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	<title>123porno.com &#187; Relatos de jóvenes</title>
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		<title>La boda</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Jan 2011 09:02:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<a rel="attachment wp-att-1027" href="http://www.123porno.com/2011/01/25/la-boda"><img class="size-medium wp-image-1027 alignleft" title="La boda - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2011/01/laboda-300x196.jpg" alt="La boda - 123porno.com" width="300" height="196" /></a> ...Desde luego sabia como hacer callar a alguien, me empujo suavemente hasta que quede apoyado en la pared del baño y llevo su mano a mi erección, me desabrocho el pantalón con una expresión divertida en la cara y me saco la polla, empezó a acariciarla con su mano y se acerco a besarme otra vez, entonces la copio bien y empezó a masturbarme, yo estaba en la gloria...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mejor amiga de mi novia nos había invitado a su boda, se casaba con un francés y aunque vivían allí, se casaban aquí en España. Yo chapurreaba un poco el francés y conseguía &#8220;hacerme entender&#8221; con el novio, al cual ya había visto varias veces de las visitas que hacían a la familia de su futura mujer. Ellos solían venir una semana cada cuatro meses mas o menos y hablábamos de cosas fáciles, es decir, estrenos de cine, futbol&#8230;y estrenos de cine.</p>
<p>El día de la boda, constate que &#8220;hacerme entender&#8221; con un francés, no necesariamente era &#8220;saber&#8221; hablar francés, así que saludamos como pudimos a la familia del novio, y nos dedicamos a felicitar a la parte española mientra oteábamos a los invitados a ver si mi novia veía a alguien conocido. Sabíamos que del grupo de amigas solamente había podido ir mi novia, y nos daba un poco de palo, estar solos entre la familia y amigos de un francés, y la familia de la novia.</p>
<p>Entonces encontramos nuestra salvación para el resto del día, entre los invitados había cinco personas en nuestra misma situación, 3 españolas que la protagonista del día había conocido en Francia, 2 de ellas con sus maridos y la tercera que había venido sola porque su marido (también francés) no había podido viajar&#8230;</p>
<p>Entramos en la iglesia, como se suele hacer en estos casos, los últimos y bien juntitos. Nos quedamos en las ultimas filas y callados y mirando a la nada esperamos con impaciencia a que se acabara la ceremonia para poder salir de allí e irnos para el banquete, seguro que en aquellos momentos los siete improvisados amigos pensábamos que un par de copas de vino era lo que necesitábamos.</p>
<p>40 minutos después todo había terminado, ya estaban casados, así que &#8220;Alé, arreando pa&#8217;l restaurante&#8221;. Cuando llegamos nos tiramos como locos a por el vino, todos estábamos nerviosos porque ni conocíamos a nadie, ni nos conocíamos entre nosotros, así que empezamos a beber para rebajar la tensión. Ahí fue cuando empezó todo&#8230;</p>
<p>El aperitivo de bienvenida se hizo largo, y copa tras copa, el alcohol fue haciendo efecto, para cuando llegaron los anfitriones de la fiesta ya estábamos más que contentos, en especial la chica que había venido sola, se notaba que estaba acostumbrada a llevar la voz cantante en un grupo de gente. Tras las fotos con los novios, fuimos al salón donde se iba a celebrar el banquete, en la mesa, aunque los recién casados nos habían distribuido separados, entre los tres hombres, nos arreglamos con otros invitados para poder sentarnos juntos, así los 7 tomamos asiento en una mesa redonda, y &#8220;casualmente&#8221;, colocados de una forma que yo podía observar perfectamente a esta chica&#8230;</p>
<p>Estaba muy sexy con un vestido negro que llegaba hasta las rodillas, con un escote palabra de honor y una chaqueta corta&#8230;Como decía antes, ella llevaba la voz cantante y dirigía las conversaciones, mientras yo me fijaba en los detalles de su cuerpo, Anteriormente ya me había fijado en que tenia unas bonitas piernas que gracias a los tacones le marcaban unos gemelos preciosos y un culo muy apetecible. Al estar sentados, solo podía observar 2 cosas: su cara, en especial su boca, no es que fuera una preciosidad, era bonita, pero lo que la hacia sugerente es que tenia morbo&#8230;si, morbo, la típica chica de la que intentas imaginar las caras que pone cuando esta en la cama. La otra cosa que observaba, eran sus pechos, grandes, bien formados, reventando el escote del vestido&#8230;Procuraba disimular mientras la miraba, no se fueran a dar cuenta los demás, sobre todo mi novia&#8230;</p>
<p>Y en un momento dado, mientras miraba sus preciosas tetas y como seria rebozarme en ellas, levante la mirada y empecé a sentir el calor de la vergüenza, mientras estaba hablando para todos, ella tenía su mirada clavada en mí. Me había cazado mirándole las tetas&#8230;Supongo que debí ponerme como un tomate por que sentía mis mejillas ardiendo&#8230;Por dios, tenia a mi novia al lado&#8230;Por suerte, ella lo paso por alto y no dijo nada, y yo me fui tranquilizando&#8230;.hasta que empezó a jugar, si señor, a jugar&#8230;fue desviando la conversación general a casi hablarme únicamente a mi, mientras los demás conversaban entre ellos, empezó a apretar sus tetas contra la mesa, a subirse casi continuamente el escote, era como si dijera &#8220;¿te gustan? míralas bien&#8221;&#8230;</p>
<p>Entonces empezamos a conversar de una manera mas  &#8220;en confianza&#8221;, pero jugueteando, solo en plan coqueteo sutil (para que los demás no se enteraran claro) y así se llego al final de la comida y al inicio del baile, paseitos al bar y visitas al baño&#8230;</p>
<p>Nos marcamos unos bailes todos mientras ella esperaba apoyada en una mesa con un cacharro en la mano, aprovechando que los novios se acercaron a nuestro grupo y nos pusimos a bailar todos en circulo, le hice un gesto para que se uniera, lo cual hizo rápidamente, y así empecé a calibrar su culo, bajando mi mano &#8220;accidentalmente&#8221; de su espalda al inicio de sus nalgas, un poco mas abajo, arriba, abajo otra vez, buff&#8230;tenia un culo cojonudo&#8230;ella sabia de sobra lo que estaba haciendo, y la niña estaba claro que le iba la marcha&#8230;</p>
<p>Cuando nos separamos otra vez,  seguí con mi novia pero no deje que ella se marchara, le dije que siguiera bailando con nosotros y así lo hizo&#8230;Tengo suerte de que mi novia es muy buena chica y que tiene fe ciega en mí, supongo que por eso no se olía lo que se estaba gestando allí en medio. Tras unos bailes mas con roces discretos incluidos, yo me fui al baño, a aligerar un poco el alcohol ingerido, y cuando salí, allí estaba ella&#8230;</p>
<p>Estaba fumando apoyada en la pared, y tendiéndome la cajetilla me invito a que la acompañara, encendí un cigarrillo y empezamos a hablar de cosas banales como si nada:</p>
<p>-Buena fiesta eh?<br />
-Si, pensé que iba a pasarlo mal por no conocer a nadie pero la cosa va bien&#8230;<br />
-Bueno, peor estoy yo, que mi marido no ha podido venir, yo si que pensé que iba a pasarlo mal.<br />
-Por que no ha venido, ¿tenia que trabajar?<br />
-Si, pero mejor, porque así mi hijo no estará todo el tiempo en casa de mi suegra&#8230;<br />
-¿Así que tienes un hijo? ¿que años tiene?<br />
-Va a hacer 2 años el mes que viene&#8230; ¿Y que?, ¿te ha gustado mi culo?, Porque tengo claro que mis tetas te han encantado&#8230;</p>
<p>Joooooodeeeerr! Me puse nervioso y empecé a tartamudear, una cosa era el coqueteo y los roces y otra era abordarlo así, apuntándome a la cabeza y encima como quien no quiere la cosa&#8230;</p>
<p>-Sssisi&#8230;esto&#8230;es un buen&#8230;vamos que se nota que&#8230;que estas bastante bien vaya&#8230;</p>
<p>Se quedo callada mirándome fijamente, con una sonrisilla maliciosa dibujada en la cara, entonces echo una calada al cigarrillo, lo tiro, se acerco a mí, puso sus dos manos en mi pecho y acercando su boca a mi oído me susurro:</p>
<p>-Entra en el baño&#8230;</p>
<p>Me dio un leve empujón en el pecho mientras seguía con esa sonrisilla en la boca, yo entre sin pensarlo, pero no para hacer nada sino por la vergüenza de que alguien pasara por allí y nos viera, joder, que mi novia estaba dentro del salón&#8230;</p>
<p>-Oye, mira, que soy muy tímido y&#8230;<br />
-No eras tan tímido cuando me mirabas las tetas ¿no? ¿y cuando me tocabas el culo?<br />
-Bueno, oye, lo siento vale, a todos nos gusta jugar un poquito ¿no?<br />
-Bueno, pues entonces vamos a jugar&#8230;</p>
<p>En ese momento, me rodeo el cuello con sus brazos y empezó a besarme, yo seguía estando súper nervioso, pero con las caricias que me hacia en el pelo mientras saboreaba su lengua me fui tranquilizando, me dedique a disfrutar de aquello, así que la rodee con mis brazos y baje mis manos hasta agarrar bien fuerte aquellas nalgas que anteriormente solo había podido rozar&#8230;</p>
<p>-Antes no me has contestado, ¿te gusta mi culo, cielo?<br />
-Me encanta, es perfecto&#8230;<br />
-Ya me lo parecía a mi, sino tu polla no estaría tan dura, jajaja&#8230;</p>
<p>En aquel momento me vino un poco de cordura (o locura, según se mire) e intente cortar aquello:</p>
<p>-Oye mira, estas tremenda pero estas casada y con un hijo y yo tengo a mi novia ahí fuera, mejor que lo dej&#8230;<br />
-Quiero chapártela&#8230;</p>
<p>Desde luego sabia como hacer callar a alguien, me empujo suavemente hasta que quede apoyado en la pared del baño y llevo su mano a mi erección, me desabrocho el pantalón con una expresión divertida en la cara y me saco la polla, empezó a acariciarla con su mano y se acerco a besarme otra vez, entonces la copio bien y empezó a masturbarme, yo estaba en la gloria. Entonces mirándome con una cara de vicio increíble se puso de rodillas lentamente, yo estaba deseando sentir como su boca me recibía, entonces me miro, miro mi polla unos segundos, y lentamente se la metió entre los labios. Dios, cuanto placer me daba&#8230;</p>
<p>-¿Te gusta cielo?<br />
-Siiiii, eres increíble&#8230;<br />
-A mi también me gusta, y solo acabo de empezar&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1027" title="La boda - 123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2011/01/laboda.jpg" alt="La boda - 123porno.com" width="500" height="327" /></p>
<p>Empezó a hacerme la mamada de mi vida, me lamia el capullo, se la metía en la boca, recorría con su lengua desde los huevos hasta la punta, buff, me estaba volviendo loco&#8230;Entonces se puso de pie y me indico que me sentara en el water&#8230;mientras ella empezó a subirse con dificultad la falda, hasta que pudo bajarse las bragas, se las quito con una mano mientras con la otra sujetaba su falda arremangada, se acerco a mi abriendo las piernas para poder ponerse encima de mi y soltó la falda, ni siquiera le vi el coño, cogió su polla con la mano, apunto y mientras iba bajando me susurro al oído:</p>
<p>-Allá vamos cielo&#8230;</p>
<p>El notar como mi polla iba entrando en su coño poco a poco era indescriptible, se la metió entera y empezó mover su culo arriba y abajo, mientras rodeaba mi cuello con sus brazos y apoyaba su nariz en la mía, sus ojos clavados en los míos, que mirada, puro vicio&#8230;Y entonces empezó a volverme loco con su lascivia:</p>
<p>-¿que decías antes?<br />
-¿que?<br />
-No se, ¿era algo de mi marido no?, A si, creo que querías que parara&#8230; ¿quieres que pare?<br />
-Ni de coña&#8230;sigue cabalgando, que lo haces de puta madre&#8230;<br />
-¿Te gusta? ¿Tu novia te cabalga así?</p>
<p>No se si me ponía mas cachondo que me hablara jadeando, o que lo que estaba diciendo le daba un morbo añadido a la situación&#8230;</p>
<p>-Dímelo, ¿te cabalga así? ¿o yo lo hago mejor?<br />
-¿Y tu marido que? ¿tiene una buena polla o te gusta más la mía?<br />
-La tuya, cielo, te estaría follando todo el día&#8230; (respuesta obvia dada la situación, pero no por eso me dejaba de poner como loco)<br />
-Yo también prefiero como me cabalgas tu&#8230;y como chupas también&#8230;</p>
