de soeces si se corrían antes de darles permiso, mientras que ella no tuvo el menor empacho en mostrar ruidosamente todos sus orgasmos. Paró un poco para darles unos minutos de descanso y, a continuación, pedirles que le metiesen las dos pollas conjuntamente, primero un rato por el coño y después otro rato por el culo. Volvió a orgasmar varias veces y, ya en plan generoso, les dijo:</p>
<p>- Me vais a meter otra vez una polla en el culo y otra en el coño y podéis correros, pero antes de sacármelas os tenéis que mear dentro, cada uno en su agujero.</p>
<p>Los pobres negritos se aliviaron por fin de su semen, lo cual volvió a provocar el enésimo orgasmo de Celia, y se quedaron los tres quietos esperando la subida de la orina. No es fácil mear con la polla tiesa o medio tiesa si no se está entrenado. Afortunadamente para Celia los dos negros estaban entrenados por su actividad en el gabinete de Palmira y pudieron mear. Además el colmo de su suerte fue que empezasen casi simultáneamente y el nuevo orgasmo de Celia fue apoteósico. Una vez más temí la presencia de la policía o las preguntas de los vecinos a pesar de tener sus viviendas un tanto apartadas.</p>
<p>Celia se desprendió de los dos gruesos troncos insertados en ella y fue prestamente a mirarse en un espejo de cuerpo entero que había en el salón. Yo corrí detrás sin dejar de filmar y pude hacer unas fantásticas tomas de sus dos preciosos agujeros, rodeados ahora de unos labios monstruosamente hinchados, con el fondo de su cuidadosamente depilado, suave, blanco y brillante pubis y encuadrado el conjunto entre el arranque de unos muslos que me parecían ahora más separados, tersos y musculados. De los dos agujeros, inconcebiblemente abiertos, empezó a escurrir simultáneamente por la cara interna de sus muslos una interminable catarata de orina y semen.</p>
<p>- ¡diosss! Dijo de repente. Se me olvidó la cuchara. Bueno, puedo arreglarlo.</p>
<p>Se dirigió al avergonzado tercer negro, le agarro la polla, se la empezó a comer y, cuando lo tenía a punto, le dijo: Maricón, a ver si ahora cumples y puedo saborear tu lefa, espero que sea bastante. Cuando termines, no la saques y mea. Si no puedes te la arranco de un mordisco.</p>
<p>El negro se corrió abundantemente pero tardó en mear, con gran alivio por no dar lugar al cumplimiento de la amenaza. Pese a la abundancia de semen y orina, Celia embutió casi todo en su estómago.</p>
<p>Cuando le estaba limpiando con su lengua los restos que quedaban en la polla, el negro se fijó en su mano derecha y le preguntó:</p>
<p>- ¿Eres casada?</p>
<p>- Si</p>
<p>- ¿Tienes hijos?</p>
<p>- Si, tres.</p>
<p>El negro se dirigió a mi y me dijo:</p>
<p>- Qué suerte tiene jefe, de ser el &#8220;dueño&#8221; de una mujer tan puta y guarra y no tener que gastar en su mantenimiento ni preocuparse de qué hacer con ella cuando esté fuera de uso.</p>
<p>Mientras Celia descansaba en el suelo en medio de un charco de orina y semen, los negros se vistieron, les pagué y se fueron. Entonces me volví a ella y le dije:</p>
<p>- Anda, date un buen baño.</p>
<p>Y me respondió</p>
<p>- Como ordenes, mi &#8220;Amo&#8221;.</p>
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		<title>Joven iniciado por la amiga de su madre</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Dª. Amparo...mujer madura de envidiable aspecto, la cual le seducirá para provecho de su ya anciano marido gay, el joven será violado y sodomizado...pero la situación dará un giro cuando Dª. Amparo le da una explicación a lo ocurrido y es amenaza con difundir toda la historia si no se presta a la nueva situación de amo-esclava...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dª. Amparo&#8230;mujer madura de envidiable aspecto, la cual le seducirá para provecho de su ya anciano marido gay, el joven será violado y sodomizado&#8230;pero la situación dará un giro cuando Dª. Amparo le da una explicación a lo ocurrido y es amenaza con difundir toda la historia si no se presta a la nueva situación de amo-esclava.</p>
<p>Me han dicho que la iniciación sexual de las chicas es siempre muy difícil y traumática y que todas las mujeres recuerdan como, cuando y donde perdieron la virginidad. Yo no sé si para los hombres es mas o menos fácil mas o menos difícil, pero sé que mi iniciación sexual la recordare toda la vida.</p>
<p>Vivíamos en Madrid, en una casa de ocho pisos con tres viviendas por piso. Nosotros vivíamos en el segundo y Dª Amparo vivía en el cuarto piso. Yo tenia diecisiete años recién cumplidos cuando la única hija de Dª Amparo, Amparito, se casó. Como Dª Amparo era amiga de mama, antes de la boda vino mucho por casa para hablar de vestidos, invitados, salones, padres del novio, menús para la cena y todas esas cosas de las que las madres hablan antes de una boda. Dª Amparo debía tener unos cuarenta y seis años, pero muy bien llevados. La información oficial que yo tenia entonces, era que había sido guapisima actriz de teatro y que D. Luis se enamoro como un loco de ella. La siguió por media España viendo todas sus representaciones hasta que por fin ella acepto su proposición y se casaron. D. Luis era quince años mayor que ella, aunque delgado y de aspecto distinguido se le veía avejentado, aun mayor de sus sesenta y un años. Tenia aspecto de viejo mientras que Dª Amparo aun se vea lozana y atractiva. D. Luis venia de vieja familia andaluza, con aires de nobleza, ricos terratenientes con olivares y varios cortijos. Después de la boda se asentaron en Madrid donde había nacido Amparito.</p>
<p>Yo no se como había sido de guapa en su juventud, pero a los cuarenta y seis años Dª Amparo estaba pero que muy bien. Era alta, de pelo rubio (¿teñido?) grandes ojos verdes, boca sensual, largo y elegante cuello, prominentes pechos que llamaban la atención, fina cintura, caderas y trasero bien marcados, piernas largas con finos tobillos. Además de su buena apariencia física, se movía con aire de confianza, tenia salero, reía a menudo y contaba chistes y chascarillos con mucha gracia y un mínimo acento andaluz. Difícilmente aparentaba los cuarenta años. Yo recuerdo haberla visto a menudo años antes de la boda de Amparito, pero fue durante esta época anterior a la boda cuando se convirtió en una obsesión para mí. La veía prácticamente todas las tardes en casa. Y aunque siempre iba muy maquillada y con el pelo bien arreglado. Ella decía que cuando venia a casa no se arreglaba por que estabamos en confianza. Así que a menudo bajaba con vestidos o batas andaluzas, muy sueltas con buen escote. Escote que a menudo me dejaba ver su valle de las delicias y buena parte de sus opulentos pechos. Ella parecía haberme cogido mucho cariño y a menudo me abrazaba y estrujaba diciendo &#8211; ¡qué guapo es mi Currito! (yo me llamo Francisco, pero ella es la única que siempre me ha llamado Currito). Cuando me abrazaba sus maravillosos pechos se estrujaban contra mí, yo pensaba que mientras me apretara con sus tetas podía llamarme lo que quisiera. Había tardes que bajaba con su bata pero sin sujetador y cuando me abrazaba, o se inclinaba un poco.. Entre los escotes, exhibiciones, abrazos y estrujamientos, yo me acababa poniendo muy excitado y tenia que irme al cuarto de baño a masturbarme como un mico.</p>
<p>Pasada la boda de Amparito, sus visitas fueron un poco menos frecuentes, pero todavía venia una o dos tardes por semana a enseñar fotos de la boda, del viaje de novios, etc. Los abrazos y achuchones se hicieron mas pronunciados y Dª Amparo empezó a decir que qué guapo era y que contenta estaba de no haber tenido un hijo, porque no podría haber sido tan guapo como su Currito. </p>
<p>Recuerdo que en un par de ocasiones entré en la sala cuando ella y mi madre se estaban riendo a carcajadas y cuando yo pregunté de que reían, Dª Amparo dijo:</p>
<p>- Currito mi niño bonito, cosas verdes de viaje de novios que no te puedo contar porque me pondría muy colorada y tu aun eres muy jovencito. &#8211; Mientras así decía ponía su mano sobre sus pechos y con una sonrisa de picara me guiñaba un ojo. A mí la señora me ponía mas caliente que la puñeta, porque la verdad es que con su magnifico cuerpo, su gracia, salero, apretujones y juegos, la encontraba de lo más deseable. Ella parecía no darse cuenta y seguía abrazándome y jugueteando conmigo como si yo fuera un niño y acababa poniéndome de lo más cachondo. Mis visitas al cuarto de baño para pajearme en su honor, cada vez que ella jugaba con su Currito, se convirtieron en una rutina. Claro esta que siendo una amiga de mama nunca me atreví a decir ni hacer nada mas que mirar con cara de tonto y tratar de buscar el mejor ángulo para mirar hacia abajo del escote, o hacia arriba de la falda.</p>
<p>Una tarde volvía yo del instituto, a eso de la seis, y vi a Dª Amparo que venia cargada con varias bolsas, al parecer bastante pesadas. </p>
<p>Me acerque a ella y le pregunte si le podía ayudar. Me dijo que no solo era guapo sino muy cortes. Cogí las bolsas (no es que parecían, es que eran muy pesadas) y la seguí. Subimos en el ascensor y ella me pidió que le ayudara a llevarlas hasta su cocina. </p>
<p>Entramos a su piso y puse las bolsas sobre la mesa de la cocina. Dª Amparo me dio un gran abrazo (yo pense que estrujaba y refrotaba sus maravillosos pechos contra mí mas fuerte y más tiempo de lo habitual) y dijo:</p>
<p>- Gracias Currito, guapo. No sé que hubiera hecho sin ti, estaba medio muerta cuando me ayudaste. Muchas gracias hijo. &#8211; - No hay de que Dª Amparo, no hay de que. Si le puedo ayudar en algo en el futuro no dude en llamarme. &#8211; Me dirigí hacia el pasillo, pero Dª Amparo me interrumpió inmediatamente.</p>
<p>- No hijo, ¿no te iras ahora? Por lo menos déjame que te invite a una cervecita y algo de picar. &#8211; - Muchas gracias Dª. Amparo, muchas gracias, pero no se moleste. &#8211; - Uy mi niño, no es ninguna molestia y es lo menos que puedo hacer después de lo que has trabajado por mí. Anda, vamos al salón. &#8211; Pasamos al salón, me invito a sentarme, me pregunto que querría beber, le dije que cerveza. Trajo la cerveza y unas bandejitas con almendras, aceitunas y otras cosas para picar. </p>
<p>- Currito, déjame que me cambie a otra ropa más cómoda. &#8211; Pasó a la habitación que había enfrente del salón. Yo me serví la cerveza y empece a picar las almendras. Al levantar la cabeza para beber la cerveza, casi se me cae la cerveza, la cabeza y.. la baba. La puerta de la habitación donde había entrado Dª Amparo estaba entreabierta y vi pasar a Dª Amparo con su falda pero desnuda de cintura para arriba, con los pechos al aire. La visión no duró mas que un instante, mientras ella cruzaba la habitación, lo suficiente para que notara que eran bien grandes y se movían como flanes. Me quede helado, paralizado, sin saber que hacer o pensar. Fue tan breve la visión que en seguida empece a dudar de si de verdad la había visto o si mis múltiples masturbaciones pensando en ella me hacían alucinar. Cuando me repuse un poco del impacto de aquella celestial visión, decidí beber un poco de cerveza, tome un trago y según ponía el vaso sobre la mesa vi a Dª Amparo cruzar la habitación otra vez; ahora sin falda, solo con medias y bragas. Si, de verdad la estaba viendo, no era una alucinación ¡estaba buenisima! Otra vez la visión no duro mas que un segundo, pero ¡Qué segundo! Tenia unos muslazos y un trasero de exposición. Tan buena estaba, que empece a temblar y tremendos escalofríos recorrían mi cuerpo. De alguna forma me convencí de que, no era cierto, que no la veía, que estaba alucinando, con la mano todavía temblando de excitación, tome un buen trago de cerveza, otro, otro y poco a poco deje de temblar como una hoja al viento.</p>
<p>Al poco tiempo salió Dª Amparo ¡qué digo Dª Amparo! Salió la fantasía onírico-sexual de cualquier adolescente. Llevaba zapatos de alto tacón, con medias negras. Una falda negra muy, muy ajustada velaba o desvelaba unas ancas y un trasero ni grandes ni pequeños si no perfectos; un jersey rojo, de fina lana de angora, muy ajustado realzaba sus magníficos pechos. El amplio cuello del jersey caía por el hombro derecho hasta medio brazo revelando un suave, redondo y sensual hombro sin la mas mínima traza de tirante de sujetador. El bello rostro estaba realzado por el maquillaje y pinturas de guerra en los lugares propios: labios, mejillas, pestañas y párpados. La melena rubia, suelta, hasta por debajo de los hombros. Lentamente se acerco a mí, sonriendo, las perfectas piernas moviéndose como las de las modelos en las pasarelas, las caderas en sinuosa cadencia, los pechos bamboleando.. todo era perfecto y mucho mas de lo que yo podía soportar. No se si la ropa era mas cómoda para ella, pero para mi.. No sabia si saltar sobre ella y violarla, si pegar alaridos de placer-terror o si salir huyendo de la casa antes de hacer una barbaridad.</p>
<p>- Currito, perdona que haya tardado, pero es que no sabia que ponerme, espero que no te importe que me hay apuesto estos trapillos de estar por casa. ¡Dios, santo bendito! Me cago en los trapillos de andar por casa. Si aquello eran trapillos.. De forma incoherente, murmure algo, no recuerdo que, y ella se sentó a mi lado. Con el hombro descubierto junto a mí, cuando trataba de coger unas almendras su teta se apoyaba en mí, mientras la apertura del jersey se inclinaba hacia delante y me ofrecía una magnifica vista de su embelesadora cordillera. ¡Madre del amor hermoso! Yo sudaba por todos lados. Hacia grandes esfuerzos para dejar de temblar.</p>
<p>- ¿Tienes novia Currito? &#8211; - No Dª Amparo. &#8211; - Hoy, mi niño no te pongas colorado que somos amigos desde hace mucho tiempo. ¿No te importa que te pregunte estas cosas verdad? &#8211; - No Dª Amparo, claro que no. &#8211; Dije yo tartamudeando. Ella hizo como que no notaba mi tartamudeo.</p>
<p>- Pero con lo guapo y fuerte que eres Currito, debes tener muchas chicas a tu disposición. &#8211; -No señora, no tengo ninguna.</p>
<p>- Ay, Currito no me seas borde, deja de llamarme señora y Dª Amparo que me haces sentir muy vieja. Llámame Amparo o si quieres tía Amparo, pero no seas tan formal. Bueno, aunque no tengas novia ni salgas mucho con chicas, si que habrás hecho el amor varias veces ¿verdad Currito? &#8211; Yo debí ponerme de todos los colores. Jamas se me hubiera ocurrido que una señora como Dª Amparo pudiera preguntarme algo asi. Me imagino se me paralizo el cerebro, la lengua, la cara y todo el cuerpo. Dª Amparo mas fresca que una lechuga dijo: &#8211; Anda Currito, no seas tímido conmigo que tenemos mucha confianza y podemos hablar de estas cosas. Además, yo ya soy muy mayor, es como si fuera tu mama asi que no hace falta que te pongas colorado. &#8211; Después de toser, carraspear, tartamudear, tomar aire veinte veces y conseguir que el corazón dejara de pegarme golpes en el pecho, conseguí decir:</p>
<p>-No Dª Amparo, nunca he hecho el amor. Y usted no es tan mayor, que es muy, pero que muy atractiva. </p>
<p>- Uy mi Currito ¡que galante eres! &#8211; Asi diciendo me dio un abrazo en que claramente note sus maravillosos pechos, libres de sujetador restregándose contra mí, mientras ella besaba mis mejillas y de forma accidental tocaba mis labios con los suyos. No se como lo hizo, pero con el abrazo, los besos y otros movimientos la falda se había subido bastante y ahora dejaba a la vista los magníficos muslos. Con el tema de la conversación, los abrazos, los pechos, los muslos, el hombro al descubierto.. yo tenia una tremenda, casi dolorosa, erección que me hacia sentir muy incomodo, sobre todo temiendo que ella lo notara. </p>
