<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>123porno.com &#187; Relatos de sado</title>
	<atom:link href="http://123porno.com/category/relatos/relatos-de-sado/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://123porno.com</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Mon, 06 Feb 2012 14:01:14 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator>
		<item>
		<title>Buscando mís límites</title>
		<link>http://123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites/</link>
		<comments>http://123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 14:24:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de sado]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos de sexo]]></category>
		<category><![CDATA[corridas]]></category>
		<category><![CDATA[culos]]></category>
		<category><![CDATA[dolor]]></category>
		<category><![CDATA[felaciones]]></category>
		<category><![CDATA[sado]]></category>
		<category><![CDATA[semen]]></category>
		<category><![CDATA[spanking]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.123porno.com/?p=1247</guid>
		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites"><img class="alignleft size-full wp-image-1207" title="spanking" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/spanking.jpg" alt="spanking" width="200" height="150" /></a> Una película hará que una pareja descubra cosas que desconocía. Dolor. Placer...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que nunca llegamos a conocer a las demás personas. Y es cierto.  Crees que conoces a alguien y de repente todo cambia. Aparece ante ti  como otra persona, completamente distinta, casi una desconocida. Te  preguntas quién es, cómo es que nunca la habías visto así. Te preguntas  quien de las dos es la real, la antigua o la nueva. Quizás ni la una ni  la otra.  Quizás las dos a la vez.</p>
<p>A veces, incluso, esa persona eres tú mismo. Crees que sabes cómo  eres, lo que piensas, lo que sientes, y de improviso todo cambia.</p>
<p>A mí me pasó. Me está pasando. He descubierto en la mujer que amo a  otra persona que no estaba ahí. Al menos, yo nunca la vi, nunca la dejó  salir. Y he descubierto en mí mismo cosas que desconocía. Cosas que me  inquietan, pero que están ahí, con las que estoy aprendiendo a vivir.</p>
<p>Llevo casado con Rosa dos años. Felizmente casado, debo añadir. Desde  que la vi supe que era la mujer de mi vida. Imaginativa, inteligente,  simpática. Y en el sexo, maravillosa. A los dos nos encanta el sexo.</p>
<p>Hasta ahora, me consideraba, nos consideraba, una pareja normal en  ese sentido. Rosa es una mujer caliente, cosa que me vuelve loco. Muchas  veces es ella la que me incita, la que me busca.</p>
<p>Algo que no gusta mucho es alquilar una buena película los viernes  por la noche y verla juntos. Yo me siento frente a la tele y ella se  acuesta a mi lado, poniendo su cabeza apoyada en mi hombro o en mi  regazo. No me refiero a películas porno, que también solemos ver, sino a  películas normales. Unas veces de acción, otras románticas, de miedo.  De todo un poco.</p>
<p>Muchas veces la película resulta un tostonazo, y entonces Rosa  empieza a jugar. Seguimos viendo la película mientras ella me acaricia  la polla sobre el pantalón, hasta ponérmela bien dura. Entonces me la  saca y me hace una lenta paja mirando la tele.</p>
<p>No tengo más que hacer una ligera presión en su cabeza para que se  agache y me haga una de sus maravillosas mamadas. Más de una vez me ha  estado chupando la polla durante toda la película, sin dejarme correr,  esperando a los títulos de crédito, y, entonces, chupar con fuerza hasta  hacerme estallar en su boca. El sonido de su garganta tragándose mi  semen es una de las cosas más eróticas de este mundo.</p>
<p>Mientras ella me la chupa, yo acaricio su sedoso cabello, y alargo mi  mano izquierda hasta llegar a su precioso culito. Lo acaricio y espero a  que ella se coloque, pidiendo una caricia más íntima. Abre sus piernas y  me da acceso a su coño. Rosa sigue mamando mientras la masturbo.</p>
<p>Yo a ella no la hago esperar. Tiene la suerte de llegar con facilidad  al orgasmo, y suele tener varios hasta que al final se traga toda mi  leche.</p>
<p>Otras veces, si la película es realmente mala, ni la terminamos. Ella  se levanta, se sienta sobre mí y me cabalga para llenarnos a los dos de  placer.</p>
<p>El día en que todo cambió empezó como un viernes más. Fui al  videoclub y no vi nada interesante. Sólo una película llamada “El  demonio bajo la piel”, protagonizada por el hermano de Casey Affleck y  Jessica Alba. Parecía una película policiaca. La verdad es que ni leí la  sinopsis. La presencia de la guapa Jessica me bastó. Esa chica tiene un  culito precioso.</p>
<p>Después de cenar, nos pusimos unos cómodos pijamas y nos dispusimos a ver la película.</p>
<p>-¿De qué trata la película, cariño? – me preguntó.<br />
-Pues, no sé exactamente. Policíaca es.<br />
-¿No leíste el argumento?<br />
-Jeje, pues no.<br />
-Jajaja. Entonces es que sale una tía buena.<br />
-Jajaja. Me has pillado.</p>
<p>La película resultó algo lenta. Rosa, apoyada en mi hombro, miraba la  pantalla, sin decir nada. Empezó una escena en donde Jessica Alba,  prostituta, empezaba a pegarle en la cara a Casey, policía, hasta que  éste la cogía en volandas, la llevaba a la cama, la ponía boca abajo, le  desnudaba el culo y le daba fuertes azotes, haciéndola llorar.</p>
<p>Él se para cuando se da cuenta de que ha sido demasiado rudo y se aparta, pero ella se lo impide y hacen el amor, con pasión.</p>
<p>Cuando me quise dar cuenta, mi dura polla formaba un bulto en el  ligero pijama. Mi mujer también se había dado cuenta, y alargó una de  sus manos, la metió por dentro del pijama y me sacó la polla. En la  pantalla el policía se follaba a la prostituta mientras mi mujer me  acariciaba. Yo también la acaricié a ella. Su espalda y luego su  preciosas nalgas. Primero sobre el pijama. Luego, metiendo la mano por  dentro, directamente sobre la suave piel de sus nalgas.</p>
<p>Seguimos viendo la película. Hasta que llegó la escena que cambió  nuestras vidas. Apareció una chica, boca abajo en una cama. Tenía un  precioso culito, y lo tenía lleno de marcas, de golpes, latigazos, no  sé. Un muchacho la miraba y ella le decía que mirara lo que le había  hecho su padre. También le decía que a ella le gustaba que le pegaran.</p>
<p>Mi mano acariciaba el culo de mi mujer. Al ver aquella imagen del  lindo culito marcado, no sé que me pasó por la cabeza, pero saqué la  mano de dentro del pijama de Rosa y le di una nalgada. No era la primera  vez que lo hacía. Muchas veces cariñosamente al pasar junto a ella,  incluso mientras follábamos.<br />
Esta fue distinta. Fue más fuerte. Ella no dijo nada. Siguió moviendo su  mano por mi polla. Levanté la mano y volví a darle, más fuerte. Rosa  gimió. No sé si de dolor o de placer. Ahora creo que de ambos a la vez.</p>
<p>La tercera nalgada fue la más fuerte. Incluso me dolió a mí la mano.  Mi mujer se estremeció, se tensó. Pero no protestó. Se puso boca abajo,  acercó su boca a mi polla y empezó una maravillosa mamada. Cerré los  ojos y gocé de su cálida caricia. La oía respirar, agitada. Estaba  excitada. Lo noté por cómo me la chupaba.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1248" title="spanking" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/spanking.jpg" alt="spanking" width="500" height="374" /></p>
<p>Levanté la mano y volví a descargar un golpe contra su culo. Gimió  con mi polla dentro de la boca, pero no dejó de mamar. Mi mano derecha  fue a su cabeza, a su cabello. Otros días le acariciaba el pelo mientras  su cabeza subía y bajaba a lo largo de mi polla. Esta vez, la cogí con  fuerza del pelo y la empujé hacia abajo, clavándole más mi polla en su  boca.</p>
<p>Y con la mano izquierda, una nueva torta. Fuerte, con ganas. Ella  gemía, se quejaba, pero su cuerpo se mecía contra el sofá. Frotaba sus  piernas entre sí. Le bajé el pijama, desnudando sus preciosas nalgas.  Estaban rojas. Rojas por mis golpes. Eso me excitó más.</p>
<p>Seguí dándole con la mano abierta. Los dedos quedaban marcados en  blanco hasta ponerse seguidamente rojos. Y con un último golpe, un  tremendo golpe, me corrí en su boca como no recordaba haberme corrido  jamás. Le hubiese seguido pegando, pero todos los músculos de mi cuerpo  estaban tensos, mientras mi polla disparaba con fuerza, una y otra vez,  en la boca de mía amada esposa.</p>
<p>Cuando mi orgasmo me dejó reaccionar, me di cuenta de que ella  también se estaba corriendo. Trataba de tragarse mi semen, pero no  podía, y lo sentó salir de su boca y bajar hasta mi pubis.</p>
<p>No dijimos nada. Nos quedamos quietos, respirando con fuerza. Mi  polla seguía en su boca. Noté como empezaba a lamerla, a chupar el  tronco y con su lengua, recoger el semen que no se había tragado y  lamerlo, hasta dejarme bien limpio.</p>
<p>Miré su culo. Estaba rojo, con marcas, y tenía algunas rayas un poco  hinchadas. Me sentí mal. Tenía que dolerle. Me había pasado. No sé que  me pasó. Me dejé llevar por algo que había dentro de mí.</p>
<p>Pero ella no me lo impidió. No me dijo que parara. Seguimos un rato  más viendo la tele y luego nos fuimos a dormir. Rosa se abrazó a mí,  poniendo su cabeza sombre mi pecho. Yo le acaricié tiernamente el  cabello.</p>
<p>-Te quiero – me dijo<br />
-Y yo a ti.</p>
<p>Me miró y sonrió. Acercó su boca a la mía y nos besamos. Besos  suaves, llenos de amor y de ternura. Me empecé a excitar otra vez. A mi  cabeza acudieron los recuerdos de mi mano golpeando su culo, rojo, y  temí que esa parte de mí volviera a salir, así que apagué la luz y me di  la vuelta.</p>
<p>Rosa se abrazó a mí y así nos dormimos.</p>
<p>Me desperté tarde el sábado. Ella aún dormía. Sin hacer ruido, me  levanté a hacer pis. Me había dormido excitado, y me levantaba, como  siempre, con una erección. Me lavé la cara y me miré al espejo.</p>
<p>¿Qué me había pasado? ¿Cómo había sido capaz de darle aquellos  tortazos tan fuertes a mi mujer? La amaba con locura, y jamás le haría  daño. Pero se lo había hecho. Y ella no había protestado, no me había  detenido. Me dejó hacerlo y creo que llegó a gustarle.</p>
<p>Yo sabía lo que era el sadomasoquismo. Por oídas. Gente a la que le  gusta infringir dolor y gente a la que le gusta recibirlo. Todo para  buscar el placer. No lo entendía. ¿Dónde está el placer en provocar  dolor en otra persona? ¿Dónde está el placer en sentir dolor?</p>
<p>No. No lo entendía. Pero cuando golpeaba a mi mujer y le daba dolor, yo sentía placer. Y ella sintió placer con ese dolor.</p>
<p>La imagen que reflejaba el espejo era mi propia imagen, la de  siempre. La del hombre normal de siempre. La del hombre que había  golpeado con saña las nalgas de su mujer y había gozado con ello.</p>
<p>Estaba confuso. Hasta un poco asustado. Volví al dormitorio,  dispuesto a hablar con Rosa. Decirlo que lo sentía, que no sabía lo que  me había pasado. Y cuando entré en el dormitorio, la vi.</p>
<p>Estaba boca abajo. Se había quitado la parte baja del pijama, con lo  que sus preciosas nalgas quedaban expuestas. Sus preciosas y marcadas  nalgas. Aún tenía marcas de los golpes. Ligeras líneas rojas. Apoyada en  sus codos, me miraba.</p>
<p>Con esa mirada me lo dijo todo. Me acerqué a la cama, subí y me tumbé  a su lado. Una de mis manos acarició  su espalda, y fue bajando poco a  poco hasta llegar a su culito. Lo acaricié con ternura. Pasé los dedos  por las marcas que dejé. Noté bajo las yemas la piel hinchada. ¿Cómo  pude ser tan bestia?</p>
<p>Me acerqué a su espalda y la besé. Rosa ronroneó como una gatita. Fue  bajando por su columna hasta llegar a sus nalgas. Las lamí. Les di  besitos.</p>
<p>Y le di un mordisquito.</p>
<p>Suave, cariñoso. Lamí la zona. Y mordí otra vez. Un poco más fuerte.  Con el tercero, Rosa reaccionó. Dio un pequeño gemido. El mordisco había  sido moderado. Lo repetí. Y ella volvió a gemir.</p>
<p>Mordí la otra nalga. Más fuerte. El gemido también fue más fuerte.  ¿No me iba a decir que parara? Uno más. Muy fuerte. Su cuerpo se tensó.  Apretó los puños contra las sábanas, pero no dijo nada.</p>
<p>Miré su culo. Estaba otra vez rojo, con marcas de mis dientes. ¿Y si  le daba uno un poquito más fuerte? Sólo un poco más. Acerqué mi boca a  una zona sin marcas, y mordí. Con fuerza. Esta vez se quejó de dolor.  Apartó sus nalgas de mi boca. Pero no dijo nada. Y cuando miré, uno de  mis colmillos había rasgado su piel. Una gotita de sangre asomaba por el  agujero que mi diente había hecho. Con la punta de mi lengua lo lamí.  Me sentí como una especie de vampiro. Era sólo un pequeño arañazo y  enseguida dejó de sangrar.</p>
<p>Miré a Rosa. Tenía los ojos cerrados. Una mano a cada lado de su  cabeza, agarrando las sábanas. Sin dejar de mirarla, levanté una mano y  le di una torta en el culo.</p>
<p>-PLAS!</p>
<p>Se mordió el labio. Cerró los puños.</p>
<p>-PLAS! – con más fuerza.<br />
-Agggggggggg</p>
<p>Me incorporé, arrodillándome. Puse una rodilla a cada lado de su  cuerpo, a la altura de sus rodillas. Mi polla estaba como una piedra,  formando una tienda de campaña en mi ligero pijama. Lo bajé y liberé mi  polla.</p>
<p>Ante mi, su lindo culito. Rojo, con marcas de mordiscos y de dedos.  Levanté la mano derecha y le di una buena torta en la nalga derecha.  Repetí lo mismo con la mano izquierda.</p>
<p>Su expresión de dolor y placer me volvía loco. Le daba más y más  torta. De la punta de mi polla goteaba líquido pre seminal. Estaba muy  excitado.</p>
<p>De repente, me paré. Respiraba con fuerza, por el esfuerzo de darle  azotes. Llevé mis dos manos a sus nalgas. Estaban calientes. Las  masajeé, primero con suavidad y luego con fuerza, apretando los dedos.  Las separé y vi su cerrado ano.</p>
<p>Nunca le había follado el culo. Me decía que tenía miedo, que le  dolería. Y por más que le insistí que tendría cuidado y que al menor  atisbo de dolor pararía, nunca me dejó.</p>
<p>Dolor. ¿Más dolor que aquellos azotes? ¿Que el mordisco? Seguía con  los ojos cerrados. Me chupé el pulgar y lo llevé a su ano. Apreté, con  fuerza, y le metí el dedo hasta el fondo.</p>
<p>-Aggggggggggg – se quejó, con una mueca de dolor</p>
<p>Siempre le decía que si le dolía, pararía. Y ahora, le dolía. Saqué  el dedo de su culo. Abrí las nalgas con mis manos. Puse mi boca en la  vertical de su culo y dejé caer un poco de saliva. Cayó justo en su ano.</p>
<p>Subí un poco, acercando mi dura polla. Cuando la punta se apoyó  contra la apretada entrada, se aferró con fuerza a las sábanas. Empujé,  pero no pude meterla. Estaba apretando con fuerza.</p>
<p>Levanté una mano y la di una fuerte torta en el culo.</p>
<p>-No hagas fuerza, zorra.</p>
<p>Jamás la había llamado así, pero así es como la veía ahora. Como a  una zorra a la que le gustaba ser castigada. Pues lo iba a ser. Volví a  empujar, haciendo fuerza. Pero no conseguí metérsela.</p>
<p>Esta vez, la torta que le di me dolió hasta a mí.</p>
<p>-Te he dicho que no hagas fuerza. Si lo vuelves a hacer, sabrás lo que es el dolor de verdad.</p>