<p>Alguien entro en el baño, y nos quedamos callados, pero no paro de follarme ni un momento, solo bajo el ritmo mientras me miraba fijamente, podía sentir como cada centímetro de polla entraba y salía de su cuerpo, el intruso echo una meada, uso el lavabo y se largo, Así que ella empezó a bombear rápidamente de nuevo..</p>
<p>-¿Te falta mucho cariño?<br />
-Noo, ¿y a ti?</p>
<p>Me miro riéndose y me enseño dos dedos de su mano, joder con la tía, se había corrido dos veces y ni se había inmutado, una palabra me vino a la cabeza: &#8220;ninfomana&#8221;&#8230;</p>
<p>-Venga cielo, quiero que te corras, dame tu leche&#8230;<br />
-¿tomas algo? ¿o estas operada?<br />
-Córrete dentro cielo, que no pasa nada, soy tuya, solo tuya&#8230;</p>
<p>Sus deseos fueron ordenes para mi, la agarre fuerte del culo y empecé a guiarla&#8230;se acercaba el momento, sentí como me subía la leche y entonces me corrí dentro de ella, le llene el coño con mi esperma, nos estuvimos besando un rato y no se movió mientras mi polla aun palpitaba dentro de ella, entonces se levanto y cogió sus bragas del suelo, mientras yo me subía los pantalones&#8230;</p>
<p>-Ha estado bien ¿eh, cielo?<br />
-Cojonudo nena, eres una bomba&#8230;<br />
-Y solo son las cinco&#8230;<br />
-¿Que quieres decir?<br />
-¿A que hora terminara la fiesta? ¿las 2 o las 3 de la mañana?, tenemos mucho tiempo, jajaja&#8230;<br />
-Eso desde luego&#8230;</p>
<p>Volvió a besarme, y volvimos a la sala, mi novia bailaba divertida con un grupo de invitados y se me acerco chispeante por el alcohol:</p>
<p>-¿Donde estabas que hace 20 minutos que no te veo?<br />
-Salí a airearme un poco y me entretuve hablando con unos tíos de otra boda&#8230;<br />
-Ven que lo estamos pasando de puta madre&#8230;</p>
<p>Y me fui tras ella, eufórico por el tremendo polvo que acababa de echar y sabiendo que aun me podía llevar alguna que otra alegría antes de que aquella fiesta terminara&#8230;</p>
<p><em>Autor: Funset</em></p>
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		<title>El sobón del autobús</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 13:27:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img class="alignleft size-full wp-image-870" title="El Sobón del bus - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/10/sobon-bus.jpg" alt="El Sobón del bus - 123porno.com" width="175" height="151" />Aún no sé que me pasó ese día. Era un día normal, como otro cualquiera. Me desperté a mi hora, me duché, un desayuno rapidito y a esperar el autobús. Como siempre, a rebosar. A empujones me coloqué cerca de una ventana. Repito que aún no sé que me pasó, pero cuando sentí una mano que me rozaba el culo, no hice nada. Seguí mirando por la ventana. Fue un roce de tanteo. Yo era ya una experta en esos roces.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Chica joven, bien parecida, autobús lleno de gente. Raro es el día que no me meten mano. Un roce en las tetas, un toqueteo en el culo. Los más osados hasta me arriman la cebolleta, como se dice.</p>
<p>A veces los miro con mala cara, pero generalmente me muevo de sitio. Malditos sobones. Ojalá pudiese ir a la facultad en coche. Así me librará de todos esos tocones. Una vez estuve a punto de darle una bofetada a uno que se pasó más de la cuenta, pero no lo hice, por no armar un espectáculo. Pero un pisotón sí que se llevó.</p>
<p>Cinco días a la semana, dos veces cada día, sufría ese suplicio. La mayoría de la gente son también estudiantes. Pero hay de todo. Y los más sobones suelen ser los tipejos más desagradables. Desde que los veo me intento alejar de ellos. Las raras veces que hay un sitio libre, me lanzo hacia él como si fuera una tabla de salvación.</p>
<p>Aún no sé que me pasó ese día. Era un día normal, como otro cualquiera. Me desperté a mi hora, me duché, un desayuno rapidito y a esperar el autobús.</p>
<p>Como siempre, a rebosar. A empujones me coloqué cerca de una ventana. Repito que aún no sé que me pasó, pero cuando sentí una mano que me rozaba el culo, no hice nada. Seguí mirando por la ventana. Fue un roce de tanteo. Yo era ya una experta en esos roces. Si miraba al tipo ponía cara de haber sido sin querer. Como diciendo que con tanta gente y tantos empujones había sido un accidente.</p>
<p>No lo miré. Un segundo roce de tanteo. Yo seguí mirando por la ventana. El tercer toque yo no era de tanteo. Dejó su mano en mi culo Ahí es cuando yo tenía que echarle una de mis miradas asesinas, o moverme de sitio.</p>
<p>Ese día, me quedé. Ese día no hice nada cuando la mano empezó a acariciar mi culo. Se movía por las nalgas, apretándolas con suavidad. Él se acercó más a mí. Pude oler su perfume.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-870" title="El Sobón del bus - 123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/10/sobon-bus.jpg" alt="El Sobón del bus - 123porno.com" width="300" height="258" />Sus sobeteos se hicieron más profundos. El pantalón negro que llevaba ese día era de tela fina, así que el podría notar mis pequeñas bragas. Me agarró el culo y sus dedos apretaron justo en medio. Empezó a subir y bajar la mano. Uno de sus dedos recorría la rajita de mi culo, apretando. Rozó mi ojete.</p>
<p>Aquello me estaba gustando. Noté que mi coñito se empezaba a mojar. Joder, un desconocido me estaba metiendo mano en el autobús y me estaba poniendo cachonda. Tenía que haberle parado los pies. En vez de eso, meneé el culito, buscando su dedo.</p>
<p>Su mano lentamente rodeó mi cadera y pasó hacia adelante. Él se pegó a mí. Sentí su polla dura apretarse contra mi culo. El corazón me empezó a latir con fuerza. Los pezones de me pusieron como piedras.</p>
<p>Restregó su dura polla contra mi al tiempo que su mano acariciaba mi pubis sobre el pantalón. Después la bajo y atrapó mi coño con ella. Sus dedos apretaron, haciendo que mi braga se metiera en mi mojada rajita. Sentí mucho placer. Empezó a mover su mano y sus dedos como si me hiciera una paja, pero sobre el pantalón. Era delicioso.</p>
<p>Lástima que llegué a mi parada. La gente empezó a bajar y yo me dirigí a la puerta, sin mirar atrás. No pude resistir la tentación. Cuando salía por la puerta, giré la cabeza y miré en dirección hacia donde yo estaba. Había varios hombres. Ninguno me miraba. Podría ser cualquiera de ellos. Uno era un jovenzuelo. Otro un tipo de mediana edad, con bigote y calvo. Detrás había otro, perno no lo veía bien.</p>
<p>Entré en la facultad y me dirigí rápidamente al baño. Mi coño chorreaba. Necesitaba una buena y relajante paja. Cerré la puerta, me bajé los pantalones hasta la rodilla y allí mismo, de pie, me toqué hasta correrme. Fue un largo y placentero orgasmo.</p>
<p>El resto de la mañana lo pasé nerviosa. ¿Qué pensaría ese hombre de mí? Lo dejé meterme mano a gusto. Me puso cachonda perdida, hasta el punto de tener que masturbarme en uno de los baños.</p>
<p>El viaje de vuelta a casa fue normal. No me sobó nadie. Y si lo hubiesen hecho, me habría movido de sitio. Lo de la mañana sólo había sido un momento de debilidad. Soy una chica decente.</p>
<p>Al día siguiente, estaba agarrada a una de las barras del autobús. Un toque en mi culo. Me moví, molesta. Asquerosos sobones. No fue hasta dos días después hasta que pasó otra vez.</p>
<p>Estaba yo, como casi siempre, de pie, agarrada esta vez a uno de los asientes con una mano y sosteniendo unos libros con a otra. Y entonces lo olí. Era el mismo perfume que la otra vez. Él estaba detrás de mí. Mi corazón se aceleró.</p>
<p>¿Me reconocería? ¿Lo volvería intentar?</p>
<p>La respuesta no tardó en llegar. Su mano se posó en mi culo. Ese día vestía yo una fina falda a medio muslo, y unas preciosas botas.</p>
<p>No fue un toque de tanteo. Dejó la mano. Y yo no hice nada. Bueno, sí que hice. Me empecé a mojar, sobre todo cuando empezó a mover su mano sobre mis nalgas, acariciándolas. Había mucha gente a nuestro alrededor, todos apiñados unos contra otros. Se las arregló para bajar su mano hasta mi muslo, y bajar por la falda hasta rozar mi piel.</p>
<p>Me estremecí. No entendía porque lo dejaba tocarme. Pero lo hice. Le permití acariciar la piel de mi muslo. Se pegó a mí. Volví a sentir su dura polla contra mi culo.</p>
<p>El autobús hizo una parada. Mucha gente se bajó y otra subió, obligándonos a los demás a movernos. Él me guió hacia la ventana, hasta una zona detrás del la última butaca. El autobús en la parte de atrás no tenía sitios para sentarse, sino para ir de pie.</p>
<p>Me encontré pegada a la ventada, en él pegado a mí. Su olor me llenaba los pulmones, y su mano volvió a mi pierna.</p>
<p>Subió lentamente sobre mi falda, por un lado, hasta mi cadera. Pasó, como la otra vez, su mano hacia adelante. Allí, en aquel rincón, nadie nos veía. Nuevamente su mano acarició mi pubis, y nuevamente, bajó hasta atrapar mi coño. Empecé a menear mi culito contra su polla. Mi coñito era un lago, y el apretaba mis bragas contra mi vulva, mojándolas.</p>
<p>Cuando me empecé a excitar de verdad fue cuando su mano empezó a bajar, lentamente, hasta llegar al final de la falda. Sentí las yemas de sus dedos recorrer el dobladillo de la tela, y después, lancé un pequeño suspiro cuando su mano empezó a subir, por dentro de la falda, levantándola al subir. Gracias al sitio, nadie podía ver la operación, pero yo la podía sentir.</p>
<p>La subió lentamente, por la cara interna del muslo. Era suave y cálida. Empecé a respirar más fuerte. Noté que mis mejillas se ponían rojas. Pasaba mi lengua por mis resecos labios. Cuando su mano llegó a mis bragas, cerré los ojos. Sentí como la recorrió. Se dio cuenta de lo mojada que estaba. De lo cachonda que me había puesto.</p>
<p>Sus dedos recorrieron la rajita de mi coño, aún sobre las bragas. El placer es muy intenso. No sólo por la caricia en sí, sino por el lugar, un autobús lleno de gente, y por ser un completo desconocido el que ahora subía la mano y la metía por dentro de las bragas.</p>
<p>Sentí sus dedos enredarse en mi vello púbico. En pocos segundos bajaron. Sus dedos recorrieron ahora directamente mi coño. Su dedo corazón bajó por mi raja mientras que con los otros dos separaba los labios. Aquel hombre era un experto. Movía su dedo con suavidad, arriba y abajo, frotando mi clítoris.</p>
<p>Me iba a hacer correr. Estaba a punto cuando el autobús se paró. Era mi maldita parada. Pero me iba a correr. Mi cuerpo se empezó a tensar. Las puertas del vehículo se abrieron justo cuando mi cuerpo estallaba. Me mordí el labio inferior con fuerza para no gritar. Sus dedos quedaron mojados de mis jugos, y no pararon de frotar durante todo mi largo y extenuante orgasmo.</p>
<p>Las piernas me temblaban. Me tuve que agarrar con fuerza para no caerme. Los libros que llevaba en mi mano casi se me caen al suelo. Tenía los ojos cerrados. Oí las puertas cerrarse y el autobús arrancó. Aún me estaba reponiendo del inmenso placer que él me había dado cuando desapareció. Sacó su mano, se despegó de mí y se separó.</p>
<p>Me bajé en la siguiente parada. Tendría que caminar más de 10 minutos hasta la facultad. Al salir del autobús, lo busqué con la mirada. Nadie me miraba. Nadie excepto un hombre. Tenía los ojos clavados en mí, y una sonrisa en la boca. Tendría sobre 40 años. Normal de aspecto. Bien vestido, afeitado.</p>
<p>Miré como el autobús se marchaba. No sé si era él o no. Podría ser simplemente un mirón. Pero algo me decía que sí era él.</p>
<p>Antes de emprender la caminata me senté en el banco de la parada. Aún tenía escalofríos de placer. Me sentía mojada. Había sido sin duda uno de los mayores orgasmos de mi vida. Cuando me levanté para emprender el camino, un papel cayó de entre las hojas de uno de los libros. Extrañada, me agaché y lo cogí. Era una nota escrita a mano:</p>
<p>&#8220;Te espero esta tarde en el cine Paradiso, sala 5. Sesión de las 7&#8243;.</p>
<p>No me lo podía creer. El muy descarado me citaba en un cine. Por supuesto, me dije que no iría, pero mi coño mojado decía que sí.</p>
<p>Tiré la nota y me dirigí a clase.</p>
<p>Fue una mañana perdida. No estaba concentrada el los profesores. Mi mente estaba en otra parte. Me decía que no podía ir. Que podría ser un psicópata, un asesino, un violador. Por otra parte, me decía que el cine era un sitio público. Si intentaba algo malo podría gritar.</p>