<p>- Currito ¿sabes como dar besos de amor? &#8211; Ahí si que me quede sin oxigeno, respiración, o latido cardiaco; estoy seguro de que mi encefalograma quedo plano durante varios minutos, descerebrado, completamente descerebrado. Con la intensidad de mi sonrojo hubiera podido hacer de piel roja en películas del más fiel tecnicolor. Cuando recuperé el uso de la palabra articulada, creo que chamulle algo como:</p>
<p>- Do, Do, Do, Do, ña, ña, ¡Doña Amparo! &#8211; - Currito, hijo, que me llames Amparo. Además, no tartamudees y, sobre todo, no dejes de respirar tanto tiempo que me asustas; bueno, ¿sabes o no sabes besar? &#8211; - No he besado nunca, Amparo. Bueno ya sabe, no he besado.. &#8211; Ya te entiendo Currito, ya te entiendo. No me lo explico, un chico tan guapo como tú y todavía sin experiencia. Mira esto esta muy mal, en nuestra sociedad enseñamos todo tipo de tonterías como religión comparada y trigonometría esférica que no sirven para nada y las dos cosas que de verdad necesitan saber los jóvenes: Como hacer dinero y como hacer el amor, son las únicas cosas que no enseñamos. ¿Tú quieres que yo te enseñe? &#8211; ¡Madre mía que tarde! Parecía que Dª Amparo estaba experimentando para medir con exactitud lo que hacia falta para que mi corazón diera un salto, saliera de mi pecho y diera carreras por el suelo. ¿Que podía decirle yo? ¿Que llevaba meses masturbándome como un mandril obsesionado con ella? ¿Que no quería que me enseñara a hacer el amor, que lo que quería era follar a lo bestia hasta morirme? ¿Que ardía en deseos de tener aquellos dulces pechazos en mi boca y mis manos sobre aquella muslada de alabastro? ¿Que quería estar encima de ella, debajo de ella, de medio lado.. como fuera, pero con ella? ¿Que quería besar sus labios, su cuello, sus pechos, su coño, su culo, sus muslos.. ? Por fin dije:</p>
<p>- Dª Amparo, no, no, no, no se que decir, me da mucha vergüenza. &#8211; - Mira Currito, que no me llames Dª Amparo, que no me trates de usted y que a ver si dejas de comportarte como un bobo. ¿Te doy asco? &#8211; -Uy Dª.. Amparo claro que no, que me vas a dar asco, si eres guapisima y llevo meses pensando en ti.</p>
<p>- Nada mas pensando o también haciendo, ¡pillín! &#8211; Mientras decía esto, hizo un clarisimo y obsceno gesto con su mano, como sujetando un tubo, moviéndola de arriba a bajo delante de su ingle que no dejaba ningún lugar a dudas. Por enésima vez esa tarde estaba avergonzado, con la cara como el proverbial tomate y sin saber que decir.</p>
<p>- Bueno, bueno, ya veo por tu cara que no solo pensabas, sino que también hacías. Mira, no te avergüences, para mí es un honor que un chico joven y tan guapo como tu se ponga caliente pensando en mi. Anda tontin, no seas tan vergonzoso y dame un beso. &#8211; Yo viendo que se me abría el cielo, humedecí mi labios y los puse sobre los suyos. Me encanto la sensación, de mis labios contra los suyos. Separe mi boca de la suya y me quede parado sin saber que hacer o decir. Con una leve sonrisa Dª Amparo dijo:</p>
<p>- Currito.. Así no vas a partir muchos corazones. Mira, déjame hacer a mi. &#8211; -¡Leche! Puso una mano en mi nuca, se inclino, puso sus labios sobre los míos, jugó con su lengua hasta que yo abrí mi boca. Con su mano empujo mi cabeza contra la suya, metió su lengua hasta tocarme la campanilla, cuando yo conteste introduciendo mi lengua en su boca, ella suavemente la mordió. Mientras jugueteábamos con nuestras lenguas cogió una de mis manos y la puso contra uno de sus pechos. ¡Dios que sensación! por primera vez en mi vida tocaba una teta con mis manos, aunque fuera a través del jersey. Dejando mi mano en su pecho, llevó la suya a mi ingle y suavemente la movía de arriba abajo. Dado el tamaño de mi erección no tuvo ningún problema para identificar mi pene y suavemente lo acariciaba sobre mis pantalones. Yo creí que me habia muerto y habia ido al cielo. ¿Como poder describir las cien mil sensaciones que me invadían: tocando su pecho, notando su mano sobre mi pene, mi lengua, la suya.. ?</p>
<p>- ¡Ozu Currito! Parece que vas ser buen estudiante aprendes rápido. A ver, ahora hazlo tu. &#8211; Yo no me hice de rogar. Puse mi labios entreabiertos sobre los suyos y metí mi lengua en su boca y puse mi mano sobre su pecho. </p>
<p>Ella separo su boca de la mía y suavemente dijo:</p>
<p>- Por debajo del jersey Currito, por debajo. &#8211; Metí mi mano debajo del jersey y.. ¡Cristo bendito! Aquello era la gloria, tocando la maravillosa, cálida y firme teta de Amparo ¡que maravilla! Cuando pensaba que aquello era el no va mas, Amparo dijo:</p>
<p>- La otra mano Currito, con la otra mano acaríciame entre los muslos. &#8211; ¡Anda la leche! Le tocaba entre los muslos, suaves, sedosos y subí hasta la braga ¡Coño, Amparo no llevaba bragas! Toqué su vello púbico, los labios de su coño estaban bien húmedos. Me puse a cien, ya no sabia lo que decía ni lo que hacia.</p>
<p>- Amparo te quiero desnudar. &#8211; - Y ¿quien te lo prohibe hijito? &#8211; Con el mismo cuidado con que un sacerdote desvela el objeto más sagrado de su religión, yo cogí su jersey con ambas manos y lentamente lo icé. ¡Que maravilla! Que par de pechos magníficos. La tez clara, las grandes areolas rosa intenso y los pezones duros y puntiagudos. Como un loco hundí mi cabeza entre aquellos pechazos y besaba, chupaba, estrujaba, mordisqueaba.. </p>
<p>- Calma, mi niño, calma. Tienes que aprender, entre el máximo placer y el dolor hay una línea muy fina, procura no cruzarla. Me estas dando mucho gusto chupando mis teticas estrujando y besando, pero cuando muerdes me haces daño. A algunas mujeres les gusta que les hagan un poco de daño, a mi no. Así, así, chupa Currito chupa. &#8211; Aquello era la gloria ¡que carnazas! ¡que tetas! ¡que tía! Puse a Amparo de pie. Noté que la falda tenia una cremallera a un lado. </p>
<p>La abrí y la falda callo al suelo. ¡Dios bendito! Amparo habia venido bien preparada para seducirme, poco a poco a pesar de mi inexperiencia me daba cuenta que aquello no era casualidad; que ella seguro que no iba por casa todos lo días con zapato de tacón alto, medias negras, liguero de encaje gránate oscuro sujetando las medias, sin bragas y sin sujetador y con un finisimo jersey de angora. La muy zorra se habia preparado, pero.. ¡Qué bien lo habia hecho! ¡Qué buena estaba! Tenia la tripa plana, sin estrías, bien conservada, las caderas redondas y bien prominentes, el pubis cubierto con vello castaño oscuro. No podía ver el sexo tapado por el frondoso bosque, pero la muslada era impresionante. Muslos bien torneados, macizos no fofos, tirando un poquito a gruesos, tentadores, deseables, yo los tocaba, palpaba, sobaba sus ancas maravillosas, palmoteaba sus cachetes, estaba como un niño en una pastelería: Había tantas cosas que deseaba, que quería, que no sabia por donde empezar. Yo subía y bajaba como pájaro en jaula, besaba un pezón, mordis-queaba un cachete; sobaba un muslo, estrujaba una teta ponía mi mano en su sexo. ¡Dios que festín! Por fin Amparo decidió poner un orden.</p>
<p>- Mira Currito, no lo vas ha poder hacer todo en un día, así es mejor mi alma. Así volverás otros días y te enseñare mas cositas. Mira, ahora te voy a enseñar algo de lo mejor que hay en esta vida. Asi diciendo, con diestras manos soltó mi cinturón, abrió la bragueta y dejo que mis pantalones cayeran al suelo. Con gesto fluido (claramente, no era la primera vez que lo hacia) cogió el elástico de mis calzoncillos y los bajo hasta el suelo. Sin perder comba se puso en cuclillas delante de mi, con las piernas abiertas y cogiendo mi pene, ya bien duro y enhiesto, en sus manos dijo: &#8211; Currito, mi alma, buen instrumento tienes, espero que no crezcas mucho mas por que como te crezca un poco mas esta verga.. Puedes hacer mucho daño con un aparato asi. Ahora, mi niño, aprende y disfruta: aprende como se chupa una verga y disfruta de la mamada de un verdadera experta. &#8211; ¿Cómo describir el éxtasis? Aquello era increíble Amparo recorría su lengua por mi verga como si tocara la flauta, a veces se la metía toda en la boca, otras veces la cogía con su mano y me masturbaba, de repente lo dejaba y con su lengua jugaba sobre mi glande. A parte del placer y gusto que me daba, aquello era ver como un maestro artesano ejercitaba toda su maña y todo su arte. </p>
<p>Claro esta que no me pude contener, en poco mas de un minuto con un aullido me corrí como una bestia y eyacule en su boca. Amparo con autentica glotonería, no solo se lo bebió todo, si no que con una mano me ordeñaba la verga para estar segura de no se desperdiciaba ni una gota.</p>
<p>- Lo siento Amparo, estaba tan excitado que no me dio tiempo a avisarte que me llegaba el orgasmo. &#8211; - Mira Currito -dijo ella, mientras relamía mi leche alrededor de sus labios- no andes buscando palabritas cuando tu y yo estemos solos. &#8211; No has tenido un orgasmo: tu te has corrido como un toro. No hace falta que me avises de nada, me encanta la leche de macho y me beberé toda la que me quieras dar. ¿Te ha gustado mi chupada mi niño? &#8211; - Amparo es el mayor placer que he tenido en mi vida; eres y estas buenisima. &#8211; Mientras a si decía yo me arrodille a su lado para jugar con aquellas tetazas que me tengan fascinado. Las cogía con las dos manos, las estrujaba, retorcía, besaba, chupaba ¡Dios que fuentes de placer! Amparo me animaba y hasta ponía sus manos debajo de las tetorras, como si fueran bandejas y levantándolas, las ofrendaba a mi boca.</p>
<p>- Currito, parece que te gustan mis teticas, ¿eh viciosillo? &#8211; - Amparo de teticas nada, que tienes un par de melones inmensos y me gustan mas que untar pan en la salsa. &#8211; - ¿Sabes lo que es un cubano? Amante &#8211; - No Amparo ¿qué es un cubano? &#8211; - Hoy mi niño, vas a ver. &#8211; Amparo se irguió se fue al sofá y se sentó en él con las piernas bien separadas y me dijo que me acercara a ella. Me acomodo entre sus piernas, cogió mi verga que estaba medio caída, la puso en su boca y aspiro como un aspirador. Ni que decir tiene que mi nabo empezó a prestar atención. Enseguida se puso duro. Amparo lo saco de su boca, cogió sus tetas con ambas manos y juntándolas, escupió un par de veces en el delicioso valle y puso mi picha entre sus tetas. Con sus manos bajaba y subía las tetorras y cuando la punta de mi capullo asomaba por entre las dos montañas de la gloria ella le daba un lametón con su lengua. No sé que me daba mas gusto, el pajote fantástico que me hacia con sus tetorras o el ver a un artista en el zenit de su arte. Ver el arte de Amparo manejando sus pechazos era como ver a Velaquez manejar los pinceles o a Rodin manejando el cincel. ¡Que gracia! ¡Que sutileza! ¡Que eficacia! ¡Que salero! ¡Que tía! ¡Que tetas! Yo babeaba, ponía los ojos en blanco, tocaba los tetones, acariciaba su cara y murmuraba cosas incoherentes.</p>
<p>- Currito, deja de hacer ruidos como un tonto hijo ¿te gusta el cubano? &#8211; - Joder Amparo, y como no me va a gustar si es la leche de bueno. &#8211; - ¿No me la quieres hincar en mi conejillo? &#8211; - Amparo, coño deja de burlarte de mi, claro que te la quiero meter, tengo unas ganas de follarte.. que no veas. &#8211; - Vale mi amor. &#8211; Amparo se echo en el sofá, se esparranco y dijo:</p>
<p>- Ven aquí cielo, ven aquí y follame todo lo que quieras, métemela hasta el corvejón, rómpeme el coño, follame como lo que soy: una puta viciosa; hazme tuya para siempre ángel mio. &#8211; Me subí encima del sofá, me puse entre sus piernas y la ensarte con mi lanza enfurecida. ¡La leche bendita! Aquel coño era maravilloso, cálido, húmedo, acogedor, suave, ajustado, aquello no hay quien lo pueda describir, mi sensación de varón triunfador, estar encima de Dª Amparo, mi fantasía de meses, dominando mi primera mujer, mi primera follada, su sabiduría, mi placer.. Si en el Cielo no dan algo asi.. ¡no quiero ir al Cielo!</p>
<p>- Para, Currito, para no te corras todavía, te quiero enseñar otra cosa. &#8211; Yo deje bombear su almeja, y con mi verga metida hasta lo más profundo dije:</p>
<p>- ¡Coño Amparo, quiero correrme! &#8211; - Claro que si, pichoncíto mío, pero te puedes correr haciendo otra cosa, sácala mi amor, sácala. &#8211; La saque, Amparo me llevo detrás del sofá. De debajo del sofá saco unas cuerdas y dijo:</p>
<p>- Mira pichón te voy a enseñar algo maravilloso, dame tus manos. &#8211; Le di mis manos. Ella puso cuerdas alrededor de mis muñecas, me hizo doblarme sobre el sofá y luego las ato a las patas de delante con mucha tensión. Yo no me daba cuenta de lo que pasaba. Ver a aquel cuerpazo glorioso moverse a mi alrededor, las tetas bailando, el culo temblando como un flan, mis ojos pegados a sus curvas, sus carnes y no prestaba atención a lo que ella hacia. </p>
<p>Cuando quise darme cuenta mis muñecas y mis tobillos estaban atados al sofá y yo, doblado sobre el, no podía moverme. Amparo se sentó en el suelo detrás de mí, cogió mi picha con una mano y empezó a tocar la zambomba mientras su lengua sabia chupeteaba alrededor de mi ojete.</p>
<p>- Te voy a hacer el mejor beso negro de tu vida, pichón mío. &#8211; La grandisima marrana metía su lengua dentro de mi culo. </p>
<p>Después note como metía un dedo, después dos y los giraba y dilataba mi esfínter. Alternaba, dedos, besos, lengua, dedos.. Yo dije:</p>
<p>-Amparo me vuelves loco. ¿Cómo puedes besar mi culo, so marrana? ¿No te da asco? Sigue, sigue putorra que me das mucho gusto. ¡Que guarra eres, pero que bueno.. ¡</p>
<p>- Luis, ya esta listo ven. &#8211; Amparo paso por debajo mis piernas y empezó a chuparme la picha con gran entusiasmo. Cuando mas embelesado estaba con sus chupeteos note como algo gordo me entraba en el culo.</p>
<p>- ¿Que me metes en el culo Amparo? &#8211; Volví mi cabeza y ¡Hostia bendita! El vejestorio de Don Luis, lleno de arrugas y de babas me había ensartado como a una aceituna. </p>
<p>Me estaba dando por culo, sus sarmentosas manos acariciaban mi pecho y su asquerosa boca chupaba y besaba mi cuello.</p>
<p>- No, nooo, cabrones no me hagáis maricón. Jodío vejestorio, sácala, sácala cabrón que te mato. Amparo te voy a dar de hostias. &#8211; ¡Hijos de puta!</p>
<p>Yo estaba angustiado, supongo que porque a mi edad pensaba que si me daban por culo una vez ya era marica de por vida. Chillaba y berreaba como un berraco. Pero.. atado como estaba era todo lo que podia hacer.</p>
<p>- Currito, capullo, deja de chillar, mi niño que no te pasa nada malo. Mira angelito, cuando acabe Luis me la puedes meter a mí en el culo todo lo que quieras. Aguanta un poquito mi ángel, ya veras, te acabara gustando y cuando me des por culo a mi.. no veas el gustirrin que te voy a dar. &#8211; ¡Que cabrona aquella zorra! Me había engañado y seducido como a un idiota, llevaba meses planeándolo. La muy guarra estaba haciendo de chula para el marica de D. Luis. Como todas las mujeres fueran tan falsas y calculadoras como la jodia Amparo los hombres íbamos de culo. Yo trataba de moverme y escaparme pero entre las cuerdas y los dos no podía hacer nada. Tenia una furia, una ira, un cabreo.. Amparo seguía chupándomela, D. Luis seguía porculizandome y yo empecé a pensar, lo comido por lo servido. Amparo chupaba de maravilla y pasados la sorpresa y el dolor inicial, lo del culo, mientras ella me hacia una mamada profunda, hasta me gustaba. El vejestorio asqueroso que con entrecortados vahídos se me estaba beneficiando dio unos grititos, se agarro a mi pecho como un loco, tuvo unos espasmos y se cayo al suelo. Amparo siguió haciendo maravillas a mi butifarra con su boca.</p>