<p>No dijo nada. Sólo se mordió otra vez el labio inferior y cerró los  ojos con fuerza. Volví a intentarlo. Empujé y la punta de mi polla  entró, por fin, dentro de su culo. Rosa gritó. Gritó de dolor. Por fin  una reacción.</p>
<p>Pero eso no me paró. Me animó a seguir empujando, clavándole toda mi  polla en tu caliente y apretado culo, hasta donde pude. En esa postura,  ella boca abajo y yo arrodillado sobre ella no se la podía meter toda. Y  yo deseaba clavarle toda mi polla en su culo.<br />
Sin sacársela, estiré mis piernas, poniéndome sobre ella. Ahora sí que  pude terminar de metérsela, hasta que choqué contra sus nalgas.</p>
<p>Su cara reflejaba dolor, intenso dolor. Sólo tenía que decirme que  parara y todo terminaría. Pero se quedó callada, sintiéndose atravesada  por mi dura barra. Sus puños cerrados. Yo estaba tan excitado que notaba  que me correría pronto, sin moverme.</p>
<p>Traté de concentrarme, de pensar en otra cosa. Pero cuando Rosa  empezó a gemir, no pude más y me empecé a correr. Un intenso orgasmo me  atravesó el cuerpo y de mi polla salieron disparados varios chorros de  caliente semen, que se estrellaban contras las paredes de su recto. No  recuerdo un placer tan intenso como ese. Mis manos apoyadas en la cama  mientras mi polla se vaciaba dentro del hasta ahora virgen culo de mi  amada esposa.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1249" title="anal" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/anal.jpg" alt="anal" width="500" height="333" /></p>
<p>Me quedé quieto, disfrutando mi intenso placer, mirando su bello  rostro, crispado de dolor. Y de placer. Lo veía. Me terminé de correr, y  empecé a moverme. Mi polla seguía dura, como antes de correrme, y  entraba y salía de su apretado culito.</p>
<p>El dolor era ahora más intenso. Y el placer. Ya no apretaba los puños. Los abría y cerraba, con fuerza.</p>
<p>-Ahora vas a saber lo que es una buena enculada – le dije.</p>
<p>La follada fue brutal, empujando a fondo y sacándola le polla hasta  más de la mitad, sólo para volver a enterrársela hasta el fondo. Mi  reciente corrida me permitió follarla un buen rato, hasta que poco a  poco los quejidos de dolor se fueron transformando en gemidos de placer.</p>
<p>Rosa se tensó y se corrió, sin previo aviso. Su cuerpo temblaba.  Abrió la boca pero no emitió sonido alguno, y apretó su culo contra mí,  buscando sentir mi polla clavada hasta el fondo.</p>
<p>-¿Así te estás corriendo, eh? Zorra. Nunca me dejaste darte por el culo y mírate ahora, corriéndote como una puta.<br />
-Agggggggggggg  gimió cuando el orgasmo pasó y el aire volvió a sus pulmones.</p>
<p>Le había mordido. Le había dado unos tortazos muy fuertes en culo. Y  le había metido la polla sin miramientos, con fuerza. ¿No era eso  suficiente para mí?</p>
<p>No. No lo era. Deseaba más. Apoyado con la mano izquierda, llevé mi  mano derecha a su cabello y la agarré. En ese momento no era yo. Era una  bestia que deseaba más placer para mí. Más dolor para ella. Tiré de su  pelo, con fuerza, levantando su cabeza, estirando su cuello, y seguí  enculándola, con saña, cada vez más rápido.</p>
<p>-Toma polla, zorra. Toma polla.</p>
<p>La postura se me hizo incomoda. Le saqué la polla del culo, la hice  poner a cuatro patas en la cama y se la volví a meter, de un sólo golpe.</p>
<p>Su grito de dolor me animó a seguir. Agarré de nuevo su cabello y  tiré de él, con fuerza, primero con una mano y luego con las dos,  mientras mi polla perforaba una y otra vez su culo. Un nuevo orgasmo se  formó en mi interior y arremetí contra ella con más fuerza aún. Tiré de  su pelo con tanta fuerza que la levanté hasta mi pecho.</p>
<p>Me corrí, por segunda vez, dentro de su culo. Y ella se corrió  conmigo, sintiendo un nuevo baño hirviente dentro de ella. Tuvo espasmos  por todo el cuerpo.</p>
<p>Cuando la solté, se cayó hacia adelante, quedando boca abajo, sobre  la cama. Mi polla quedó libre, en el aire. Mi corazón parecía que se me  iba a salir del pecho. Mis pulmones se hinchaban una y otra vez.</p>
<p>Rosa estaba quieta. Con los ojos cerrados. La cara en paz. Ya sin  dolor. Miré sus nalgas. Esas nalgas que tanto placer me habían dado.  Estaba rojas, marcadas de dientes y de dedos.</p>
<p>¿Cómo fui capaz de hacerlo? Tenía que dolerle. Me tumbé a su lado,  mirándola. Abrió los ojos, lentamente. Estaban rojos. Vi sus mejillas  mojadas, por lágrimas. Me miró con aquellos bellos ojos.</p>
<p>¿Qué me diría? ¿Me reprocharía algo? Quizás me diría que le había hecho mucho daño, que me había pasado.</p>
<p>Pero no dijo nada. Sólo me miró y sonrió. Esa sonrisa fue como un  bálsamo en una herida. Todo estaba bien. Ella estaba bien. Yo estaba  bien. Me acerqué y la besé. Con ternura. Ella me abrazó.</p>
<p>¿Todo estaba bien? No. No estaba bien. Yo no estaba bien. Me había  comportado como un animal. Había provocado dolor a conciencia. Y me  había gustado. Me había excitado. Había lastimado al ser que más amaba  en este mundo, y ella no me dijo ni una palabra. En vez de salir  corriendo, de huir de mí, apoyó su cabeza en mi pecho y me acarició.  Sólo dijo una cosa.</p>
<p>-Te quiero.<br />
-Y yo a ti, mi vida.</p>
<p>Estuvimos un buen rato así. Acariciándonos sin hablar. No sé en qué  pensaba ella. Yo pensaba en lo que me estaba pasando. En lo que nos  estaba pasando. Quería hablarle. Preguntarle. Pero no me atreví.  Simplemente, callé.</p>
<p>El resto del día fue normal, tranquilo. Como siempre. Nos  comportábamos como lo hacíamos habitualmente. Noté que ella se sentaba  despacito. Le debía doler el culo. Pero que bestia fui, dios mío.  Quizás, como compensación, la abrazaba a cada momento, la besaba, le  decía que la amaba.</p>
<p>Pero cada vez que la miraba, veía su cara, crispada por el dolor, por  el placer. Quería volver a ver esa cara. Quería oírla quejarse. Luché  contra esos pensamientos. No era yo. Yo no era así. Yo era una buena  persona.</p>
<p>Por la noche vimos la tele en el salón, y después nos fuimos a la  cama. Normalmente los sábados por la noche siempre hacíamos el amor.  Teníamos el domingo para descansar, así que solíamos gozar de unas  noches llenas de sexo.<br />
Esa noche, yo tenía miedo. Miedo a que esa parte de mí volviese a salir,  así que me di la vuelta, dándole la espalda a Rosa. Quería dormirme,  que todo pasara, que quedara sólo como un recuerdo.</p>
<p>Ella se abrazó a mí. Empezó a darme besitos en la nuca. Acarició mi  espalda, hasta llegar a mi culo. Lo acarició por fuera del pijama, hasta  que al poco metió la mano y sentí su mano en mi piel. Besó mi cuello,  mi oreja. Cuando su mano llegó a mi polla, ya la tenía bien dura.</p>
<p>La sentí gemir. Agarró mi polla y empezó una lenta paja.</p>
<p>-Te deseo – me susurró al oído.</p>
<p>Me di la vuelta, quedando boca arriba. Nos besamos con pasión. Su  mano no abandonó mi polla mientras yo acariciaba su espalda. Cada vez  estábamos más excitados. Me dije que no haría nada. Que dejaría que  fuera ella la que llevase el ritmo, la que decidiera cómo hacerlo</p>
<p>Sin dejar de besarse se fue desnudando. Acaricié sus bellas tetas,  grandes. Llenaban mis manos y sus duros pezones se notaban claramente.  Rosa me bajó el pijama, bajándolo hasta mis rodillas, y miró mi polla.  Después se sentó sobre mí, cara a mí, pero sin meterse la polla. La dejó  sobre mi pubis, y empezó a frotarse con ella. Pude sentir el calor de  su coño, la humedad.</p>
<p>-Ummmm mi amor. Estoy muy cachonda. Lo notas, ¿verdad?<br />
-Sí, estas muy mojadita.</p>
<p>Su coño se deslizaba a los largo de mi polla, haciendo que su  clítoris se rozara con toda mi dureza. Eso lo solíamos hacer muchas  veces. Simplemente se frotaba hasta que se corría. Incluso, si yo estaba  muy caliente, me hacía correr a mí también, sin necesidad de metérsela.</p>
<p>Y yo estaba muy caliente. La miré. Imágenes de sus ojos cerrados, su  boca abierta, sus dientes apretados, acudieron a mi mente. Cerré los  míos para no mirarla.</p>
<p>-¿Quieres que te folle, mi amor? ¿Quieres que me clave tu polla en mi coñito?<br />
-Sí. Métela hasta el fondo. Cabálgame.</p>
<p>Noté su mano, agarrando mi polla, dejándola vertical. Y noté como  resbaló entera dentro de su coño. Abrí los ojos y la miré. Me sonrió y  empezó a moverse, lentamente. Primero sólo rotando, frotando, sin  moverse arriba y abajo, sintiendo mi polla rozar las paredes de su  vagina. Y después, poniendo sus manos en mi pecho, empezó a subir y  bajar.</p>
<p>Su cara era de placer. Cerraba los ojos, los abría. Se lamía los  labios, mojándolos. Y gemía. Gemidos suaves. Yo también gozaba, cada vez  más, a medida que Rosa me cabalgaba cada vez más rápido, meciendo sus  caderas alrededor de mi polla. Cerré de nuevo los ojos para gozar con  los demás sentidos, para agudizarlos.</p>
<p>Mis manos acariciaron sus muslos, su sedosa piel, cálida. Y fueron  subiendo por su cuerpo, despacito, hasta llegar a sus tetas. Me encantan  sus tetas. Sentí su peso en mis manos. Las sobé, y mis pulgares  apretaron sus pezones como si fueran dos botoncitos. Dos duros  botoncitos. Rosa gimió de placer.</p>
<p>Y, al poco, gimió de dolor. Su cuerpo se estremeció. Abrí los ojos y  me di cuenta de que le estaba apretando los pezones entre mis dedos. No  dejó de moverse, siguió subiendo, bajando. Su cara ahora reflejaba esa  mezcla de placer y de dolor que tanto me cautivaba. Apreté con más  fuerza.</p>
<p>-Agggggggg – se quejó, mirándome con los ojos entrecerrados, con su labio inferior mordido.</p>
<p>Aflojé la presión de los dedos, y su cara se relajó un poco. Volví a apretar, con fuerza.</p>
<p>-Agggggggg – volvió a gemir, levantando la cabeza, echándola hacia atrás.</p>
<p>Empezó a temblar, a tensarse, y estalló en un fuerte orgasmo que  precipitó el mío. La tensión que se apoderó de los músculos de mi cuerpo  hizo que mis dedos apretaran aún más fuerte sus pezones, y rosa, en  pleno orgasmo, gritó. Sus manos, que estaban apoyadas en mi pecho, se  cerraron como garras y sus uñas rasparon mi piel.</p>
<p>Jamás olvidaré la expresión de su rostro en ese momento. Había dolor,  sí, mucho dolor, pero sobre ese dolor había más placer del que nunca  había visto reflejado en su cara. Mi polla terminó de vaciarse dentro de  ella y Rosa seguía con espasmos, temblando, corriéndose, hasta que un  último latigazo de placer la dejó inmóvil, para después dejarse caer,  fláccida, sobre mí.</p>
<p>Y así permanecimos, abrazados, largo rato. El sueño nos venció, se tumbó a mi lado y nos dormimos.</p>
<p>El domingo por la mañana estuvimos en la cama hasta tarde. En varias  ocasiones quise hablar con ella, de lo que nos estaba pasando. Pero la  miraba y veía a la Rosa de siempre, y no me atrevía.</p>
<p>Por la tarde, aproveché que Rosa durmió la siesta en el salón para  conectarme a internet. Busqué información sobre el sado. Vi videos,  muchos. Algunos eran brutales, y pensé que jamás yo podría hacer algo  así. Pero también pensaba que nunca haría daño a Rosa intencionadamente,  y lo había hecho. Y lo peor de todo, me había gustado.</p>
<p>Me llamó la atención que en la mayoría de videos el cuero estaba  presente. Ataduras, ropa interior, látigos. Eso no me llamaba la  atención. Lo que atraía mi curiosidad era lo que hacían con esos  látigos. Fuertes azotes. De hombres a mujeres. De mujeres a hombres. Me  impresionaron especialmente los videos en los que usaban agujas, las  cuales clavaban en varias partes del cuerpo.</p>
<p>Algunos videos me repugnaron. Otros, me excitaron. Imaginaba que le  hacía esas cosas a mi amada Rosa. Me empecé a acariciar la polla por  encima del pijama. Una chica era azotada en el culo con una paleta,  dejándoselo bien rojo.</p>
<p>Me saqué la polla y me masturbé mirando la escena. Después, encontré  otro video. Y lo que vi se me llevó al máximo de excitación. Era algo  que alguna vez había visto, como algo exótico, pero que ahora deseaba  hacérselo a Rosa. Apagué el ordenador y fui en su busca.</p>
<p>Seguía dormida, acurrucada en el sofá. La admiré un buen rato. Era  tan hermosa. Tenía mucha suerte de tenerla a mi lado. Seguía con el  pijama puesto. Sin que se despertara, me senté a su lado.</p>
<p>Acaricié sus piernas. Siempre me ha gustado acariciar su piel. Es  suave y cálida. Llegó a su culito, a sus caderas. Ella, en sueños, se  movió, quedando boca arriba. Un poco de salivilla le salía por la  comisura de sus labios. Me reí. Estaba tan a gusto que babeaba.</p>
<p>El pijama era holgado, así que pude meter una mano por dentro de una  de las perneras y llegué hasta su coño. Estaba cerrado, seco. Recorrí la  rajita con un dedo, con delicadeza, mirando su bello rostro.</p>
<p>Sonrió. Estaba despierta, pero no abrió los ojos. Lo que abrió fueron  las piernas, para que la acariciara mejor. Y así lo hice. Recorrí su  coño con mis dedos, notando como se empezaba a mojar, facilitando que  resbalase mejor. Se pasó la lengua por los labios, y sus pezones se  empezaron a marcar bajo la blusa.</p>
<p>-Ummmm que rico despertarse así – dijo, susurrando.</p>
<p>Uno de mis dedos se metió en su vagina. Estaba cada vez más mojada.  Pero el pijama no me dejaba maniobrar bien, así que le junté las piernas  y se lo quite, para luego volvérselas a abrir. Abrió los ojos y me  sonrió</p>
<p>Siempre me ha gustado mirar su coño así, abierto, mojado, excitado.  Es precioso. Recorrí sus labios, y después metí un dedo, hasta el fondo.  Lo saqué y metí dos. A ella le encanta que frote así la parte superior  de su vagina. Lo hice y se estremeció. Llevó sus manos a sus tetas y se  las acarició.</p>
<p>-Agggggg así mi amor. Así</p>
<p>La follé con los dos dedos. Los saqué. Estaban mojados, llenos de flujo que esparcí por su vulva.</p>
<p>Entonces, metí tres dedos. Índice, anular y corazón. Entraron con  facilidad. Los giré dentro, los saqué y volví a meter. Rosa gemía de  placer, cerrando los ojos, meciendo las caderas.</p>
<p>Un poco más. Un paso más. Junté los cuatro dedos, todos menos el  pulgar, y los metí lentamente en su coño. Ahora era más difícil. Antes  de llegar a los nudillos, ya no podía más. Su vagina no daba más de sí.</p>
<p>Entraba, salía, girando la mano, frotando las paredes de su coñito.  El pulgar acariciaba su clítoris, frotándolo. Estuve así hasta que Rosa  empezó a tensarse y se corrió, levantando sus caderas con cada espasmo.</p>
<p>Aproveché su orgasmo, sus jugos que bañaron mi mano para empujar, con  fuerza. Conseguí que mis nudillos traspasaran la entrada. Rosa se  tensó, pero esta vez de dolor.</p>
<p>Sólo mi pulgar quedaba fuera. Sentía como su vagina oprimía mi mano.  Con cuidado empecé a girarla. Rosa tenía los ojos cerrados. El labio  inferior mordido. Y esa expresión, de placer y dolor, que me atraía.  Empujé un poco, y luego tiré, hacia afuera, hasta que los nudillos  salieron.</p>
<p>Pero volví a empujar. Ahora no la cogí por sorpresa. Me costó, pero  volví a meter los cuatro dedos y la palma de la mano hasta que el dedo  pulgar me impidió seguir.</p>
<p>¿Más?, me pregunté. Claro que más. Todo.</p>