<p>Me decidí. No iría. Me olvidaría de todo el asunto.</p>
<p>A las siete menos cinco estaba comprando una entrada para la sala 5. Era una película iraní.</p>
<p>Con la entrada en la mano y el corazón como loco, miré a mi alrededor, buscándolo. No lo vi. De todas maneras, el tipo que vi al bajar podría no ser él. Estuve a punto de no entrar, de marcharme, pero al final, entré.</p>
<p>La sala era pequeña. Me imagino que ese tipo de películas no atraen a mucho público. Por eso la eligió, imagino. Fui la primera en entrar. Me senté en el centro de la fila, casi al final de la sala.</p>
<p>Cada vez que entraba alguien, lo miraba con atención. Casi todos hombres y algunas parejas. Cuando se apagaron las luces y empezó la proyección, en la sala no habría más de 20 personas. Yo estaba sola en mi fila.</p>
<p>&#8220;Joder, Maripuri. ¿Qué coño haces aquí, en un cine, esperando a un posible maníaco? Mejor te levantas y te largas. Aún estás a tiempo.&#8221;</p>
<p>Pero no me levanté. La película era un verdadero royo, que me perdonen los iraníes. De todas maneras no la miraba. Miraba a los pocos espectadores, esperando a que alguno se levantara y se acercara a mí. Ninguno se movió.</p>
<p>¿Y si todo había sido una broma?</p>
<p>Luz. Se había abierto la puerta de la sala. A luz de la proyección vi como un nuevo espectador se sumaba a nosotros. Empezó a subir las escaleras. A cada paso que daba, mi corazón latía un poco más fuerte.</p>
<p>Subió y subió. Llegó a mi fila. Mi corazón estaba ya desbocado. Empezó a acercarse. Yo no lo miraba, mis ojos estaban fijos en el desierto que se proyectaba en la pantalla. Se sentó a mi lado.</p>
<p>Era él. Su olor era inconfundible.  No tardó en poner su mano en mi rodilla. Fue como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Yo miraba la pantalla mientras su mano subía por mi muslo, por debajo de la falda. Abrí las piernas. Yo sabía por qué estábamos los dos allí, así que le facilité las cosas.</p>
<p>Llegó a mi coño. Empapado, palpitante. No se anduvo con rodeos. Metió la mano por debajo y me hizo una maravillosa paja, pasando sus dedos por la raja de mi coño. Llegó incluso a meterlos en mi vagina. Iba de mi clítoris a mi vagina una y otra vez.</p>
<p>Yo tenía mis manos apoyadas en los apoyabrazos. Cuando me corrí las aferré con fuerza mientras estallaba de placer. Intenté no gemir, pero de mi garganta se escapó un suspiro.</p>
<p>Por primera vez, me habló. Acercó su boca a mi oreja y susurró.</p>
<p>-Quítate las bragas.</p>
<p>Su voz era grave y autoritaria. Le obedecí. Levanté el culo de la butaca y me las bajé. Luego la llevé hasta mis tobillos. En la penumbra de la sala vi como acercaba una mano, pidiéndomelas. Se las dio y él se las guardó como un trofeo.</p>
<p>Me atreví a mirarlo. Era el hombre que me había sonreído por la mañana. Nuestras miradas se encontraron en la semi oscuridad.</p>
<p>Su mano derecha fue hasta mi rodilla. La cogió y me levantó la pierna, poniéndola sobre el apoyabrazos. Me moví hacia adelante, dejando mi culo al borde del asiendo. Estaba casi recostaba. La otra pierna la separé. Estaba totalmente expuesta ante él. La falda se me había subido. El terminó de levantarla. Mi coño desnudo quedó a su alcance. Allí no daba la luz de la pantalla y casi no se veía nada.</p>
<p>Pero se olía. Su perfume se mezcló con el aroma de mi coño. Mi reciente corrida y los jugos que aún fluían hacían que mi sexo oliese. A hembra en celo. Él lo notó.</p>
<p>-Ummmm que bien hueles.</p>
<p>Sentí que metía uno o dos dedos en mi vagina. Y luego, a la luz que se reflejaba desde delante, vi como se los llevaba a la boca, como los lamía y chupaba.</p>
<p>-Y sabes mejor.</p>
<p>Sus dedos volvieron a mi coñito. Mirándome volvió a masturbarme. Fue una paja lenta y muy placentera. Iba de iba de mi pepitilla a mi vagina. Metió dos dedos dentro, y frotó mi clítoris con su pulgar. Me corrí mirando sus ojos. Brillaban a la luz de la pantalla. Y mi cuerpo se tensó sobre el asiento.</p>
<p>No paró. Siguió tocando, acariciando. Yo quería más. Más orgasmos. El tercero no tardó en llegar, haciéndome ver las estrellas. Ese hombre sabía como hacerme vibrar. Mi coño no dejaba de soltar olorosas jugos, que él esparcía con sus dedos.</p>
<p>De repente, algo nuevo. Bajó sus dedos hasta mi culito. Con tantos jugos estaba lubricado, y no le costó introducir un dedo en mi ano. Eso era nuevo para mí. Nuevo y muy&#8230;rico. Me folló suavemente con ese dedo. Me dio un suave placer, aumentado cuando llevó la otra mano a mi coño.</p>
<p>El placer fue aumentando, poco a poco. Me mecía en esa butaca, sintiendo sus dedos recorrer mi vulva y también penetrando mi culito. Cuando un segundo dedo acompaño al primero en mi ano, no pude soportar tanto placer y volví a correrme.</p>
<p>-Agggggggg que &#8230;rico&#8230;. &#8211; le susurré mientras mi cuerpo entero era atravesado por el placer.</p>
<p>Los espasmos de mi orgasmo hacían que mi esfínter apretara más sus dedos, notándolos más. Fue un fuerte orgasmo, que me dejó sin fuerzas. La pierna que tenía sobre el reposa brazos se cayó al suelo. Si no me agarra, me hubiese caído yo también al suelo. Me senté mejor.</p>
<p>Con los ojos entornados, lo miré. ¿Y él? En el autobús me pegó al culo su polla bien dura. Seguro que ahora también la tenía dura. No era justo. Me había hecho correr cuatro veces esa tarde y no me había pedido nada. Alargue la mano más cercana y la llevé a su polla.</p>
<p>Sí la tenía dura. Muy dura. La recorrí sobre el pantalón. Parecía una buena polla.</p>
<p>-Sácamela.</p>
<p>El sonido que hizo su bragueta al bajarle me erizó el vello. Metí la mano. La recorrí sobre el calzoncillo, apretándola. Era gorda, y bastante larga. Más que la del par de jovencitos con los que me había acostado. Se la saqué. Empecé a acariciarla con la mano, arriba y abajo. Me encantó su tacto, caliente  suave. Pero no la veía. Estaba muy oscuro.</p>
<p>Me propuse hacerle una buena paja, para devolverle el placer que él me había dado. Empecé lentamente, apretando. Sus ojos, que reflejaban la película iraní, me miraban. Tenía aquella sonrisa que vi esa mañana al bajar del autobús.</p>
<p>Aceleré la mano. Cuando el empezó a gemir me sentí muy bien. Me estaba mojando otra vez. Aquella polla en mi mano me estaba volviendo loquita.</p>
<p>-Ummm que bien lo haces&#8230;me vas a hacer correr.</p>
<p>-Tu me has hecho correr a mi hoy cinco veces.</p>
<p>-Pero si me corro así lo voy a manchar todo.</p>
<p>Tenía razón. Si esa polla empezaba a disparar, sus pantalones quedarían hechos un desastre. Una vez le hice una paja a un novio en el coche. Usamos un pañuelo para recoger la corrida.</p>
<p>-¿Tienes un pañuelo?</p>
<p>-Aggg no&#8230; no tengo.</p>
<p>-Joder, yo tampoco.</p>
<p>-Tu boca es preciosa.</p>
<p>Me quedé parada. Pretendía correrse en mi boca. Es algo que nunca había hecho. Mamadas sí, pero como preliminares antes de follar. Me había dado mucho placer con sus dedos, pero eso me parecía demasiado. Al fin y al cabo no lo conocía de nada.</p>
<p>-En la boca no.</p>
<p>-Joder, pues no puedo más. Tu manita me tiene a punto.</p>
<p>-Acércate al borde del asiento.</p>
<p>Lo hizo, y abrió las piernas. Apunté la polla hacia adelante y se la casqué con más fuerza.</p>
<p>Se corrió. Uf, vaya corrida.  El primer chorro pasó por encima de la butaca de delante. Menos mal que no había nadie. Bajé un poco la polla y los siguientes se estrellaron contra el respaldo y finalmente, cayeron en el suelo. El no dejó de dar apagados gruñiditos de placer con cada chorro. El olor del su semen se mezcló con el de mi coño.</p>
<p>Seguí un rato más acariciando su polla, que perdió un poco de su dureza tras su tremendo orgasmo.</p>
<p>-¿Te ha gustado?</p>
<p>-Ya lo creo, preciosa. ¿Nos vamos?</p>
<p>Se guardó la polla en los pantalones y se levantó. Lo seguí. A pesar de todo lo que había pasado entre nosotros casi no conocía su aspecto. Cuando salimos de la sala, al fin pude verle bien. Era un tipo normal, ni guapo ni feo. Sus ojos sí que eran muy bonitos, entre marrón claro y verdes. Me miraba. Me sentí un poco cohibida. Me acabada de hacer correr 4 veces y yo una a él y ahora me sentía cohibida.</p>
<p>-¿Quieres tomar algo? &#8211; me preguntó.</p>
<p>-Vale.</p>
<p>Fuimos a una cafetería cercana. Pedimos unos refrescos.</p>
<p>-¿Cómo te llamas?</p>
<p>-María. ¿Y tú?</p>
<p>-Carlos.</p>
<p>-Así que te dedicas a meterle mano a las chicas en el autobús.</p>
<p>-Jajaja. No creas.</p>
<p>-¿No? Venga hombre. Dime ahora que yo he sido la primera.</p>
<p>-La primera que se deja.</p>
<p>Mierda. Me pude roja, como una niña.</p>
<p>-No creas que soy una zorra que se deja meter mano por el primero que pasa</p>
<p>-No creo eso.</p>
<p>-Es la primera vez que&#8230;me pasa esto.</p>
<p>-¿Te arrepientes?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Ni yo. Oye María&#8230;</p>
<p>-Dime</p>
<p>-¿Sabes que me gustaría?</p>
<p>Mi corazón se aceleró. Me imaginé que ir de compras no sería.</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-Comerte el coño. Es mi especialidad.</p>
<p>-Joder, Carlos. Eres directo, ¿eh?</p>
<p>-Jajaja. Para que andarnos con rodeos.</p>
<p>Era un descarado, pero me gustó que fuera así. Y a mi chochito también. Se mojó.</p>
<p>-¿Cuándo?</p>
<p>-Ahora. Me encantó como sabía. Muero de ganas por pasar mi lengua por esa jugosa rajita que tienes</p>
<p>-Me estás calentando,  bribón.</p>
<p>-Esa es mi intención, preciosa.</p>
<p>-¿Tan bueno eres?</p>
<p>-Ya lo comprobarás.</p>
<p>-¿A donde me llevarás?</p>
<p>-A mi casa no puedo. Está mi mujer.</p>
<p>-¿Eres casado?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Coño.</p>
<p>-Jajajaja. ¿Te importa?</p>
<p>-Ummmm pues&#8230;no, la verdad.</p>
<p>-Vamos a mi coche. Iremos a un sitio tranquilo.</p>
<p>-¿Tienes coche?</p>
<p>-Claro</p>
<p>-¿Y entonces por que coges el autobús?</p>
<p>-Pues&#8230; para meterte mano.</p>
<p>-Jajajaja. Eres un pervertidillo, según veo.</p>
<p>-No creas. Soy un tipo normal.</p>
<p>Pagó los refrescos y nos dirigimos al parking. Tenía un buen coche. Me abrió la puerta y subí. Arrancó y salimos a la calle.</p>
<p>-Ahora es cuando me das un golpe, me violas y me cortas el cuello, ¿No?</p>
<p>-Ummmm has visto muchas películas. No soy nada violento. No le haría daño a ni a una mosca.</p>
<p>-Espero no aparecer en el periódico.</p>
<p>-Tranquila. Te aseguro que soy un buen tío.</p>
<p>-Sí sí, que le pone los cuernos a su mujer y se dedica a meterle mano a las jovencitas.</p>
<p>-Coño, visto así hasta me doy miedo a mi mismo! Jajajaja.</p>
<p>Me reí también.</p>
<p>&#8220;Estás loca de remate, Maripuri. Aún estás a tiempo de salir corriendo&#8221;.</p>
<p>En vez de salir corriendo, abrí las piernas cuando el metió su mano por debajo de mi falda. Cuando llegó a mi coño, lo encontró mojadito y babosito. Lo recorrió con sus dedos, haciéndome gemir.</p>
<p>Estaba claro que estaba loca. Una chica en su sano juicio no habría subido a ese coche. Bueno, ni siquiera hubiese ido al cine.</p>
<p>De repente, dio un frenazo y aparcó a un lado.</p>
<p>-Joder, que suerte. Espera un momento.</p>
<p>Salió del coche. No sabía a donde diablos iba. Lo seguí con la mirada y vi como entraba en una farmacia. Al poco salió con una bolsita. Entró al coche y arrancó, dejando la bolsa sobre el salpicadero. Dentro había una caja de condones.</p>
<p>-Oye, no habíamos hablado de follar.</p>
<p>-María, está claro que te voy a follar.</p>
<p>-Pues no lo tengo yo tan claro, Carlitos.</p>
<p>-¿Quieres que saque la navaja?</p>
<p>Di un respingo y casi doy con mi cabeza contra el techo del coche.</p>
<p>-Jajajaja. Que es broma, tonta. Soy un caballero, créeme. No pasará nada que no quieras que pase, eso te lo puedo asegurar.</p>
<p>-Cabrito. Casi se me sale el corazón por la boca.</p>
<p>Seguimos el camino. No sé a donde me llevaba. Salimos de la ciudad y se metió por una carretera oscura. Debería haberme asustado, pero no sé porqué, confiaba en él. No parecía un psicópata Aunque los peores son esos, los que no lo parecen.</p>
<p>Se metió por un camino de tierra y paró en un sitio oscuro. No se veían casas alrededor. Era el picadero perfecto.</p>