<p>- Suéltame Amparo, coño, desátame. El marica de tu marido ya se ha corrido, ya me puedes desatar.. &#8211; Ella siguió chupándomela un ratito y por fin, pasando otra vez por debajo de mi arco pubico desató mis tobillos y muñecas. Note que D. Luis ya no estaba en la habitación el viejo maricón había desaparecido como había venido, sin dejarse notar Yo frote mis manos y tobillos para desentumecerme. Sin que yo dijera nada, la guarra de Amparo limpio mi culo con su lengua. Yo medio llorando pregunte:</p>
<p>- Porque has hecho esto Amparo, porque, porque me has hecho un marica para toda mi vida. &#8211; - No seas tonto Currito. Porque Luis te haya hecho un hombre follando tu culo no quiere decir que seas marica. El que yo te de por culo con mi lengua, o con mis dedos ni me hace a mi un hombre ni a ti un maricón. &#8211; Yo estaba enfurecido. Cogí a Amparo por los pelos con una mano mientras con la otra la abofetee.</p>
<p>- So puta dime lo que pasa, dímelo. &#8211; Amparo me miro con odio en los ojos.</p>
<p>- Currito, no vuelvas a pegarme o no vuelves a verme en toda tu vida. Si quieres que te las razones de lo que pasado, pídelo, pero no vuelvas a pegarme. &#8211; - Lo siento Amparo, explícame que ha pasado aquí. &#8211; - Mira Currito, no sé que te habrán dicho a ti tus padres, pero yo le digo a todo el mundo que de joven yo fui una muy prometedora actriz de teatro clásico. Y una mierda. Yo era putilla de cabaret. &#8211; Cuando tenia veintidós años tuve un descuido y me quedé preñada. No me di cuenta hasta que estaba de tres meses. Por las razones que fuese no quería tener un aborto, a los cinco meses empezaba notarse mucho, no sabia que hacer. Desesperada se lo conté a un barman del cabaret que era mariquita, muy buena persona y nos habíamos hecho muy amigos. Él me consoló y me aseguro que ya encontraríamos alguna solución. Dos dias mas tarde el barman me dijo que tenia una solución. Uno de sus amantes (Luis) era de una familia muy rica y muy conservadora. Los padres no podían tolerar la idea de que el hijo fuera de la cascara amarga y le habían dicho que si no se casaba y tenia hijos lo iban a desheredar. Luis quería hacerme la siguiente proposición. Nos casábamos, nos íbamos a vivir a Madrid donde nadie nos conocía. &#8211; Cuando tuviera mi hijo (Amparito) estaríamos casados y el hijo seria legal. Nada mas teníamos que pretender que estabamos casados yo podría follar con quien quisiera sin dar escándalos, el seguiría con sus amigos, sin dar escándalo y podríamos vivir de las rentas de la fortuna y las tierras que le dejarían sus padres. Quizás no era el ideal con el que sueñan las chiquillas de quince años. Pero mejor que hacer de puta con un hijo que alimentar ya era. Nos casamos y .. vivimos felices. Ni a Amparito ni a mi nos ha faltado nunca nada, yo he tenido muchos amantes, y Luis también. Él se ha portado muy bien conmigo y quiere a Amparito mas que muchos padres biológicos quieren a sus hijos. Ahora que es viejo le cuesta encontrar amantes así que yo, por el afecto que le tengo y por lo bueno que ha sido con nosotras, de vez en cuando, me traigo a algún chaval guapo (como tu mi ángel) a casa y cuando estamos en plena faena el se beneficia un culito de chaval que buena falta le hace a l hombre. &#8211; ¡Manda huevos! ¡Que tía! Todo esto lo contaba con el mismo tono de voz con el que otros describen como hacer una tortilla o como barnizar una silla. ¡Cómo la cosa más normal y natural del mundo!</p>
<p>- Asi que tu me has seducido para que el marica de tu marido me pudiera desvirgar el culo. En realidad para violarme. &#8211; - No exactamente Currito, tu me gustas mucho, pero no soy celosa y te puedo compartir con Luis. &#8211; - Amparo, ¿recuerdas que hace un momento me dijiste que si te pegaba no me volvías a ver? &#8211; - Si, Curito lo recuerdo muy bien. &#8211; Sin decir nada mas con la mano izquierda la cogí de los cabellos y con la derecha le di diez o doce hostias con todas mis fuerzas. </p>
<p>Cuando solté sus cabellos se cayo al suelo medio desmayada. La cogí por los sobacos, la levante y sentándome en el sillón la tendí sobre mis piernas y empecé a azotar como un salvaje aquel culote maravilloso. Amparo, empezó a gritar y llorar pero pronto se acabaron las fuerzas y lo único que hacia era gimotear. Cuando la mano me dolía y no podía pegar mas, deje de azotarla y la puse de rodillas frente a mi. La cachonda, segura de si misma y dominante Amparo, no estaba tan dominante ni tan segura con churretones de rimmel cayendo de sus ojo marcando surcos en su maquillaje.</p>
<p>- Amparo, ¿Sabes porque te he pegado? &#8211; - No, Currito dijo gimoteando. &#8211; - Porque no solo eres una mala puta, pero estas haciendo de chula para el marica de tu marido y porque encima has tenido los huevos de amenazarme. Tu a mi no me amenazas so guarra. Vendré aquí cuando quiera, te follare como y cuando quiera y si rechistas te monto un escándalo en la vecindad de mil pares de cojones y os denuncio a la policía a ti y al marica de tu marido como corruptores de menores. ¿Te enteras de quien manda aquí? &#8211; Me pareció que un relámpago de ira cruzaba sus ojos. Rápidamente cogí su pelo con mi mano izquierda y levante mi mano derecha. Amparo bajo los ojos con humildad y dijo:</p>
<p>- Si Currito, tu mandas. &#8211; - Vamos a ver si nos enteramos todos. Dile al marica de Luis que venga aquí. &#8211; Llamo a Luis y el viejo, acobardado vino al salón.</p>
<p>Mira Luis, como vuelvas a tratar de pillarme de sorpresa otra vez te muelo a palos. Voy a venir aquí cuando quiera a follarme a la putorra de tu mujer. Si prometes no hacer ruido te dejare mirar. De vez en cuando quizás te deje que me la chupes, igual yo te doy por culo alguna vez y el día de tu santo, quizás te dejare que mientras tu mujer me la chupa tu me des por culo. ¿Te enteras?</p>
<p>- Si Paco, me he enterado. &#8211; - Anda chúpamela cabrito. &#8211; El viejo puso cara de gustirrin y empezó a chupármela. No era ni la mitad de bueno que lo que hacia su mujer, pero.. no estaba mal. Mientras el viejo me la chupaba yo miraba a Amparo a mis pies. Ella tenia una cara de confusion pero a pesar de la paliza que le había dado, seguía estando buenisima y aquellos melonazos suyos me volvían loco. Al verla asi, rendida, dominada por mi me excitaba aun mas. Mi pija se empalmo bien empalmada.</p>
<p>- Luis, ahora chúpale el culo a Amparo. &#8211; - Paco, que a mi las mujeres.. me dan mucho asco. &#8211; - Chúpale el culo o te inflo a leches. &#8211; El vejete le chupo el culo, cuando me pareció que estaba bien lubricado, le aparte y dije:</p>
<p>- Mira Luis, mira, como le follo el culo a la puta de Amparo. &#8211; Sin mas ceremonia, agarre las caderas de Amparo y envaine mi espadón en su culo. Ella respingó y pego grititos pero yo sin hacer caso metia y sacaba mi verga con embeleso. ¡Que bueno! Aquel culo era casi mejor que su boca. Esa mujer era un manantial de placer, me volvía loco de gusto. Me incline sobre ella, cogí sus tetorras con mis manos y macere su culo a conciencia. Amparo como buena yegua, culeaba, cogió mi ritmo y se empalaba al máximo, tenia miedo que se metiera hasta mis huevos. ¡Dios que hembra! No me pude contener mas y derrame toda mi leche dentro de su culo, mientras abrazado a ella, magreando sus tetas, en éxtasis, susurraba:</p>
<p>Amparo, amparo.. </p>
<p>Como pude me levante, cogi mi ropa, fui al cuarto de baño y me asee un poco. Cuando volví al salón, Luis se había ido y Amparo se había puesto la falda y el Jersey. Me pareció el momento de imponer autoridad.</p>
<p>Me cago en la leche Amparo, quien te dijo que te vistieras.</p>
<p>Ella me miro sorprendida, pero al ver el gesto duro de mi cara, rápidamente se saco el jersey mientras decía:</p>
<p>- Hay, perdona Currito, hijo no sabia que todavía me querías en pelotas. &#8211; - Como no te voy a querer en pelotas, so guarra, si tienes unas tetas que me vuelven loco. Recuerda, aquí mando yo. A partir de ahora nada mas follas conmigo y cuando me de la gana vendré aquí y te follare por donde quiera. ¿Me has entendido? &#8211; - Si pichón, tu eres mi amo y único amante. &#8211; - Así me gustas, jodia, así me gustas. &#8211; Como premio le di un besazo en la boca y un par de suaves azotes en el maravilloso culazo y salí del piso. Mientras bajaba por la escalera silbando, iba bien satisfecho de mí mismo. Había ido a casa de Amparo como un tierno corderillo dominado por una mujer y salía de allí tres horas después como fiero león, amo de la manada y follador experimentado. Cuando entre en casa me sentía muy bien, en la cumbre de una montaña, el rey del mundo.</p>
<p>- Paco, ¿donde has estado? Me tenias preocupada. &#8211; - Lo siento, mama, &#8211; Me incline, le di un beso en la mejilla a mi madre y con toda la frialdad del mundo me invente un cuento sobre la marcha.</p>
<p>- En el portal me cruce con Dª Amparo, le ayude a subir unos paquetes y resulta que se le habían fundido los plomos, así que la ayude a arreglarlos pero tenia una lampara haciendo un cortocircuito, así que pase tiempo haciendo de electricista, arreglando varios cables y aparatos. &#8211; - Podías haber llamado diciéndome donde estabas, pero me alegro mucho de que ayudes a Dª Amparo. Además de ser muy amiga mía es muy buena persona y como D. Luis ya esta muy viejo, me temo que para arreglos así no tiene a nadie. &#8211; - No te preocupes mama, que a partir de ahora la visitare al menos una vez por semana a ver si necesita algo. &#8211; - Gracias hijo. Bueno me voy a preparar la cena. &#8211; Cuando mi madre salía de la habitación, me di cuenta que con sus cuarenta y cuatro años estaba bien rica, tenia buen tipo, alta, buenos pechos, cintura estrecha y un trasero.. ¡Vaya por Dios! </p>
<p>Con un poco de suerte, igual convencía a mama de que necesitaba un electricista.</p>
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		<title>Conoció a una jaca de mujer</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:43:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi nombre es Juan, tengo 35 años, bastante tímido ( de pocas palabras), bien situado sin más detalles, practico bastante deporte por lo que mi cuerpo se conserva mas o menos bien. </p>
<p>Quisiera poneros en situación y detallaros los preliminares ya que es lo mas me gusta de vuestros relatos, una vez entrado en materia la variación es mínima.</p>
<p>Empezaré por deciros que estando en casa me quedé sin tabaco ( los fumadores/as me entendéis), como era nuevo en la zona, observé un pequeño bar al otro lado de la carretera, por lo que me dirigí a él, una vez en el interior observé la maquina expendedora frente a la puerta, introduje las monedas y salió el producto requerido, mientras realizaba dicha operación pude observar el ambiente reinante, la gente era mayor, predominantemente obreros de la construcción por lo que existían numerosas copas de licor, detrás de la barra adivine una mujer con unos cuarenta y cinco años, que charlaba animosamente con los clientes, su voz era rasgada, y vestimenta no demasiada cuidada, al hallarse de perfil no la vi su cara no obstante si apercibí el tamaño de los pechos de la misma, no teniendo una visión clara ya que lo cubría algo de su cabello.</p>
<p>&#8230; Al poco tiempo y acordándome de aquel avistamiento, dejé el tabaco en casa y me dirigí a comprar, mi sorpresa fue al denotar que el monedero únicamente aceptaba Euros y yo aun tenía pesetas, por lo que solicite el cambio, ante mi apareció esta mujer se llama Josefa, le explique el problema y lo solucionó con efectividad, aprovechando que estaba el bar con poca gente le pedí una consumición y mantuvimos una pequeña conversación casi toda basada en el cambio de moneda, el engorro de existir dos monedas a la vez. Esta vez si aprecie su cara, realmente bonita para dicha edad, cuando se dirigía a atender al respetable mi mirada se dirigía a su culo, precioso alto y respingón entallado en un vaquero ajustado cuya costura se perdía por la raja de su trasero. Continuando con la conversación notaba algo extraño en el conjunto, analizando la primera visión adiviné que el pelo que no dejaba ver sus pechos en su totalidad era castaño claro, media melena y rizado, pero ante mi tenía una mujer con cabello negro corto sobre los hombros, aunque seguía desaliñada en su vestimenta. Me atreví a hacerle el comentario y exponerla que dicha modificación le sentaba realmente bien, incluso la dije que estaba muy guapa, ante esto noté como sus ojos brillaban adoptando una postura mas coqueta, sin duda había dado en el clavo, supongo que nadie se lo había dicho, y estas cosas gustan a las mujeres, para no meter la pata decidí finalizar este encuentro no sin antes decirla que mañana pasaría a tomar algo, cosa que le produjo algo de satisfacción por la media sonrisa de complicidad que esgrimió.</p>
<p>&#8230; Al día siguiente y a tenor de la visita de unos compañeros laborales, dispuse tomar el aperitivo en su local, éramos tres y nos alojamos al final de la barra, por lo que contemplábamos todos sus movimientos, mis compañeros me decían &#8220;vaya Jaca&#8221;, comentaron ya sabemos por estamos aquí?, me conocen y saben de mi gusto por este tipo de mujeres, cuando se percató de nuestra presencia vino corriendo con una amplía sonrisa, parecía que me estaba esperando, esta vez se hallaba maquillada, con una indumentaria en dos piezas pantalón-blusa le quedaba grande por lo que intuí que era de estreno, ya que en repetidas ocasiones lo tenía que subir y siempre sin dejar de mirarme, sus ojos centelleaban como nunca, aquel desaliño se convirtió en semi-elegancia, por dentro pensaba &#8220;creó que esto es por mi culpa&#8221;. En ese momento me dije, esta mujer ha de ser mía , aunque solo fuera por un día.. Insitu maquiné la estrategia, escondí unas llaves viejas de mi otra residencia tras el teléfono publico de sobremesa que estaba a mi lado, con mucho cuidado de no ser visto, tenía una excusa para volver esa noche, ya que me comentó que esa noche cerraría el bar.</p>
<p>&#8230; Obtuve el teléfono a través del listín telefónico, y descolgué el auricular, allí estaba ella, le comenté la incidencia y me contestó afirmativamente, había guardado las llaves en un cajón, por lo que la manifesté mi intención de recogerlas, pregunté por la hora de cierre, ya que trabajaba esa tarde (mentira), pero era la prolongación de mi plan.</p>