<p>Saqué la mano, puse el pulgar debajo, y empujé. Empujé. Empujé.  Mirándola. Se quejó de dolor. Llevó sus manos a mi mano y me hizo parar.  Mis nudillos estaban justo en la entrada. Rosa se mordía el labio con  fuerza.</p>
<p>Joder. Le estaba haciendo daño. Mucho daño. ¿Cómo podía ser tan  bestia? Iba a retirar mi mano cuando ella me soltó y me miró. Vi en sus  ojos que quería más. Y más le di. Mi mano siguió entrando en su coño,  poco a poco, lentamente. Cuando estuvo toda dentro, hasta la muñeca,  paré. Apenas podía girarla, y ella seguía mirándome. La saqué un poco.  Salía brillante, llena de jugos. Y la metí otra vez.</p>
<p>Rosa empezó a gemir, de placer, y cuando acerqué mi boca a su  clítoris y se lo lamí se corrió, empalada en mi mano. Un orgasmo fuerte,  intenso, que lubricó su vagina, que poco a poco se fue dilatando hasta  que pude follarla bien, a fondo, girando la mano, saliendo hasta más  allá de los nudillos y enterrándola seguidamente toda, hasta la muñeca.  Ella se corría, una y otra vez, y yo estaba cada vez más excitado. Mi  polla pugnaba por salirse del pijama. Llevé mi mano libre hasta mi polla  y la liberé, empezando una furiosa paja.</p>
<p>Rosa empezó a gritar en pleno orgasmo, el más intenso de la serie. Se  tensó toda durante largos segundos y luego quedó sobre el sofá,  desmadejada, respirando por la boca a bocanadas. Yo ya no podía más. Le  saqué la mano y me cogí la polla con ella, llena de jugos, caliente. Me  acerqué a su cara. La cogí por el pelo con la otra, con fuerza. Ella  tenía los ojos cerrados.</p>
<p>-Mírame, zorra – le dije</p>
<p>Abrió los ojos, lentamente. Yo estaba a punto de correrme. No era la  primera vez que me corría en su cara, cosa que me encanta. Pero sí fue  la primera vez que lo hacía así. No tuve cuidado. No procuré no marchar  su pelo. Y sobre, no intenté evitar sus ojos. Me corrí como nunca,  apretando su pelo, apuntado a toda su cara, incluso a sus ojos. Sabía  que le escocería, pero eso, en vez de retenerme, me animó llenar se  semen sus bellos ojos, que cerró.</p>
<p>Y cuando terminé de correrme, le metí la polla en la boca. Rosa tenía  la cara cubierta de mi corrida. Ambos ojos, cerrados, con semen sobre  los párpados.</p>
<p>-Abre los ojos. Mírame.</p>
<p>Me obedeció. Sus pestañas quedaron pringadas. Y sus ojos…sus bellos  ojos que me enamoraron la primera vez que los vi, estaban ahora rojos,  como si hubiese llorado. Me ayudé de la polla para recoger la leche que  cubría su cara y llevarla hasta su boca. Se la comió sin decir nada. Con  los dedos le quité el semen de los ojos.</p>
<p>Cuando quedó limpia, me tumbé a su lado y la besé. Cogí, con suavidad, su cabeza y la miré.</p>
<p>-Te quiero, Rosa.<br />
-Y yo a ti, mi amor.</p>
<p>De sus ojos irritados caían lágrimas. Puse su cabeza en mi pecho, y estuvimos así un buen rato.</p>
<p>Al día siguiente, el lunes por la mañana, solo, sentado en mi  despacho, tuve tiempo para pensar en lo que había pasado el fin de  semana. Por más que lo intentaba, no comprendía qué diablos me había  pasado. ¿Cómo era posible que de la nada hubiese surgido aquello?  Sadismo. Masoquismo. Placer en hacer daño. Placer en recibirlo.</p>
<p>No lo entendía. En mi educación siempre me inculcaron el respeto a  los demás, sobre todo a las mujeres. El ser buena persona, amable,  cariñoso. Y así lo había sido, hasta que aquella maldita película  despertó algo en mí. Pero no era sólo en mí. También despertó algo en mi  mujer. Todo se hubiese cortado de raíz si ella hubiese protestado al  primer tortazo. Un simple no habría bastado.<br />
Ese no, no llegó. Todo lo que hice fue recibido con placer. Me empecé a  preguntar dónde estaba el límite. Cuando podría ella aguantar hasta  decir basta. Pero lo que más me asustaba no era eso. Lo que más me  asustaba, lo que más me asusta, es hasta dónde puedo llegar yo. ¿Dónde  está el límite?</p>
<p>La llamé a su trabajo.</p>
<p>-Hola mi amor – le dije<br />
-Hola mi vida.<br />
-¿Cómo estás?<br />
-Muy bien .¿Y tú?<br />
-Bien.</p>
<p>Hice una pausa. Esperaba que ella dijese algo sobre lo ocurrido. Que me diera pie para empezar a hablar. Pero no sacó el tema.</p>
<p>-¿Vendrás a comer hoy? – pregunté.<br />
-Sí. Nos vemos en casa, cariño.<br />
-Hasta luego.</p>
<p>Al medio día, camino a casa, me propuse hablar, por fin del asunto.  Ya no seguir así. Deseando cosas y atormentándome después por haberlas  hecho. Entré en casa. La oí en la cocina y me dirigí hacia allí.</p>
<p>Estaba preciosa, con un vestido ejecutivo azul marino. Se había  puesto un delantal para no mancharse. Me acerqué a ella por detrás y la  abracé, besando su cuello.</p>
<p>-Hola corazón.<br />
-Ummmm hola mi amor.</p>
<p>Su culo presionaba contra mi polla. Lo movía ligeramente, mientras ya  la besaba. Y consiguió lo que buscaba. Ponerme la polla dura. Cuando la  notó, más se restregó.</p>
<p>-Me has puesto la polla dura.<br />
-Ummm sí, ya la noto.</p>
<p>Llevé mi mano a su cabello, para acariciarlo. En vez de eso, lo  agarré con fuerza, tirando de él, haciendo que su cuello se doblase  hacia mí.</p>
<p>-Tu culo me la ha puesto dura. ¿Sabes lo que eso significa?<br />
-No.<br />
-Que te voy a dar por el culo. Que te voy a clavar mi polla hasta el  fondo y te lo voy a llenar de leche. Eso significa. Levántate la falda.</p>
<p>Noté como se estremecía. Sin soltar su pelo, mire como se subía la  falda, mostrándome sus bellas bragas azules, tipo culotte. Con la mano  libre me bajé la bragueta y me saqué la polla. Era una barra de hierro  ardiendo.</p>
<p>Le hice apoyar en el pollete, poniendo el culo hacia atrás, ofrecido.  Tiré de sus bragas hasta que cayeron al suelo. En sus nalgas quedaban  ligeras marcas del otro día. Le iba a poner marcas nuevas.</p>
<p>-PLAS! – golpeé, con la mano abierta<br />
-Agggggggg.<br />
-Si me pones la polla dura con tu culo, me follo tu culo. ¿Entendido?- PLAS!<br />
-Ummmmmmm sí, sí, lo entiendo.</p>
<p>Seguí dándole tortas en ambas nalgas, hasta dejárselas bien rojas. Mi  polla babeaba de excitación. Hubiese seguida así para siempre.  Golpeando su culo y oyéndola quejarse.</p>
<p>Me acerqué. Lo abrí con las manos. Su apretado ano quedó a la vista.  Escupí en mis dedos y lo lubriqué un poco, apoyé la punta de mi polla y  empujé. Sin miramientos. Sin cuidado. Fuerte y profundo. Me costó  meterle la polla hasta el fondo. En el reflejo de la ventana que  teníamos delante me mostraba su cara crispada de dolor. Y en vez de  apiadarme, me agarré a sus caderas y empecé un dura enculada.</p>
<p>Se la clavaba hasta el fondo, hasta que mis caderas chocaban con su  culo, y se la sacaba casi toda. Me puse como loco. Seguí dándole con las  manos.</p>
<p>PLAS, PLAS, PLAS.</p>
<p>Se crispó y se corrió. Sentí perfectamente su orgasmo en mi polla. Su  recto se convulsionó a su alrededor, y no dejé ni un momento de darle  tortas. Sonoras, y dolorosas. Hasta a mí me dolían los dedos.</p>
<p>Quería que me dijese “Para ya, mi amor. Me duelo, por favor, para”.  En vez de eso, se volvió a correr al poco tiempo del anterior orgasmo.  Yo ya no pude más, y agarrado a sus caderas, grité como un animal y me  corrí a borbotones en su culo. Mi placer fue intenso, total. Casi me  hace perder el equilibrio.</p>
<p>Nos quedamos en silencio, con los ojos cerrados. Lo abrí lentamente.  MI polla seguía clavada en su culo. Se la saqué despacito. Su ano quedó  abierto, y un poco de semen goteó fuera.</p>
<p>Me guardé la polla. Ese seguía en la misma postura.</p>
<p>-Voy a buscar una cosa. Desnúdate.</p>
<p>Cuando volví a la cocina, estaba totalmente desnuda. Que visión más  hermosa. Miró lo que traía en las manos. Dos pinzas para la ropa.</p>
<p>Me acerqué. Miré sus pezones. Se notaban duros, erectos. Cuando los  acaricié confirmé su dureza. Cogí la primera pinza. Cuando se cerró  sobre el pezón, se quejó de dolor.</p>
<p>-Calla, zorra.</p>
<p>Cuando le puse la otra pinza en el pezón restante, no se quejó. Sólo puso una mueca de dolor.</p>
<p>-Y ahora, comamos, mi amor.</p>
<p>Sirvió la comida así, desnuda, con las pinzas apretando sus pezones.  Yo la miraba. Empezamos a comer, ella sentada enfrente de mí.<br />
Sin que se diera cuenta, me descalcé y me quité el calcetín. Adelanté el  pie hasta tocar el suyo, y empecé a subir por él. Llegué a su rodilla,  al interior de sus muslos y seguí hacia adentro, hasta llegar a su coño.</p>
<p>Era un mar de jugos. Caliente, babosito. Rosa estaba muy excitada,  cachonda. Le pasé el pulgar a lo largo de la rajita, frotando su  clítoris. En su cara vi reflejado el placer que sentía.</p>
<p>Por fin me decidí a hablar, mientras la masturbaba.</p>
<p>-Rosa, mi amor. No sé que me está pasando. Que nos está pasando. Pero me gusta. Y voy a seguir – le dije, mirándola a los ojos.</p>
<p>Ahora era su oportunidad de decir algo. De decirme lo que sentía, lo  que deseaba. Me miró, se tensó y se corrió, apretando los puños,  cerrando los ojos, mojando mis dedos.</p>
<p>No dijo nada. No hizo falta. Todo estaba dicho.</p>
<p>Terminamos de comer. Rosa recogió la mesa. La ayudé con los platos.  Cuando se dio la vuelta, su culo colorado me encantó. A mi cabeza acudió  una imagen. Algo que había visto. Iba a ser la siguiente vuelta de  tuerca.<br />
Cuando hubimos recogido todo, la llamé. Se quedó de pie, en frente mío.</p>
<p>-¿Sabes que te amo, verdad?<br />
-Sí, lo sé. Y yo a ti, con todo mi ser.<br />
-Espera aquí.</p>
<p>Fui a buscar una cinta. Cuando encontré lo que buscaba, regresé.</p>
<p>-Date la vuelta.</p>
<p>Obedeció.</p>
<p>-Las manos atrás.</p>
<p>Se las até, con fuerza, pero sin contarle la circulación. La giré. Sus ojos brillaban.</p>
<p>-Arrodíllate</p>
<p>Lo hizo despacito, mirándome. Tenerla allí, arrodillada, con los  pezones martirizados por las pinzas me tenía otra vez excitado,  cachondo. Me bajé la cremallera y me saqué la polla. Me la agarré con  una mano. Con la otra agarré su cabello.<br />
Empecé a pasarle la polla por la cara. Tiernamente, con dulzura. Hasta  que la abofeteé con ella. Primero en una mejilla, luego en la otra.  Golpes en su cara con mi polla. El líquido pre seminal que mi excitada  verga soltaba dejaba marcas brillantes en su rostro.</p>
<p>-Abre la boca.</p>
<p>Le hice echar un poco la cabeza hacia atrás. Acerqué mi polla a su  abierta boca y se la metí, centímetro a centímetro. Media polla, y seguí  empujando. Más, más, hasta que tuvo una arcada y echó la cabeza hacia  atrás, tosiendo.</p>
<p>-No hagas eso, zorra. Estate quieta – le dije, sujetándola con fuerza por el pelo.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1250" title="throaty" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/06/throaty.jpg" alt="throaty" width="480" height="360" /></p>
<p>Volví a meterle la polla, hasta que rozó su garganta y no pudo  reprimir otra arcada, más fuerte que la anterior. Esta vez la sujeté con  fuerza y la mantuve allí. Empezó a toser y a expulsar grandes  cantidades de saliva, que bajaban por mi polla, hasta mis huevos.</p>
<p>Se la saqué un poco. En sus ojos había lágrimas provocadas por las fuertes arcadas.</p>
<p>-Prepárate.</p>
<p>Mi polla llegó a la zona roja, en donde se le provocaba la arcada.  Apreté y la sobrepasé. Jamás mi polla había estado tan dentro de su  boca. Mi mano, en la parte de atrás de su cabeza presionó y la polla  entró aún más.</p>
<p>No lo pudo resistir. Se zafó de mi presa, tosiendo. Le caían babas en  gran cantidad. Tuvo más arcadas, más toses. Mi polla, llena de saliva,  saltaba de excitación delante de su cara. Mi miró. Estaba llena de  saliva. Su barbilla, su cuello. Sus bellos ojos llenos de lágrimas.</p>
<p>Llegamos a este punto, no me iba a parar. Agarré su cabeza con  fuerza, le metí la polla en la boca y empecé a metérsela, decidido a  todo. Noté como la punta de mi polla tocaba el fondo de su boca. Empujé  más. Rosa se tensó. Puso mis manos en mis muslos.</p>
<p>¿Me iba a empujar? ¿Iba a quitarme de encima de ella? No. Sólo apretó  sus manos. Así que, con mis manos en su cabeza, le clavé toda mi polla  en la boca. Su nariz toco mi pantalón.</p>
<p>No lo resistió. Empezó a vomitar sobre mí, pero no me apiadé de ella.  La mantuve sujeta, con fuerza. No me importó que me manchara la ropa,  los zapatos. La mantuve así hasta que paró de vomitar, y entonces empecé  a follarle la boca, con fuerza, sintiendo como mi polla resbalaba por  su garganta.</p>
<p>La apreté con fuerza contra mí, y volvió a vomitar. Ya no era yo. No  sé quién era. Seguí follándole la boca hasta que no pude más y me corrí  en su garganta. Mi corrida bajó directamente por su esófago hasta su  estómago.</p>
<p>Sólo cuando estuve satisfecho la solté y le saqué la polla. Tosió con fuerza. De su nariz salían babas, así como de su boca.</p>
<p>La miré. Cualquier persona viendo todo aquello, a la mujer amada  arrodillada entre sus propios vómitos, con la cara sucia, los ojos  llenos de lágrimas, se hubiese horrorizado por lo que había hecho.</p>
<p>Estuve a punto de derrumbarme, de arrodillarme ante ella y pedirle, suplicarle, perdón. Rosa levantó la cabeza. Me miró.</p>
<p>Y sonrió. Mi amor, sólo me sonrió.</p>
<p>Han pasado varios días. Cada vez estoy más asustado. Por las cosas  que hago. Por las cosas que me deja hacerle. Porque busco el límite y no  lo encuentro.</p>
<p>Y sobre todo, estoy asustado porque mientras más dolor le doy, más placer obtengo.</p>
<p>FIN</p>
<p><em>Autor: <a href="http://abe21abe21.wordpress.com/2011/06/08/buscando-mis-limites" target="_blank">abe21abe21</a></em></p>
<div class="bottomcontainerBox" style="">
			<div style="float:left; width:85px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2F123porno.com%2F2011%2F06%2F28%2Fbuscando-mis-limites%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=85&amp;action=like&amp;font=verdana&amp;colorscheme=light&amp;height=21" scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width=85px; height:21px;" allowTransparency="true"></iframe></div>
			<div style="float:left; width:80px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<g:plusone size="medium" href="http://123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites/"></g:plusone>
			</div>
			<div style="float:left; width:95px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-url="http://123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites/"  data-text="Buscando mís límites" data-count="horizontal">Tweet</a>
			</div>			
			</div><div style="clear:both"></div><div style="padding-bottom:4px;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://123porno.com/2011/06/28/buscando-mis-limites/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A por ella</title>
		<link>http://123porno.com/2009/10/27/a-por-ella/</link>
		<comments>http://123porno.com/2009/10/27/a-por-ella/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 10:49:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de sado]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.123porno.com/?p=282</guid>
		<description><![CDATA[Llego puntual a las ocho de la mañana, como se esperaría de una buena esclava.

-Hola Verónica. Como va todo?