<p>-¿A cuántas has traído aquí?</p>
<p>-No son tantas. A la mayoría las tengo enterradas por los alrededores.</p>
<p>-Capullo.</p>
<p>-Jajajaja.</p>
<p>Abrió la puerta y se bajó. Vino hacia mi lado y abrió. Me tendió la mano y me ayudó a salir. Pasamos a los asientos de atrás.</p>
<p>Estaba oscuro, como en el cine. Pero ahora estábamos solos. Ahora estaba en sus manos.</p>
<p>-Llevaba varios días mirándote en el autobús. Incluso te rocé un par de veces, pero siempre te movías.</p>
<p>-Es que me tienen frita todos esos sobones.</p>
<p>-El día que no te moviste no me lo podía creer. Lástima que llevaras pantalones.</p>
<p>-Me pusiste muy cachonda ese día.</p>
<p>Sentí su mano empezar a acariciar mi rodilla, subir lentamente por mi muslo, meterse bajo la falda.</p>
<p>-¿Sí?</p>
<p>-Sí… cuando me bajé del autobús fui corriendo al baño.</p>
<p>-¿Te tocaste por mi?</p>
<p>Su mano llegó a mi coño. Con delicadeza pasó un dedo a lo largo.</p>
<p>-Ummm, sí, me toqué por ti.</p>
<p>Se acercó más a mi. Por primera vez sus labios rozaron mi piel. Fue un suave beso en mi mejilla. Su aliento era fresco. Me estremecí y giré la cabeza hacia él.</p>
<p>No era la primera vez que me besaban. Pero lo pareció. Ese hombre tenía algo que me hacía sentir diferente en sus manos. Sus labios se rozaron con los míos, casi sin rozarlos, hasta que nos fundimos en un largo beso. Sin dejar de acariciar mi coñito. Su lengua en mi boca me hizo temblar de deseo.</p>
<p>Se separó, dejándome con la boca entreabierta, anhelante de más caricias, de más besos. Con suavidad me echó hacia atrás, haciéndome apoyar contra la puerta del coche. Con sus manos separó mis piernas, subió mi falda y se agachó. Sentí sus labios en una de mis rodillas. Me recorrieron escalofríos de placer. Algo húmedo y caliente empezó a acercarse a mi coñito. Me besaba y lamía cada centímetro de piel.</p>
<p>Una vez me comieron el coño. Cuando su lengua recorrió mi húmeda rajita, me di cuenta que lo de aquella vez fue una simple caricia con lengua. Ahora supe de verdad el placer de que un hombre te haga el amor con su lengua. Estaba oscuro, pero aún así cerré los ojos. Aquella maravillosa lengua acariciaba cada pliegue de mi sexo lentamente. Sentía también su cálido aliento, que aumentaba el placer que recorría todo mi cuerpo.</p>
<p>Mis flujos o dejaban de manar. Y él los recogía con su lengua. De vez en cuando besaba mis ingles, una a una, para volver otra vez a mis labios. Pero evitaba tocar mi clítoris. Cada vez que su lengua llegaba cerca lo rodeaba, lo sorteaba. Yo levantaba mis caderas intentando llevarlo hasta su boca, pero no lo conseguía. El placer subía y subía, pero no estallaba. Se acumulaba. Era como una presa a punto de reventar. Mis manos fueron a su cabeza para apretarlo contra mí.</p>
<p>Cuando sus labios por fin atraparon mi inflamado clítoris entre ellos y su lengua le dio suaves golpecitos, la presa reventó. El orgasmo que atravesó mi cuerpo fue tan intenso, mis músculos se tensaron de tal manera que llegaron a dolerme. Me quedé sin respiración, con el culo levantado del asiento. A los pocos segundos el aire llenó mis pulmones y pude gritar, recorrida por espasmos de placer, restregando mi coño por su cara, llenándosela de mis caldos.</p>
<p>Jamás había sentido nada así. Me había dicho que era su especialidad. Y tenía razón. No fue sólo lo bien que lo había hecho. Fue lo que hizo después. Mi orgasmo había sido tan fuerte que toda mi vulva había quedado muy sensible. Un simple roce casi me dolía. Él lo sabía y por eso dejó de lamerme, pero no de estimularme. Se dedicó a besar mis ingles, la cara interna de mis muslos, a echar su cálido aliento sobre mis labios. Consiguió que la sensibilidad desapareciera poco a poco, pero no la excitación.</p>
<p>Los besos se acercaron poco a poco otra vez a mi rajita. Me dio un lametón de tanteo. Gemí de placer, pero no aparté su cabeza.</p>
<p>Todo volvió a empezar. Su maravillosa lengua, ayudada ahora por sus dedos, me llevaron lentamente a un nuevo orgasmo, tan arrollador y placentero como el primero. Esta vez si pude gritar mi placer. El dejó de lamerme.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>-Agggg Carlos, me vas a matar de tanto placer&#8230; Para ya&#8230;no puedo más</p>
<p>-Claro que puedes más.</p>
<p>Tenía razón. Si hubiese seguido seguramente me hubiese hecho correr una y otra vez, pero yo ya estaba más que satisfecha, así que con suavidad aparté su cabeza de entre mis piernas y me incorporé. En seguida me besó la boca. Olía y sabía terriblemente a mi coño, pero no me importó. Lo besé con pasión.</p>
<p>Sentí contra mi muslo la dureza de su polla. Llevé una mano y agarré sobre el pantalón. Le bajé la cremallera y se la saqué. Caliente, dura. Su punta estaba mojada.</p>
<p>-María&#8230;Te deseo&#8230;déjame follarte.</p>
<p>Si algún hombre se merecía follarme bien follada era, sin duda, ese hombre. Pero estaba agotada, echa polvo. Me sentí un poco mal, pero de verdad que no podía más.</p>
<p>-Carlos&#8230;de verdad que te mereces eso y más, pero estoy agotada. No puedo con mi alma.</p>
<p>-¿Y me vas a dejar así?</p>
<p>-¿Te hago una paja?</p>
<p>-Con la boca.</p>
<p>Era justo. El me había comido el coño maravillosamente. Qué menos que devolverle un poco de ese placer. Sé que no estaría a su altura. Mi experiencia chupando pollas era muy escasa, pero iba a poner toda mi voluntad.</p>
<p>Agaché mi cabeza hasta que la punta de su polla rozó mis labios. Apenas la veía, pero la sentía, la olía y la saboreaba. Le pasé la lengua alrededor de la punta. El sabor del líquido que rezumaba llenó mi boca. No era desagradable.</p>
<p>Puso sus manos sobre mi cabeza, pero no apretó como hacían los otros a los que se las había chupado. Sólo me acarició con suavidad. No me sentí forzada, así que pude disfrutar de la sensación que su polla producía en mi boca. Y me gustó. Yo llevaba el ritmo. Cuando él empezó a gemir, me hizo sentir orgullosa. Sólo podía meterme media polla en la boca. Era muy gorda para mi. Me estaba encantando hacerle aquella mamada.</p>
<p>Cerré los ojos y disfruté de las sensaciones, de sus caricias en mi cabello, de sus gemidos.</p>
<p>-Ummmm María&#8230;que rico&#8230;.me encanta tu boquita, tan caliente y húmeda.</p>
<p>Eso me subió la autoestima. Quería demostrarle que no sólo él podía matarme de placer. Que yo también era capaz de darlo. Me ayudé de una mano. Subía y bajaba mi boca a lo largo de la polla, seguida de mi mano. Él empezó a moverse, a gemir más fuerte.</p>
<p>Y una vez más me demostró que era un caballero. En el cine le había dicho que en la boca no. Nunca había permitido a nadie correrse en mi boca.</p>
<p>-Aggg María… estoy a punto de correrme&#8230;.sigue con&#8230;la &#8230;mano&#8230;</p>
<p>Seguí, pero con la boca. Sabía que se iba a correr, que su espeso semen me iba a llenar la boca, pero seguí mamando. Empezó a temblar, su polla se puso rígida y un potente chorro se estrelló en mi paladar, para luego repartirse por mi lengua. Fue seguido de varios más. La boca se me fue llenando. No había espacio para su leche y su polla. Cuando yo me había corrido en su boca, el no había escupido. Se había bebido todo lo que yo le dí.</p>
<p>Hice lo mismo. Me tragué su caliente semen. Sentí como bajaba por mi garganta. Seguía corriéndose, gimiendo de placer. Y yo seguí tragando. Mi boca se llenó de su sabor. No era un sabor agradable, pero tampoco era asqueroso. Aún así, lo  trague con gusto, porque sabía que él estaba disfrutándolo.</p>
<p>Su polla dejó lanzarme leche. Yo seguí chupando, ahora más despacito. Oía su respiración, agitada. Se la lamí con cariño, para dejársela limpita de todo rastro de semen. Le di un último beso en la punta antes de levantar la cabeza.</p>
<p>Me besó, con mucha dulzura.</p>
<p>-¿Lo he hecho bien?</p>
<p>-¿Bien? Ha sido la mejor mamada de mi vida.</p>
<p>-No exageres.</p>
<p>-No exagero. Creí que me ibas a vaciar todo.</p>
<p>Apoyé mi cabeza en su pecho. Me estuvo acariciando largo rato. Me olvidé de todo, hasta que al rato me di cuenta de que era tarde.</p>
<p>-Es muy tarde. Mis padres se van a preocupar.</p>
<p>-Te llevo a casa.</p>
<p>-Gracias.</p>
<p>Durante el camino de regreso casi no hablamos. Pero él no dejaba de mirarme. Me dejó en la puerta de mi edificio. Antes de bajarme, le di un beso en la boca. Luego salí corriendo.</p>
<p>Mientras subía en el ascensor, pensé en todo lo ocurrido. Me reí yo sola cuando me di cuenta de que no llevaba bragas. Se las llevó como un trofeo.</p>
<p>A mi madre le dije que me había entretenido con las amigas y que se me había ido el santo al cielo.</p>
<p>-Joder, niña. Hace años que existen los móviles.</p>
<p>-Lo siento mami.</p>
<p>Más tarde, acurrucada en mi cama repasé todos los acontecimientos de ese día. Me dije que esta loca por lo que había hecho. Ir al encuentro de un desconocido. Primero a un sitio público. Mal, pero podría haber salido corriendo si pasaba algo raro. Pero después me subí a su coche y fui con él a un descampado. Por menos de eso los americanos hacen una película de terror.</p>
<p>Pero no me arrepiento. No había gozado tanto en mi vida. Y Carlos era un buen tipo.</p>
<p>Me dormí con una sonrisa en los labios.</p>
<p>Al día siguiente, lo busqué en el autobús. Pero no lo vi. Me sentí triste. No sabía donde vivía. Ni su teléfono. Sólo su nombre.</p>
<p>Tampoco apareció al día siguiente, ni al otro. Llegó el fin de semana, y nada.</p>
<p>El lunes, ya no lo busqué. Me dije que sólo fue algo maravilloso que me pasó, algo para recordar.<br />
Me tocaron el culo. Iba a darme la vuelta para echarle al tocón una mirada asesina cuando hasta mi nariz llegó su olor. Era Carlos. El corazón se me aceleró. Mi cuerpo empezó a temblar de emoción.</p>
<p>Su mano, su maravillosa mano acarició sabiamente mi culito. Poco a poco nos acercamos a nuestro rincón, en donde sus caricias se intensificaron. Sentí su dura polla pegarse a mi culo, su aliento en mi cuello, y su mano posarse sobre mi coño. Apretó un dedo sobre mi raja, metiendo la braga entre mis ya empapados labios. Yo meneé mi culito, dándole la bienvenida.</p>
<p>Ese día desgraciadamente llevaba pantalones, así que su mano no pudo tocarme directamente como el otro día. Pero me puso muy cachonda. Mucho.</p>
<p>El autobús paró. Era mi punto de bajada. Ya había hecho una locura por él. Ahora iba a hacer otra.</p>
<p>Me di la vuelta. Nuestras miradas se encontraron. Acerqué mi boca a su oreja y le susurré:</p>
<p>-Si quieres follarme, sígueme.</p>
<p>Salí del autobús. Sabía que pocos pasos por detrás de mi el me seguía. Entre tanta gente pasamos desapercibidos. Me dirigí a la segunda planta, en donde estaban los alumnos de los cursos superiores, que eran menos, por lo que allí había mucha menos gente. Me metí en uno de los baños comprobando que nadie miraba. Oí sus pasos tras de mi.</p>
<p>Me había dicho que su especialidad era comerme el coño, pero su manera de follar no tenía nada que envidiarle. Me echó los dos mejores polvos de mi vida. Al menos hasta ese momento.</p>
<p>Después, han venido muchos más. Casi siempre en sitios en donde nos pueden pillar. Es el mejor amante que he tenido y sin duda el mejor que tendré.</p>
<p>Todavía me sigue metiendo mano en el autobús. Ahora siempre voy con falda para que me pueda tocar a fondo. Más de una vez me he pasado de parada.</p>
<p>Pero el gustazo no me lo quita nadie…</p>
<p>Autor: <a href="http://abe21abe21.wordpress.com/">abe21abe21</a></p>
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		<title>La aprendiz</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Sep 2010 13:39:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de jóvenes]]></category>
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		<description><![CDATA[<a href="http://www.123porno.com/2010/09/15/la-aprendiz/"><img class="alignleft size-full wp-image-813" title="La aprendiz - 123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/09/enfermera.jpg" alt="La aprendiz - 123porno.com" width="175" height="268" /></a>... De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Allí estaba yo, en la consulta del médico, total y absolutamente acojonado. Tres o cuatro semanas atrás había empezado a sentir molestias en una zona muy delicada para los hombres, en los testículos. Acudí a mi médico, que inmediatamente me envió a un especialista, donde se me practicaron varias pruebas. Ahora estaba en su despacho, esperando los resultados de las mismas y tan asustado que la camisa no me llegaba al cuerpo.</p>