<p>&#8230; Llegada la hora convenida me trasladé al lugar, mi sorpresa fue mayúscula cuando detrás de la barra se hallaba un hombre mayor, enseguida adiviné que era su esposo, menuda frustración, permanecí allí un tiempo y no le comenté nada de las llaves, esperaría otra ocasión , sin mas dije adiós y me fui, a la salida observé la llegada de un todo-terreno completamente nuevo, de allí bajó ella, que me llamó insistentemente y me dirigí hacía el lugar, &#8221; Has venido a por las llaves&#8221;, contesté afirmativamente, pasa al bar que creo que las tengo allí, pasamos juntos, manifestando que venía de cenar con su hermana, me presentó a su marido corroborando mi idea original, entonces él me dijo porqué no le había preguntado, pero no podía exponerle mi plan, inventé una salida casual, Josefa revolvió los cajones sin resultado, comentando las tengo en el coche cosa que extrañó de sobremanera a su marido, no entendía la causa, pero a mí me gustó el detalle, me pidió que la acompañara, casi como un robot la seguí. En el camino la observé de arriba abajo, vestía un body -pantalón de una sola pieza en color negro muy ajustado, en parte superior una chaqueta mismo color que remataba por encima de la cintura tipo torera, zapatos altos negros alcanzaba un total de 1,75 metros de hembra pura y dura, la tela no podía sujetar el contoneo de sus glúteos, visión realmente extraordinaria. Abrió la puerta, se subió a las estriberas del Jeep, y bajo la cabeza, las llaves se hallaban en la bandeja inferior junto al cambio de marchas, su culo apareció ante mi, todo voluptuoso ,ensanchado por la forzada postura, la tela no disimulaba las costuras de sus bragas, que sin ser un tanga eran pequeñas, si no fuera por mi cordura y vergüenza me hubiera lanzado allí mismo, permanecí a escasa distancia, Josefa introdujo su cabeza por debajo de su axila derecha con una mirada lasciva me dijo:</p>
<p>¿Te gusta?, Esta muy poco usado. Le dije ¿el qué?, instantes después comenté SI, yo me refería a su culo.</p>
<p>¿Quieres verlo?, SI, me encantaría, estaba a tope.</p>
<p>Es nuevo tiene una semana, y me dijo que el cambio era automático, se refería a su coche, yo sin en cambio a su trasero, pero seguro que ella adivinaba mis pensamientos ya que reía abiertamente.</p>
<p>Me puse a su lado y observé su interior, me dejó un manual del turismo donde describía sus características técnicas. Me dispuse a echarlas un vistazo, tenía los brazos en ángulo recto para leer su contenido, ella pego su cabeza a la mía para acompañarme en la lectura, estaba demasiado pegada y deposito su teta derecha sobre mi antebrazo, me miraba de reojo y sonreía descaradamente, era tremenda al menos debería usar una talla 115, yo movía el brazo de arriba a abajo y ella se dejaba hacer, seguía muy pegada, me leí todo el resumen, a esas alturas yo estaba totalmente excitado.</p>
<p>&#8230; Me comentó que diría a su marido que la permitiese irse a casa a cambiar de ropa, ya que era nueva y la ensuciaría en el trabajo, allí me manifestó que la esperase en el próximo cruce, lejos de la visión de su marido y si quería me dejaría conducir el vehículo.</p>
<p>&#8230; A los cinco minutos, se presentó se apeó y cambió de posición, dejándome el puesto de conducción, me indicó el camino, se sentó de frente a mí apoyando su espalda sobre la puerta y con la luz encendida me miraba de arriba abajo, yo tenia la tienda de campaña puesta, cosa que no le pasó desapercibida, de pronto se apoyo en mi hombro diciendo que se hallaba cansada, ya que la cena había sido agotadora.. Mientras yo, permanecía turbado y aquello iba en aumento, motivo por el cual y al ser automático el cambio la conducción no era realmente buena, cosa notoria, entonces me dijo no te preocupes al principio me pasaba lo mismo, alegando que a ella le gustaban los cambios manuales pero su marido insistió en este modelo. Seguíamos hablando del dichoso cambio cuando noté su mano en mi paquete, abrió la cremallera y extrajo mi polla, comenzó a simular las cinco marchas y la marcha atrás sobre mi pene, &#8220;Este es el cambio que realmente me gusta&#8221; y tras varias secuencias bajo su cabeza y se lo metió entero en su boca, chupaba como si se le acabará el mundo, lo asió con la mano izquierda y con la derecha me tocaba suavemente los huevos, que sensación mas placentera acrecentada por la tomadura de pelo hacia su marido. Estacioné el vehículo en un lugar apartado y sin más le dije que me mostrará sus tetas, se bajo la parte de arriba y allí aparecieron dos enormes ubres, cubiertas por un sujetador de encaje negro que apenas podía contenerlas, se lo bajé de golpe y comencé a chupar esos grandiosos pezones coronados con una aureola descomunal en marrón café que me volvía loco, ella no paraba de gemir y decirme &#8220;No pares por favor, No pares&#8221; hace mucho tiempo que deseaba sentir una lengua por ellos. Baje mi mano a su entrepierna y le palpe todo su extensión los juegos habían traspasado las finas telas de las bragas y pantalón. Como intuía, era una autentica Jaca, deseosa de caricias, era una lucha sin igual ,cada uno quería poseer los atributos del otro. Salí del turismo y me dirigí hacia su puerta, la abrí me estaba esperando, la quite el conjunto quedando únicamente las bragas, estas hacían conjunto con el sujetador, que ya no sabía donde estaba, la saque las piernas las deposité en mis hombros y comencé a lamer su coño sin quitarla las bragas, aquello era una locura Josefa me tiraba del pelo e introducía mi cabeza cuanto podía, sus flujos rezumaban en cuanto cantidad y olor, con un hábil movimiento la extraje sus bragas, apareció una tremenda mata de pelo, como tiene que ser y no tanto rasurado como hay hoy en día, con mis pulgares abrí aquella raja y me dedique a chupar todo su contorno. Extraje su clítoris del caperuzón y concentre todas mis energías en este, nuestro aliado, comenzó a dar unos grandes botes, preliminares del tremendo orgasmo que su sucedió, yo sin querer acabar continué con mi faena, ahora mientras seguía en el clítoris introduje los dedos índice y anular en su vagina con la palma hacía arriba, le tocaba la franja superior interna de su vagina localizando el supuesto Punto G, me entregue como un poseso y bien que lo tenia que hacer por que Josefa no paraba de hacer movimientos y de decir obscenidades, proseguí con mi lengua esta vez movimientos verticales para alcanzar toda la longitud de su chocho, la alcé aún más sobre mis hombros y descubrí un agujero estriado negro recubierto por algunos pelillos, cosa que me excito de sobremanera, lo chupe con todo mi alma, al principio por las cercanías y después en aquel hoyo al meterle la lengua , Josefa se corrió de nuevo, me pedía desesperadamente mi polla, yo hacía oídos sordos y no la dejaba hacer, continué mi trabajo, metí el dedo en su coño y rebané sus jugos a continuación lo introduje en su ano, no me decía nada , uno, otro hasta tres, resoplaba como una yegua en celo, se apeó de mis hombros y con un ansía desmesurado cogió mi polla y la tragó entera, me colocó en su antigua posición y me chupo de arriba abajo, dedico un especial tiempo a mis huevos, que apretaba con una de sus manos haciéndome algo de dolor, se lo comunique pero no hacia caso, estaba embebida en su quehacer, yo estaba a punto de correrme hacía notables esfuerzos para que no sucediera, ya que deseaba poseerla. No pude más y adivinando mi intención se la metió en la boca y se dispuso a recibir la descarga, se lo trago todo no cayó nada al suelo, se relamía y metiéndose los dedos en la boca se acariciaba el coño.</p>
<p>&#8230; Me dijo ahora me la vas a meter, y yo le contesté no sé si podré en tan poco espacio de tiempo, Si seguro que podrás, ahora verás, de nuevo me la chupó en un estado de media flacidez, pero sabia lo que hacía, me reclino hacia atrás y me pasó la lengua por el culo, de vez en cuando introducía su lengua por mi orificio y mano de santo, mejor dicho lengua de santa, allí resucito mi miembro, cuando opinó que estaba preparado se dio la vuelta y dijo enchúfala, sin pensarlo obedecí y comencé a bombear cuanto mis fuerzas pudieron, ella extendió su mano por debajo y comenzó a masajearme los huevos, mi polla crecía cada vez más y ella disfrutaba, sin más cogió mi herramienta y lo puso en la entrada de su culo y la metió un poco, dijo déjala ahí hasta que se acomodó, con ambas manos tomo mi culo y de un fuerte tirón desapareció de mi vista, estaba toda dentro, mis huevos pegaban en su coño, ahora &#8220;empuja como un cabrón que es esto es lo que mas me gusta&#8221;, de vez en cuando hacia girar su culo para que mi polla llegara a todos sus rincones, con una mano se estaba pajeando y llegó el orgasmo para ambos, rogándome que me corriera en su interior, la deje allí hasta que la fuerza de la gravedad se hizo cargo de la situación, ella se resistía y apretaba los músculos de su ano para que no saliera su apreciada prenda.</p>
<p>&#8230; Nos fundimos en un beso y mirando su reloj me dijo que era muy tarde y debía volver al bar, ya que era la hora de cerrar. Le comenté &#8220;No te has cambiado de ropa&#8221;, &#8220;Que vas a decir a tu marido&#8221;, No sé, ya inventaré algo por el camino.</p>
<p>Hoy te enseñado el coche, pero vas alucinar cuando te enseñe mi casa, pero esta será mi próxima historia si vosotros lo pedís.</p>
<p>Ahora he comprendido que la madurez de las mujeres no impiden que disfruten como jóvenes, y a esto hay que añadir su terrible experiencia, desde este día busco como loco este tipo de mujeres.</p>
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		<title>La vieja. Todos contra una.</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:43:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una noche de verano y me encontraba tomando una copa, solo, en un bar donde el levante era habitual y las edades oscilaban de 20 a 50 años. En esa época vivía con 2 amigos en una vieja casa, donde todas las habitaciones daban a un patio en común. Esa noche estaba sentado en la barra tomando un Gancia y una mujer de unos 45 años se sentó a mi lado. Sus ojos estaban llorosos y no se la veía bien. Con ropa un tanto suelta, la blusa dejaba ver sus pechos, que eran grandes y tostados por el sol. Su pelo era dorado y tenía una boca muy sensual...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era una noche de verano y me encontraba tomando una copa, solo, en un bar donde el levante era habitual y las edades oscilaban de 20 a 50 años. En esa época vivía con 2 amigos en una vieja casa, donde todas las habitaciones daban a un patio en común. Esa noche estaba sentado en la barra tomando un Gancia y una mujer de unos 45 años se sentó a mi lado. Sus ojos estaban llorosos y no se la veía bien. Con ropa un tanto suelta, la blusa dejaba ver sus pechos, que eran grandes y tostados por el sol. Su pelo era dorado y tenía una boca muy sensual.</p>
<p>Al rato de estar sentados juntos le pregunté si se sentía bien, a lo que contestó que estaba aburrida y harta de estar sola. Tal confesión me dejó atónito y le pregunté si me quería contar lo que le sucedía con más lujo de detalles, a lo cual accedió. Me dijo: &#8220;Estoy cansada de que mi marido salga por las noches con sus amigos y me deje sola en casa como un trapo viejo. Por eso estoy acá tratando de distraerme un poco. Creo que estoy bastante bien como para que me estén cambiando por mujeres más jóvenes que no saben nada de la vida&#8221;.</p>
<p>Ahora sí quedé paralizado sin saber qué decir, pero al instante se me ocurrió algo y le dije que era una mujer muy hermosa y que no merecía eso, que yo le proponía una noche mejor y que si quería nos podíamos ir de allí para charlar mas tranquilos. Ella accedió.</p>
<p>Como se pueden imaginar, con mis 22 años no tenía auto pero ella sí. Salimos del bar y nos dirigimos a un Mercedes de película. Cuando llegamos me dio las llaves y me dijo &#8220;Manejas vos&#8221;. &#8220;¿Dónde querés que te lleve?&#8221;, le pregunté.&#8221;Adonde quieras&#8221;, dijo. Y encaré para mi casa.</p>
<p>En el camino podía ver sus piernas perfectas a través de una pollera muy corta que dejaba ver el final de unas medias caladas de color negro que solo se sostenían por un portaligas. Para ese momento estaba al palo y ella lo notó. Comenzó a acariciarme la cabeza con sus finas manos, que terminaban en unas uñas de color violeta, y en un momento se acercó a mi oreja y la comenzó a lamer con una pasión descontrolada. Eso me puso doblemente al palo. Con la otra mano comenzó a tocarme el bulto, masajeándolo con la palma de arriba hacia abajo. Yo ya estaba enloquecido y trataba de manejar y no perderme nada al mismo tiempo.</p>
<p>Mi mano llegó hasta sus faldas. Acariciando las piernas llegué hasta la concha, que estaba jugosa y caliente. Mientras me violaba la oreja con su lengua, su mano abrió el cierre de mi pantalón y extrajo mi verga, acariciándola con una suavidad que a punto estuvo de hacerme eyacular. De repente bajó su cabeza y comenzó a chuparme la pija lentamente, acariciándola con su lengua, hasta que no pude más y la acabé en la boca llenándola de leche. Ella, en ese momento, saboreó mis jugos y se los tragó sin decir nada más que gemidos de placer.</p>
<p>Mientras acababa y ella me limpiaba con su lengua , apretó mi mano, que estaba en su entrepierna, con tal fuerza que pensé que me la rompía al mismo tiempo que frotaba sus piernas descontroladamente. Guardó mi pija, se incorporó, sacó de la cartera un pañuelo y se limpió. Luego se acercó y me besó, dejándome el mismo gusto a leche que ella tenía en su boca. Me preguntó cuándo llegábamos porque tenía ganas de cogerme toda la noche y no aguantaba más. Dijo que esto sólo era una muestra gratis de lo que su marido se perdía por no estar con ella. Me preguntó si vivía solo, a lo cual respondí que éramos tres y que los otros estaban de joda. Momentos después llegamos a mi casa. Me fijé que estuviéramos solos y entramos.</p>
<p>Ya adentro, ella pasó al baño y yo me puse a preparar un ron con hielo para entonar aún mas la noche. Cuando salió, tenía la blusa desprendida y se confirmaba lo que había visto: dos pechos enormes que rebasaban el corpiño de lo apretado que estaba. Se acercó y me besó, metiendo su lengua hasta la garganta. Tomamos el ron de un trago y nos fuimos a mi habitación, que era la primera de las tres, llevándonos la bebida espirituosa.</p>
<p>Puse música suave y bailamos lentamente, manoseándonos sin dejar ni un lugar por explorar. Comenzamos a desvestirnos y la puse de cara a la pared dejando su espalda al descubierto, la cual terminaba en una bombacha de encaje muy pequeña que dejaba ver sus muslos firmes y su piel tostada.</p>
<p>Mi lengua hizo todo el trabajo, desde la nuca hasta su culo la chupé por todos lados. Cada vez que cambiaba de dirección la lengua, ella gemía y se estremecía mostrando lo excitada que estaba. El espasmo mayor llegó cuando bajé su diminuta bombacha de encaje y le comencé a chupar la raya del culo alternando con mordiscones y pequeños golpeteos en sus muslos. Estaba entregada y en su máximo relajo. Cualquier cosa que hiciera se dejaría, y eso era una ventaja.</p>
<p>Me paré detrás de ella y comencé a frotar la raya de su culo con mi pija y a decirle cosas como &#8220;tu marido ahora está con otra pendeja que le chupa la pija y se deja coger por todos lados, le chupa las tetas y&#8230;&#8221;. Eso la puso más loca, se dio la vuelta y comenzó a chuparme la pija enloquecida, apretando mis nalgas y gimiendo hasta que se paró y me pidió por favor que la cogiera porque no podía más, que quería ser como esa pendeja que se estaba cogiendo a su marido y que no le importaba lo que le pudiera hacer esa noche.</p>
<p>En ese momento la puse en cuatro patas sobre la cama y la penetré con toda mi fuerza, cabalgándola descontroladamente. Ella me pedía más y en cada embestida la metía hasta el fondo, chocando contra el final de la vagina, a lo cual ella respondía con gritos de dolor y gemidos de placer.</p>