-Hola Xavi. Bien. Tengo muchas ganas de empezar- me respondió después de pasar y cerrar la puerta - Eso de tener todo el día para nosotros solos me pone de los nervios...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llego puntual a las ocho de la mañana, como se esperaría de una buena esclava.</p>
<p>-Hola Verónica. Como va todo?</p>
<p>-Hola Xavi. Bien. Tengo muchas ganas de empezar- me respondió después de pasar y cerrar la puerta &#8211; Eso de tener todo el día para nosotros solos me pone de los nervios.</p>
<p>-Bueno tranquila que te cansaras de día.</p>
<p>Me dio un efusivo beso que casi predecía lo emocionante que iba a ser el día. Venia muy atractiva como le ordene que viniera, llevaba una minifalda negra y una camiseta de tirantes también negra que se le ajustaba al cuerpo como una segunda piel. Debajo debía de llevar unas medias rojas con ligero, tanga y sostenes a juego, las medias las veía y lo otro me lo imagine. Estaba que quitaba el hipo. La lleve a la habitación ya preparada de antemano. Cogí la bolsa con las compras que le había mandado y las saque situándolas encima de la mesita, dispuestas para ser utilizadas. </p>
<p>-Quieres empezar ya o deseas aguardar un poco mas?</p>
<p>-Me muero por empezar. Amo.</p>
<p>Lo primero que le ordene fue que se abriera de piernas todo lo que podía. Cogí una barra de madera que tenia y se la puse a la altura de los tobillos. Le ate un extremo al pie derecho. Como aun sobraba un poco de barra en el otro extremo, le empuje el pie abriéndoselo mas para que no sobresaliera la madera, y le ate el otro pie. La hice estirar en el suelo boca abajo. Agarrándole una mano la tire hacia atrás, acerque el pie obligándola a flexionar un poco las rodillas, y le ate la muñeca a la madera. Con el otro brazo hice lo mismo en el otro extremo. Cogí un pañuelo y le tape los ojos y la enmudecí con una mordaza. Le puse unos tapones en las orejas para que no escuchara nada de la sorpresa que le esperaba. Ate los extremos de la barra de madera, a una cuerda que colgaba de una polea del techo, y sin avisar tire fuertemente. La cuerda la hizo subir y sus miembros tiraron de su cuerpo obligándola a soltar su primer quejido de dolor del día, al tener que soportar todo el peso del cuerpo. Estaba con la espalda arqueada soportando el peso de su cuerpo solo por pies y los brazos, dejándome sitio para maniobrar con tranquilidad. Cogí un vibrador bastante gordo. Al abrirse de piernas la minifalda muy ajustada se le había subido enseñándome el tanga rojo. Saque la tira del tanga que tenia metida entre los labios y me ocultaba su agujerito, apunte el vibrador, y se lo metí de un tirón sin preocuparme por si entraría o no. Un sollozo me aviso del dolor que sentía por la brusquedad y por el tamaño de aquel artilugio. Lo metí bien adentro mientras Vero se movía compulsivamente. Cuando ya se detuvo conecte el vibrador que comenzó a moverse y a hacer de las suyas. Cerré la puerta de la habitación y la deje allí colgada, pasando al comedor.</p>
<p>Espere poco rato antes de oír el timbre otra vez. Esta vez, Cristina se había adelantado, y le haría pagar muy caro la osadía de tal atrevimiento. Abrí la puerta, allí estaba tan atractiva y apetitosa como siempre. Había escogido un conjunto que le favorecía mucho las curvas que tenia, y marcándole muy bien esos alucinantes pechos. La hice pasar y la lleve al comedor. Me senté en el sofá mirándola de arriba a bajo, con una cara de asco. Para que no se acostumbrara a tenerme contento (que lo estaba), y a que no se relajara en la búsqueda de modelitos para los encuentros que teníamos, opte por humillarla quejándome del vestido que había traído. </p>
<p>-Te creerás que bienes guapa, no?</p>
<p>-Que no te gusta como vengo? Lo he comprado especialmente para ti.</p>
<p>-Quíta te esos harapos asquerosos. Si no sabes vestirte para la ocasión iras sin ropa, zorra.</p>
<p>Con una cara de lastima y muy angustiada se quito la ropa lentamente esperando una contra orden. Me levante y mire la ropa interior que traía puesta. Unas medias transparentes negras con ligero, tanga y un sujetador con blondas que me hacían levantar el miembro. La rodee mirándomela con cara de descontento.</p>
<p>-Y esto también lo has comprado para mi? Esto&#8230;&#8230;</p>
<p>-Si. Que no te gusta, tampoco? -me dijo casi con lagrimas en los ojos.</p>
<p>Negando la pregunta cogí por detrás el ligero con las dos manos y lo rompí, después tire de el arrancándoselo del cuerpo. Cogí el sujetador y tire fuertemente rompiéndo los cierres. Me sitúe delante de ella cogiendolo y rompiendo los tirantes para arrancárselo también. Dirigí mis manos a su tanga y este se lo arranque de un fuerte y seco tirón. Con las medias, mas difíciles de romper, opte por rasgárselas, quedando carreras y roturas por todos lados, pero no se las quite. Me daba mucho morbo verla desnuda con las medias puestas, hechas trizas. </p>
<p>Le advertí que llegaba con antelación, le regañe y le obligué a sentarse sobre mis rodillas, enseñándome los glúteos del culo. Cogí el látigo que ya había preparado, y comencé a azotarla fuertemente sin compasión. Como una esclava veterana, aguanto todo el castigo sin quejarse por ninguno de los azotes. Con el culo rojizo por los azotes, se callo al suelo de cuatro patas cuando me levante sin avisar. Al intentarse levantar me senté encima de su espalda, impidiéndoselo. Le recrimine que si vestía como una perra, andaría como un perra. </p>
<p>La deje para recoger unas cuantas cosas de la habitación. Al entrar me encontré a Verónica sin vibrador. Se le había salido del coño, y estaba en el suelo. Cerré la puerta, lo cogí y lo apunte a su ojete. Movimientos espasmódicos y gemidos de dolor, siguieron a la penetración. El aparato comenzó a entrar difícilmente por el agujero trasero, que aun no tenia dilatado. El grosor del mismo y los movimientos, dificultaron que se lo metiera del todo, pero entrando mas de la mitad me di por satisfecho. Lo conecte de nuevo y esta vez lo sujete con la tira del tanga, para que no saliera. </p>
<p>Regresando al comedor, observe que Cristina aun estaba a cuatro patas. Le tape los ojos con un pañuelo y dándole un azote con el látigo, le ordene que fuera gateando por el comedor. Mientras circulaba intentándose no darse con ningún mueble, me desnude del todo para estar mas cómodo. La detuve y me monte en su espalda. La hice gatear con migo encima durante un buen rato, mientras le recriminaba la poca velocidad que alcanzaba. Cada vez que aumentaba el paso, mas torpe gateaba. Comencé a azotarla para que pusiera todas las ganas en ello. Pronto comenzó a tropezar y a entravancarse, mientras la fuerza de los azotes aumentaban en dureza. Con un duro ultimo latigazo que le hizo soltar el primer grito de dolor, la detuve. </p>
<p>La lleve a la mesa de centro, la hice estirar boca abajo encima de ella, dejándole los muslos bien pegados a las patas, los brazos colgando por el otro extremo y las tetas saliendo un poco por cada lado. Le ate los muslos y los brazos a las patas para que no se pudiera mover. Le acerque mi miembro a la boca y le ordene que lo chupara. Comenzó a buscarlo a tientas, cuando lo encontró lo succiono metiéndoselo en la boca. Con la lengua empezó a juguetear y lamérmela intentando tirar la piel para atrás. Luego utilizo los dientes, dando mordisquitos cariñosos, intentando que poco a poco se me hinchara para tener la faena mas cómoda. Al ver que no podía, la saque y tire la piel que tanto le molestaba, para atrás. La recibió con alegría y comenzó a chupar como nunca. Le cogí los pelos con la mano, y mientras se me ponía a tono, la fui metiendo y sacando rítmicamente mientras su lengua recorría todos los rincones de mi polla. Una vez ya empinada del todo y agarrándole bien los pelos, se la introduje toda dentro. Intento mover un poco la cabeza para retirarla un poco sin lograrlo, y cuando la detuvo saque mi polla bien mojadita de saliva. </p>
<p>Me dirigí a su culo, poniendo la punta en la entrada de su cueva comencé a meterla suavemente sin recibir oposición. Entro poco a poco asta el final. Me agarre a sus hombros para no caerme y comencé los movimientos rítmicos de penetración. Fui metiéndola y sacándola lentamente, mientras unos leves quejidos acompañaban mi cintura, cuando empujaba mi polla dentro de su calentito culito. Los casi silenciosos quejidos, se transformaron en silenciosos jadeos con el transcurrir de las penetraciones, que poco a poco fui aumentando de intensidad y furia, tal que no pudiendo reprimirse mas sus jadeos se hicieron evidentes y muy ruidosos. A cada envestida le acompañaba un jadeo que me ponía cada vez mas excitado, y excitado dirigí mis manos en busca de sus pechos, separados del cuerpo y aplastados contra la mesita. Hallé los pezones, y comencé a acariciarlos dulcemente mientras los jadeos aumentaban por la excitación. Pronto me vinieron las ganas de correrme, y sin aguantar mas escupí todo mi semen dentro de su culo que lo recibió con un largo jadeo final. Saque la polla y le retire el pañuelo que le tapaba los ojos. Le ordene que me la limpiara de restos de mi leche. Cris abrió los ojos todo lo que pudo sin creerse la orden que estaba dándole en aquel momento. Cogí el látigo y le azote en la espalda. Le volví a repetir la orden, y poniendo cara de asco abrió la boca recibiendo mi sucia polla. Comenzó con la lengua mientras escondia unas cuantas arcadas, moviendo lentamente la lengua, recorrió toda mi polla limpiando los restos de mi semen y las impurezas de su culo, indignas de mi. Al acabar y retirar mi polla, vi que aun tenia los restos mezclados con saliva en su boca. Le agarre de los pelos levantándole la cabeza, y le ordene que lo tragara todo y no quería que ensuciara nada. Después de ver como se lo tragaba y dos intentos de vomitar, se quedo paciente con cara de asco. </p>
<p>Agarre una mordaza y le tape la boca por lo que se le venia encima. Cogí un pepino de unos doce centímetros de diámetro y apunte a su culo. Separe las nalgas con la punta del pepino y al notar el tamaño de aquello y hacia donde iba, Cris comenzó a gritar saliendo de su boca ruidillos asfixiados por la mordaza. Su culo no lo podía mover, aunque el resto del cuerpo que si podía, se agitaba como posesa. No me costo mucho meter la punta que era un poco mas grande que mi polla, pero cuando el pepino comenzaba a ensancharse, sus movimientos se detuvieron para solo oírse un continuo e interminable quejido, que acompaño al pepino abriéndose paso por su maltrecho agujero, asta que después de unos 23 centímetros de pepino me detuve. El quejido fue disminuyendo lentamente asta fundirse con el silencio. Cogí un vibrador normalito y se lo metí por el coño. Lo conecte y me asegure que no se le saliera fácilmente.</p>
<p>Puse unos tapones en las orejas a Cristina para que no escuchase nada, tape de nuevo sus ojos y dejándola atada me dirigí a la habitación donde estaba Verónica. La encontré en la misma posición, no era de extrañar, pero su chóchete derramaba cantidad de jugos vaginales. En el suelo había una gran mancha que de alguna forma tenia que recoger. Saque el vibrador y la desate dejándole brazos y piernas libres, también le quite la mordaza los tapones y el pañuelo de los ojos. </p>
<p>-Eres una guarra, has ensuciado el suelo y ahora mismo lo vas a limpiar con la lengua y a cuatro patas.</p>
<p>Poniéndose a cuatro patas, comenzó a lamer toda la mancha que su chóchete había dejado caer, y sin mas le puse mis pies delante para que me los lamiera. Mientras seguía con mis pies, me senté al borde de la cama buscando la careta que su novio había comprado. Cuando ya tuve bastante, le agarre de los pelos levantándole la cabeza y dejándola arrodillada delante mío. Le puse la carreta de cuero negro. Era una careta que le cubría toda la cabeza, con una obertura en la boca en forma de argolla que le impedía cerrar la boca. Le ordene que se girara, le ate las manos entre si y alrededor de la cintura. Solo tuve que señalarle mi verga, para que entendiera lo que deseaba. Acerco su cabeza a mi entrepierna, y fue metiendo mi polla por el agujero que daba a su boca. Cogí el látigo mientras ella comenzaba la tarea de mamármela. Notaba como movía la cabeza rítmicamente utilizando lengua y dientes, para acariciarme y chuparme toda la polla tiesa, que otra vez estaba a punto de correrse. Comencé a azotarle la espalda, mientras los azotes le hacían avanzar la cabeza engullendo mi miembro sin compasión. Su lengua recorría todos los rincones entre mordisquito y mordisquito, que hacían aumentar mi placer rápidamente, estaba seguro que había estado practicando y había aprendido muy bien la lección, de cómo ponerme a cien en pocos minutos. No por ello era mi esclava preferida. Pronto comenzó a gemir entre azote y azote, que cada vez aumentaba de intensidad y ella acompañaba con gemidos de placer, que junto a la mamada aumentaban mi placer. Su lengua buscaba mis mas sensitivos rincones, sacándome todo el placer que podían sacar, y cuando ya lo habían exprimido bien, seguían por otro rincón para prolongar y aumentar el placer que me estaba sacando de mis casillas. Casi no coordinaba con los azotes en su espalda, cuando sus dientes mordisquearon suavemente mi verga, recorriéndola de principio a fin, haciéndome estremecer y agitando todo mi cuerpo en una tremenda eyaculación, que expulso toda la leche que tenia reservada para Verónica. Me corrí mientras cerraba las piernas entorno a su cabeza aprisionándola, moviéndola al ritmo de mis espasmos, mientras iba escupiendo chorros de semen dentro de su boca, y ella seguía lamiendo y chupando como pudo hasta que deje de eyacular. Sacando la verga de su boca, le ordene que se tragara todo mi esperma que con tanto gusto le había dado. Sin esperar un segundo, paso garganta abajo, y muy sumisa sitúo la cabeza entre mis piernas esperando otra orden mía. Busque su entrepierna, notando como los pelillos estaban empapados. Era hora de que mis dos esclavas se conocieran. </p>
<p>Le saque la careta y le ate los pies de forma que pudiera caminar con pasos muy cortos.</p>
<p>-Ven que vas a seguir lamiendo y chupando.- le dije con una sonrisa en la boca.</p>
<p>Me siguió asta el comedor muy lentamente, mas que con pasitos, arrastrando los pies de lo corto que había dejado la cuerda. Al entrar por la puerta y ver a Cristina que estaba con el pepino en el culo atada en la mesilla, sus ojos se abrieron llenos de asombro e incredulidad. No pudo articular palabra. Me miraba y volvía a mirar a Cristina para volver a mirarme.</p>
<p>-Ya te dije que había tenido alguna experiencia, no? -le susurre.</p>
<p>Afirmo con la cabeza y con la boca abierta. Le dije que se quedara quieta y que no hiciera ruido. Saque cuidadosamente el pepino, el vibrador y la mordaza. La desate sin quitarle los tapones de las orejas. La gire y le ate los pies y las manos de la misma forma. Los pechos se me insinuaban junto con el coño, que aun tenia rasurado y con un poquito de liquidillo , mostrándome toda la hermosura que Cristina podía darme, pero que esta vez no gozaría yo.</p>
<p>Obligué a Vero a arrodillarse delante de las piernas abiertas de par en par de Cristina y le desate las manos. Vero la miraba con cara aturdida. Le señale la raja de su compañera. Me miro sorprendida. Había entendido lo que quería, pero no se lo podía creer. Miro la depilada raja durante un momento y me miro de nuevo negando con la cabeza. Le enseñe el látigo que sujetaba mi mano, y con cara de pocos amigos le volví a señalar la raja. Acerco la cara a la entrepierna y se detuvo, coloco las manos, una a cada lado, como si no se atreviera. Me miro y sin esperar contestación comenzó a lamer la vulva de Cristina. Aprendiendo poco a poco, separo suavemente los carnosos labios vaginales, y aguantándolos con dos dedillos cada uno metió la lengua entre ellos lamiendo el suquillo que salía del coñito. Poco a poco Cristina comenzó a resoplar rítmicamente en un intento de apaciguar y acallar los jadeos. Los soplidos asustaron a Vero que se detuvo un momento mirándome, y continuo a una señal mía. Buscando lamía y chupaba los labios de los dos lados, para luego meterle la lengua por la raja, bien a fondo, continuando con el clítoris que comenzaba a moverse levemente, junto con su cadera que buscaba mas y mas placer, de aquella lengua inexperta que no era la mía. Los jadeos no tardaron en aparecer, y poco a poco aumentaron el volumen acompañando los lametazos mi esclava favorita. Aprendió pronto, donde daba mas placer su lengua, y se centro básicamente en esos puntos, sin olvidar de vez en cuando los demás rincones, que también entraban en el juego. Susurre al oído de Vero que le diera algunos mordisquitos. Sin mas, comenzó entre mordisquito y mordisquito a lamer. Un tremendo jadeo al morderle el clítoris, hizo que las lamidas y mordiscos se centraran mas por esa zona, que cada vez estaba dando mas placer a aquella perra en celo, que estaba llegando al orgasmo. Pronto su cintura comenzó a tremolar, y los jadeos se hicieron casi continuos, en señal que se iba a correr. Me acerque a Vero y le dije que gozara con ella y que recibiera y se tragara todo el liquido de su orgasmo. Un chorro de flujo salió inesperadamente hacia la cara de Vero, que asustada aparto un poco la cara sin tener la suerte de librarse del chorro. Volviendo a su trabajo continuo chupando y lamiendo los jugos que había escupido Cristina, que aun seguía jadeando por las continuas atenciones en de Vero. </p>
<p>Me dirigí hacia Cristina y le quite los tapones de los oídos.</p>
<p>-Te gusta zorra? </p>
<p>-Siii&#8230; &#8230;mi amo. Me gusta mucho amo.- me contesto entre gemidos.</p>