<p>¿Dónde se habrá metido este cabrón? &#8211; pensé &#8211; ¿querrá volverme loco o qué?</p>
<p>Aún tuve que esperar cinco minutos más, era como si el tipo hubiera tenido que ir a por los informes hasta el mismo laboratorio y además andando. Por fin, la puerta volvió a abrirse y el doctor entró con un montón de papeles en la mano. Sin decir nada, se sentó a su mesa y se puso a repasarlos, como si aún no los hubiese leído. Yo sudaba como un cerdo. Un par de minutos después separó sus ojos de los documentos y los plantó en mí:</p>
<p>¿Se encuentra usted bien? &#8211; me dijo &#8211; Tiene mala cara&#8230;</p>
<p>Sí, sí, estoy bien, es que hace un poco de calor &#8211; dije yo mientras mentalmente me cagaba en sus muertos.</p>
<p>Bueno, señor Rovira, aquí tengo los resultados de su examen médico.</p>
<p>¿En serio?, yo creí que era prensa deportiva &#8211; estuve a punto de decirle, aunque en realidad me limité a sonreír nervioso.</p>
<p>Verá, hemos detectado un pequeño tumor en uno de sus testículos.</p>
<p>El alma se me cayó a los pies, mi mundo se hundía, quería morirme.</p>
<p>Pero no se preocupe, es benigno y perfectamente operable.</p>
<p>¡Que resuenen las trompetas y las fanfarrias! ¡Gloria a Dios en las alturas!</p>
<p>¿De verdad? &#8211; acerté a balbucear.</p>
<p>Sí, tranquilo &#8211; dijo el médico sonriente &#8211; lo hemos detectado en una etapa muy precoz de su desarrollo. Sólo tendrá que pasar 3 o 4 días en el hospital y podrá llevar una vida perfectamente normal.</p>
<p>Pero, ¿no habrá secuelas?</p>
<p>De ningún tipo. Bueno, ¡tendrá que pasarse un par de semanitas sin sexo! &#8211; dijo riendo.</p>
<p>Yo también me reí.</p>
<p>Si es sólo eso &#8211; en ese momento aquel tipo era mi mejor amigo. Si fuese gay, lo hubiera besado.</p>
<p>Hablamos un rato sobre los detalles de la operación. Me ingresarían el martes siguiente, para hacerme unos análisis y otras pruebas. La intervención sería el miércoles por la tarde, recibiendo el alta con toda probabilidad el viernes o el sábado.</p>
<p>Me marché a casa mucho más tranquilo. Iba por la calle, feliz, sonriente, todo me parecía de color de rosa. Nada más llegar, llamé a mi novia, Pili y le conté las buenas noticias. Me hubiese encantado que viniera a mi piso para celebrarlo, pero por desgracia se encontraba fuera de la ciudad. Era azafata y en ese momento estaba en Argentina y no volvería hasta la semana siguiente.</p>
<p>La semana pasó rápidamente, teniendo que soportar las continuas bromas de mis amigos y compañeros de oficina, que si me iban a dejar eunuco, que la fimosis se opera de pequeño y otras lindezas similares. A medida que transcurrían los días, yo me iba poniendo cada vez más nervioso, pues por mucho que el médico dijera que era un procedimiento sencillo, no dejaba de ser una operación en mis pelotas y yo les tenía (y les tengo) mucho cariño.</p>
<p>Por fin llegó el martes. La hora de ingreso eran las once de la mañana, así que me levanté temprano y preparé una pequeña maleta con ropa y objetos de aseo. Cogí un taxi y me fui a la clínica.</p>
<p>Tuve que rellenar un montón de papeles antes de que me condujesen a planta. Por fin, terminé con los trámites burocráticos y un celador me llevó hasta el tercer piso.</p>
<p>Entréguele esto a la jefa de enfermeras &#8211; dijo dándome un fajo de papeles y señalando hacia un mostrador que había más adelante.</p>
<p><a href="http://www.123porno.com/2010/09/15/la-aprendiz/"><img class="alignleft size-full wp-image-813" title="La aprendiz - 123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/09/enfermera.jpg" alt="La aprendiz - 123porno.com" width="250" height="383" /></a>Me dirigí hacia allí con los papeles en una mano y la maleta en la otra. El hospital era una clínica privada, por lo que en los pasillos no había enfermos arrastrándose, carritos de la limpieza, ni olor a desinfectante. Esto me alegró, pues yo detesto los hospitales. Al llegar junto al mostrador, dejé la maleta en el suelo y los papeles encima. De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.</p>
<p>Por fin, la razón se impuso y dije con voz calmada:</p>
<p>Disculpe, señorita, ¿es usted la jefa de enfermeras?</p>
<p>La chica se enderezó y se dio la vuelta, mirándome mientras esbozaba una ligera sonrisa.</p>
<p>Sí, soy yo, ¿qué desea?</p>
<p>Ante mí estaba un bello ejemplar de mujer. Su rostro era muy atractivo, boca grande, de labios carnosos, sensuales, nariz aguileña, bien definida y unos ojos verdes que me miraron divertidos, como si supieran que yo poco antes estaba espiando a su dueña.</p>
<p>Como yo me había quedado mudo, ella volvió a insistir:</p>
<p>¿Desea usted algo?</p>
<p>Por fin, reaccioné.</p>
<p>¡Oh, sí, sí! Disculpe. Traigo estos papeles, me tienen que ingresar en esta planta.</p>
<p>Ella tomó los impresos y se puso a leerlos. Mientras, yo le echaba disimuladas miradas. Llevaba todos los botones del uniforme abrochados menos el último, lo que me permitió contemplar su cuello, de piel morena y atractiva. Sus senos eran de buen tamaño, apretaban con firmeza la delantera de su vestido, que se veía bastante tensa. Sobre su seno izquierdo había prendida una plaquita. &#8220;Lucía Sánchez&#8221; decía. Yo estaba absolutamente hipnotizado.</p>
<p>&#8230;Señor Rovira &#8211; dijo ella, creo que llevaba un rato hablándome ya.</p>
<p>¿Cómo dice? &#8211; dije despertando.</p>
<p>Que me acompañe por favor.</p>
<p>Levanté la mirada hasta su rostro y me di cuenta de que ella había notado perfectamente adonde miraba yo. Me invadió un repentino sentimiento de vergüenza, seguro de que estaba a punto de llamarme la atención, pero, para mi sorpresa, se limitó a esbozar una sonrisa pícara. Salió de detrás del mostrador y echó a andar por el pasillo.</p>
<p>Sígame &#8211; dijo.</p>
<p>Yo recogí mi maleta y eché a andar tras ella. Me mantenía un par de metros por detrás, para poder contemplar cómo su precioso trasero iba bamboleándose en el interior de su uniforme. Parecía tener un motorcito allí dentro, así de bien lo movía.</p>
<p>Por fin se detuvo frente a una habitación. Abrió la puerta y se apartó, para que yo entrara. Era la típica habitación de hospital, paredes blancas, una cama articulada, mesita de noche, armario empotrado y un sillón para las visitas. También había una mesa colocada a los pies de la cama, supongo que para la tele. Junto a la entrada había otra puerta, la del baño y al fondo, una ventana daba a la calle El cuarto era bastante grande, con seguridad cabría otra cama más.</p>
<p>Entré y dejé mi maleta sobre la cama. Ella entró detrás mía.</p>
<p>Si necesita algo, pulse el timbre que hay en la cabecera de la cama y yo o una de mis compañeras vendremos enseguida. ¿Ha traído pijama? &#8211; comenzó a decirme.</p>
<p>Por supuesto.</p>
<p>Bien, póngaselo. Dentro de un rato habrá que sacarle sangre. ¿Desea que le traigamos una televisión?</p>
<p>No, gracias, he traído para leer. No soy muy aficionado a la tele.</p>
<p>De acuerdo. Si no necesita nada&#8230;</p>
<p>No, gracias, señorita Lucía.</p>
<p>Ella me miró interrogante.</p>
<p>Oh, disculpe. Lo he leído en su placa.</p>
<p>Ella miró hacia abajo, a su pecho. Levantó la mirada y la clavó en mí.</p>
<p>Ya comprendo &#8211; dijo con expresión seria.</p>
<p>Yo estaba muy avergonzado.</p>
<p>Yo&#8230; Disculpe&#8230;</p>
<p>¿Cómo dice?</p>
<p>No nada, nada &#8211; dije yo, rojo como un tomate.</p>
<p>Bien, pues hasta luego.</p>
<p>Se marchó cerrando la puerta, dejándome bastante avergonzado.</p>
<p>¿En qué estaría yo pensando? &#8211; exclamé.</p>
<p>Ya no podía cambiar nada, así que comencé a deshacer la maleta. No me parecía buena idea ir por ahí cabreando a gente en cuyas manos iba a poner mis pelotas dentro de poco. Tras ordenarlo todo, empecé a desnudarme, para ponerme el pijama. Mientras me quitaba la ropa, me acordaba de Lucía. Estaba buenísima y encima, vestida de enfermera ¡Uuuummmm! ¡Qué morbazo!</p>
<p>Cuando terminé de ponerme el pijama tenía una erección de campeonato. Estaba allí, de pié como un imbécil, contemplando el enorme bulto de mi pijama, cuando alguien llamó a la puerta.</p>
<p>Como un rayo abrí la cama y me metí dentro, arropándome hasta el cuello.</p>
<p>¡Adelante! &#8211; dije.</p>
<p>Era Lucía. Entró empujando un carrito con instrumental.</p>
<p>Vengo para el análisis &#8211; me dijo.</p>
<p>De acuerdo &#8211; contesté yo incorporándome.</p>
<p>Empujó el carrito hasta situarlo junto a la cama. Rebuscó un poco y se acercó a mí con una goma en la mano.</p>
<p>Súbase la manga &#8211; me dijo.</p>
<p>Yo obedecí con presteza, quería portarme bien para que se olvidara de lo de antes.</p>
<p>Estire el brazo &#8211; continuó.</p>
<p>En ese momento yo estaba pensando que no hay nada en el mundo para bajar una erección como la amenaza de una jeringuilla, pero entonces ella se inclinó un poco para atar la goma en mi antebrazo. Al hacerlo, noté que el segundo botón de su uniforme se había desabrochado, así que olvidé en un segundo todos los propósitos de portarme bien, y mi miembro recuperó de golpe todo su esplendor. Dirigí una mirada disimulada a su escote. Cuando se inclinaba, alcanzaba a ver el borde de un delicado sostén de encaje. Ella, tras atar la goma, golpeó con dos dedos en mi brazo, para que se marcaran las venas, pero yo apenas lo noté.</p>
<p>Disimuladamente, fui estirando el cuello, para obtener una visión más amplia. Su seno iba revelándose poco a poco a mi mirada. Su sujetador era blanco, bordado, lencería fina sin duda. Estaba preguntándome si llevaría las braguitas a juego, cuando oí su voz que decía:</p>
<p>Ya está. Doble el brazo &#8211; dijo apoyando un poco de algodón sobre el pinchazo.</p>
<p>Se incorporó y dejó la jeringuilla sobre el carrito. Con un hábil gesto, soltó la gomilla de mi antebrazo, mientras yo la miraba anonadado.</p>
<p>¿Ya lo ha hecho? Es usted fantástica &#8211; le dije.</p>
<p>Gracias, una tiene sus trucos para hacerlo rápidamente y sin dolor &#8211; dijo dirigiéndome una mirada enigmática.</p>
<p>Las implicaciones de lo que acababa de decir hicieron que me quedara momentáneamente cortado. ¿Qué quería decir? ¿Que era muy buena sacando sangre? ¿Que se había abierto el botón ella misma?</p>
<p>Bueno, me marcho &#8211; me dijo &#8211; Le traerán la comida dentro de media hora más o menos.</p>
<p>De acuerdo, gracias. Ya la llamaré si la necesito.</p>
<p>Lo siento &#8211; respondió &#8211; Yo no podré atenderle, me marcho ya. Mi turno acaba a la una y media.</p>
<p>¡Ah! Ya veo. Pues entonces supongo que la veré mañana.</p>
<p>Sí, mañana por la mañana vendré para afeitarle.</p>
<p>Bueno, pues hasta luego &#8211; dije yo.</p>
<p>Adiós &#8211; dijo dirigiéndose a la puerta con el carrito.</p>
<p>Entonces, lo que había dicho por fin penetró en mi mente y una espeluznante sospecha se apoderó de mí.</p>
<p>Perdone &#8211; le dije &#8211; ¿Ha dicho usted afeitarme?</p>
<p>Ella se detuvo y se volvió hacia mí.</p>
<p>Afeitarle, claro.</p>
<p>Pero, ¿afeitarme cómo?</p>
<p>Afeitarle el pubis, por supuesto &#8211; dijo ella impertérrita.</p>
<p>¿Qué?</p>
<p>Ella me miró como una maestra mira al niño más torpe de la clase.</p>
<p>Señor Rovira, va usted a ser sometido a una intervención quirúrgica en la zona genital. Como comprenderá, es absolutamente necesario rasurarle y desinfectarle esa parte.</p>
<p>Sí, claro, ya comprendo. Es sólo que no lo había pensado.</p>
<p>De acuerdo, pues hasta mañana.</p>
<p>Hasta mañana.</p>
<p>Ella cerró la puerta tras salir, y yo me quedé allí, alucinando. ¡Esa pedazo de tía iba a afeitarme los huevos! ¡Dios mío! ¡Qué podía hacer! Ya la había cagado bastante con ella ese día, ¿qué pasaría al siguiente, cuando ella empezara a manipular por ahí abajo y mi polla se empalmara?</p>
<p>Traté de tranquilizarme, pero la perspectiva del increíble ridículo que iba a hacer me lo impedía.</p>