<p>Cuando estaba a punto de llenarla de leche se la saqué, le chupé la concha, que estaba toda mojada, y la puse boca arriba pidiéndole que me mirara a los ojos. Cuando la penetré vi su cara de placer, y su boca me susurraba &#8220;más, más&#8221;. La cara de puta que ponía me llevó a lo máximo y le llené la concha de leche al mismo tiempo que gritábamos y ella tenía otro de los tantos orgasmos.</p>
<p>Después de ese momento cumbre nos tiramos en la cama y nos manoseamos mutuamente. Sus tetas eran perfectas. Se notaba que hacía top less porque estaban tostadas por igual. Sus pezones eran enormes y duros.</p>
<p>Preparé otro ron y continuamos bebiendo y hablando de boludeces. Por el cuarto ron ella ya estaba bastante mareada y comenzamos el acto sexual nuevamente, pero&#8230; ya no estábamos solos. Mis dos colegas habían llegado y ella no lo había notado. Se fue para el baño y tuve la oportunidad de hablar con mis amigos y contarles lo ocurrido.</p>
<p>Cuando regresó en estado de ebriedad le propuse un juego: hacerlo con la luz apagada. Y ella accedió. Nos tiramos sobre la cama y comenzamos a manosearnos. Nuestros cuerpos comenzaron a transpirar y eso hacía que el placer aumentara. De repente, sin que los viera, mis amigos entraron y apoyaron lentamente sus manos sobre su cuerpo, estremeciéndolo, y ella, en su borrachera, sólo se excitó más y no dijo nada.</p>
<p>Después de varios segundos de franeleo susurró &#8220;me gusta cuando somos más de dos&#8221; y esa fue la gota de leche que rebosó nuestra calentura. Los tres sobre ella la toqueteábamos y sólo decía &#8220;más, más&#8221; gemidos. En ese momento, uno de mis amigos, Juan, le ofreció la pija y ella se la comenzó a chupar de una forma brutal, con largos movimientos de cabeza que recorrían toda su erección.</p>
<p>Martín, por su parte, la giró, la puso a cuatro patas y comenzó a chuparle el culo y la concha, empapando toda la zona con su saliva. Yo me dediqué a mirar cómo mis amigos la tenían en jaque por todos lados y así pude descansar un poco para poder continuar esta noche de sexo.</p>
<p>Después de ensalivarle bien el culo, Martín la puerteó con sus dedos y ella se quejó y le pidió que lo hiciera despacio, que era estrecha, a lo cual él replicó con dos dedos que entraban apretados y taladraban su oscuro agujero. Habiendo abierto camino, la tomó por las ancas, le afirmó la pija en el agujero y, de un sólo empujón, la penetró sin piedad. Ella gritó de dolor y de placer a la vez y pedía más mientras chupaba la pija de Juan con una habilidad inusual.</p>
<p>Embestida tras embestida, estaba siendo ensartada como brocheta por todos lados, hasta que Juan, en su punto máximo, gritó de placer y acabó en su boca, como hacía un rato había hecho yo. Sin dejar caer una gota, ella se tragó toda la leche y le lamió la pija hasta dejarla seca. Exhausto, Juan cayó sobre la cama. Ella me miró y me dijo &#8220;quiero que me cojas por el culo&#8221;, y no tuve más remedio que aceptar.</p>
<p>Martín sacó la pija y se puso de espaldas en la cama. Ella se montó sobre él y se metió la pija en la concha a la vez que, con la mano, me llamaba para que la penetrara. Esta era una sensación nueva para todos ya que nunca nos había pasado esto de coger por el culo y la concha a la vez. Pero parece que para ella no era la primera vez.</p>
<p>Me monté como un perro y la comenzamos a coger. Estábamos como locos. Ella gritaba y nosotros también, hasta el punto de que nos descontrolamos y ella pedía más fuerte. Yo la tenía metida hasta el fondo y no la tengo muy chica que digamos, y Martín la metió hasta el fondo y no se la sacaba. Juan, que miraba, comenzó a chuparle las tetas y a morderle los pezones. Era toda una maraña de cueros hasta que, entre gritos y espasmos, acabamos casi todos juntos llenándola de leche por todos lados.</p>
<p>Exhaustos y tirados en la cama, los tres nos quedamos quietos mientras ella se chupaba la leche que tenía por todo el cuerpo, hasta que nos quedamos dormidos en la cama. Cuando me desperté, casi de día, sólo éramos tres y ella ya no estaba. Digo ella porque nunca supe su nombre y jamás la volví a ver. Siempre que cuento esta historia la nombro como &#8220;La vieja&#8221;.</p>
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		<title>Amar el odio</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:42:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[La luna de miel ella la pagó, como todo lo demás. La gente nos tenía, a donde quiera que paráramos, un rostro particular, una cara de compasión de la gente de verme abrazado a ella, con mis veintiséis años muy bien formados y sus muy entusiastas cincuenta y uno. Pero mentiría si dijera que me importaba mucho, pues cada cual su vida sexual, lo que sí, en veces odiaba a la sociedad por sentirse superior a mí. ¿Cómo decirlo?...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La luna de miel ella la pagó, como todo lo demás. La gente nos tenía, a donde quiera que paráramos, un rostro particular, una cara de compasión de la gente de verme abrazado a ella, con mis veintiséis años muy bien formados y sus muy entusiastas cincuenta y uno. Pero mentiría si dijera que me importaba mucho, pues cada cual su vida sexual, lo que sí, en veces odiaba a la sociedad por sentirse superior a mí. ¿Cómo decirlo?, de repente tenía frente e mí a un imbécil, perdedor y muerto de hambre, un pendejo total que ignoraba la vida que me había dado yo hasta ahora, un estúpido que nunca en su vida había recibido una buena mamada, un cabrón que tal vez pasa sus noches frías, o masturbándose mientras piensa en la vecina, siempre con el bolsillo vacío, incapaz de moverse de su terruño por tener empeñada el alma y la de su descendencia, y ese pedazo de mierda era el mismo que volteaba a verme con lástima, como sintiendo pena por mí, ¡Por mí que era más exitoso y dichoso que él en todos los campos presentes o futuros!.</p>
<p>¿En qué medida mi matrimonio con Jimena me puso en contra del mundo? No lo sé, pero mi viejo teorema del fetiche se recrudeció. Antes pensaba que la gente elegía sus fetiches particulares para acotar su deseo y exaltar su excitación por algo particular. Ahora me parecía todo muy confuso. De Los Cabos tomamos un crucero que recorrió toda la península de Baja California, para luego desviarse a Hawai. Se me hizo una tontería irnos de luna de miel a puras playas y cosas así, pues la Baja es un sitio tan hermoso que no precisaba de mayores escenas de mar, vaya, me hubiera gustado que nos fuéramos a París, Praga, el Congo, algún lugar que no tuviera qué ver con la belleza cotidiana.</p>
<p>Ese viaje fue muy ilustrativo, y mis conclusiones eran que el mundo estaba hecho de odio y no de amor. Éramos de los pocos mexicanos que podíamos pagar ese crucero, o al menos, de los pocos en que coincidió la posibilidad económica y el deseo de abordarlo. Los americanos jubilados que gozaban de su pensión a bordo de ese crucero lo hacían bajo una especie de subsidio o tiempo compartido, por lo que no era necesario que fueran ricos para ir ahí, eran viejos muchos de ellos, en su mayoría vestían como adolescentes de mal gusto, querían robarle a la vida algo de juventud a punta de entusiasmo, y parece que la vida les dejaba bien en claro que podrían jugar a la juventud, pero dejándoles en claro que era una ilusión, que morirían, y pese a su alegría de ojos vidriosos, tal cual si este paraíso fuese el dulce sueño que precede al bien morir, nos miraban con desprecio, en especial a mí por ser de raza bastante mexicana. A Jimena no la odiaban tanto porque su porte podía pasar por el de una mujer europea, pero yo no, yo era despreciado por ser mexicano, no lo decían, lo expresaban con la mirada, lo hacían evitando nuestra mesa, pasándose a partes del barco en que no estuviéramos, e incluso más de una vez, al ir yo al baño estando en el restaurante, más de uno me hacía señas pensando que era el mesero.</p>
<p>Cada cual haciendo valer sus puntos buenos. Una vez, parecía que leyera las mentes de los comensales en la mesa. El norteamericano sonriendo con su cara de potencia mundial, con sus rostros blancos casi rojos de tanto sol, quemados como el dorso de una lagartija que ha quedado atrapada de una pata por una roca, hablando en dólares, de su heroísmo mundial, de sus negocios; un japonés tomando el pan de una forma casi despectiva y eligiendo palillos para comer, diciéndonos que nuestra cultura le importa lo que una cagada de perro, qué él no pediría nada a ningún occidental, que a sus espaldas llevaba una alma samurai que reencarnaría las veces que fuera para fregar a nuestras almas que sólo aparecen una ocasión en la eternidad, prometiendo que su alma viviría muchos cruceros como éste mientras las nuestras esperarían enterradas aguardando el burocrático juicio final, con sus ojos rasgados de yen dejaba en claro que su país era también una potencia pese a sus desventuras; una pareja de judíos bendecían a su manera los alimentos y presumían que el único Dios ya los había elegido a ellos y que todos los demás éramos una bola de culeros que importábamos una nadedad, según se miraban a los ojos, marido y mujer les decían a los otros que por ser carne judía no sería tocada por ninguno de nosotros, salvo que también fuésemos judíos; un árabe era el que con más desdén los miraba, seguro de que tarde o temprano los matarán a todos, con su mirada machista el pequeño jeque echaba el vistazo en el escote de las mujeres de los demás, por si alguna de ellas quisiera casarse con él, quien podría incluirlas en su harem; y así. ¿Qué tenía yo para competir? Provenía de un país bien jodido, de un país que siempre aparece en las convenciones como si se hubiese colado en una fiesta, un país productivo, rico en recursos y bellezas naturales, su gente me consta que es bella, pero el mundo no lo cree así, a mí me miraban como preguntándome dónde había dejado el nopal y el sombrero que utilizaría para echarme a dormir en el suelo; ninguno de los de ahí reparaba en que México tuvo un pasado indígena glorioso, que hubo mística, que hubo secreto, eso a todos ellos les importaba un pito, y en cierto modo era justo, pues sólo recuerdo esas cosas cuando un extranjero me mira despectivamente.</p>
<p>Durante todo el viaje le hice el amor a Jimena con más furia, primero, por que era furia la que corría por mis venas durante todo ese crucero abominable, y segundo, porque Jimena aullaba como una perra atropellada, y con eso jodería a todo el barco, las mujeres pensarían que pese a mi tercer mundo desearían tener mi carne azteca en su cama. Luego de correrme, en vez de rezar el padre nuestro le mentaba la madre a Dios en Nahuatl y pronunciaba &#8220;chinguen a su puta madre cabrones&#8221;. No sé en que medida toda esa ira se debía a que yo era igual que ellos. Me histerizaba que fueran distintos, con costumbres propias, orgullosos de su diferencia.</p>
<p>Otro incidente vino a marcar el curso de mi luna de miel. Desde luego lo mío con Jimena era puro sexo, y ello duraría lo que quisiéramos que durara. Sin embargo no pensé que empezaríamos a astillarnos tan pronto.</p>
<p>En el crucero acompañaba a un argentino una tipa pelirroja que era un hígado. Pesada en extremo, vanidosa, altiva, despectiva. Era una pareja que tenía muy bien identificada porque era un hecho muy raro que les hubiesen permitido subir al crucero un perro enorme. Lo cierto es que la rubia tendría unos veinticinco años y estaba mucho muy buena. Era delgada, sin una sola estría ni aglutinación de grasa. Era la gracia hecha cuerpo, sus piernas largas eran muy firmes, tenía una cintura divina y un par de tetas algo grandes para el resto de su exquisitez, su cara era de pura lujuria. Se la pasaban por el barco felices los dos argentinos, que eran algo así como nuestro caso inverso, pues el argentino tendría sus cincuenta y tantos, y la chica la mitad de su edad.</p>
<p>Jimena me atrapó más de una vez mirándole el culo a la argentina, que ocasionalmente estaba sola. Me daba de pellizcos y me comenzaba a hacer una escena de ventriloquía sorprendente. De unos dos metros se vería que yo tendría la cara furiosa mientras ella sonreía, pero en realidad no estaría sonriendo, estaba haciendo la maldita ventriloquía en que perecía que sonreía pero me recetaba todo tipo de reproches. Esas peleas me servían en ocasiones para despegármele, pues so pretexto de estallar en furia me marchaba sanamente aislándome de mi esposa lapa, ya que parecía una sanguijuela pescada de mi verga y de mi corazón.</p>
<p>En una de esas separaciones, la chica argentina estaba sola, y con su culo me dijo lo rico que sería metérsela, mientras que su mirada rasgada en un reojo me decía, &#8220;es más posible de lo que crees&#8221;. Me acerqué y me llamaba la atención que siendo ella más o menos de mi misma edad me trataba con una ternura inusitada, como si fuese un objeto de su cuidado. Yo fui al grano y me paré a lado suyo mirando las costas de la península, empecé a decirle que las áridas tierras de Baja California me embrujaban, que la arenilla tostada por el sol era como un inmenso par de labios resecos, que siempre había deseado ser una boca del tamaño adecuado para besar esos labios resecos porque me gustaba en verdad besar, que besaría mucho, y así, seguí hablando de los besos en la boca pero el mensaje era clara referencia a la mamada que le daría en el coño si me lo permitía. Aquí se puede decir que hice uso de una artimaña muy latina de hacerme pasar por un falso poeta, de halagar a la mujer, de sucumbir a la belleza, es lo que los tercermundistas hacen para enamorar a falta de dinero, y bueno, a algunas mujeres les da curiosidad saber de lo que eres capaz de hacer con esa inventiva labial, pero en la cama. La técnica funcionó. Me dijo que se había separado de su marido por un rato, que su pretexto era sacar a pasear al perro. Me llevó a su habitación y me dijo que la volvían loca los gritos de mi mujer, que la curiosidad de sentir mi verga era uno de sus pendientes en este viaje. Me pidió disculpas por el hecho de que fuéramos a follar con un perro mirón dentro de la habitación. Yo me hice el comprensivo, bastaba con que lo atara bien.</p>
<p>Me sentía muy extraño. Ya me había habituado al cuerpo viejo de Jimena, voluminoso, voluptuoso, un universo de carne y calidez. Con esta pelirroja todo fue distinto. Me tomó con mucha iniciativa, repegando su coño a mi cuerpo de inmediato. Me mordió el cuello con ferocidad, sin miedo me fue quitando la ropa, y así me fue mordiendo completamente, las tetillas, las axilas, los dedos de las manos, el abdomen. Me apretaba las nalgas mientras me mordisqueaba la parte frontal de mi abdomen. Gemía como una gatita cachonda. Su cuerpo parecía no tomar calor nunca, seguía fría, y eso me hizo sentir maravilloso. Al contacto de su cuerpo frío se me erizaban los poros, apagaba mi fuego interior con su simple tacto. Con su gélida mano derecha comenzó a masturbarme, primero tocándome de manera muy superficial, casi sin tocarme, como si sus manos fueran hechas de plumas de vidrio y jugaran a mi desesperación. Luego tomó mi verga en su mano y empezó a agitar con fuerza casi masculina.</p>