<p>Sin comprender que no era yo quien la había echo correrse, le quite el pañuelo de los ojos. Me miro y levanto la cabeza para ver quien le estaba dando tanto placer. Al ver a Vero, que mientras seguía lamiendo la miraba, dejo de jadear poniendo una cara de aturdida y de circunstancia. Sin creérselo aun, su cara iba cambiando y sin poder aguantar mas, dejo caer la cabeza y estallo en una serie de jadeos continuos, que me mostraban que Vero estaba haciendo su trabajo a la perfección. Antes de que se volviera a correr cogí dos pinzas con unas pesas y se las coloque en los pezones que se estiraron dos centímetros cuando las deje caer acompañado de un grito de dolor que apago furtivamente. Ordene que Vero se quitara, y con mi polla bien tiesa por el espectáculo que acababa de ver, la introduje dentro del coño de Cristina que no dejo ni un solo momento de jadear. Metiendo y sacando mi verga los temblores retornaron a la cintura de Cristina, que me acompañaba con tremendos suspiros y jadeos, que indicaban una próxima corrida. No tardo en llenarme la polla de aquellos líquidos que expulsaba otra vez su chocho, corriéndose por segunda vez. Levantando la cabeza, me miro como continuaba arremetiendo sin dejar de mover mi cintura de un lado para otro, sumido en los olores que despredian los jugos que se deslizaban por su entrepierna, mezclándose con los sudores de su cuerpo que no dejaba de jadear por el placer que estaba sintiendo. El placer que estaba sintiendo era sobrecogedor y mi verga, moviéndose sin tregua entre los fluidos de aquel apetitoso coño. Ordene a Vero que le chupara el culo y colocándose debajo de mi comenzó separando las nalgas a chuparle el culito sin dejar ningún rincón. Entre los dos, los jadeos de Cris pronto se volvieron rítmicos y casi continuos, después de un rato de estar follandomela y de que Vero le chupara el culo. Comencé a estallar escupiendo semen en cada penetración, mientras que Cris al notar como mi caliente semen se deslizaba entre las paredes de su cueva, estallo en otro tremendo orgasmo, esta vez mas largo acompañado de un alarido que acompaño el semen de mis ultimas envestidas, que la dejaron exhausta. </p>
<p>Me retire y le dije a Vero que le ofreciera su conejito. Vero coloco una pierna a cada lado de la cabeza de Cristina, de cara a mi, que aun estaba arrodillado a sus piernas. Cris me miraba levantando la cabeza con unos ojos de incredulidad. Ordene a Cris que le hiciera correrse como ella había echo. Vero se agacho acercando su húmedo regalito a la cara de Cris, y esta girando y poniendo mala cara se negó. Vero me miro confundida mientras cogía el látigo. El primer azote hizo que Cristina levantara la cabeza acompañada de un grito de dolor, seguí azotándola mientras sus labios proferían gritos. Intento acercar la cabeza a la entrepierna, pero la retiraba acompañada de un alarido de dolor a cada azote que le daba el sus pechos. Al final consiguió llegar a la entrepierna de Verónica, sacando la lengua y aguantando todo lo que podía los quejidos de los azotes, comenzó a chupar la vulva de su compañera, con cara de asco. Proseguí un rato para quitarle la idea de retirar otra vez la cabeza, y cuando vi que todo iba bien y que Verónica había cerrado los ojos y movía la cabeza satisfactoriamente, deje de azotarla. La cara de Cristina no mostraba mucha ilusión y entendí que esta era su primera vivencia lesbiana, a lo cual no le di mas importancia. Vero comenzaba a mover la cabeza y unos susurros me confirmaron que comenzaba a sentir la lengua como recorría toda su entrepierna. Cris se detuvo inesperadamente apartando la cara, intentando asqueada escupir algún pelillo del coño de Vero, que se le había metido en la boca. Con dureza le aplique un duro castigo por cortar el placer de su compañera. El fuerte latigazo fue seguido de un terrible alarido que inundo todo el comedor, marcándosele las puntas de látigo en los pechos y parte del estomago. Mientras seguía quejándose seguí dándole azotes, no tan fuertes como el primero, pero que siguieron arrancando gritos de dolor, asta que continuo con la tarea de satisfacer a su compañera. Estuve quieto esperando que Vero entrara otra vez en el juego y comenzara a mover la cabeza mientras sentía el placer de su rebelde compañera. Regañe a Cristina por su comportamiento y le comente lo excelente esclava que era Vero. La humille con insultos y le azote los pechos que aun estaban rojos. Cris seguía lamiendo la entrepierna de Vero y esta cada vez bajaba mas la cintura, acercándole su precioso tesoro, que lamía esta vez con ganas. Pronto comenzó a gemir pausadamente, mientras de vez en cuando las piernas le flaqueaban por el placer y le tremolaban. Me sitúe detrás de Vero y comencé a azotarle el culo rítmicamente acompañando los gemidos que esta vez se mezclaban entre placer y dolor. Vero se torció ligeramente, sus manos en su entrepierna le abrieron los labios vaginales, ofreciéndole todo un mundo y una invitación para que además del exterior, le metiera la lengua dentro ofreciéndole todo el placer que pudiera. Los gemidos aumentaron el ritmo cuando Cris comenzó a chuparle y meterle la lengua dentro de su coño, que ya humedecido no se separaba de la cara de su compañera. Comencé a azotarle los pechos mientras tiraba la cabeza para atrás, sin poder reprimir el gozo que surgía de sus labios en forma de gemidos, que mezclaban el placer y el dolor de los latigazos que cada vez aumentaban mas su frecuencia y se mezclaban con el sonido de los azotes. Los gemidos se transformaron en gritos, mientras que cada vez aumentaba mas la fuerza de los latigazos contra sus pechos, que cada vez estaban mas rojos. Un alarido continuo acompaño la corrida que dejo ir todos los jugos sobre la cara de Cristina que intento apartarla antes de recibir un azote y una orden de que siguiera chupándole y lamiéndole todo el coño asta que se hubiera tragado todos los líquidos que amablemente le había ofrecido. Vero sin recibir descanso siguió gimiendo, mientras situándome detrás suyo y con la polla tiesa de nuevo, se la metía por detrás, haciéndole soltar un gemido de satisfacción al recibir mi verga calentita en su culo. Ordene a Cristina que no parara, y comencé a meterla y sacarla lentamente, mientras el cuerpo de Vero se iba tumbando poco a poco sobre el cuerpo de Cris. Con Vero sobre Cris, y yo sobre Vero, seguí acelerando paulatinamente mis envestidas que movían ligeramente su cuerpo, que a la vez hacían frotar el clítoris de esta sobre la boca de Cristina, que seguía lamiéndole todo el coño arrancándole gemidos de placer. Los gemidos casi continuos de Verónica me estaban poniendo a cien, y esta comenzó a contorsionarse mientras mis envestidas no paraban de follarse su dulce y suave culito que tanto placer me estaba dando. Sin poder aguantar mas, note un chorro que salpicaba mis testículos y la cara de Cristina, acompañado de un tremendo grito nos hizo saber que Vero se había corrido por segunda vez. Sin parar de soltar gemidos casi exhaustos, mi polla exploto, soltando todo mi esperma en las paredes de aquel cálido culo, que recibía mi regalo tan preciado. Sin esperar mas hice que Vero se retirara colocándome en su lugar. Aun con gotillas de semen cayéndome por el capullo ordene a Cristina que me limpiara la polla de restos de semen y los restos del culo de Vero. Con cara de asco abrió la boca sacando la lengua, metiéndosela poco a poco busque el principio de su garganta. Una brutal arcada hizo que la retirara de golpe. Cris giro la cabeza, un poco de vomito salió de su boca resbalando por su mejilla y cayendo al suelo. </p>
<p>La desate mientras le daba tiempo a recuperarse. Una vez desatada la cogí de los pelos y la arrastre hasta la mancha que había soltado. Increpándola, le azote fuertemente en el trasero con el látigo, mientras le recriminaba su rebeldía. Le ordene que lo recogiera con la lengua y que limpiara todo el suelo dejándolo reluciente como estaba antes. Cris humillada como nunca la había humillado antes, se quedo agazapada en el suelo sin moverse con la cabeza gacha. Viendo que no tenia intención de limpiarlo la levante cogiéndola de los pelos. </p>
<p>Como casi era la hora de comer les enseñe la cocina y lo que había para comer. Casi todo eran fritos congelados y la sartén estaba apunto. Desnudas como estaban intentaron esquivar las gotas de aceite hirviendo que saltaba de vez en cuando. Sirvieron la comida y tranquilamente comimos. </p>
<p>Una vez acabados todos los platos. Me acerque a la mancha que había soltado Cristina y le ordene que se hacercara de rodillas. A cuatro patas, fue gateando temblorosa hacia la potada que estaba delante mío. Le dije que ese era su postre que si antes no había querido limpiarlo, lo limpiaría ahora con la lengua y que tenia que estar contenta por mi benevolencia. Cris me miro a los ojos con una suplica en ellos.</p>
<p>-Por favor amo. Acabo de comer. &#8211; me dijo con un tono de suplica.</p>
<p>Vero nos miraba como si la cosa no fuera con ella y al darme cuenta le ordene que se sentara en el frío suelo, con la cabeza agachada en son de obediencia. Y así lo hizo en un rincón de la habitación. Mirándome fijamente, le señale la mancha y se lo volví a ordenar. Siguió con la cabeza gacha mirándoselo sin ganas de limpiarlo. Cogí el látigo y cuatro pinzas que llevaban una cuerda cada una. Le puse una en cada pezón y las otras dos, una en cada labio vaginal asegurándome de que no se soltaran. Con las cuerdas de las pinzas bien tensadas en una mano y el látigo en la otra, le ordene por ultima vez que lo limpiara, y como castigo por sus negativas tire fuertemente de las cuerdas. Sus pezones y sus labios vaginales se estiraron bruscamente haciéndole soltar un alarido de dolor, y le siguió un fuerte latigazo en el trasero que le dejo marcado todas las puntas en su tersa piel. Sollozando por el dolor, me dirigió otra suplica que no deje que acabara por el tremendo alarido de dolor que soltó cuando tire de nuevo de las pinzas. Sus pezones amoratados y sus rojos labios retornaron a su sitio, para que su culo recibiera otro duro latigazo que le hizo gritar otra vez. Convencido de su flaqueza por los dubitativos gestos de su cabeza, que se acercaba y se alejaba de la mancha del suelo, opte por darle un ultimo empujoncito. Tire de las pinzas, pero esta vez no las solté. Sus pezones se estiraban rojizos por la presión de las pinzas al igual que sus labios, y su culo comenzó a recibir latigazos sin parar, mientras iba tirando mas o menos las pinzas, para que el dolor no fuera siempre constante. Entre gritos y alaridos de dolor, dirigió su cabeza hacia la potada y sacando la lengua, dio un primer lametazo que le hizo venir una arcada. Advirtiéndole que si vomitaba mas lo tendría que recoger todo, siguió con mucha fuerza de voluntad con un segundo lametazo que de nuevo le hizo venir una arcada. Siguió poco a poco mientras el dolor de los latigazos y el de las pinzas tivadas al máximo le hacia soltar algún que otro grito de dolor. Viendo que cumplía bien la orden, solté las pinzas y deje el látigo. </p>
<p>Me dirigí a Vero mientras poco a poco, Cris limpiaba lo que había vomitado. Con cuatro pinzas mas, se las coloque a Vero en sus pezones i en sus labios vaginales de forma que al tirar de las cuerdas los labios se estiraran abriéndose opuestamente, dejándome libre la entrada de su coño. Era hora de tomar mi postre y ordenándole que se pusiera a cuatro patas, tire de las pinzas que tiraron de los pezones y de sus labios abriéndome el camino para metérsela tranquilamente. Suavemente metí mi verga dentro de su coñito que aun no estaba mojadito del todo. Bien acoplado, solté las pinzas. Comencé a tirar poco a poco de las pinzas intentando medir su resistencia, que fenomenalmente no le había hecho gritar la primera vez. Cuando escuche el primer susurro de dolor, solté las pinzas para volver a tirar de ellas bruscamente. Un grito murió en su boca cerrada en el intento de aguantar el dolor y contentarme. Seguí tirando y soltando sin un ritmo establecido minando su resistencia. No duro mucho y el primer quejido y su coño ya humedecido me indicaron que ya estaba a punto para ser follada. Comencé a meterla y sacarla mientras tiraba de las pinzas, que ya hacían gritar de dolor a mi esclava y poco a poco comenzaba a mover la cadera buscando mas placer. El movimiento se volvió rítmico y un poco brusco mientras yo iba tirando cada vez mas fuerte de las cuerdas que tensaban sus pezones y sus labios vaginales,, que me ofrecían un placer adicional cuando tocaban mi polla en alguna envestida. Sus gritos fueron aumentando a medida que los tirones de las pinzas se hacían mas violentos y bruscos, tensando de sobremanera esos pezones entre rojos y amoratados y esos labios que suponía debían de estar del mismo color. Mi polla se deslizaba humedecida entre las paredes de aquel coño que tanto placer me había dado en la ultima reunión, mientras los tirones que le propinaba la hacían gritar de dolor, me excite tanto que llegando al orgasmo tire fuertemente y un alarido hizo que Vero se corriera chorreando todo su liquido en mi polla y mojándome los testículos que casi estaban apunto de estallar. Y así ocurrió. Con el frenesí y la corrida mi verga estallo soltando todo mi liquido en varias sacudidas dentro de su dulce conejito. </p>
<p>Me separe de ella y le ordene que se fuera masturbando ella sola sin parar asta que se corriera otra vez. Se estiro en el suelo mirando hacia arriba, mientras se metía los dedos dentro de su agujerito y con la otra mano iba tirando de las cuerdas que tiraban de las pinzas cogidas a sus pezones. Cris ya había acabado de limpiar el suelo y seguía lamiéndolo temerosa de mi castigo. Fui a coger a la habitación un encargo que le hice a Verónica y que seguro que no comprendió asta que no vio a Cristina. Un cinturón con una polla de plastico para que las mujeres se follen las unas a las otras. Se lo di a Cristina que mirándoselo extrañada se lo puso rápidamente y sin rechistar. Vero seguía gimiendo y contorsionandose en el suelo, mientras sus dedos se acariciaban el clítoris y entraban dentro de la cueva, proporcionándose placer. Le ordene que se pusiera a cuatro patas sin dejarse de masturbar. Colocada Verónica ordene a Cristina que se la metiera por donde quisiera y le diera placer a su compañera. Como si tuviera odio hacia mi esclava preferida, apunto aquel miembro, un poco mas grande de la cuenta, a su ojete, sin avisar y de una fuerte estocada se lo metió asta el fondo mientras Vero gritaba por el dolor que había recibido por detrás. Sin tiempo a nada, Cris comenzó a sacudirle el culo torpemente, mientras que cada empujón arrastraba todo el cuerpo de Vero hacia delante, mientras esta se mantenía a cuatro patas como podía por culpa de las sacudidas. Estuve mirando un buen rato como Vero no dejaba de gritar, unos gritos mezcla de dolor y placer que Cris le inculcaba dentro de ella a golpe de cintura. Los gritos de Vero se hicieron tan continuos como cuando antes se había corrido, en señal de otro próximo orgasmo. Orgasmo que fue mas tremendo que el anterior, soltando todo su liquido. Cris no paro de meterla mientras Vero a penas se sostenía y Cristina tenia que sujetarle de la cintura para que no se derrumbara sobre el suelo. Me sitúe detrás de Cristina y parándole un momento el trasero se la metí a fondo tal y como ella había hecho con Vero. Cris aguanto estoicamente el dolor y cuando la noto toda dentro de ella comenzó el mete saca que hizo que Vero no parara de gemir y gritar. Mis sacudidas, junto los vaivenes de Cristina y las sacudidas de la cintura de Vero se fueron acoplando poco a poco asta llevar un ritmo mas o menos parecido. Vero sin parar de gritar, excitaba de sobremanera mis ganas. Busque como pude las cuerdas de las pinzas de mis dos esclavas, pero solo encontré los del clítoris de Cris y uno de cada de Vero. Con los primeros jadeos de Cristina que se acoplaban a los de Vero comencé a tirar de las pinzas que había conseguido, aumentando los gemidos de las dos putas que se iban a correr. Vero estallo con un terrible aullido. Cris, sin fuerzas comenzaba a gritar casi sin tiempo a respirar entre grito y grito. Mientras las pinzas tiraban cada vez mas haciendo aumentar el dolor que las dos sentían en sus partes, y excitándome de tal forma, que estallando en un tremendo orgasmo escupía todo el semen que me quedaba, dentro del culo de Cristina. Seguí metiéndola un rato mas asta que un temblor espasmódico zarandeo la cintura de Cristina, escupiendo jugos que se precipitaron por sus piernas hacia abajo.</p>