<p>Vamos, tío &#8211; me decía &#8211; Es una profesional, seguro que si te pasa no le importa en absoluto. Además, ya piensa que eres un pervertido, ¿qué mas da que piense que eres un degenerado?</p>
<p>Estuve un buen rato sumergido en este tipo de pensamientos, cuando de repente, llamaron a la puerta. Tras dar mi permiso, entró en la habitación otra enfermera, una bastante mayor, de 50 años al menos.</p>
<p>¡Ojalá me afeitara ésta! &#8211; pensé.</p>
<p>Buenas tardes &#8211; me dijo &#8211; Le traigo el almuerzo.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
<p>La enfermera acercó la bandeja hasta la cama. Estaba colocándomela bien cuando sonaron unos golpecitos en la puerta. Alcé la vista y allí estaba Pili, mi novia, todavía llevando su uniforme de azafata.</p>
<p>¡Pili! &#8211; exclamé &#8211; ¿Ya estás de vuelta?</p>
<p>Sí querido &#8211; respondió ella sonriente &#8211; Adelantaron mi vuelo y me he venido directamente a verte. Ni siquiera he pasado por casa.</p>
<p>Luego vendré a por la bandeja &#8211; dijo interrumpiéndonos la enfermera.</p>
<p>Sí, sí, muchas gracias.</p>
<p>Mientras la vieja salía, Pili se acercó a mí y me plantó un fuerte beso en los morros.</p>
<p>¿Y qué cómo estás? &#8211; dijo dejándose caer en el sillón.</p>
<p>Pues qué quieres, un poco nervioso, pero bien.</p>
<p>Vaya, creí que estarías cagado del susto, con lo aprensivo que eres &#8211; dijo riendo.</p>
<p>Ja, ja. Muy graciosa.</p>
<p>Nos quedamos callados, mirándonos. Yo le dirigí una apreciativa mirada. Estaba la mar de sexy con su uniforme azul y las medias negras, llevando su rubio cabello recogido; más de una vez habíamos echado un polvete llevándolo ella puesto, por puro morbo.</p>
<p>¿Qué miras? &#8211; me dijo.</p>
<p>Estás buenísima con ese traje &#8211; le dije.</p>
<p>Sí, lo sé &#8211; respondió sonriente.</p>
<p>Seguimos conversando durante un rato, sobre la operación, su viaje, la situación en Argentina. Mientras, yo iba comiendo un poco de la sosa comida que me habían traído. Ella se puso cómoda, se echó hacia atrás y cruzó las piernas. Como el sillón era muy bajo, su trasero quedaba hundido, muy por debajo de sus rodillas, por lo que su minifalda se subió, revelando una buena porción de muslo. Alcanzaba incluso a ver el final de sus medias y el broche del liguero. Me estaba poniendo como una moto.</p>
<p>Pili &#8211; le dije.</p>
<p>Dime.</p>
<p>Una ominosa idea iba tomando forma en mi mente.</p>
<p>Verás, quería pedirte un favor.</p>
<p>En ese momento llamaron a la puerta y la enfermera asomó la cara.</p>
<p>¿Ha terminado? &#8211; preguntó.</p>
<p>Sí, sí, pase.</p>
<p>Entró y recogió la bandeja. Pocos segundos después volvía a salir cerrando la puerta tras ella.</p>
<p>Ahora estaremos un rato tranquilos &#8211; pensé.</p>
<p>Ven siéntate aquí &#8211; le dije a mi novia palmeando en el colchón.</p>
<p>Ella no dudó ni un segundo. Se levantó y se sentó a mi lado. Yo, poniéndole una mano en el cuello, la besé tiernamente. Mientras lo hacía, llevé mi otra mano hasta su cacha y empecé a acariciarla.</p>
<p>¡Ay, estáte quieto jolín!</p>
<p>Nena, por favor &#8211; dije gimoteante.</p>
<p>¿Se puede saber qué te pasa?</p>
<p>Yo la miré seriamente y se lo solté de sopetón:</p>
<p>Hazme una paja.</p>
<p>¡¿QUÉ?!</p>
<p>Que me hagas una paja &#8211; repetí como si ella no me hubiera entendido.</p>
<p>¡Estás loco!</p>
<p>Loco de calentura.</p>
<p>Pili se levantó bruscamente de la cama y fue a sentarse nuevamente en el sillón, cruzándose de brazos, enfadada.</p>
<p>En eso estaba yo pensando, en pegarme 10 horas de vuelo para venir a cascársela a mi novio en un hospital.</p>
<p>Espera, déjame que te explique.</p>
<p>Explicarme qué. ¿Que eres un salido?</p>
<p>No, no es eso &#8211; contesté con tono serio.</p>
<p>No me interesa lo que vayas a decirme, no pienso hacerlo, podrían pillarnos.</p>
<p>Me quedé callado unos segundos.</p>
<p>Verás Pili, llevamos más de una semana separados ¿verdad?</p>
<p>Sí, pero me da igual si vas caliente por eso.</p>
<p>Exacto, hace bastante tiempo que mis necesidades no se ven satisfechas.</p>
<p>¿Qué quieres decir? ¿Qué tengo que &#8220;satisfacer tus necesidades&#8221; cuando a ti se te antoja?</p>
<p>No, mujer, no &#8211; continué &#8211; déjame explicarme.</p>
<p>Ella no dijo nada, se limitó a echarme una mirada de enojo.</p>
<p>Mira, lo cierto es que no he tenido sexo en una semana, por lo que me excito con facilidad.</p>
<p>Ya lo veo &#8211; dijo Pili, cortante.</p>
<p>Pues sucede que mañana por la mañana, una enfermera vendrá a afeitarme el pubis.</p>
<p>¿Cómo? &#8211; exclamó ella incorporándose, noté que había un brillo divertido en su mirada.</p>
<p>Lo que has oído, mañana vendrá la enfermera a rasurarme y yo estoy muy nervioso. ¿Te imaginas la vergüenza que voy a pasar cuando comience a trastear por ahí abajo y yo me empalme? Por favor Pili &#8211; dije juntando mis manos como si rezara &#8211; No puedes dejarme así.</p>
<p>Abrí las sábanas, dejando al descubierto mi pijama. En él se apreciaba un notable bulto a la altura de la ingle, pues yo, con la sesión de manoseo y la conversación, había vuelto a excitarme. Pili echó una mirada apreciativa a mi entrepierna.</p>
<p>¡Pobrecito! &#8211; dijo con tono pesaroso, aunque se notaba que estaba a punto de partirse de risa.</p>
<p>Sí, tú ríete, pero yo estoy muy preocupado.</p>
<p>¡Lo que no entiendo es cómo se te va a empalmar con semejante adefesio!</p>
<p>¿Adefesio? &#8211; dije yo perplejo.</p>
<p>¡Claro! Ella no había visto a Lucía, sino sólo a la vieja.</p>
<p>Pues mucho peor &#8211; mentí &#8211; Imagínate qué vergüenza empalmarse con esa vieja, pero en el estado en que estoy, bastará con que me rocen ahí abajo.</p>
<p>¡Ja, ja, ja!</p>
<p>Pili, por favor no te rías, que yo estoy muy serio.</p>
<p>Perdona &#8211; dijo todavía riéndose.</p>
<p>Además, no van a pillarnos. La vieja ya se ha llevado la bandeja y no hay razón para que vuelva si yo no la llamo.</p>
<p>Ella seguía mirándome divertida, aunque yo notaba que ya la tenía en el bote.</p>
<p>Y otra cosa &#8211; dije con tono sensual.</p>
<p>¿Qué?</p>
<p>A lo mejor mi picha le gusta a esa vieja y decide hacerme un &#8220;trabajito&#8221; ella misma. No sé si tendría fuerzas para resistirme&#8230;</p>
<p>Eso es verdad &#8211; dijo ella levantándose insinuante &#8211; ¡Tu polla es taaan bonita!</p>
<p>¿A que sí? &#8211; seguí bromeando.</p>
<p>A ver, nene, enséñame la colita para ver si es cierto que no puede más.</p>
<p>Yo, muy animado, sujeté las sábanas con una mano mientras con la otra me bajaba los pantalones, dejando mi miembro al aire.</p>
<p>¡Aaaay! ¡Pobrecita! &#8211; dijo con tono de niña pequeña.</p>
<p>Venga, Pili, no tontees más &#8211; dije lastimosamente.</p>
<p>Bueeeno &#8211; dijo ella sentándose a mi lado.</p>
<p>Ella llevó su mano hasta mi falo y lo acarició delicadamente. Sentí que la electricidad recorría mi cuerpo.</p>
<p>¿Tienes pañuelos de papel? &#8211; dijo empezando a pajearme.</p>
<p>Por ahí debe de haber, pero no los necesitamos ¿verdad?</p>
<p>Ella me entendió perfectamente, aunque hizo como si no comprendiera diciendo:</p>
<p>¿Ah sí? ¿Y por qué?</p>
<p>Pues porque había pensado que podrías acabar con la boca.</p>
<p>Eres un guarro ¿lo sabías?</p>
<p>¿Yo? &#8211; pregunté con aire inocente.</p>
<p>Sí tú.</p>
<p>¿Y quién fue la que me hizo comerle el coño en Euro Disney?</p>
<p>Ella me miró sonriente, sin parar de masturbarme.</p>
<p>Aquello fue diferente &#8211; dijo.</p>
<p>¿En qué?</p>
<p>Bueno &#8211; dijo encogiéndose de hombros &#8211; Si allí nos pillaban nos bastaba con no volver en la vida, pero aquí hay que volver mañana.</p>
<p>Eso es cierto &#8211; reconocí &#8211; pero ya no puedes dejarme así.</p>
<p>Tranquilo &#8211; me dijo guiñando un ojo.</p>
<p>Su paja era lenta, enloquecedora. Pili era (y es) una auténtica maestra en esos menesteres. Yo disfrutaba como un enano. Llevé mi mano hasta su muslo y comencé a acariciarlo lentamente. Poco a poco la introduje bajo su falda, deslizándola por la cara interna de sus piernas, sintiendo el tacto sedoso de sus medias. Por fin llegué hasta sus braguitas, las eché un poco hacia un lado y metí los dedos dentro. Estaba empapada.</p>
<p>¡Aahhhh! &#8211; suspiró.</p>
<p>¡Joder Pili! ¡Cómo te pones!</p>
<p>¿Uumm?</p>
<p>¡Estás chorreando! ¡Se nota que te gusta el morbo!</p>
<p>Eso ya lo sabías ¿no?</p>
<p>La verdad es que sí.</p>
<p>Seguimos disfrutando durante un rato, masturbándonos mutuamente. Pili me pajeaba espléndidamente, pero, lo cierto es que yo también soy bueno con las manos y su coño me lo conozco al dedillo. En pocos minutos, hice que se corriera.</p>
<p>Pili es una auténtica diosa del sexo, sus orgasmos son fuertes e intensos, lo que da al macho una sensación de poder, de ser buen amante. Al correrse, apretó con fuerza los muslos y se derrumbó sobre mi pecho, dejando durante unos instantes de pajearme mientras jadeaba. Mi polla protestó por esta interrupción.</p>
<p>Pili, cariño.</p>
<p>¿Ummm?</p>
<p>Mi polla, mírala la pobre.</p>
<p>Ella sonrió y estiró el cuerpo. Parecía una gatita satisfecha.</p>
<p>Eres un muchacho muuuy maaalo.</p>
<p>Sí, sí, pero por favor.</p>
<p>Ella miró mi miembro latiente. Esbozó una sonrisa de zorra que yo conocía muy bien y acercó su cara a mi entrepierna.</p>
<p>Tranquilo &#8211; me dijo &#8211; te voy a dejar tan seco que mañana no se te levantará ni con una grúa.</p>
<p>Así lo espero &#8211; pensé.</p>
<p>Ella me la agarró por la base. Yo cerré los ojos para disfrutar y sentí como su lengua me la recorría desde los huevos hasta la punta. Iba a ser increíble.</p>
<p>¡Toc, toc! &#8211; llamaron a la puerta, y sin esperar mi contestación, comenzó a abrirse.</p>
<p>Pili pareció desaparecer de mi lado y volver a materializarse sentada en el sillón, así de rápido se movió. Tenía las mejillas arreboladas mientras se arreglaba un poco la ropa. Yo simplemente volví a arroparme, con la polla doliéndome horrores y cagándome mentalmente en todos los muertos de quien quiera que fuese.</p>
<p>¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?</p>
<p>¡Oh, Dios mío! ¡Mis padres estaban allí!</p>
<p>Hola mamá &#8211; dije casi lloroso.</p>
<p>¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.</p>
<p>Si ellos supieran&#8230;</p>
<p>No, estoy bien. Sólo un poco nervioso.</p>
<p>Entonces Pili se levantó a saludarles.</p>
<p>Buenas tardes Encarna &#8211; dijo acercándose a mi madre.</p>
<p>¡Pili! ¡Cariño! No te había visto &#8211; dijo mi madre besándola en ambas mejillas.</p>
<p>Sí es que el sillón está ahí, escondido. Hola Cristóbal &#8211; también saludó a mi padre con un par de besos.</p>
<p>Hola Pili &#8211; dijo él.</p>
<p>Encarna, siéntese usted en el sillón &#8211; dijo Pili.</p>
<p>No, no cariño. Siéntate tú, debes estar reventada del viaje. ¡Si todavía llevas el uniforme!</p>
<p>Sí, es que acabo de llegar.</p>
<p>Mi madre no admitía un no por respuesta, y Pili lo sabía, así que se dejó caer de nuevo en el sillón, cruzando las piernas.</p>
<p>Mis padres estuvieron allí dándome el coñazo durante más de una hora. Yo sólo podía pensar en que se fueran, pues la polla seguía doliéndome. No hay nada peor que quedarse a medias. Era por eso que yo parecía distraído, por lo que encima tenía que soportar las bromitas de mis padres sobre lo asustón que yo era.</p>
<p>Pili intervino poco en la conversación. Se notaba que estaba cansada y de vez en cuando no podía evitar bostezar con fuerza. También advertí las disimuladas miradas que mi padre dirigía a las piernas de mi novia, supongo que en cuestión de mujeres en uniforme, he salido a él.</p>
<p>Por fin, mis padres decidieron marcharse. Yo me animé un poco, pero entonces mi madre se encargó de hundirme la moral.</p>
<p>Cristóbal vámonos ya &#8211; dijo &#8211; Y tú te vienes con nosotros.</p>
<p>¿Yo? &#8211; dijo Pili.</p>
<p>¡Por Dios no! &#8211; grité mentalmente.</p>
<p>Sí tú &#8211; insistió mi madre &#8211; estás a punto de quedarte dormida.</p>
<p>Pili me miró mientras yo ponía cara suplicante.</p>
<p>No se preocupe Encarna, todavía me quedo un rato.</p>