<p>Después empezó a mamarme el falo, sin delicadeza, con mucha participación dental, apretándome los testículos con el puño, dándome una que otra nalgada. &#8220;¿Vos vas a poseerme como la bestia que creo que eres?&#8221;, le dije que sí. Siguió mamándome con una ausencia total de fineza, como si mi miembro fuese una caña de azúcar y ella quisiera probar toda mi aguamiel.</p>
<p>&#8220;Trátame mal&#8221; dijo. Yo la comencé a magrear en una forma muy grosera y ella comenzó a dar de aulliditos. En el fondo, el perro nos miraba en trance hipnótico. Sus orejas, en veces caídas bajo su peso y en veces erguidas como si hubiese divisado una rata en el campo, me dejaban en claro que el animal entendía qué pasaba. Incluso en veces pasaba su lengua por el hocico babeante. Se paraba y se echaba. En veces gruñía. Yo sólo revisaba que no fuera a soltarse.</p>
<p>Al tratar mal a la pelirroja le fui quitando toda su ropa. Su coño era especial, con mucho vello, carnoso, caliente como no estaba el resto de su cuerpo, con un aroma fortísimo a sexo. Me puso caliente pensar que esta chica se la pasaba follando todo el tiempo y que no le era suficiente, que necesitaba mucho trozo de macho. Con un poco de dudas acerca de la limpieza de sus partes me aventuré a mamarle el sexo, eso como justicia, pues ella no había puesto trabas higiénicas a chuparme a mí, aunque llevaba limpio mi sexo, el gesto de falta de cuidado era algo que agradecí dándole su mamada sin portarme ortodoxo. Le di una mamada profunda y voraz. Ella gemía como una fiera. Detrás de mí escuchaba los jalones del perro a la correa, intentaba zafarse a toda costa. Yo de vez en vez volteaba a verle porque me daba mucha desconfianza el pequeño tubo del cual estaba sujeto, es decir, la cadena era fuerte, pero puede que el tubo del que se sujetaba fuese frágil, después de todo los barcos no los hacían de cemento.</p>
<p>Le metía la lengua hasta donde pude alcanzar, y luego seguí con mi mano. La argentina se retorcía como cola de lagartija desprendida en una huída. El perro gruñía en fea manera, lo que me distraía bastante, dio dos ladridos ensordecedores. Luego de besarle las tetas me perfilé a meterle mi verga completamente, sin tramite alguno, sin escala. &#8220;Voy a tratarte muy mal&#8221;, le dije. &#8220;¿Cómo una perra?&#8221; preguntó. &#8220;Sí&#8221; contesté no sin morbo luego de oír al perro ladrar de nueva cuenta. &#8220;Quiero oírtelo decir&#8221; espetó. &#8220;Voy a traspasarte como una perra&#8221; le dije, y ella sin más preámbulo se vino en seco, sin siquiera habérsela metido. Luego le cumplí lo prometido. Comencé a follarla en una manera tan animal que el perro fue marcando mi ritmo, ya que jadeaba, ladraba, gruñía, y yo la follaba lo más violento que podía.</p>
<p>El perro casi se ahorcaba al intentar zafarse, y entre su intento de fuga, su pelvis pompeaba en el aire totalmente erotizado, mientras su pene se encontraba totalmente enrojecido, sin pellejo que lo cubriera, como el dedo anular de una bruja recién inquisidada. Yo no quería estar en sus zapatos, pero él sí en el mío. Su otrora noble mirada se había vuelto la de un violador. </p>
<p>Puse a la argentina en cuatro patas y comencé a darle por el culo, y mientras la barrenaba en forma inconsciente, no advertí que ya teníamos una compañía. </p>
<p>Parado, detrás de mí, estaba el argentino. En su mano portaba una pistola que me apuntaba al culo. Intenté separarme, pero dijo &#8220;¿Qué haces?, Sigue. Si has de morir por esto has que valga la pena&#8221;, supuse que en una circunstancia así mi verga se tornaría flácida instantáneamente, pero al contrario, se me paró como la verga de un abejorro que sabe que luego de fecundar habrá de morir. El argentino fue a donde estaba el perro y lo desató, tomando la correa con su otra mano.</p>
<p>Lo curioso de todo esto era que la chica no se había inmutado de ninguna forma, al contrario, parecía que alzaba más su dilatado culo. Yo no sabía cuál era mi posición. El argentino dijo, &#8220;Parecen un par de bestias. Entre ustedes y este perro lo elegiría a él. Mira lo que parecen, un par de perros cochando. No son humanos, son animales. ¿Y sabes amigo?, los perros ya que están calientes no distinguen entre macho y hembra, y seguro que a éste, que es un mañoso, le urge metersela a lo que sea.&#8221; Luego completó refiriéndose a su chica &#8220;Le diría a Negro que te la metiera por infiel, pero éste te está tapando ya el culo, así que sólo queda el culo de este caballero. Negro quiere copular, y puesto que lo respeto más a él que a vosotros dos, lo pondré a tu espalda. Pobre de ti que te lo saques con las manos. Si eres perro deberás ahuyentarlo mostrándole tus dientes de perro furioso, ladrándole, girando la cabeza, mordiéndole si puedes, pero nada de humanidades. Si te portas humano te mataré&#8221;.</p>
<p>Y así, acercó al jodido perro. Sentí un par de lamidas en el culo, sudaba de miedo. El perro se me colocó a la espalda y me tomó fuertemente de la cintura, raspándome con sus patas, apretándome animalmente. Su verga no se me metía el culo, por fortuna, pero no dejaba de ser humillante mi situación. Con el palo dentro del culo de esta pelirroja mientras soportaba el abrazo de Negro, quien pompeaba como un energúmeno, como un reo que encuentra tirado en el patio de su cárcel un cuerpo de mujer culo arriba. Mi cóccix y vértebras que le seguían sentían la baba de la verga de Negro, que se movía como una lánguida lombriz que golpeteaba sobre mi espalda. Los jadeos del perro y su apretón me estaban poniendo muy nervioso, estaba a punto de pedir la muerte antes que continuar.</p>
<p>El argentino se pasó para delante de la pelirroja y se sacó su verga. La pelirroja comenzó a mamárselo con furia. El tipo dijo &#8220;Aquí todos estamos pasándola de maravilla, sólo tu quieres echar a perder todo esto. Más vale que pompees mínimo como Negro te atiende a ti, de lo contrario lo pondré a él a joder a mi mujer, pero en ese caso, al no necesitarte, tendré que matarte.&#8221;. Pues ahí me tienen, siguiendo el ritmo del perro. Vez que sentía su polla gelatinosa en la espalda era vez que tenía que clavarle la verga en el culo a la pelirroja.</p>
<p>El tipo me dijo que me pusiera de pie sin dejar de apuntarme con el arma. Jaló al perro para que me soltara, claro que en ese procedimiento el animal me lastimó la cintura en fea manera. &#8220;Eyacúlale la superficie del culo y el coño a mi mujer. Hazlo.&#8221; Así lo hice. Mi verga estaba casi verde o morada. Vertí la leche en las partes de la chica, no recuerdo si lo disfruté. &#8220;Muévete a la cama&#8221; Me ordenó. Puso al perro a espaldas de su mujer sin distraerse de la mamada que le estaban dando. El perro comenzó a lamer mi semen y a pompear al viento con mucho mayor fuerza. El hombre jaló la cadena y repegó al perro a las caderas de su mujer y ésta con la mano acomodó la salchicha del perro para que se le metiera en el coño. El hombre le daba palmaditas a Negro como si fuera un buen chico. Luego, la voraz mamada rindió sus frutos, el tipo comenzó a venirse sobre el cabello pelirrojo de la muchacha, justo en la parte en que le daba un poco debajo de la nuca, llenándole de leche la parte baja de la nuca. Luego se limpió la polla con el propio cabello y ya que la tuvo limpia se lo dio a oler a Negro. El perro comenzó a morder la nuca de la muchacha y a sujetar en sus mandíbulas el racimo de pelo. Lamer la lefa y morder el cabello lo pusieron más animal de lo que era, con sus patas asió con fuerza casi estranguladora a la chica y sus caderazos llegaban al grado de alzar del piso a la muchacha. Así estuvieron un rato, hasta que el animal empezó a embrutecerse completamente, ahí, el argentino le jaló la correa y lo separó de la chica, quien pasó a tomar el miembro del perro en su mano derecha y con la izquierda apaciguaba algún dolor que el perro comenzaba a sentir en sus testículos. Ignoro si el perro eyaculó o no, pero supongo que dejarlo tan a punto era bastante criminal. El hombre sacó un filete de una bolsa y se lo dio en el hocico. El perro resistió a comérselo. Luego se tranquilizó. Empezaron a reírse los dos.</p>
<p>&#8220;Ni una palabra de esto a nadie, pues nadie te creerá semejante pavada. Además, no será halagador que lo cuentes a nadie, sobre todo por el motivo por el que estás aquí. A esta chica tan linda le gustan las bestias, yo la amo pero no soy bestia, así que si quiero sus favores tengo que traer a Negro. Tu eres un animal, para nosotros no eres humano, eres inferior de muchas maneras. De saber que vendrías no hubiéramos cargado a Negro. Tu raza es una ofensa mundial, sólo sirves para esto. Deberían colonizarlos de nuevo.&#8221; Comentó, luego volteo con su mujer y continuó &#8220;Cada día te entiendo menos, te empeñas en caer más bajo cada vez, puta. Que te metas con negro lo comprendo, pero con este imbécil, eso si que no lo imagino. Te dije, es un bruto que solo le falta tener el cuerpo lleno de pelo&#8221; La chica dijo despectiva, &#8220;Como humano no pasa y como animal le faltan bolas&#8221;.</p>
<p>El argentino se puso filósofo y dijo, &#8220;Los seres humanos también tienen raza como los perros, los hay con pedigree, los hay mezclados. Mira los perros que hay en tu país, el chihuahueño que parece el postre de cualquier otro perro, casi una rata, y el Xoloscuintle, calvo, apestoso a más no poder, sin dientes, hazme el jodido favor, un puto perro sin dientes y sin pelo, todo se da mal en tu tierra, no la merecen&#8221;</p>
<p>&#8220;Vete&#8221; me dijo el argentino, esperó a que me cambiara y al salir, antes de dar un portazo se despidió, &#8220;Porque apestas&#8221;. Regresé a nuestro camarote más intragable que nunca, ahí estaba Jimena, y era como si no estuviera. No hubo más sexo entre nosotros el resto del crucero, pues estaba tan avergonzado de las marcas que Negro me había dejado en la cintura que lo que menos quería era tener disputas por ello o tener que explicarle a Jimena lo ocurrido. Me metí a bañar enseguida ya que hedía a mil cosas a la vez, tenía el cuerpo con sudor de perro, mi cóccix estaba chicloso de lo que fuere que emanaba de la verga del fogoso can, mi boca me sabía amarga y me tallaba la lengua con el cepillo de dientes hasta vomitar la lefa de perro que seguro había probado sin querer. Dije que durante el crucero no había habido más sexo entre Jimena y yo, pero eso no quiere decir que no hubiera sexo, porque sí lo hubo.</p>
<p>Mi estancia en aquel lugar me llenaba de confusión. Estaba ahí por ser una especie de utilizador, una especie de gandalla y abusivo, un pillo cualquiera que le tomaba el pelo al mundo, sin embargo, luego del incidente de Negro la vida fue muy distinta. Parece mentira que los problemas habían empezado luego de que salimos de aguas mexicanas, ahí donde mi nacionalidad ya no valía tres centavos, iba con mi rostro azteca lleno de rencores, unido a una mujer que si bien quería, me representaba la opulencia que también me oprimía en ese instante, mi juventud tampoco era un tesoro ahí. Para colmo, la pareja de argentinos se dedicaron a acosarme, la pelirroja se dedicaba a chocar conmigo y apretarme la verga cuando nadie, excepción de su marido la veía. Oculta al mundo se metía el dedo a la boca y me mostraba cómo me mamaría si me dejara de nuevo, se rascaba el coño o me mostraba los calzones cuando traía. Me siguieron por todas partes. Mal momento en especial fue una vez que estando a lado de Jimena, ella tomando el sol a lado de la piscina, mientras yo vestía una ridícula playera para no dejar ver lo que quedaba de los rasguños, la pelirroja me acercó a Negro, quien me movía la cola animosamente. &#8220;¡Qué raro!&#8221; le dijo a Jimena &#8220;Parece que el perro le tiene estima a su marido, muy raro, le parece familiar&#8221;. Jimena veía demasiada amenaza a su propiedad privada en el minúsculo bikini de la pelirroja como para hacerle demasiado caso, pero yo me puse especialmente colérico.</p>
<p>Jimena percibió algo, y durante el viaje no dejó de recriminarme que mal nos habíamos casado y ya la quería cambiar por una chica más joven. Yo pensé &#8220;¿Por una chica más joven?, Si tu no eres ni chica ni joven&#8221;. Lo que no pensé es que ella se diera a la tarea de darme celos. Para ello escogió a un muchachito de unos dieciocho años. El chico parecía acompañar a sus aburridos abuelos, y aunque el muchacho era muy pequeño, no se veía que eso fuera sinónimo de inocencia. Un par de veces atrapé a Jimena lanzándole miradas al mozalbete, y él la correspondía en forma torpe. Para darse ella un poco de dignidad, fingía pena al ser atrapada o fingía no ser atrapada, aunque pienso que era voluntario que coqueteara en mi presencia y con un muchacho menor que yo.</p>
<p>¿De qué forma atiendes un fetiche cuando este no se limita a una actitud amatoria sino a una condición de sí?, ¿Cómo le da un alemán un negro a su mujer?, ¿Cómo un viejo le da un joven a su esposa si eso es lo que desea?, ¿Cómo le das a tu esposa judía un luchador de sumo oriental?, ¿Cómo brindarás a tu mujer tres centímetros de verga adicional que pide?, ¿Cómo le das vellos si siempre has sido y serás lampiño?, pues bueno, Jimena se puso en la cabeza que su fantasía era follarse a un muchachito que pudiera ser su nieto. Me lo hizo ver tan descaradamente que no pude sino tomarlo como una afrenta personal. Si ella me tentaba a que lo haría, yo le replicaba que me importaban un comino sus nalgas. Todo fue irracional. Yo deseaba que las marcas del abrazo de Negro se me borraran definitivamente, en ese caso le callaría la boca y el deseo a Jimena con mi verga.</p>
<p>En conclusión, ella decía que le hacía falta brío juvenil, que le gustaría vulnerar una inocencia, que le encantaría violar a un muchachito, cuando lo cierto era que quería que yo me enfadara por ello y luchara por ella, por mi mujer; yo por mi parte le decía que no me importaba si esas eran sus fantasías, que yo estaba ahí para hacer sus sueños realidad, que me daba lo mismo si se atravesaba a un niñato, cuando en realidad me importaba que ella no se entregara a otro hombre, no sólo por un orgullo machista, sino que en realidad no quería que nadie más la tocara. Ella no deseaba al chico, pero jugó a fingir que sí, mientras que a mí no me daba lo mismo que se acostara con otro bajo el pretexto que fuera, pero jugué a fingir que sí. De todo este juego de frases el único beneficiado fue el chico con aspecto de playboy tibetano de dieciocho años.</p>
<p>Un día salí a cubierta a respirar aire fresco, y a lo lejos vi a Jimena junto al chico. Me envolvieron unos celos terribles, ¿Qué le decía?, ¿Cómo lo miraba para dejarle en claro que quería follarselo? De eso era de lo que me encelaba. En el fondo el cuerpo es nada, pero eso, que estuviera ahí ofreciéndose, empinándose con la mirada, eso sí me atormentaba. La función empezó cuando ella me advirtió a lo lejos, sus risas se hicieron más sonoras, sus gestos más expresivos, de rato hasta le tocaba el cabello al chico.</p>
<p>Lo encaminó hasta nuestro camarote. Podría decirse que sólo cumplí mi parte al seguirlos a distancia y llegar un poco tarde, ya que &#8220;algo estuviera ocurriendo&#8221;. Todo era una farsa, y yo por saberlo me convertía en el cornudo que nunca había sido, tal pareciera que para eso me había casado, para que me hicieran cabrón en mi viaje de bodas.</p>