<p>Nos separemos y las lleve a la habitación donde coloque una sabana vieja a modo de quita polvo. Vero se estiro a una orden mía mirando boca abajo. Cogí un palo de madera y le ate una punta a la parte de atrás de la rodilla y el otro extremo por detrás de la otra rodilla sin que tuviera forma de juntar las piernas. Le ate los antebrazos por detrás de la espalda y estos a los pies tirándoselos para atrás. La gire con cuidado, quedando con el culo separado de la cama por las piernas y la entrepierna abierta de par en par. Fui a buscar la depiladora de mi mujer y se la di a Cristina. Le ordene que le depilara toda la entrepierna a su compañera, al igual que yo lo hice con ella. Cris enchufo y conecto la depiladora, la dirigió hacia el pubis y comenzó a depilar a Vero que aguantaba el dolor de los pelos que la maquina arrancaba de raíz. A medio pubis depilado no pudo aguantar mas, comenzando a gimotear y quebrase suavemente. Cristina a cuatro patas sobre la cama para poder trabajar mejor, continuaba mientras me colocaba detrás de ella con la polla tiesa por el placer de los gritos, que ya salían de la boca de Vero. Mi polla fue directa a su coño, mientras un leve gemido surgía de la garganta de Cris. Comencé a arremeter contra sus posaderas, mientras mi polla entraba y salía de aquel coñito suave y húmedo. El calor del coño y los jugos que mojaban toda mi polla me hacían excitar junto a los gritos de dolor que soltaba Vero, que sin poderse mover solo podía gritar. Las sacudidas pronto arrancaron los gemidos de Cristina, que por los vaivenes de las envestidas la movían sin poder depilar bien el pubis de su compañera. Agarre cada pezón de Cris con una mano, y tirando fuertemente conseguí que los gemidos se aceleraran en busca de un orgasmo. Un tremendo gemido, que acompañe tirando de sus pezones durante todo el tiempo que duro el orgasmo, lo alargo mientras me chorreaban los jugos por la entrepierna y los testículos, un placer que hizo que me corriera soltando mi cálida leche dentro de su conejo. La saque rápidamente y aprete la verga para dejar algo para Vero. Me coloque sobre su pecho y solté la polla, saliendo aun un poco de esperma que fue a parar a su cara. Aliviado por la corrida fui esparciendo el semen que había caído sobre su cara, mientras no paraba de gritar y quejarse por el dolor. Con la boca abierta, le metí mi verga dentro acallando uno de sus gritos, mientras Cris, comenzaba con la parte mas dolorosa y delicada, la parte que rodea a los labio vaginales. Le ordene que chupara y con una complicación entre grito y grito que mi polla acallaba, fue chupándome y lamiendo mi miembro que rápidamente se había puesto en guardia otra vez por los gritos que Vero soltaba y mi polla acallaba taponándole la boca. Tarde todo el tiempo que Cris empleo en depilarle cuidadosamente su entrepierna, y cuando el orgasmo me sobrevino, saque mi polla escupiendo todo el semen sobre la cara de Vero que ya sin gritar buscaba con la lengua algún chorrillo de leche que pudiera capturar. Con mi polla restregué todo el semen manchándole toda la cara, dándole a lamer las ultimas gotas que salían de la puntita. </p>
<p>Agarre a Cristina atándola de manos y pies y colgándola boca abajo del techo. Su cuerpo arqueado me dejaba entrever un poco su rajita, un poco humedecida. Pero lo que mas me importaba ahora era su culo. Cogí el gordo vibrador que Vero había probado nada mas llegar, y se lo fui metiendo poco a poco por el ojete que al principio no se resistió. Cuando el vibrador llego a su anchura total, Cris comenzó a gemir y moverse ligeramente como haciendo sitio al tremendo aparato. Ya dentro de ella lo conecte y se puso a vibrar solo, haciendo las mil y una en el culito de Cristina. Para garantizar que no se fuera saliendo, lo asegure. Cogí seis pinzas con unas pesas cada una. Le puse una en cada pezón y las deje caer de golpe, haciéndole soltar un suave quejido. Y las otras cuatro a los labios vaginales, dos en uno y dos en otro, e hice lo mismo. Estas ultimas pesas, eran mas pesadas que las de los pezones y al soltarlas por turnos, surgió un grito que forzada apago enseguida, aguantando las dos ultimas sin gritar pero con cara de mucho dolor. </p>
<p>Desate a Vero que aun se quejaba un poco por la depilación. Le ordene que se tendiera en la cama boca arriba y ate sus pies y sus brazos bien tensos para que no pudiera moverse ni lo mas mínimo. Para asegurar que su cuerpo tampoco se moviera, ate sus pezones con fino hilo de pescar, en sus labios sitúe pinzas con cuerdas que tense bastante, como para que no le hicieran daño si no se movía. Quedo bien amarrada sin que pudiera mover un solo músculo sin recibir su castigo. Cogí una vela grande y cuadrada, la encendí y espere que fuera haciendo un buen agujero, vaciándola cuando la cera se derretía. Así me quedo la vela con un hilo bastante largo, dentro de un agujero donde cabia bastante cera. Encendí la vela y espere que el agujero estuviera todo lleno de cera bien caliente. Le susurre al oído que no quería oír nada. Acerque la vela a su pecho y con el látigo en la otra mano por si acaso, le lance toda la cera en un pezón. La cera callo salpicando por todo su pecho, mientras un grito de dolor salía de su boca y su cintura se arqueaba tensando las cuerdas que le tiraban de los pezones y de los labios vaginales, creándole mas dolor todavía. Un azote fue directo como castigo a sus pechos que recibían mas dolor, meneándose mas su cintura. Rápidamente y sin que aun no hubiera dejado de quejarse de dolor, le lance la cera de la vela, que otra vez estaba llena y bien caliente. Esta vez se la lance en el otro pezón que ya castigado y un poco rojo recibió la caliente cera salpicando y derramándose por su pecho, que otra vez recibía los tirones en el pezón, al contorsionarse espasmódicamente frente al dolor que estaban recibiendo sus pezones y acompañados de quejidos y gritos de dolor. Rojos los dos pezones volvieron a recibir dos azotes, estos mas fuertes que los anteriores, que aumentaron aun mas sus gritos de angustia y dolor. No se había parado de quejar y moverse cuando lance cera sobre su ombligo esparciéndose por toda su barriga. Esta vez los movimientos y gritos de dolor fueron menos duros, pero no sin que sus pezones y labios sufrieran los tremendos tirones que se infringía al mover todo su cuerpo, y me di cuenta de lo mal que la había atado. Espere que parara de moverse y se relajara un poco si podía, mientras el profundo agujero que se había formado en la vela se llenaba de cera caliente del todo. Mirándome con la cabeza tendida sobre la cama como si estuviera cansada , me observo como le indicaba con el dedo su recién depilado y aun dolorido chóchete. Sus ojos se abrieron como platos mostrando su rostro el pánico que sentía, levantando como pudo la cabeza me suplico que no se lo tirara ahí. Y sin apartar la mirada observo como caía toda la cera de golpe sobre su rojizo pubis que no tenia ya ni un pelo. Esta vez el dolor se podía fundir con sus gritos que silencie poniéndole la mordaza por encima. La cera había caído y se había deslizado entre sus piernas sin tocarle los labios. La cintura se movía de un lado para otro, recibiendo un dolor extra en sus partes mas intimas, un dolor que no ceso antes de que le lanzara por ultima vez la cera, esta vez sobre sus labios que aun se movían y que aun se movieron mas brutalmente, que en ninguna de las veces anteriores. Sollozando y quejándose del dolor, su cuerpo fue deteniéndose poco a poco asta quedarse inmóvil, escuchándose un murmuro que salía de su boca amordazada. </p>
<p>Solté a Cris que durante todo el rato se había corrido dos veces con el vibrador en su culo. Sin hablar le enseñe la mancha que sus jugos habían dejado en el suelo. Sin decir nada mas, se lanzo a cuatro patas lamiendo toda la mancha sin dejar rastro alguno. Siguió por mis pies sin dejarse ningún rincón y comenzó a subir por mis piernas hacia mi verga. Cuando se la había metido en la boca, le agarre de los pelos obligándole a que me mirara. Le ordene que le quitara la cera a Vero y le lamiera para suavizarle un poco el dolor.</p>
<p>Soltó mi verga y se sitúo encima de Vero después de que le desatase del todo. Comenzó a quitarle la cera con cuidado, intentando no dejarse ninguna gota seca de cera. Una vez libre de residuos comenzó a lamerle un pezón con suavidad y soltando bastante saliva. Prosiguió con el otro pezón de la misma forma. Con los dos pezones brillantes por la saliva, bajo poco a poco arrastrando la lengua por su tripa, sin dejarse el ombligo en dirección a esa entrepierna que ya depilada me excitaba brutalmente. Acumulo bastante saliva en su boca y apuntando la dejo caer sobre el apurado pubis, resbalando por las comisuras en dirección a su clítoris. Saco la lengua y se lanzo para que no se derramara ni una sola gota, extendiéndoselo por toda la raja. Vero sin aguantar mas comenzó a jadear suavemente, atrayendo la mirada de Cris. Esta se coloco perpendicularmente a Vero, de cara a mi, para poder meterle los deditos por su coño mientras lamía y chupaba sin parar sus pezones, buscando el placer de su compañera. Ya caliente me agarre la polla excitado por el numerito y comencé a meneármela suavemente, mientras una mano de Vero encontraba la raja de Cris. Sin parar de lamerle los pezones me miro como si pidiera permiso para que las dos se dieran amor mutuamente. Entendiendo a la primera, le hice un gesto con la cabeza afirmando la petición. Cris se fue colocando lentamente encima de Vero y comenzó a besarla apasionadamente, mientras las manos de las dos jugaban y buscaban el placer en la rajita de la otra. Parecía que Cris había aprendido bien como ganar puntos ante su amo, puesto que estaba a cien ante aquel numero lesbico. Seguí masturbándome tendido en la cama, mientras las dos sin descanso se besaban y se metían la lengua asta la garganta mientras soltaban gemidos de placer. Estuvieron un buen rato, mientras los besos se convertían en fugaces entre la cantidad de gemidos. Acariciándole los pechos, sus manos recorrían el cuerpo desnudo de su compañera que no tardo en correrse, acompañándolo de un terrible grito de placer. Cris cambiando de mano, dio a probar a Vero sus propios jugos que mojaban su mano, mientras Cris no dejaba de jadear cerca del orgasmo. Aun tardo un poco mas, y Vero le acompaño con los gemidos mientras notaba como su mano recibía todos los jugos, que le llevo a los labios. Chupo primero un dedo metiéndoselo poco a poco asta dentro y luego dejo que Cristina acabara de limpiar sus líquidos de su mano.</p>
<p>Sin poder aguantar por la excitación y sin haberla dejado de menear me coloque entre los dos y gritando de placer me corrí. Las dos juntaron las bocas intentando recoger mi semen que salía con fuerza hacia sus caras. Con un poco de cuidado tragaron lo que pudieron y me limpiaron entre las dos.</p>
<p>Ya tarde y como recompensa, deje que durmieran conmigo en mi cama hasta el día siguiente que seguiría la cosa un poco mas&#8230;&#8230;.</p>
<div class="bottomcontainerBox" style="">
			<div style="float:left; width:85px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2F123porno.com%2F2009%2F10%2F27%2Fa-por-ella%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=85&amp;action=like&amp;font=verdana&amp;colorscheme=light&amp;height=21" scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width=85px; height:21px;" allowTransparency="true"></iframe></div>
			<div style="float:left; width:80px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<g:plusone size="medium" href="http://123porno.com/2009/10/27/a-por-ella/"></g:plusone>
			</div>
			<div style="float:left; width:95px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-url="http://123porno.com/2009/10/27/a-por-ella/"  data-text="A por ella" data-count="horizontal">Tweet</a>
			</div>			
			</div><div style="clear:both"></div><div style="padding-bottom:4px;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://123porno.com/2009/10/27/a-por-ella/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La cuñadita en el papel de sumisa</title>
		<link>http://123porno.com/2009/10/27/la-cunadita-en-el-papel-de-sumisa/</link>
		<comments>http://123porno.com/2009/10/27/la-cunadita-en-el-papel-de-sumisa/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 10:48:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de sado]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.123porno.com/?p=280</guid>
		<description><![CDATA[Mi inicio en el sado fue de lo más normal y fuera del tema. Siempre me había gustado ver fotos y esperaba que un día llegara mi oportunidad para probar, pero nunca me imaginé que fuera con la hermana de mi mujer, que a simple vista es muy modosita pero que le encanta ir siempre que puede de fiesta...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi inicio en el sado fue de lo más normal y fuera del tema. Siempre me había gustado ver fotos y esperaba que un día llegara mi oportunidad para probar, pero nunca me imaginé que fuera con la hermana de mi mujer, que a simple vista es muy modosita pero que le encanta ir siempre que puede de fiesta.</p>
<p>Un viernes llegó a casa para buscar unos zapatos de mi mujer, porque se iba de cena con unas amigas y esos zapatos le quedaban muy bien. Me pilló echándome la siesta y no se qué estaría yo soñando que me levanté con el mástil para subir bandera, pero no me desperté del todo porque venia muy deportista y nada llamativa con una camiseta holgada por fuera de un pantalón de chandal. Le indiqué que pasara y que los buscara ella misma, puesto que mi mujer estaba trabajando y tenía para tiempo.</p>
<p>Después de unos minutos sonó el móvil que tenia en la mesita de noche y me acerqué a la habitación a trompicones. Cristina o Cris como la llamo yo, estaba inclinada entre la cama y el armario mirando dentro dejando su culito en pompas.</p>
<p>-Te llaman por el móvil.- Fue lo único que dijo y siguió remenando el armario sin darse cuenta que no me dejaba pasar. Poniéndome de lado la cogí de la cintura y pasé como pude rozando todas mis partes aún en auge por su culo. Mientras pasaba miré al espejo interior de la puerta. Vi como cerraba los ojos y ponía una mueca de satisfacción que siguió un rato después de que ya hubiera pasado.</p>
<p>Contesté la llamada y mientras hablaba por teléfono comencé a calentarme más y más pensando en la cara que había puesto y el culo que me estaba mostrando.</p>
<p>Después de colgar aún estaba en la misma posición y seguía buscando los zapatos que recordé en aquel momento que los llevaba mi mujer. Sin decir nada me levanté y me dispuse a pasar de la misma forma que había pasado antes, pero esta vez metí las manos por dentro de la camiseta para cogerle la cintura. Sin moverse para dejarme pasar, tuve que abrirme hueco plantando todo mi paquete en su culo.</p>
<p>Esta vez no pasé de inmediato, fingí que no podía pasar y le rocé varias veces mientras miraba por el espejo como con los ojos cerrados se mordía el labio inferior. Entonces fue cuando me vino a la cabeza sacar todo el partido que pudiera y comencé a acariciarle la cintura poco a poco aplicando un suave masaje. Comenzó a mojarse los labios con la puntita de la lengua. Mientras comencé a deslizar mis manos hacia arriba acariciándole también su delgada barriguita, poco a poco y con mucho cuidado hasta que mis manos se toparon con los hierros del sujetador. Como no obtuve respuesta negativa, bajé una mano hacia la cintura del chandal mientras la otra seguía acariciándola dulcemente. Mi mano encontró la cintura del chandal, buscó un hueco y se fue metiendo poco a poco temiendo una brusca negativa que no encontró, ni cuando comenzó a colarse entre sus braguitas. Comencé a acariciarle el pubis y a jugar con la fabulosa mata de pelillos que tenía y lo único que ella hacía era mojarse los sabios y morderse el labio inferior de vez en cuando. </p>
<p>Como ya estaba como una moto cogí el chandal con cuidado y lo bajé lentamente hasta que le quedó por las rodillas. Me asombré de ese culito, puesto que no llevaba braguitas sino un tanga que me dejaba ver esos dos alucinantes glúteos partidos por una pequeña franja blanca del tanga. </p>
<p>Me bajé el pantalón corto que suelo llevar por casa para ir cómodo y dejé libre a la bestia con ganas de entrar hasta el fondo. Pero cual fue mi sorpresa, cuando después de bajarle el tanga me encontré el hilillo de un tampax colgando entre las piernas. Me quede aturdido al ver que se me había acabado la juerga. Mire al espejo y la vi como me miraba con esa mirada de &#8220;gozo&#8221; y &#8220;lo siento&#8221;.</p>
<p>Entonces fue cuando me salió la vena sado.</p>
<p>-No importa, te la voy a meter por detrás y no vas ha decir nada. ¿Te la habían metido alguna vez por detrás?.</p>
<p>Su rostro cambio al instante, ceñó las cejas con cara de dolor y negó con la cabeza.</p>
<p>- Ya veras como te gusta&#8230;&#8230;. -Y si no, te aguantas. Pensé para mi.</p>
<p>Cogí mi verga con una mano y la llevé hasta su ojete mientras que con la otra mano le separaba el culito. Ella ya había cerrado los ojos y había puesto cara de dolor cuando comencé a empujar mi polla dentro de su culo. Cuando había entrado solo la cabeza soltó un suave quejido de dolor y se retiró sacándose la verga de dentro. Con furia le aticé un cachete en el muslo.</p>
<p>-Calla. No he dicho que no quiero oír nada.</p>
<p>Con los dedos marcados en el culo, comencé otra vez a meterla y esta vez ni se movió ni protestó con ningún ruido proveniente de su boca. Estaba agarrada con fuerza a la ropa que había el armario. Comencé a sacarla lentamente hasta que casi estaba fuera, para volverla a meter poco a poco, una y otra vez. Su cara reflejaba el sufrimiento de la primera vez, de no haber dilatado antes esa parte.</p>
<p>-Té duele?</p>
<p>-Sí.- Respondió</p>
<p>- Pues si quieres puedes quejarte, pero no molestes a los vecinos, querida.</p>
<p>Y le volví a atizar con la mano en el culo por hablar sin mi permiso. Soltó un &#8220;ay&#8221; al que continuo una especie de sollozo. Sin darle tiempo a descansar volví a menearla dentro de su sabroso culito mientras le agarraba de la cintura para acompañarla en el vaivén de las sacudidas. Cuando vi que ya había entendido su papel en el juego, me recliné sobre su espalda para acoplarnos perfectamente y comencé a buscar con mis manos esos enormes melones que tantas veces había ansiado tener en mis manos y probar con mi boca. Encontré de nuevo su sostén que a duras penas podía mantenerlas dentro con tanta sacudida seguida. Fui empujando el sostén hacia arriba para sacárselo sin desabrocharlo, pero el mismo peso de sus pechos lo dificultaba, así que opté por una vía rápida. Cogí la tira del sujetador por los enganches y estire bruscamente rompiéndolo por el cierre, a lo que ella giro la cabeza diciendo un &#8220;no&#8221; que de nuevo rompía su voto de silencio, y que esta vez se ganó una buena tunda.</p>