<p>De eso nada niña. Que te he visto bostezando. Tú te vienes con nosotros y te dejamos en casa. Éste se puede quedar un rato solo, pero tú te vas a quedar ahí frita. Necesitas descansar.</p>
<p>Mi madre me había derrotado. Pili me miró con expresión interrogante. Yo me encogí de hombros. Pili se acercó a la cama y me dio un casto beso.</p>
<p>Lo siento &#8211; susurró.</p>
<p>¡Pues anda que yo! &#8211; pensé.</p>
<p>Bueno, mañana por la mañana vendré a verte.</p>
<p>Me operan a las cinco, así que ven por la tarde.</p>
<p>¿Seguro?</p>
<p>Tranquila, estaré bien.</p>
<p>Pues hasta mañana &#8211; me dijo.</p>
<p>Adiós, cariño &#8211; dijo mi madre.</p>
<p>Sí, sí, adiós.</p>
<p>Se marcharon todos. ¡Vaya putada! Tenía una erección de campeonato y me habían dejado a medias en una situación de las más eróticas de mi vida. Qué se le iba a hacer. Me levanté y fui al baño, donde me hice una paja rápida, para aliviarme un poco. Me pasé el resto de la tarde leyendo, tratando de no pensar en lo que había pasado. Por la noche la enfermera me trajo la cena y se quedó un rato charlando conmigo. Era bastante simpática y me sentí un poco culpable por haberla llamada adefesio.</p>
<p>Por la noche y como no podía dormir, me hice un par de pajas más en el baño, para vaciar bien los depósitos y evitarme disgustos al día siguiente. O eso creía yo.</p>
<p>Descargado, por fin logré dormir y no me desperté hasta la mañana siguiente, cuando Lucía me trajo el desayuno.</p>
<p>Buenos días &#8211; me dijo.</p>
<p>Buenos días &#8211; dije sentándome en la cama.</p>
<p>¿Ha dormido usted bien?</p>
<p>Al principio me costó un poco, pero después dormí como un lirón.</p>
<p>Eso es por los nervios, no se preocupe.</p>
<p>Colocó la bandeja frente a mí y pude observar que los botones de su uniforme estaban correctamente abrochados.</p>
<p>Vendré dentro de un rato a por la bandeja &#8211; dijo.</p>
<p>Mientras salía, seguí el cadencioso ritmo de su trasero con la mirada. Desayuné poco, estaba nervioso, pues aunque me había desfogado a conciencia, la tía estaba muy buena y yo no las tenía todas conmigo. Como a la media hora, Lucía regresó.</p>
<p>¿Ha terminado? &#8211; dijo asomando la cabeza en el cuarto.</p>
<p>Sí, gracias.</p>
<p>Diligentemente, recogió la bandeja y la sacó al pasillo, supongo que la dejó en un carrito. Volvió a entrar y se acercó a la cama.</p>
<p>Señor Rovira.</p>
<p>Dígame &#8211; dije yo bastante nervioso.</p>
<p>Verá, quería pedirle un favor.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>Quería decirle si le importaría que le afeitase otra enfermera.</p>
<p>Lo cierto es que me sentí un poco decepcionado, pero la sensación de alivio fue tan grande que no me importó. ¡Tanto comerme la cabeza para nada!</p>
<p>Bueno, no, no me importa. Pero no comprendo por qué tiene que pedirme permiso, ustedes deciden quien lo hace.</p>
<p>No, verá usted. Sucede que se trata de una estudiante en prácticas y por eso hay que solicitar su autorización.</p>
<p>¿Una estudiante?</p>
<p>De último curso.</p>
<p>Me puse un poco nervioso.</p>
<p>No sé &#8211; dije &#8211; ¿no es un poco arriesgado?</p>
<p>No se preocupe &#8211; dijo sonriendo &#8211; No puede pasar nada, la cuchilla es especial. Es sólo para que practique, pero si no quiere&#8230;</p>
<p>Me lo pensé un segundo, y decidí aceptar porque si no lo hacía y después me empalmaba, ella pensaría que lo había hecho adrede.</p>
<p>De acuerdo, por mí no hay inconveniente.</p>
<p>Muchas gracias. Iré a avisarla &#8211; dijo dirigiéndose a la puerta &#8211; Mientras tanto, tome una buena ducha, para asearse.</p>
<p>Esto, Lucía.</p>
<p>¿Sí? &#8211; dijo volviéndose.</p>
<p>Como me pase algo la perseguiré eternamente &#8211; bromeé.</p>
<p>De acuerdo &#8211; rió ella marchándose.</p>
<p>Me quedé más tranquilo. Bueno, al final Lucía no iba a afeitarme, menos mal. Obedecí sus instrucciones y me duché, cambiándome de ropa interior y de pijama. Cuando terminé, aún tuve que esperar unos minutos hasta que Lucía reapareció empujando un carrito con una jofaina encima. Cuando vi a la mujer que entró después, me quise morir.</p>
<p>Era una chica de unos 20 años, 1, 60, cabello rubio, rizado, ojos azules. Su rostro parecía auténticamente el de una niña. Vestía el uniforme de enfermera, pero sobre él llevaba una especia de delantal blanco con rayas rosas, para indicar que era aprendiz. Se veía que estaba un tanto avergonzada. Estaba buenísima.</p>
<p>Señor Rovira &#8211; dijo Lucía &#8211; Ésta es Ana, se encargará de afeitarle.</p>
<p>Buenos días &#8211; dijo tímidamente.</p>
<p>Buenos días &#8211; respondí alelado &#8211; ¿No es un poco joven?</p>
<p>Tiene más de 20 años &#8211; respondió Lucía &#8211; No se preocupe, está plenamente cualificada.</p>
<p>Mientras hablábamos, Ana llevó el carrito junto a la cama.</p>
<p>¿Prefiere que me quede señor Rovira? &#8211; preguntó Lucía.</p>
<p>No, no, márchese, no se preocupe. Esto me da un poco de vergüenza, así que cuanta menos gente haya, mejor &#8211; acerté a decir.</p>
<p>Era cierto, si tenía que pasar vergüenza, al menos que fuera frente a una sola persona. Lucía se acercó a Ana y le dio unos últimos consejos.</p>
<p>Me voy, avísame cuando esté listo y vendré a revisarlo &#8211; dijo.</p>
<p>¿Revisarlo? &#8211; pregunté sorprendido.</p>
<p>Claro &#8211; respondió ella &#8211; Hay que asegurarse de que el afeitado sea correcto, es para supervisar su tarea.</p>
<p>Ah, comprendo.</p>
<p>Lucía salió, cerrando tras ella, dejándonos a solas a aquel bombón y a mí.</p>
<p>Bueno &#8211; dijo ella insegura &#8211; ¿Comenzamos ya?</p>
<p>Se acercó a la cama y apartó las sábanas. Intentó bajarme los pantalones, pero no podía.</p>
<p>Levante un poco el trasero por favor.</p>
<p>Yo obedecí y ella no sólo me bajó los pantalones y los calzoncillos, sino que me los quitó por completo. Noté que dirigía una mirada fugaz a mi miembro, lo que me excitó sobremanera.</p>
<p>- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! &#8211; no dejaba de pensar para mantener mi miembro en reposo.</p>
<p>Se acercó al carrito y tomó un guante de látex, colocándoselo en la mano izquierda. Después tomó un recipiente con espuma y una brocha de afeitar.</p>
<p>¿Sólo un guante? &#8211; pregunté.</p>
<p>Sí, la mano de la cuchilla es mejor tenerla libre, porque al fin y al cabo no va a tocar su&#8230;</p>
<p>Al decir esto enrojeció violentamente, lo que repercutió profundamente en mi grado de excitación.</p>
<p>¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! &#8211; volví a recitar mentalmente.</p>
<p>Respiró profundamente y comenzó a enjabonarme, el escroto, el pubis, por encima, por debajo, incluso la cara interna de los muslos.</p>
<p>Oiga, Ana, ¿los muslos también?</p>
<p>Sí, y también la parte inferior del estómago, es importante que no haya vello en toda la zona &#8211; respondió mientras enjabonaba también mi barriga.</p>
<p>El tacto suave de la brocha con espuma estaba empezando a calentarme. La situación no podía tener más morbo. Involuntariamente, mi pene comenzó a despertar. No me empalmé, pero empezó a ponerse morcillón. Miré a su rostro y vi que estaba absolutamente rojo, sin duda se había dado cuenta.</p>
<p>Por fin dejó la brocha a un lado y trasteó en el carrito unos segundos de espaldas a mí. Gracias a eso, logré tranquilizarme un poco, mientras repetía mi exorcismo. Se dio la vuelta, llevando una cuchilla en la mano y acercó más el carrito a la cama.</p>
<p>Comenzó a afeitarme el estómago, una parte bastante inocente, así que logré controlarme. Ella iba enjuagando la cuchilla de vez en cuando en la jofaina, limpiándola de espuma. Después siguió por los muslos y yo pensé que estaba dejando lo bueno para el final, pensamiento que no contribuyó a relajarme precisamente.</p>
<p>Cuando empezó a afeitarme el pubis, mi cuerpo se tensó tanto que hasta ella lo notó.</p>
<p>Relájese &#8211; me dijo &#8211; No voy a cortarle.</p>
<p>No, si no es eso lo que me preocupa &#8211; respondí sin pensar.</p>
<p>Sus mejillas, que parecían haberse tranquilizado un tanto, volvieron a ponerse del color más rojo que he visto en mi vida.</p>
<p>Yo ya no podía más, mi polla volvía a estar morcillona mientras yo trataba de resistirme. La situación era tan erótica que se volvía insoportable por momentos, además yo notaba un extraño calor o picorcillo en las zonas ya rasuradas.</p>
<p>Entonces llegó el apocalipsis, tenía que afeitarme por debajo y mi miembro le estorbaba. Noté cómo sus dedos asían tímidamente mi verga y la mantenía separada de mi ingle mientras iba afeitando por debajo. No me importó que llevara guantes, no me importó el ridículo, ya me daba todo igual, así que me abandoné.</p>
<p>Mi miembro fue adquiriendo sus máximas proporciones en su mano. Ana trataba de adoptar una aptitud profesional, pero yo notaba que estaba pasando mucha vergüenza, lo que incrementaba mi calentura. Su mano enguantada agarraba mi picha ya completamente dura, con la cabeza escarlata asomando, con todas las venas bien marcadas. Daban igual todas las pajas que me hubiera hecho la noche anterior, aquella niña era capaz de levantársela a un muerto.</p>
<p>Seguimos así un buen rato, mientras afeitaba los últimos recovecos de mi escroto. En ocasiones me la soltaba para apartar los huevos y afeitarme bien por allí. Cuando lo hacía, mi pene se sostenía solo sin problemas, pero enseguida ella volvía a asirlo y yo empecé a preguntarme por qué.</p>
<p>Por fin, terminó el afeitado. Sin decir nada, soltó la cuchilla en el carrito y tomó una toalla. Me limpió bien toda la zona con ella, eliminando los últimos restos de espuma. Después revisó bien la zona, en busca de algún pelo suelto. Al hacerlo, tomaba mi pene con dos dedos, apartándolo para ver detrás. Acercaba su cara en ocasiones para ver mejor, yo casi sentía su respiración sobre mi miembro. Me quería morir.</p>
<p>Satisfecha, tomó un bote del carrito y se echó un líquido en la mano enguantada y comenzó a extenderlo por toda la zona rasurada. Supuse que era leche hidratante o algo así, para evitar el escozor, pero lo cierto es que no me importaba lo que fuera. Entonces ella hizo algo muy extraño, extendió el líquido también sobre mi polla, recorriéndola con su mano de arriba abajo.</p>
<p>¿Qué coño hace? &#8211; pensé excitadísimo &#8211; Si ahí no me ha afeitado.</p>
<p>Ella interrumpió mis pensamientos.</p>
<p>Bueno ya está.</p>
<p>Miré hacia abajo y eché un vistazo. Me sorprendió mucho ver cómo quedaba mi polla sin un solo pelo. Me gustó. Alcé la vista y vi que ella apartaba avergonzada los ojos de mi miembro y comenzaba a recoger las cosas. Se quitó el guante y organizó de nuevo todo lo del carrito. Terminó de hacerlo y se quedó allí, plantada.</p>
<p>¿Llamo a la enfermera? &#8211; pregunté</p>
<p>No, no todavía &#8211; respondió un poco alarmada.</p>
<p>¿Cómo?</p>
<p>Ella se puso coloradísima y dijo:</p>
<p>Será mejor esperar un poco.</p>
<p>Yo me quedé un tanto perplejo. Ella se apoyó en la pared, con las manos en la espalda mirando al techo distraída.</p>
<p>Pero ¿qué coño le pasa? &#8211; pensé.</p>
<p>Pero entonces, la luz se hizo en mi mente y comprendí por qué no se marchaba.</p>
<p>Vamos a por ella &#8211; pensé.</p>
<p>La miré fijamente, mientras ella seguía fingiendo estar despistada.</p>
<p>Ana &#8211; le dije.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>¿Se puede saber a qué esperamos?</p>
<p>Bueno&#8230; &#8211; dijo azorada.</p>
<p>Porque si estamos esperando a que esto se baje solo, nos van a dar las uvas.</p>
<p>Su rostro volvió a enrojecer, había dado de lleno.</p>
<p>¿Qué te pasa? ¿Te da vergüenza que Lucía vea en qué estado me has puesto?</p>
<p>La mirada que me dirigió me demostró que había acertado.</p>
<p>No, no es eso&#8230; &#8211; mintió.</p>
<p>¿Ah, no? Pues tú dirás, porque si es eso te aseguro que vamos a estar aquí muuucho raaato.</p>
<p>Ella me miró, se la veía un tanto asustada.</p>
<p>Perdone &#8211; dijo.</p>
<p>¿Sí?</p>
<p>¿Podría taparse?</p>
<p>¿Por qué? ¿No tiene que venir tu jefa a revisar tu trabajo?</p>
<p>Mientras decía esto, agité el culo levemente, de forma que mi polla pegó un bote.</p>
<p>No haga eso &#8211; me dijo.</p>
<p>¿El qué? ¿Esto? &#8211; dije repitiendo el movimiento.</p>
<p>Sí, eso &#8211; dijo ella muy seria.</p>