<p>Cuando llegué a mi camarote Jimena tenía en su boca los testículos del chico, pues le estaba dando al muchacho una de mis mamadas. Ella puso una cara muy poco creíble de sentirse afligida por haber sido atrapada, pero no cesó de chupar, sólo que ahora me miraba con sus enormes ojos mientras tenía un palo enorme pero delgado en sus fauces. El chico era un cínico, abría los brazos para marcar sus músculos de gimnasio y con sus ojos rasgados puso cara de Kamasutra en acción. Jimena lo mamaba con toda la gula que le había caracterizado y con la técnica que yo le había enseñado.</p>
<p>El chico dijo con un español horrible, &#8220;Qué bueno besas el palo&#8221;, y Jimena le contestó señalándome, &#8220;Él me enseñó&#8221;. El muchacho, que de inocente no tenía nada, sacó a flote su puterío diciendo en un español ya más decente &#8220;Su así besar la alumna, cómo besar el maestro&#8221;. </p>
<p>&#8220;Ni lo pienses&#8221; aclaré.</p>
<p>El playboy estaba con su verga muy erguida, pero algo tenso de tenerme ahí enfrente. Jimena le dijo que ahora tendría que cogérsela, el muchacho intuyendo cualquier loquera de mi parte le dijo, &#8220;No sé si pueda, parecer mucho a mi abuela&#8221;, y Jimena, con un humor que le desconocía le dijo, &#8220;Pues vamos a ver que puedes hacer por el culo de tu abuelita. Esta minga es ideal para que la metas por detrás, es delgada y curva, ya la estoy deseando&#8221;. Desde luego una mujer nunca es tan parlanchina a la hora de follar, más sin embargo esto era una actuación para humillarme. Jimena se puso en cuatro patas y dejó que el chico se le trepara como un macho mosca para comenzar a aguijonearla. Las frases que Jimena le decía al chico eran muy sugerentes, hay que admitirlo, todas ellas le sacaban partido a la posible trasgresión que el muchacho sentía estar haciendo sobre su propia abuela, &#8220;Encula a tu mamá grande, toma mi experiencia, ábreme las nalgas, te encanta follar con abuelita, mmmm&#8221;. Poco faltó para que me echara a reír.</p>
<p>Yo me sentía parte de una idiotez, y veía en riesgo mi figura de respeto, si es que ésta existía, así que salí de la habitación con seguridad de lo que iba a hacer al regresar. No tardé mucho en volver, cargando en mis manos lo que necesitaba para darle una lección a Jimena y al chico tibetano.</p>
<p>Unos amigos me prestaron un arma y un enorme animal que obedecía al nombre de Negro.</p>
<p>El guión de cómo actuar ya lo había padecido yo en carne propia, por lo que no me fue difícil esbozar una sonrisa casi diabólica cuando el chico, que fue el primero en voltear abría incrédulo los ojos luego de ver mi pistola y el Negro, sin que a mí me quedara duda que el joven temía más al perro que al arma. Negro gruñó y babeó, parecía que el olor de Jimena lo ponía más de punto que el de la chica argentina.</p>
<p>Hice todo el espectáculo de amenazar de muerte al muchacho, de someterlo, su sudor frío me hacía sentir poderoso. Me preguntaba una y mil veces si el tipo argentino había sentido lo mismo que yo cuando me vio enculándome a su mujer y entró para soltar a Negro. Acerqué al perro al culo del oriental y Negro se puso a olisquearle el ano, el joven, sin disimular su nerviosismo, le dijo no sé que tontería en su lengua natal, suponiendo que hubiese sido lenguaje lo que había hecho con la boca. Negro comenzó a lamerle el culo, el chico no pareció muy disgustado, pues cerró sus ojos, mismos que abrió cuando el perro empezó a alternar lamidas con mordiscos, tal como sí del culo del muchacho manara un manantial de pulgas bastante acicalables por los dientes de Negro. El chico de rato ya no encontró tan excitante que Negro le acicalara el ano, el cual estaba ciertamente dilatado, aunque no por una vía amable. El siguiente paso era el abrazo de Negro. Le dije al muchacho que nada más no llorara, porque entonces sí tendría que matarlo. Jimena me desconocía totalmente.</p>
<p>No verifiqué si negro cumplió su objetivo de atravesarse al muchacho, lo que sí, éste puso cara de que lo estaba barrenando. Sin embargo es relativo pensar en tantas cosas, el muchacho pareció excitarse de repente, y Negro también, y ni se diga Jimena. Los tres parecieron correrse en ese singular triángulo. </p>
<p>&#8220;Si eres listo no contarás esto a nadie&#8221; le dije al muchacho. Una vez se fue no le dije nada a Jimena. Me fui a regresar el perro a su dueña. Daba risa ver lo dócil que era esta bestia cuando no tenía a nadie empinado enfrente. Este perro sería un verdadero torbellino en algún templo mahometano donde todos deben agacharse tarde que temprano.</p>
<p>El regreso fue más de lo mismo, peleas, sexo no compartido, celos. Yo ya no follé con nadie y Jimena al parecer tampoco. Habíamos subido a aquel crucero y al bajar casi éramos enemigos. Pareció haber una reconciliación que duró cerca de cinco semanas de mucho sexo. Lo bueno de todo era que Jimena había dejado de ser mujer para ser mi puta particular. La hacía como me daba la gana. Y ella obedecía. Luego ella me violaba y eso a mí me gustaba, que me violaran, que me exprimieran la verga pese a mi rechazo, me ponía caliente enloquecerla de esa manera. Pese a todo, estaba harto de ella, del dinero, del sexo, todo me parecía tan burdo.</p>
<p>Un día, y aprovechando que en el pueblito de Todos Santos habría una semana cultural, tomé las llaves de la cabaña que había por ahí, compré una tablita de surf y me ausenté. El chiste era no avisar dónde estaría, que pensara que la había dejado para siempre. Nunca imaginaría que yo estuviera en la cabaña de campo, pues siempre me comportaba demasiado citadino, sin embargo, eso no demostraba otra cosa que lo poco que Jimena me conocía, no sabía que dentro de mí había un instinto salvaje por la tierra y por el mar.</p>
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		<title>En un balneario un señor se la monta</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:41:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Os voy a contar la experiencia que tuve el fin de semana del 30 de Septiembre del 2000. A mi padre, un cliente suyo le regaló un fin de semana en el balneario de Archena, en Murcia. Yo ese fin de semana no tenía pensado hacer nada, así que me dispuse a pasar un relajante fin de semana. Me dispuse a hacer mi maleta. Contemple los bañadores y bikinis que tenía… Yo siempre escojo mis bañadores de los más excitantes para el personal: los bikinis, muy pequeños y los bañadores, o blancos o les quito el forro para que se transparenten… Evidentemente, no podía llevarme ninguno de ellos…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Os voy a contar la experiencia que tuve el fin de semana del 30 de Septiembre del 2000. A mi padre, un cliente suyo le regaló un fin de semana en el balneario de Archena, en Murcia. Yo ese fin de semana no tenía pensado hacer nada, así que me dispuse a pasar un relajante fin de semana. Me dispuse a hacer mi maleta. Contemple los bañadores y bikinis que tenía… Yo siempre escojo mis bañadores de los más excitantes para el personal: los bikinis, muy pequeños y los bañadores, o blancos o les quito el forro para que se transparenten… Evidentemente, no podía llevarme ninguno de ellos…iba con mis padres, así que opté por uno azul, con estrellitas plateadas y unos volantitos en las caderas…el único problema era que me lo había comprado hacía unos años y de culo se me había quedado un poco pequeño y se me metía por entre las nalgas…pero bueno, era una manera encubierta de excitar al personal…¿No?. Salimos el viernes por la tarde y llegamos por la noche a Archena… Ya esa noche tuve que masturbarme a base de bien en el cuarto de baño para aplacar mi calor. No me había llevado ningún vibrador así que empleé los cinco dedos de mi mano… No paré hasta que tuve que recubrir mi boca para acallar mis gritos y mi mano quedo pringada de flujo mucoso… Mal asunto como me diera todo los días un calentón así… El sábado se hizo más pasable con los baños y los masajes, por un día me olvide del sexo, completamente relajada, una delicia… El domingo me desperté tarde y encontré en la mesa una nota: mis padres habían ido a visitar a un amigo a Murcia y me decían que volverían después de comer.. Bueno, me dedicaría al jacuzzi… Me duché, me puse el bañador y como siempre se me metió por el culo… Me puse el albornoz y bajé a la piscina termal. Llegué y vi que era la única que estaba allí…bueno, miento. Había un señor, de unos 65 años sentado en la piscina muy cerca de la escalerilla de bajada. Durante un rato pensé si me metía o no…pero al final decidí quedarme. Me despojé del albornoz y de espaldas a la piscina, me fui introduciendo lentamente en la pisci. Por fin, una vez dentro, me giré: el abuelete tenia la mirada clavada en mí… no me extraña, le había ofrecido una visión gloriosa de mi culo. Sonreí y me senté pensando en si había ligado con un hombre que podía ser mi abuelo…bueno, creo que mi abuelo es más joven. Volví a sonreír y, estirando los brazos a lo largo del borde de la piscina, apoyé la cabeza y me puse a mirar el techo…el calor y el burbujeo me fueron adormilando, el calentón de la mañana se iba pasando, comencé a cerrar los ojos, cerrar los ojos…</p>
<p>- ¿Perdona, bonita, te importa que me siente a tu lado?</p>
<p>Abrí los ojos y miré a mi izquierda. El señor se había acercado hasta mí y se había sentado ya a mi lado. Me desperté por completo. Como ya se había sentado, le dije que cómo no, pero me hizo gracia… El señor me preguntó que de dónde era. &#8220;De Madrid&#8221;, le contesté. Él me dijo que era de las Canarias y que estaba haciendo un viaje de placer por la península… De repente, apoyó su mano en mi muslo, bajo el agua… Veréis, yo soy enfermera y ya había trabajado con gente mayor y sé que muchos de ellos se apoyan en los lugares más comprometidos de la anatomía de una, pero sin malicia, así que no le di mayor importancia, dejé que se apoyara sin más problema. El señor me empezó a preguntar por mi edad y cuando le dije que tenia 24 años me dijo que una nieta suya tenía esa edad y comenzó a hablarme de su nieta. Mientras me la describía con un lujo de detalles anatómicos muy sospechosos, su mano comenzó a deslizarse muy lentamente hacia mi nalga. así, cuando terminaba de describirme los muslos de su nieta (&#8220;Las chicas de ahora lleváis unas faldas tan cortas…&#8221;), su mano ya descansaba en mi nalga y mientras me contaba los lugares donde su nieta salía comenzó a amasarme el culo… Yo le miré muy seriamente, a ver si se daba por aludido y dejaba los toqueteos, pero él seguía y a mí comenzaba a hervirme dentro de mí algo muy, muy conocido…: &#8220;¡Dios mío!…¿Cómo voy a hacérmelo con un viejo?&#8221;, pensaba, y cuanto más pensaba en ello, más me excitaba… Le miré a los ojos, por si se retiraba, pero mis ganas de que se retirara habían disminuido. Estaba entregada a él por completo. Entonces comenzó a hablar de la ropa tan, tan ajustada que se ponía su nieta (&#8220;Parecen, hija, que van desnudas…&#8221;) y su mano comenzó a ascender por mi cadera hasta que comenzó a descender por mi pubis hasta mi entrepierna. Abrí mis piernas y comenzó a deslizar arriba y abajo su mano por mi coño, tapado por el bañador. Él ya no sé de qué hablaba, yo había echado la cabeza hacia detrás y había cerrado lo ojos, entregada cien por cien a los toqueteos del &#8220;abuelo&#8221;…Retiró con suavidad la tela de mi bañador y suavemente, sin dejar de hablar introdujo un dedo en mi ya palpitante vagina. Resople, gemí un poco y él arreció en el mete-saca de su dedo, al tiempo que acariciaba mi clítoris con su dedo gordo…Me mordía el labio inferior de desesperación por no poder gritar de placer…Me estaba provocando un orgasmo bestial el vejete y yo no podía hacer otra cosa que resoplar y arañar las baldosas de la piscina termal…Finalmente, el orgasmo me llegó de manera rápida. Agité mis piernas en el agua y él notó lo que me pasaba porque hundió su dedo en mi sexo hasta el nudillo… Me relamí de gusto mientras las convulsiones de mi cuerpo y de mi útero me dejaban exhausta… Finalmente me relajé y él, al notar mi laxitud, sacó su dedo y para finalizar su discurso, me dijo:</p>
<p>- ¡Ay!…las chicas de ahora… vosotras sí que sabéis disfrutar de la vida…si me hubierais pillado de joven… &#8211; &#8220;Joder&#8221;, pensé,&#8221;Si lo pillo de joven, me saca el dedo por la boca&#8221;.</p>
<p>Me quede descansando, anonadada y mirándole. Él, sonreía. Finalmente habló: &#8211; - ¿Te gustaría ver alguna foto de mi nieta?. Tengo en mi habitación unas cuantas.</p>
<p>Me lo pensé una milésima de segundo y acepté… Salimos de la piscina. Me tuve que arreglar el bañador, pues me había quedado con el vello púbico al aire. Nos pusimos los albornoces y nos dirigimos al ascensor. Entramos en él y le dio a su planta. Mientras subíamos, me fijé en su entrepierna: el albornoz no podía ocultar un bulto descomunal… cada vez alucinaba más con el &#8220;abuelo&#8221;…. Respiraba entrecortadamente mientras avanzábamos por el pasillo a su habitación, el corazón me latía con fuerza a la vez que los labios de mi almeja…Por fin llegamos a la habitación. Abrió la puerta y galantemente, me dejó pasar primero. Mientras él ponía en la puerta el cartel de no molesten, yo abrí el albornoz y lo dejé caer al suelo. Mis pezones estaban erizados en el húmedo bañador. Él se quedó mirándome y acercándose, lentamente, comenzó a retirar un tirante. Cuando lo retiró, comenzó con el siguiente. Finalmente, tiró del bañador hasta la cintura, quedando mis Tetis al aire. Me miró un rato a la cara y de repente, se inclinó sobre mí y se metió un pezón en la boca. Me agarré a él para no caerme…¡Qué gustazo!…Chupaba con fuerza mientras me amasaba la otra…Succionaba con fuerza mi pecho…Yo ya jadeaba, estaba cachondísima y no aguantaba más…así que le separé de un empujón. Me empecé a desnudar por completo. Me quité el bañador, que había quedado en mi cintura. Me acerqué a él. Mi pezón estaba durísimo y su saliva había dejado un reguero en mi teta…Me puse en cuclillas, le abrí el albornoz y de un golpe, le bajé el bañador hasta los tobillos…Mujer más sorprendida en el mundo no ha habido otra… De repente apareció un cacharro de 25 ó 30 cm en toda su gloria…¡¡¡Madre mía!!!…Si mi coño estaba ya mojado, al ver tamaña polla, parecía un grifo de flujo…</p>
<p>Me quedé boquiabierta sin saber que hacer…Me decidí…comencé a lamerle el cipote…nada de lentamente…como una loca…comencé por los huevos, comiéndomelos con gusto y luego pasé al obús…apenas me cabía en la boca…era tremendo…el viejo jadeaba y me agarraba del pelo…me tiré un buen rato chupando aquel trozo de hierro, pero mi coño era un volcán y quería ser empalada ya mismo por el &#8220;abuelo&#8221;, así que me levanté y me tumbé encima de la cama, abriendo al máximo mis piernas. Notaba el calor de mi flujo, escurriéndose de mi coño y resbalando entre mis nalgas. Sólo era capaz de articular una palabra:</p>