<p>La saqué de dentro y antes de que fuera a darle el primer azote, ella ya había entendido su error y cerraba los ojos y apretaba los dientes esperando su castigo. Seis azotes repartí en cada lado de su culo, con tal intensidad que los dedos se quedaron marcados durante un buen rato.</p>
<p>-¿Quieres hablar? Pues habla, venga, que podemos seguir ahora que la tengo fuera.</p>
<p>Movió la cabeza con gestos de negación y estuve esperando un rato pero no respondió ni se movió, como si estuviera esperando que continuara con la penetración.</p>
<p>Le separé el culo para meterla, pero esta vez entró con más suavidad, aunque ella se volvió a quejar con un ruidillo que salió de su boca cerrada. Me junté a ella y busqué sus enormes tetas, una con cada mano. Empecé a sacarla y meterla acompañado por los quejidos de ella, poco a poco y cada vez más deprisa, mientras con mis manos le magreaba las tetas, esas enormes tetas con esos fabulosos pezones. </p>
<p>Después de un rato noté que los quejidos iban desapareciendo poco a poco y se iban transformando en alaridos de placer. Parecía que le empezaba a gustar el juego. Le cogí los pezones y cuando calculé que iba a gemir de placer, se los estiré bruscamente sin avisar, soltó un alarido que casi me dejó sordo. Volvía a sentir dolor. Los solté y volvieron a su posición normal como si de goma se tratase. Esta vez estaba clavando las uñas en la ropa y empezó a respirar rápidamente por la boca como si se ahogara. Sin parar de meter y sacar mi polla, le volví a coger las tetas y se las apreté clavándole las pocas uñas que tenia. Soltó otro alarido más suave que el anterior, y a cada alarido más cachondo me ponía y con más brutalidad la embestía. Estuve retorciéndole los pezones mientras que entre alarido y alarido le daba el suficiente tiempo para que diera un par de bocanadas de aire y otro apretón de tetas. Estuve dándole candela un buen rato. Viendo que me iba a correr, comencé a apretarle las tetas al mismo ritmo que me venía. El alarido continuó aumentando señalando mi corrida dentro de su culo. Seguí dándole un rato más después de haberme corrido dentro suyo. </p>
<p>Después de todo y estar parado con mi polla dentro suyo apoyándome en ella, me erguí para sacarla. El tampax estaba empapado y casi fuera.</p>
<p>Estaba hecho polvo, había sido un día muy duro en el curro y no podía mas. La dejé allí y me fui a la ducha. Mientras me enjabonaba entró en el lavabo después de picar en la puerta.</p>
<p>-¿Qué quieres ahora?- le dije</p>
<p>-¿Puedo cambiarme?</p>
<p>-Sí, y tíralo en la papelera, aquella.- y seguí con lo mío.</p>
<p>Después de acabar se adecentó y abrió la puerta para irse pero algo la detuvo. Se giró y me miró como si quisiera algo de mí.</p>
<p>-Perdona, ¿los zapatos no sabrás donde están?</p>
<p>-Se los a puesto tu hermana hoy.</p>
<p>Con una cara de tonta cogió se despidió y se fue hasta la próxima, Pero esa es otra historia, y yo ya estaba más preparado.</p>
<p>Después de aquella primera vez tan fugaz comencé a fabricarme y buscar cosas para la siguiente vez, y como tenía a mi mujer en casa todos los días, las busqué de lo más cotidiano y corriente.</p>
<p>Cuatro semanas después del encuentro aún no la había visto y no sabía qué humor tendría ni qué actitud tomaría respecto a mi. Pero tuve suerte que llamo un sábado en que mi mujer había salido a buscar el pan. </p>
<p>Preguntó por su hermana entonces fue cuando yo noté ese tímido timbre de voz cuando le dije que no estaba. </p>
<p>-No está, ha salido&#8230;Oye. Hace tiempo que no te vemos, bueno que no te veo, ¿no estarás resentida? Porque había pensado que&#8230; El viernes. El Viernes que viene tiene follón en el trabajo y volverá a estar ocupada hasta tarde. Encima yo plego antes. ¿Qué te parece si te vienes?</p>
<p>-Xavi. Es que el viernes me va fatal, he quedado y&#8230;</p>
<p>-Bueno, pues el viernes te espero, ven con algo ceñidito y sobre todo puntual, si no ya sabes que hay.</p>
<p>Y le colgué sin tiempo a contestar. Entonces lo fui rematando todo para el viernes, aguantando una ganas locas por pillarla por banda.</p>
<p>El viernes llegó a las cuatro. Puntualmente pensando que se iba a salvar de una buena reprimenda. Después de abrirle la puerta me dirigí otra vez al sofá y me acomodé esperando que se me presentara. Se me quedo mirando desde la puerta y después de un momento la cerró y se me puso de pie delante mío.</p>
<p>-Mira es que hoy había quedado y no he podido anularlo, no puedo quedarme.- me dijo.</p>
<p>-No te dije que fueras puntual, y no me importa si has quedado o no. Además por qué vienes tan ceñidita si no es por que te encanta este rollo.</p>
<p>La verdad es que estaba muy provocadora. Unos zapatos de poco tacón, un pantalón negro ajustado como si fuera su propia piel, y un Top blanco que le marcaban esas grandes tetas que a mi tanto me encantaban. No las tenía exuberantes, pero sí más grandes que mi mujer y eso era lo que me atraía de ella.</p>
<p>-Ven aquí. O aprendes a ser obediente o serás castigada hasta que aprendas. Ven.</p>
<p>Cuando se puso a mi lado la hice arrodillar y luego tumbada boca abajo sobre mis rodillas le bajé los pantalones lo suficiente para que me mostrara sus nalgas. Cogí una paleta de madera que había dejado a mano y le di un primer azote. Esperé un momento pero no protestó ni exteriorizó el dolor con ningún quejido, así que continué sin detenerme entre azote y azote. Después del décimo su mano me agarró de la pierna apretando cada vez con más fuerza pero sin que su boca soltara un lamento. Las nalgas iban tomando un color rojizo, y cuando creí que ya tenia suficiente me detuve tan bruscamente como había comenzado, y ella soltó mi pierna después de comprobar que había dejado la paleta a mi lado.</p>
<p>-No has estado mal, no has gritado pero me has agarrado de la pierna y no me ha gustado.- le agarré de la melena y le levanté la cabeza- Pero el castigo te lo implantaré más tarde, ahora arrodíllate entre mis piernas y pónme la morcillona.</p>
<p>Me abrí de piernas y ella arrastrando las rodillas se puso delante de mí y comenzó a bajarme la cremallera del pantalón. Me levanté un momento para que pudiera quitármelos y después de quitarme los calzoncillos me volví a sentar con las piernas bien abiertas. Me la cogió y tiró para atrás el prepucio, asomando la pequeña cabeza que se metió rápidamente en la boca. Comenzó primero a chuparla con la lengua y los labios mientras me la cogía con una mano meneándola arriba y abajo. Cuando noté que ya se hinchaba un poquito, le di una palmadita en la mano y le dije que retirara la mano, &#8211; solo con la boca- retiró la mano y siguió lamiendo y chupando, noté que no era la primera vez que lo hacia porque de vez en cuando me acariciaba suavemente con los dientes de arriba abajo para seguir jugando con la lengua y sus carnosos labios.</p>
<p>-Métetela hasta el fondo. Toda dentro.</p>
<p>Con mi polla ya en su apogeo y la puntita en sus labios, me miró sin levantar cabeza. Cerró los ojos y se la metió poco a poco toda dentro, sacándola deprisa cuando aún no había llegado a su fin. Las muecas de su cara me mostraban que le habían entrado nauseas. Le cogí de los pelos retorciéndoselos para que no pudiera moverla, y como si me hubiera intuido, me agarró la mano que le sujetaba la cabeza intentando en vano soltarla. Intentó cerrar la boca con la punta aún dentro y me marcó los dientes en ella.</p>
<p>Le estiré del pelo mientras le advertí sobre su acción -Ni se te ocurra de morderme, o quieres agregar otro castigo más a tu lista.</p>
<p>Relajó instantáneamente la boca pero no me soltó la mano aunque ya no luchaba para soltarse. Poco a poco fui empujándole la cabeza, y poco a poco iba entrando mi polla en su boca, poco a poco iba aumentando su angustia y su resistencia se hacia notar. Cuando ya casi no faltaba más que tres dedillos por meter, le empujé la cabeza súbitamente y cerré con fuerza las piernas agarrándole la cabeza sin que pudiera moverla.</p>
<p>Tenia todo mi aparato dentro suyo y sus movimientos para poder soltarse eran vanos. Sus ojos me mostraban su angustia por las arcadas y sus manos intentaban separar sus cabellos de mi mano. Duró unos dos minutos. Después de esto se fue relajando y sus ojos abiertos me volvieron a mirar pero sin soltarme la mano.</p>
<p>-¿Ya te ha pasado? &#8211; Me contestó afirmativamente con un pequeño gesto de cabeza.</p>
<p>Abrí las piernas y notando su cuello y cuerpo suelto, comencé a estirar su cabeza para sacársela de la boca, para luego otra vez volver a metérsela toda dentro, una y otra vez, mientras ella apretaba los ojos cerrados de nuevo. Estuve unos cinco minutos y después la solté. Ella no se atrevió a moverse, aún con mi aparato en la boca.</p>
<p>- Ya esta, suelta.</p>
<p>Se la sacó de la boca y se retiró sentándose en el suelo. Cogí un rollo de cuerda de escalar que tenia a un lado del sofá y que ella no había visto y le ordené que se quedara solo con el tanga. Una vez ya desnuda la llevé a la cama donde la estiré mirando hacia abajo. Le até un tobillo a una punta de un palo de un metro más o menos y el otro tobillo al otro extremo, le cogí las dos muñecas y les até con un trozo de cuerda y las pasé por la madera dándole la vuelta a forma de polea. Una vez ya estaban listas las dos comencé a tivar las cuerdas haciendo que las muñecas se fueran acercando a los extremos del palo, primero rápidamente y luego poco a poco hasta que casi llegaron a la altura de los tobillos quedando su cuerpo contorsionado y doblado hacia atrás. </p>
<p>Le miré la cara que esforzaba por no mostrarme el dolor que sentía. Saqué una pequeña pelota de trapo y metiéndosela en la boca se la agarré con un pañuelo largo para impedir que la escupiera. Ahora era toda mía y podía hacer lo que quisiera con ella.</p>
<p>La colgué de una madera especialmente hecha para la ocasión, de tal forma que quedaba colgada en el aire sujetada solo por la madera y sufriendo su peso en tobillos y muñecas. Me estiré en el suelo debajo de ella y le miré a los ojos que suplicaban que parara y no siguiera con mis maliciosas ideas.</p>
<p>-Cristina, ¿cómo estas? ¿estas cómoda?. No creo, no temas, voy a jugar un poquito contigo, seguro que te gusta, ¿por qué has venido, sino para que juegue y te haga sufrir, porque en definitiva te excita el dolor tanto que ya comienzas a estar mojadita, ¿no?</p>
<p>Dirigí una mano a su entrepierna que aun tenia el tanga, se lo aparté y froté dos dedos por su cueva que ya estaba húmeda y más de lo que yo creía.</p>
<p>-Vaya conque estas disfrutando ¿no?</p>
<p>Me levanté y cogí una bolsa donde tenía algunos trastos que había hecho para la ocasión. Cogí la cuerda e hice un nudo corredizo que metí en su teta izquierda que aprisioné y apreté fuertemente, luego fui enrollando y apretando la cuerda en su pecho durante tres vueltas de forma que quedaba como una seta. Hice lo mismo con su pecho derecho mientras sus ojos se apretaban mientras tiraba su cabeza hacia atrás. Cogí dos pinzas grandes de cocodrilo y se las puse en los pezones para que no se soltaran fácilmente. De las pinzas colgaban dos hilos con grandes tuercas que tirarían sus pezones hacia el suelo. Agarré las tuercas en mi mano dejando holgada la cuerda.</p>
<p>-Cris. Tengo esto aquí. ¿Y no se qué hacer con ello las dejo ir?</p>
<p>Sus ojos se abrieron para mirar y cuando lo vio dirigió rápidamente sus humedecidos ojos hacia mí con una plegaria en ellos y un movimiento de negación en la cabeza. Le lancé un beso y solté los pesos de mis manos. Las tuercas cayeron de golpe estirándole los pezones casi tres centímetos. Un quejido surgió de su tapada boca mientras cerraba con fuerza los ojos y un par de lagrimas caían hacia sus mejillas. Siguió quejándose un ratito hasta que el balanceo se detuvo y dejó caer su cabeza.</p>
<p>-Bueno vamos a ver que hacemos por aquí. -Me dirigí a su entrepierna y recordé que llevaba aun el tanga.- Vaya, si no te he quitado el tanga y para afeitarte el felpudillo primero te lo tendré que quitar, pero ahora que estas atada no puedo. Bueno tendré que arrancártelo.</p>
<p>Cogí las tiras más estrechas con las dos manos y tiré fuertemente de ellas rasgando el tanga por una parte, al arrancar la tira que quedaba su cuerpo se movió un poco por la fuerza del tirón y volvió a levantar la cabeza para intentar ver que ocurría.</p>
<p>Cogí una maquinilla desechable, espuma y me unté bien la mano, para luego extenderle toda la espuma por su pubis con un suave masaje que fui llevando a su entrepierna y sus labios vaginales que comenzaban a soltar un poco de liquidillo. Cogí la maquinilla y con paciencia le fui quitando poco a poco todo lo que pude y dejando pequeñas clapas de pelillos desigualados por todos lados. Cogí más espuma y le apuré bien suave el pubis. Para los pelillos que tenía por el lado de los labios, tenía preparado un martirio mecánico. Cogí la maquinilla eléctrica de depilar de mi mujer, primero ya le había vendado los ojos para que fuera una sorpresa. Primero y durante un rato movió la cabeza suavemente de un lado a otro, intentando que la venda se moviera o se cayera de sus ojos, pero al no conseguirlo cesó en su empeño. Conecté la maquinilla y la puse a velocidad lenta para que el suplicio no fuera tan rápido. Entonces se la acerqué al lado de los labios y comenzó a arrancar pelillos uno detrás de otro, mientras su cuerpo se convulsionaba e intentaba gritar entre la mordaza. Su cuerpo no paraba de moverse y las pinzas de sus pezones aun tiraban más con el vaivén de las sacudidas aumentando más su dolor que se repartía por todo su cuerpo, pero aun le faltaba un lugar y no perdí tiempo en solucionarlo. Paré la depilación y me fui a buscar un pepino de enormes dimensiones que le tenía preparado. </p>
<p>Cuando volví había parado de sacudirse y estaba quieta pero atenta a cualquier ruido que pudiera captar y darle una pista de que se le venia encima. Conecté la radio despertador con música bien alta para que no pudiera escuchar ningún susurro que me delatara los movimientos y me quedé inmóvil esperando su completa relajación. </p>
<p>Tardó un rato y cuando creí que pensaba que me había ido le aticé sin previo aviso con la tabla de madera en el trasero. Su susto fue tal que una de las pinzas se soltó con la sacudida de dolor y miedo. Después de ponérsela otra vez le di dos azotes más que no tuvieron contestación. Entonces sigilosamente la dejé y me fui al comedor a fumarme un cigarro.</p>
<p>Después del cigarro volvía a estar desinhibida y la desperté con dos fuertes azotes que volvieron a sacudirla. No esperé más y cogí el pepino. Con una mano separé sus glúteos dejando el magnifico ojete a la vista. Apunté el pepino en el y empecé a apretar cuidadosamente. Cuando comenzó a moverse mascullando algo que no entendí. Comencé a azotarla hasta que paro. Por debajo de la venda asomaron dos lagrimas. Y proseguí. Comencé a apretar el pepino. Hasta que no entró la punta costó un poco dada su medida descomunal, pero todo fue mejor una vez ya estaba en el buen camino. Fui metiéndoselo poco a poco mientas la mordaza apagaba sus gritos de dolor. Cuando ya tenía casi todo el pepino en el culo volví a la maquinilla y a la total depilación de su entrepierna. Sus movimientos se volvieron bruscos y continuos mientras la maquina arrancaba todos sus pelillos uno a uno y sus lamentos fueron cada vez a más mientras duró la depilación.</p>
<p>Una vez acabado la dejé que se tranquilizara y después de un ratito le saqué la mordaza. Cogí el pepino y comencé a moverlo un poco adentro y afuera. Me desnudé y con el pene ya erecto se lo encaminé hacia sus labios.</p>
<p>-¡Cris! Chúpamela y trágatela entera- le grité secamente.</p>
<p>Al momento abrió la boca y comenzó a buscar mi miembro a ciegas. La acompañé hasta su boca y se la metí hasta que su nariz me toco. La fui sacando y metiéndola con un cierto ritmo, para de vez en cuando dejar que me chupara sólo el capullo. </p>
<p>Después de un rato de mamada, le saqué el pepino, la descolgué y la desaté sin quitarle la venda de los ojos. Se quedó sentada en el suelo con los brazos cruzados y pegada la espalda a la pared sin moverse ni atreverse a toser.</p>
<p>-Bien, Cristina, como aún no eres digna de ver a tu amo, pues te portas muy mal. Te he de atar un momento.</p>
<p>Le cogí las manos y cruzándole las muñecas se las até, dejándola atada a la madera que quedaba por encima suyo. Le saqué las pinzas que le colgaban de los pezones y cogí otras que sólo tenían unas cuerdas y eran un poco más grandes y cerraban con más fuerza. Le puse dos en los labios vaginales y dos en los pezones. Después de hacerla poner de puntillas, tensé las cuatro cuerdas y las até también en la madera superior, de tal forma que si relajaba un poco los pies las pinzas tirarían de sus partes irremediablemente. </p>
<p>Me estiré en la cama relajadamente y esperé. Como no le había dicho nada más y no veía la trampa que le había colocado, flexionó los pies para descansar la planta en el suelo. Lo hizo tan rápido que un alarido salió de su boca cuando las cuatro pinzas le estiraron los pezones y los labios, no tardando en ponerse otra vez de puntillas.</p>
<p>-Sigues siendo mala. ¿Te he dicho que podías descansar?</p>
<p>Al no contestar le azoté una teta y volví a preguntarle.</p>
<p>-¿Te lo he dicho?</p>
<p>-No </p>
<p>-No ¿qué?</p>
<p>-No, amo</p>