<p>- ¡Fóllame, fóllame, fóllame…! &#8211; El abuelete no necesito más; se puso de rodillas, delante de mí, levantó mis piernas y lentamente comenzó a meter su cipote en mi coño, lentamente, muy lentamente. Mi vagina empezaba a recibir al monstruo. Nada más meterla, me vino un orgasmo delicioso que me recorrió el cuerpo de arriba a bajo, hasta el último pelo de mi cuerpo…Era increíble. Un hombre mayor me estaba llevando a unos orgasmos nunca conocidos por mí…Continuaba su bestial avance en mi cuerpo, hasta que mi coño se dilató al máximo y la punta de su rabo llego hasta el fondo de mi vagina, tocando la punta de mi matriz. A partir de ese momento comenzó el mete-saca mas bestial de mi vida. Me follaba de una manera salvaje. Solo se oían mis sollozos, el chapoteo de su rabo en mi almeja y algunos comentarios que decía acerca de su nieta. Mientras me alcanzaba en cuarto y quinto orgasmo y enroscaba mis piernas alrededor de él, hundió su polla hasta casi traspasarme el vientre. Comencé a sentir un calor dentro de mí. Se había corrido. Se quedó encima de mi un rato, jadeando y respirando. Se desacopló y se tumbó boca arriba en la cama, a mi lado. Yo dejé caer las piernas, mientras notaba como la mezcla de flujo y esperma se deslizaba en mi vagina, pugnando por salir al exterior. Respiraba profundamente, mirando al techo y analizando lo que me había pasado, cuando el abuelo volvió a la carga. En un par de minutos se le había vuelto a empinar… Me agarró de la cintura y me puso de costado. Comenzó a pasar su resbaladiza viga por mis nalgas y de un golpe la volvió a introducir en mi mejillón…el salpiconazo fue de aupa…sonó como cuando tiras una piedra al agua…¡¡¡CHOOOFFFF!!!…Y otra vez con el mete-saca, golpeaba mi útero y afuera, golpea mi útero y afuera, además, había hecho presa en mis Tetis y me las amasaba como si su salvación fuera en ello…. Perdí la cuenta de los orgasmos, sólo recuerdo que tuve que hundir mi cara en el colchón porque me puse a gritar como una desesperada, gritaba y gritaba intentando ahogar mis aullidos, creo que dejé de gritar y me puse a llorar de puro gozo, ni siquiera me di cuenta de que se volvía a correr salvajemente… Lo siguiente que me acuerdo es de el abuelo tumbado a mi lado diciéndome: </p>
<p>&#8220;Pobrecita, pobrecita…&#8221; y acariciando mi pelo. Miré mi entrepierna y descubrí un emplasto mucoso y viscoso que se escapaba de mis labios para caer en el cama: Menuda manguera tenía… Miré a su entrepierna y lo que vi ya no pude dejarme indiferente… de nuevo estaba empalmado. Sin palabras. Volvió a montarme. La humedad era tal en mi coño que apenas había fricción y cada embestida era respondida por un salpiconazo sonoro…Mi útero era un puro orgasmo y se convulsionaba tanto que parecía que me iba a salir por el ombligo. Como ahora estaba encima de mí, aprovechaba para chuparme a base de bien los pezones, que estaban durísimos, tan duros que casi me dolían…Me encontraba con la boca abierta, incapaz de emitir nada más que débiles gemidos cada vez que el abuelo se hundía en mis profundidades. De nuevo y por tercera vez se hundió hasta que su punta golpeó con la pared de mi vagina. Comencé a notar los chorros a presión inundar mi vagina…se tiró casi un minuto eyaculando a golpes intermitentes…¡Increíble!. Se desacopló de mí con todo su cacharro pringado de crema… Mi coño estaba abierto al máximo, derramando la mezcla de su lefa y mis jugos…¡Como me folle otra vez…!…¡Le volví a mirar y claro está…! ¡De nuevo empalmado!… Esta vez no me pude callar: &#8211; - ¡Pero oiga (yo le llamaba de usted, educación ante todo)…!…¿No habrá tomado Viagra? &#8211; - Nada de Viagra, hija mía…Todo natural…, a mi difunta mujer la tenía por la calle de la amargura… &#8211; &#8220;Y seguro que a tu nietecita también&#8221;, pensé. Mientras ya se incorporaba para darme caña por cuarta vez, esta vez tomé el mando yo. De un empujón le tumbé boca arriba en la cama. Y me senté encima de él.</p>
<p>- Le voy a dar una cosa que seguro no le dio su mujer…&#8221;ni su nietecita&#8221;- musité por lo bajo. &#8211; Agarré su monstruo y lo apoyé en mi ano. Si habéis leído mis relatos, sabréis que por ahí me ha entrado casi de todo… Dejé la punta en la entrada y apoyándome en sus hombros, comencé a empujar poco a poco, rítmicamente. Notaba como mi esfínter se iba dilatando, poco a poco, como el alien iba entrando en mi recto. Empujaba un mucho y me salía un poco. así estuve hasta que los 25 ó 30 cm de carne se alojaron a pleno en mis intestinos…En ese momento, me senté a horcajadas en él, mostrándole donde realmente tenía metida la polla hasta la empuñadura. Comencé la cabalgada…¡Acojonante!…Era increíble la caña que me estaba dando un abuelo de 65 años… ningún tío joven me había hecho sentir lo que él…creo que a este paso me paso a ellos…Mi culo se había lubrificado de los juguillos que expelía su pene y se había dilatado lo conveniente… entraba y salía sin dificultad de mis tripas. Estuvimos así un buen ratito, 15 o 20 minutos, un polvazo de impresión, hasta que en una de mis arremetidas, levantó sus manos hasta mis Tetis, me las estrujó como si intentara sacar zumo y con un débil gemido, abrió el grifo de la crema… Notaba el cosquilleo en los intestinos, el calor que ascendía y luego resbalaba hacia arriba…una corrida de un minuto de reloj…este señor no tenía pelotas, tenia un deposito…Al rato, detuve mis movimientos y me saqué el fláccido miembro del ano. Los grumos comenzaron a salir de mi ojete…Estaba destrozadísima…¡Y yo que había venido a descansar!…Me recosté en su tripa, un poco voluminosa y cerré los ojos mientras notaba como los regueros salían de mis dos orificios, repletos y satisfechos…Abrí los ojos….¿Qué os voy a contar?…La polla estaba erguida como un menhir, brillante y mucosa de las folladas y las corridas…Antes de que me reventara, no perdí la ocasión; agarré el cipote y me metí lo que pude en la boca. Oía como sollozaba el viejo de placer. Apretaba mis labios contra el tronco y ascendía, llevándome en mis labios la mas deliciosa crema que jamás había probado… me tiré cerca de 2 minutos, pajeandole, amasándole los cojones y metiendomelos en la boca hasta que comenzó el festín…¡Qué pedazo chorro!…El semen era liquido, cremoso y cálido…apenas daba abasto mi boca, me resbalaba por los labios y caía en su pubis. Se tiró un minuto corriéndose, yo tragando y al final, otro minuto hasta que le dejé la polla reluciente, limpia y su vientre sin un átomo de esperma….¡Qué festín!…Después de esta, el abuelete se quedó dormido como un tronco…Yo, deprisa, me pude como pude el bañador, el albornoz y me fui corriendo a mi habitación. Me preparé un baño de espuma y traté de relajarme… Hoy no iba a comer, tenía el estomago repleto… Al día siguiente, el señor ya se había marchado. Jamás supe su nombre ni es probable que lo llegue a saber… ni el de su afortunada nieta…</p>
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		<title>Mi vecina me sorprendió</title>
		<link>http://123porno.com/2009/10/27/mi-vecina-me-sorprendio/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 08:41:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos maduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Era una tarde de un día cualquiera en la que estaba solo en casa, yo me encontraba viendo la televisión pero sin mucha atención, de repente, sonaron los carretes que contienen las cuerdas del tendedero. Rápidamente se me vino a la mente la imagen de mi vecina de enfrente.

Yo por aquel entonces solo contaba con unos 17 años, pero algo en mi interior se encendió y se mostró de una forma sugerente...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era una tarde de un día cualquiera en la que estaba solo en casa, yo me encontraba viendo la televisión pero sin mucha atención, de repente, sonaron los carretes que contienen las cuerdas del tendedero. Rápidamente se me vino a la mente la imagen de mi vecina de enfrente.</p>
<p>Yo por aquel entonces solo contaba con unos 17 años, pero algo en mi interior se encendió y se mostró de una forma sugerente. </p>
<p>Se me ocurrió ir a la habitación que daba al patio interior y la persiana estaba casi bajada, pero no completamente, y así, la observé, no encendí ninguna luz, no fuera a ser descubierto.</p>
<p>Y allí estaba ella, una mujer de unos 38-40 años, algo gordita pero de pechos y labios sugerentes, estaba recogiendo la ropa ya seca. Me quedé completamente extasiado mirándola, la garganta se me quedó seca. </p>
<p>Tenía miedo por ser descubierto pero era mayor las ganas de observarla, el cordel estaba más bajo que la ventana y se tenía que agachar bastante para recoger la ropa, en ese instante observé sus agraciados pechos por la abertura de su camisa, el canalillo era más que sugerente, no llevaba sujetador y por eso cada vez que se agachaba sus pechos se movían insinuantes hacia un lado y otro, con la contradicción de su cadena de oro que se hundía entre ellos.</p>
<p>Me imaginé en esos instantes saboreándolos y apretarlos con mis manos, con delicadeza pero con firmeza. Nunca se me había ocurrido espiar a nadie y aquello comenzaba a gustarme y mucho. </p>
<p>Seguía con mis imaginaciones, pues los tres primeros botones de la camisa los tenía desabrochados, y me permitían continuar con mis sueños, me llevé la mano al bulto que afloraba entre mis piernas y desabroché mi pantalón, sin perder un instante de vista a mi maravillosa vecina.</p>
<p>Y comencé a masajearme con las manos, pero para mí eran sus pechos enormes que con ese vaivén me acariciaban mi miembro, con esa piel tan delicada y caliente que tienen los pechos.</p>
<p>Ella se colocaba de vez en cuando la camisa como dándoselas de recatada y no se imaginaba que yo, el vecino de enfrente me la estaba meneando a su salud. Seguí con aquella idea de que aquellos pechos rodeaban mi sexo y se movían acompasados y con tal presión que podía estallar en cualquier instante.</p>
<p>Le quedaba poca ropa por recoger y debía darme prisa pues no quería que se fuese sin su regalo.</p>
<p>Totalmente excitado y acalorado sentí que me venía y no pude remediarlo y con el primer chorro solté un grito ahogado de placer pero no lo suficientemente ahogado, pues instintivamente me escondí.</p>
<p>Miré de reojo por si había sido descubierto, y vi a mi vecina mirando para un lado y otro, y hacia mi ventana, creo que no me vio pero no estaba seguro.</p>
<p>Me había corrido de gusto pero había llenado todo el suelo. Mientras me dirigía hacia el baño, sonó el timbre de la puerta, me coloqué bien el pantalón tras limpiarme bien.</p>
<p>Fui a abrir la puerta y allí estaba ella, con su misma camisa y sus prominentes y sugerentes pechos. Yo aún estaba colorado y no articulé palabra; ella me miró completamente y se fijó en la bragueta, y me dijo: ¿está tu madre en casa? Yo le contesté que acababa de salir para la oficina y que llegaría tarde, ¿desea que le diga algo? Le pregunté. Ella me sonrió y me dijo: que estás solito? Me dijo de nuevo mirándome la bragueta. Me miré de reojo y aquello no bajaba, la miré a ella y de su camisa aparecieron 2 bultos bastantes prominentes bajo su sonrisa burlona, en aquel preciso instante me di cuenta que me había descubierto, y creo que le gustaba.</p>
<p>Se adelantó un par de pasos hasta entrar en mi casa y cerró la puerta tras de sí, diciéndome: ¿sabes que eres muy mayorcito para espiar?, se acercó a mí y me cogió la mano, y me volvió a decir: lo sabes?</p>
<p>Yo le dije que sí con un movimiento corto de cabeza pues no quería perder la vista de sus maravillosos pechos, y me dijo: me has hecho sentir como hacía tiempo! Y se llevó mi mano hacia uno de sus pechos.</p>
<p>Yo no sabía que hacer y lo primero que se me ocurrió fue alargar la otra mano para cerrar el cerrojo de la puerta. Ella se quedó atónita, como diciendo : este no me va a dejar ir hasta darle lo que se merece. Cuando alejaba la mano también me la agarró y me la puso en su otro pecho, y con sus ojos me dijo sí!</p>
<p>Comencé a masajearle los pechos como imaginaba, eran grandes, pero yo quería sentir su piel y le insinué que se quitase la camisa, se la quitó y puede ver aquellos espléndidos pechos, grandes, la piel tersa y sus pezones grandes y duros de un color moreno. Quería y necesitaba probarlos y sin mediar palabra me acerqué a ellos lentamente y fui saboreándolos uno a uno y su olor era dulce y cálido, pasaba mi lengua por el exterior y haciendo un recorrido con mi saliva, llegué a los ansiados pezones, en ese instante, ella me miraba pero ya no había echado la cabeza hacia atrás y se mordía los labios.</p>
<p>Un gemido soltó, ahhhhhh! Así se hace, sigue, sigue! Me susurraba al oído.</p>
<p>Haciendo círculos me abrazaba los cabellos y me acariciaba la cabeza, me apretaba contra sus pechos, yo a esto le daba mordisquitos en sus pezones, cosa que agradeció cogiéndome el paquete, y me bajó la cremallera lentamente, sacándome mi verga ya durísima.</p>
<p>Con sus manos iba acariciándome y sus uñas largas y de color rojo pasión las usaba para darme gusto en los huevos, yo le seguía regalando chupetones entre sus pechos, el canalillo lo recorría con mi lengua como si fuese mi verga, húmeda y caliente, por los pechos que imaginé que me corría.</p>
<p>Su mano continuó masajeándome y yo disfrutaba con cada caricia. Se dirigió hacia el salón sin soltar un instante mi miembro, se sentó en una silla y dirigió mi mano a su falda y luego me colocó de rodillas.</p>
<p>Me propuso que entrase entre sus piernas y falda y que llegase hasta el final.</p>
<p>Me arrodillé y dirigí mi cara hacia allá, yo quería probarla por todos su poros y ella también lo quería.</p>
<p>Llegué a una zona húmeda y saqué mi lengua ya experta, no había pelos por ninguna parte y sentía algo duro, y muy húmedo.</p>
<p>Al succionar dio un respingo y posteriormente un gemido y ahí comencé a chupar y lamer con más rapidez. Ella estaba como ida y apretaba mi cabeza y arañaba mi espalda, mientras con mi lengua recorría sus labios y los chupaba me decía: que me vengo, que me vengo! Y entonces noté un chorro que me recorría la lengua y la barbilla.</p>
<p>Me sacó como pudo y me dio un besazo para limpiarme completamente.</p>
<p>En ese instante me propuso: súbete aquí de espaldas? Ahora te toca a ti, Cosa que hice de inmediato.</p>
<p>Me comenzó a chupar los huevos y a masajearme la verga con esas manos que tanto me gustaban, de repente, sentí como dirigía mi verga hacia tras creía que me la iba a romper pero antes de darme cuenta se la metió entera en la boca, desde esta posición veía sus grandes y deliciosos pechos.</p>
<p>Mientras chupaba en cada embestida me daba con su nariz en mis huevos cosa que me gustaba.</p>
<p>Volvió a deleitarse con mis huevos y llegó a meterse los dos en la boca, que maravillas me hacía sentir, esa mujer sabía lo que hacía y estaba desasistida.</p>
<p>A veces parecía que me iba a caer de la silla, paro un momento y su lengua comenzó a recorrerme los glúteos y los huevos, y la verga la lamió lentamente, y tras esto subió de nuevo y me lamió el ano, y luego comenzó a introducir la lengua, era una sensación que sin parar de masajearme la verga, me parecía ser mejor que las anteriores.</p>
<p>Me giró en un instante y se la metió entera en la boca, su lengua hacía maravillas con mi glande, incluso metía su lengua por dentro, eso estaba destrozándome pues sentía una presión que no podía soportar, me iba a correr.</p>
<p>Sentí uno de sus dedos entrando por mi culo, y aquello no hizo más que hacerme sentir que me venía más rápido, siguió chupando, lamiendo con más avidez que en el preciso momento que sacó su dedo, comencé a soltar chorros de semen por todos lados, su cara sus pechos, su pelo&#8230; me la agarró fuertemente pues no quería desperdiciar ni una gota, siguió chupando hasta que ya no solté ni una gota más. Con sus manos se restregó la cara y se las lamió.</p>
<p>Al bajar de la silla, le di un beso en la mejilla y&#8230;</p>
<p>Continuará&#8230;.</p>
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