<p>Y me quedé en silencio un buen rato. Esperé a que sus fuerzas flaquearan y no tuve que esperar mucho. Pronto sus pies comenzaron a temblar e hicieron alguna tentativa que fue rechazada al notar como las pinzas la tiraban los pezones y los labios. Tal vez su afición al aeróbic, le había dado esa fortaleza que me hacia esperar tanto. Encendí un cigarro y me acerqué a ella en silencio. Le di una buena calada para formar más brasa y se lo acerqué al ombligo sin que le tocara pero lo suficiente para que notara el calor que desprendía. No tardo en notarlo y se movió perdiendo el equilibrio cayendo y notando el extremo dolor que las pinzas ejercían sobre sus labios y sus pezones. Después de un alarido se volvió a poner rápidamente de puntillas. Esperé y volvi a acercarle el cigarrillo a su bonito culito. Esta vez no cayó, dio dos pasitos de puntillas separándose y se detuvo. Volví otra vez y otra, mientras sus fuerzas se agotaban con el movimiento. Pronto sus dos piernas comenzaron a temblar y su cara mostraba el esfuerzo que tenía que hacer para aguantarse de puntillas. Finalmente y antes de que cayera cogí las cuerdas con la mano y tiré fuertemente de ellas sin que ella se lo esperara. El grito de dolor casi no salió de su garganta, del intenso dolor que estaba recibiendo. Y a mí se me había puesto dura como una roca.</p>
<p>Le saqué las pinzas y le ordené que se arrodillara en el suelo. Le saqué la venda de los ojos. Ahora venía la gran prueba, para comprobar si de verdad haría a partir de ahora todo lo que yo le ordenara. </p>
<p>-Abre la boca. Ahora vas a tragarte todo mi meado sin que se te derrame ni una sola gota o me verás muy cabreado. ¿Entendido?</p>
<p>Cerró los ojos poniendo cara de asco y afirmó moviendo la cabeza y abriendo la boca al finalizar. Acerqué mi polla a su boca y comencé a descargar poco a poco mientras se le llenaba la boca.</p>
<p>-¡¡¡Traga!!!- le ordené al ver que no lo hacía. Y poniendo cara de asco y tras mitigar alguna que otra arcada comenzó a tragar toda la orina que iba expulsando mi cuerpo. </p>
<p>Después de acabar y muy satisfecho por la actuación de mi sumisa la llevé al comedor, aparté el jarrón de la mesa y cogiéndola por los pelos le obligué a tumbarse sobre la mesa dejándome expuesto su tremendo culito. Me la cogí y la dirigí a su ojete que ya estaba dado de sí por el pepino. Comencé a metérsela poco a poco peso sin gran resistencia, hasta que una vez metida toda dentro de ella comencé a sacarla y meterla rítmicamente y sin parar de tirarle de los pelos como si estuviera cabalgando con una yegua. Mi placer aumentaba a medida que sus quejidos iban desapareciendo y cuando ya casi estaba acostumbrada le comencé a tirar otra vez de los pezones, cada vez con más intensidad de tal forma que sus gritos iban acorde con mis embestidas. Los dos nos corrimos a la vez, yo de placer y ella de dolor.</p>
<p>Después de sacarla le ordené que me la chupara para limpiármela bien limpia y se trago los restos de semen que quedaba , no sin poner cara de asco y como no, algún amago de arcada. Una vez bien limpia la incliné otra vez sobre la mesa. Cogí las pinzas con las tuercas y se las coloqué en los labios vaginales, dejándolos caer de golpe. Su cuerpo volvió a estremecerse junto con un agudo grito de dolor. Después se la volví a meter pero esta vez en ese jugoso coñito ya humedecido de tanto placer o tendría que decir de tanto dolor. Se la iba metiendo y sacando al mismo ritmo que las pinzas con los pesos tiraban de los labios haciéndole sufrir por ese movimiento pendular causado por las embestidas de mi polla dentro suyo. Otra vez le agarré del pelo y fui tirando de él para acompañar su cuerpo en el vaivén de las sacudidas, mientras ella soltaba algún que otro lamento. Me entró un escalofrío cuando ya casi iba a correrme la saqué corriendo y se la volví a meter por el culo de una sola embestida se la metí toda dentro y no tardé mucho en descargar otra vez dentro de ella.</p>
<p>Después de eso y como era tarde le ordené que se cambiara y se fuera. Le acompañé a la puerta y le pregunté.</p>
<p>-¿Vendrás algún otro día?</p>
<p>Mirándome con ojos tiernos respondió- Cuando me lo pida mi amo, aquí estaré.</p>
<p>Ha pasado una semana más o menos y otra vez tengo ganas de tenerla en mi poder, espero que pronto tengamos otra sesión, porque he pensado nuevas cosas para ella.</p>
<div class="bottomcontainerBox" style="">
			<div style="float:left; width:85px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2F123porno.com%2F2009%2F10%2F27%2Fla-cunadita-en-el-papel-de-sumisa%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=85&amp;action=like&amp;font=verdana&amp;colorscheme=light&amp;height=21" scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width=85px; height:21px;" allowTransparency="true"></iframe></div>
			<div style="float:left; width:80px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<g:plusone size="medium" href="http://123porno.com/2009/10/27/la-cunadita-en-el-papel-de-sumisa/"></g:plusone>
			</div>
			<div style="float:left; width:95px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-url="http://123porno.com/2009/10/27/la-cunadita-en-el-papel-de-sumisa/"  data-text="La cuñadita en el papel de sumisa" data-count="horizontal">Tweet</a>
			</div>			
			</div><div style="clear:both"></div><div style="padding-bottom:4px;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://123porno.com/2009/10/27/la-cunadita-en-el-papel-de-sumisa/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Descubre su sumisión</title>
		<link>http://123porno.com/2009/10/27/descubre-su-sumision/</link>
		<comments>http://123porno.com/2009/10/27/descubre-su-sumision/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 10:48:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de sado]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.123porno.com/?p=278</guid>
		<description><![CDATA[Cuando aún no ha pasado. Imagino lo que va ha ser un fin de semana inolvidable desde el mismo viernes noche hasta el domingo por la noche, nunca había durado tanto el juego, y nunca fue tan intenso, pero antes de contaros todo lo que sucederá os hablare de él y de mí...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aún no ha pasado. Imagino lo que va ha ser un fin de semana inolvidable desde el mismo viernes noche hasta el domingo por la noche, nunca había durado tanto el juego, y nunca fue tan intenso, pero antes de contaros todo lo que sucederá os hablare de él y de mí.</p>
<p>Él tiene 30 años, 1,75 m. Pelo castaño y constitución normal, es mi Amo, aunque no siempre fue así, yo tengo 27, mido 1,60 m. Soy morena, un poco rellenita, a él le gusta así, y soy su esclava sumisa, aunque no siempre fue así. </p>
<p>Nos conocimos hace mucho tiempo, y comenzamos a salir como amigos al principio, como pareja después durante dos años, relaciones normales si bien con algún juego erótico y morboso, nada de esto pasó por nuestra imaginación, un día él rompió la relación, me dejó, lo pase muy mal, y pensé que nunca más volveríamos a estar juntos, así fue un tiempo, pero tres años más tarde, reiniciamos la amistad, y ahí comenzó todo. </p>
<p>Durante el tiempo que fuimos pareja, yo fui dejando que me pidiese cosas y a la vez complaciéndole, recuerdo una mañana que me acompañó al centro comercial donde yo trabajo, y en el coche estuvimos acariciándonos antes de iniciar el turno de tarde, ese día yo iba de representante de una marca de salchichas, llevaba un uniforme rejo, con una minifalda muy corta, bien, pues en el coche me quitó las bragas, nada anormal, estábamos mareándonos a base de bien, anticipando una noche loca, pero cuando ya me iba a trabajar se negó a dármelas, y tuve que irme sin ellas y estar ocho horas imaginando que todo el mundo sabía que no llevaba nada bajo la mini, lo pase fatal, pero me dio mucho morbo y esa noche cuando nos volvimos a ver hicimos el amor sin siquiera quitarme el uniforme, desde entonces muchas veces más me hizo ir sin ropa interior, al principio no me gustaba la idea, ahora deseo que me lo pida, me encanta. </p>
<p>En otra ocasión, lo que me pidió fue que llevase un portaligas o un corpiño, nunca antes había usado prendas de ese tipo, pero le complací, me hizo exhibirme para él, estábamos en un descampado, cuando se cansó de mirarme, me bajo la braga a las rodillas, yo me la iba a quitar, pero me dijo que no, que la dejase ahí y caminase, yo no me atrevía notaba el elástico que me tiraba en las rodillas y me sentía mal, peor que desnuda, pero me obligó, me dijo que o lo hacía o me daría unos azotes, me pareció que lo decía en serio y como pensé que solo sería un momento lo hice, pero me hizo caminar bastante, para delante, detrás, ahora para, ahora sigue, me hizo fotos, y cuando pensé que todo había terminado, hube de repetir todo, pero con las bragas en los tobillos, lo que aún molestaba más al caminar, y parecía que me iba a caer en cualquier momento, lo pase fatal y como le dije que no me había gustado y que no lo haría más, me gane mis primeros azotes, que no me gustaron nada.</p>
<p>Después de esa experiencia, pensé que no me volvería a pedir más juegos eróticos, aunque reconozco que cuando meditaba a solas sobre lo que habíamos hecho me excitaba y deseaba seguir adelante, pero me equivoque por teléfono me ordenó, ya no me sugería ni me pedía, ya me ordeno, llevar el conjunto de liguero, bien, sin problema, pero además debía llevar el pubis afeitado o depilado completamente, puse el grito en el cielo, nunca lo había hecho ni lo haría, su respuesta fue que además fuese sin bragas, no que me las quitase allí donde quedamos, no, que fuese sin ellas directamente, le dije que estaba loco si pensaba que lo iba a hacer, me contestó que si iba a la cita sin obedecerle, me ganaría una azotaina, y que mejor era que no fuese siquiera si no le obedecía y que eso daría por terminada nuestra relación, me colgó.</p>
<p>La cita era dos días después, lo pensé mucho, y decidí aceptar, pero fui con las bragas puestas, tanto me obsesione con el afeitado del pubis que se me olvido quitármelas, llegue al lugar de la cita y él estuvo muy amable, no hacía ademán de desnudarme, nos tomamos algo, hablamos de vaguedades y de repente me preguntó si llevaba las bragas puestas, de golpe recordé que me había ordenado quitármelas, le dije que sí, por mantener el momento y pensando que como lucía un conjunto nuevo de liguero que incluía unas tangas preciosas no le molestaría sería una sorpresa, seguimos charlando, entonces me indago sobre el depilado, le dije que si lo había hecho, pero note queme ponía roja como un tomate, él me pidió que me levantará y se lo enseñara, le dije que más tarde, &#8220;ahora mismo&#8221;, me dijo en un tono que no dejaba lugar ala duda, salte como si me hubiesen puesto un resorte, me plante ante él y me subí la falda, no hizo nada vio la tanga y me miró, movió la cabeza, lo recuerdo, y con mucha delicadeza empezó a quitarme ropa, pensé que había olvidado lo que me pidió de ir sin bragas, cuando me quitó la falda y la tanga, me dejó con una blusa y medias y zapatos, entonces levantó la blusa y contemplo como había quedado mi coñito afeitado, le gustó aunque me indicó que lo quería siempre así hasta &#8220;nueva orden&#8221;, y mejor depilado, yo no dije nada, pero de repente me miró y me interrogo si o había entendido, le dije que si, y me pregunto si me habían dolido los azotes del otro día, también le dije que sí, y sin mediar palabra me inclino sobre sus rodillas y antes de empezar y pese a mis protestas me dijo, &#8220;Pues con estos no olvidaras que cuando te digo que vayas sin bragas has de hacerlo&#8221;, y comenzó a darme azotes en el culo y en las nalgas, yo me retorcía y protestaba, pero es más fuerte que yo y me dio hasta que se harto, cuando termino, yo estaba furiosa, me sentía fatal, él sentado allí mirándome y yo sin poder evitar llevar mis manos a mis doloridas nalgas, pensando que quien se creía que era para tratarme así, chillándole de todo, él tranquilo riéndose, le dije de todo que no le vería más que era un cerdo pervertido, entonces él, sin decir nada se levantó y se acercó, yo no quería saber nada, quería vestirme y marcharme, pero me besó y si al principio no acepte, poco a poco, cedi, hicimos el amor, tuve extrañas sensaciones, el culo me ardía, el pubis me picaba irritado, me había afeitado con una cuchilla normal, pero estaba excitadísima, al finalizar, esperaba que él me pidiera perdón en lugar ello el me confesó que le había gustado mucho azotarme y que le encantaba que le obedeciera, que cada vez me pediría más cosas, yo pensaba que iba dado. </p>
<p>Un tiempo después, el se fue de la provincia, me dejó de un día para otro, lo pase fatal, pero a los dos años de no saber nada, un día me llamó, hablamos y alo largo de la conversación en que hablamos de todo, derivamos a nuestras experiencias eróticas, y me dijo que quería verme de nuevo en el mismo lugar que la noche del afeitado, así la llamábamos, y en las mismas condiciones o ya sabía lo que me esperaba, yo le dije que se ahorrará el viaje, que estaba enfadada con él, que bastante hacía cogiéndole el teléfono y si pensaba que iba a ir a un descampado con un liguero y el coño afeitado iba dado, él solamente me dijo el día y la hora y colgó. </p>
<p>Estuve varios días dudando, la cita era unas semanas más tarde cuando él regresará, al final, decidí ir, pensando que él no lo recordaría, efectivamente, no estaba, pero mientras me fumaba un cigarro recordando aquella noche, y pensando que era una tonta, llegó su coche, me estremecí, pero pensé que no iba a pasar nada, cuando salió por la portezuela, temblé, seguía igual, un poco más rellenito, al verle acercarse, pensé, bueno hoy no llevó las bragas, no me azotará, y con ese pensamiento me di cuenta de que deseaba que pasase lo que vino a continuación, tuve que exhibirme para el, mi coñito perfectamente depilado le encantó, me preguntó mil cosas, hicimos el amor, en un momento dado regresó a su coche y me dio un paquete pequeño, me dijo que era mi regalo pero con una condición debería aceptar una practica que a él le encantaba, mientras habría el regalo, el haría spanking conmigo, no tenía idea de que era eso, pero dije que sí, el regalo era un libro, &#8220;Historia de O&#8221;, y el spanking ya lo sabéis todos, me azotó de nuevo, pero está vez me lo imagine al ver como me hacia colocar y acepte pues muchas noches había recordado aquellos primeros azotes y me había excitado mucho, no diré que me gustó, pero no proteste como la vez primera, incluso le prometí reiniciar nuestra relación y hacer lo que me pidiera para complacerle, hay se inició todo de nuevo. </p>
<p>Hoy, os resumo la situación, voy sin bragas siempre que no tenga el periodo, el depilado lo hago semanal con una crema especifica, la semana que no me azota, lo extraño, he llegado a darme palmetazos yo, me lo hace con la mano, con una varita de bambú, con palas de ping pong, con sus cinturones, que hacen mucho daño, nunca es excesivo pero me deja un par de días marcas, he firmado un contrato de sumisión que otro día os enviare, he posado para fotos y películas de vídeo suyas, solo para los dos haciendo de todo, he descubierto que me encanta hacerle mamadas y tragar hasta la última gota, que me gusta ser humillada, castigada al rincón, azotada, y exhibirme para él, un día me obligó a abrir al chico de las pizzas vestida solo con medias, zapatos, corpiño negro, cofia y delantal, muy pequeño, porque a veces soy su criada, me llamó mientras atendía al chico para que pudiese ver mi culo rojo de azotes, lo pase fatal pero estábamos en otra provincia, y una vez hecho estaba excitadísima, me gusta estar atada para él, me obliga a ir desnuda o casi conduciendo por carreteras, a ser su esclava en una palabra, y me gusta. </p>
<p>Antes de terminar os diré, que como título de este relato, escogí &#8220;Noche con las amigas&#8221;, porque este viernes salgo con compañeras de trabajo y amigas, me ha dado permiso, pero ya me adelanta lo que me espera, al llegar me desnudará, menos las bragas, me atará a la cabecera de la cama por las muñecas, bajará las bragas a las rodillas, las dejará ahí, y me azotará, después me hará el amor, posiblemente me encule, le encanta hacerlo hace poco que lo hemos descubierto, se que abre de hacerle felaciones en cuanto ponga ante mi boca su pene, solo me soltará para ir al baño, así estaré desde que llegue el viernes hasta el domingo, pero el sábado por la tarde él a quedado con una amiga en casa a ver una película, no sé lo que pasará, pero os digo una cosa, estoy deseando llegar a casa el viernes después de salir con las amigas, ya os contare más. Muchos besos de Sumisita.</p>
<div class="bottomcontainerBox" style="">
			<div style="float:left; width:85px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http%3A%2F%2F123porno.com%2F2009%2F10%2F27%2Fdescubre-su-sumision%2F&amp;layout=button_count&amp;show_faces=false&amp;width=85&amp;action=like&amp;font=verdana&amp;colorscheme=light&amp;height=21" scrolling="no" frameborder="0" style="border:none; overflow:hidden; width=85px; height:21px;" allowTransparency="true"></iframe></div>
			<div style="float:left; width:80px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<g:plusone size="medium" href="http://123porno.com/2009/10/27/descubre-su-sumision/"></g:plusone>
			</div>
			<div style="float:left; width:95px;padding-right:10px; margin:4px 4px 4px 4px;height:30px;">
			<a href="http://twitter.com/share" class="twitter-share-button" data-url="http://123porno.com/2009/10/27/descubre-su-sumision/"  data-text="Descubre su sumisión" data-count="horizontal">Tweet</a>
			</div>			
			</div><div style="clear:both"></div><div style="padding-bottom:4px;"></div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://123porno.com/2009/10/27/descubre-su-sumision/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