<p>¿Por qué? ¿Te molesta?</p>
<p>Sí.</p>
<p>Pues a mí me molesta que me hayas dejado así &#8211; dije cogiéndome la polla de la base y apuntando al techo.</p>
<p>Ella apartó la vista, avergonzada.</p>
<p>Vamos, vamos, mi niña. Una chica tan sexy como tú habrá visto un montón de estas.</p>
<p>&#8230;&#8230;&#8230;</p>
<p>Mira, Ana, tu jefa podría aparecer en cualquier momento e imagínate la vergüenza que vamos a pasar los dos.</p>
<p>Ha dicho que la llamáramos.</p>
<p>¡Buena idea! &#8211; exclamé &#8211; La llamaré ahora mismo.</p>
<p>Cogí el timbre de la cabecera de la cama, pero ella se abalanzó sobre mí quitándomelo.</p>
<p>¡No! &#8211; casi gritó.</p>
<p>¿Por qué no? A mí me operan dentro de un rato y no podemos estar así todo el día. Si tú no vas a hacer nada para aliviarme, será mejor que llamemos a tu jefa y que venga a revisar tu obra.</p>
<p>Por favor, no lo haga.</p>
<p>¿Por qué no?</p>
<p>Ella se puso muy seria y me dijo:</p>
<p>Ya tuve problemas con un paciente. Era mi novio y nos pillaron besándonos, por lo que me echaron una buena bronca.</p>
<p>Comprendo y esto puede ser un problema ¿verdad?</p>
<p>Sí &#8211; respondió bajando la mirada.</p>
<p>Estaba en mis manos. Con un poco de persuasión podía incluso follármela, pero aquello sería traicionar demasiado a Pili, así que decidí conformarme con algo menos.</p>
<p>¿Sabes? Podría llamar a tu jefa y decirle que me has estado manoseando mientras me afeitabas.</p>
<p>Su cara adquirió una tremenda expresión de horror.</p>
<p>¡No se atreverá! &#8211; exclamó.</p>
<p>Claro, que no mi niña &#8211; dije tranquilizándola &#8211; pero eso no cambia nada. Mi polla no va a bajarse solita y antes o después Lucía aparecerá si no la llamamos. Venga, bonita, a ti no te cuesta nada&#8230;</p>
<p>Ella aún dudó unos segundos.</p>
<p>Te juro que te recomendaré vivamente a tu jefa&#8230;</p>
<p>Por fin cedió.</p>
<p>¿Qué quiere que haga? &#8211; preguntó vencida.</p>
<p>Que me cantes algo, no te jode &#8211; pensé.</p>
<p>Ven aquí &#8211; le dije.</p>
<p>Ella se acercó hasta quedar a mi derecha. Yo tomé su mano por la muñeca y la conduje sobre mi miembro, apretando sus dedos sobre él. Retiré mi mano y la suya permaneció allí, empuñándolo.</p>
<p>Vamos, preciosa, empieza.</p>
<p>Con la mirada un poco perdida, comenzó a masturbarme. No lo hacía muy bien, su mano se movía muy rápido.</p>
<p>Así no &#8211; le dije &#8211; Hazlo bien. Estoy seguro de que sabes hacerlo mucho mejor.</p>
<p>Reanudó la paja, esta vez más lentamente, con mucho más arte. Sin lugar a dudas, aquella mujer con cara de niña había hecho más de una. Su mano se deslizaba hábilmente sobre mi polla, apretando convenientemente en los puntos adecuados. Mi miembro estaba aún lleno de leche hidratante, por lo que su mano se deslizaba estupendamente. De vez en cuando, me la soltaba, limitándose a pasar la palma de su mano por toda la longitud, desde los huevos hasta la punta, como extendiendo bien la leche esa.</p>
<p>Otras veces, sus dedos formaban una capucha que rodeaba mi glande, masturbándolo durante unos segundos. Entonces su mano se deslizaba hacia abajo y volvía a empuñar mi garrote, pajeándolo. Estaba disfrutando como un loco, pero las tres pajas del día anterior acudieron en mi ayuda, permitiéndome resistir y alargar mi estancia en aquel paraíso.</p>
<p>Era realmente fantástica, creo que incluso algo mejor que Pili. Miré a su rostro y noté un inequívoco brillo de excitación en la mirada. Me decidí a dar un paso más.</p>
<p>Disimuladamente, llevé mi mano derecha hasta el borde de su falda y la metí por debajo, plantándola directamente en su culo. Pude notar perfectamente que llevaba tanga.</p>
<p>¡Eh! &#8211; protestó ella &#8211; En eso no habíamos quedado.</p>
<p>Vamos Ana &#8211; le dije &#8211; Así me excitaré más y acabaremos antes.</p>
<p>El argumento era débil, pero pareció convencerla, así que volvió a concentrase en su tarea, dejándome hacer. Yo comencé a magrear su culo con energía, amasándolo. Tenía un trasero magnífico, duro y apretadito. Con mis dedos aparté el tanga y los introduje en la raja de su culo, buscando su ano. Lo encontré e intenté meter un dedo dentro. Ella me miró muy seria.</p>
<p>No, eso no &#8211; me dijo.</p>
<p>Como quieras &#8211; concedí y seguí acariciando su trasero.</p>
<p>La paja era magnífica, esa tía era una experta. No me extrañaba que la tuvieran por una zorra en el hospital, es que lo era.</p>
<p>Ana &#8211; le dije.</p>
<p>¿Sí? &#8211; respondió sin interrumpir su trabajo.</p>
<p>Sería mejor que cogieras una toalla, si no lo pondré todo perdido.</p>
<p>No te preocupes &#8211; contestó.</p>
<p>Entonces se abalanzó vorazmente sobre mi polla y se la metió de un viaje en la boca. Yo no me lo esperaba, pero desde luego no me resistí. Si la tía era buena con la mano, con la boca era una auténtica artista. ¡Cómo la chupaba! Su cabeza subía y bajaba por mi falo, llegando siempre hasta el fondo, donde se detenía para estimularme apretando con la garganta. Era increíble.</p>
<p>Su culo quedaba totalmente en pompa y yo quería devolverle un poco el favor, pero mi mano no llegaba bien desde atrás, así que agarré bien su trasero y lo acerqué más hacia mí. Ella comprendió lo que yo quería y no sólo no se resistió, sino que separó un poco sus muslos, dejándome mejor acceso.</p>
<p>Conduje mi mano por detrás, entre sus piernas y aparté su tanga. Me apropié con fuerza de su coño, que a esas alturas estaba chorreando. Hundí mis dedos en su interior y comencé a masturbarla.</p>
<p>¡Ughghg! &#8211; farfulló ella con la boca llena con mi polla.</p>
<p>Seguimos así un momento, pero la postura era incómoda para mí, porque tenía que inclinarme mucho hacia un lado, pues ella no era muy alta. Entonces le dije:</p>
<p>Súbete aquí.</p>
<p>Ella me entendió perfectamente. Se sacó mi polla de la boca, un fino hilo de saliva iba desde la punta hasta sus labios. ¡Menuda visión! Siguió pajeándome lentamente mientras se subía a horcajadas sobre la cama, su culo frente a mi cara. Inmediatamente, volvió a meterse la polla hasta el fondo en la boca, reanudando aquella increíble mamada.</p>
<p>Yo subí su uniforme hasta su cintura, aparté su tanga a un lado y comencé a frotar su raja con mi mano, lo que le arrancó profundos gemidos. La agarré por las caderas, atrayéndola hacia mí. Por fin, su coño quedó sobre mi cara, chorreante, hermoso. Separé sus labios con los dedos y hundí mi lengua en su interior.</p>
<p>Un tremendo espasmo recorrió su cuerpo y se transmitió a mi polla. A aquella zorra le encantaba que se lo chuparan, así que me dediqué a complacerla. Recorrí su vulva con la lengua, de arriba abajo. Chupaba y tragaba todo lo que de allí salía. Busqué su clítoris, y lo encontré, gordo y jugoso y lo introduje entre mis labios, chupándolo como haría un bebé con el pezón de su madre. Metí un par de dedos en su interior, masturbándola mientras estimulaba su clítoris.</p>
<p>Ella gemía como loca, creo que incluso hablaba, pero no se le entendía nada con la boca llena. A pesar del placer que estaba sintiendo, en ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida.</p>
<p>Por fin, se corrió con violencia. Yo notaba que ella gritaba, pero con mi falo hundido hasta el fondo sólo se escuchaban gorgoteos incoherentes. Yo noté que también me iba, pensé en avisarla, pero recordé que ella me la chupaba para no manchar las sábanas.</p>
<p>Que sea lo que Dios quiera &#8211; pensé.</p>
<p>Y me corrí. Mi polla disparó sus lechazos directamente en lo más hondo de su garganta. Yo pensé que se ahogaría y se pondría a toser, pero no fue así. Mantuvo mi verga bien hundida, tragándoselo todo. Fue alucinante.</p>
<p>Nos quedamos así unos segundos, reposando. Ella con mi polla menguante en la boca y yo con la nariz en su chocho. Por fin, pareció despertar y descabalgó mi cara. Se puso en pié y comenzó a arreglarse la ropa. Yo la contemplaba, respirando agitado.</p>
<p>Sin decir nada, cogió una toalla del carrito y me secó por todas partes, eliminando los restos de saliva. Después abrió la ventana, para airear el cuarto y fue al baño, a arreglarse el pelo.</p>
<p>Mi polla reposaba satisfecha sobre mi vientre, reducida al mínimo. Ana regresó y tocó el timbre. Entonces, sin decir nada, me besó. Tras hacerlo, se apartó de mí y se quedó junto al carrito.</p>
<p>Poco después se abrió la puerta y entró Lucía.</p>
<p>¿Has terminado? &#8211; preguntó.</p>
<p>Sí, ya está listo.</p>
<p>Lucía se acercó a mí y me echó un buen vistazo a la entrepierna. La revisó por todas partes y pareció quedar satisfecha con el resultado. De no haber estado tan cansado, sin duda aquello me habría excitado.</p>
<p>Buen trabajo &#8211; le dijo a Ana &#8211; no has dejado ni rastro de vello.</p>
<p>Gracias &#8211; respondió Ana.</p>
<p>Yo aproveché para volver a ponerme los pantalones, era mejor no tentar a la suerte.</p>
<p>Lleva eso al cuartillo &#8211; dijo señalando al carrito.</p>
<p>De acuerdo. Hasta luego &#8211; me dijo.</p>
<p>Hasta luego.</p>
<p>Yo me quedé contemplando cómo salía.</p>
<p>¿Ve usted como no pasaba nada? &#8211; dijo Lucía.</p>
<p>Sí, sí tenía usted razón &#8211; le respondí, fijando mi mirada en ella.</p>
<p>Entonces vi que sus ojos estaban fijos en las sábanas. Seguí la dirección de su mirada y vi que sobre la cama había una mancha de algo que inequívocamente era esperma. ¡Dios, cómo no nos habíamos dado cuenta!</p>
<p>Entonces, Lucía estiró su dedo y recogió la mancha con él, llevándoselo a la boca, donde lo chupó con deleite.</p>
<p>De acuerdo señor Rovira &#8211; me dijo &#8211; luego pasaré a verle&#8230;</p>
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		<title>Desvirgada por mi cuñado</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 09:10:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<img class="alignleft size-full wp-image-727" title="Desvirgada por mi cuñado -123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/07/desvirgada-sofa.jpg" alt="Desvirgada por mi cuñado -123porno.com" width="175" height="253" /> Mi cuñado es el hombre que toda mujer desea. Guapo, un cuerpo 10 y un 100 en la cama. Eso es lo que decía mi hermana y lo que yo escuchaba cuando me quedaba a dormir en el cuarto de al lado. Quería que él fuera quién me desvirgara y al fin lo conseguí. ¡Qué placer sentir a ese pedazo de hombre! Sexo salvaje...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-727" title="Desvirgada por mi cuñado -123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/07/desvirgada-sofa.jpg" alt="Desvirgada por mi cuñado -123porno.com" width="300" height="433" />Mi cuñado es el hombre que toda mujer desea. Guapo, un cuerpo 10 y un 100 en la cama. Eso es lo que decía mi hermana y lo que yo escuchaba cuando me quedaba a dormir en el cuarto de al lado. Quería que él fuera quién me desvirgara y al fin lo conseguí. ¡Qué placer sentir a ese pedazo de hombre! Sexo salvaje&#8230;</p>
<p>Ahora que vuelvo atrás en el tiempo, recuerdo que mi cuñado una vez me encerró entre sus brazos e intentó besarme, pero en ese momento solo pensé que era una demostración de afecto para la pequeña hermanita de su esposa… Años más tarde la pequeña hermanita de su esposa se había convertido en la tremenda adolescente que soy hoy, la misma que no paró hasta encerrarlo a él entre sus brazos para que la llevara hasta el colmo del placer y la hiciera delirar de gozo.</p>
<p>Desde que tuve uso de razón escuchaba decir que Marcos era un hombre muy apetecible, que mi hermana había tenido suerte en encontrar un marido tan apuesto y que lo cuidara porque muchas mujeres querrían llevárselo para sus casas, pero solo eran comentarios porque eran una pareja muy unida y nunca dieron tema de conversación respecto a infidelidades de uno y otro lado.</p>
<p>Al cumplir mis 18 años, ellos ya llevaban 7 de casados y no tenían aún niños, pero eso no les impedía ser ampliamente felices. Lo que descubrí al llegar a mi adolescencia es que se puede ser feliz con una pareja, pero también tener fantasías sexuales que van más allá de cualquier felicidad conyugal y normalmente nunca se llevan a cabo con la esposa o el marido.</p>
<p>Me fui de vacaciones de invierno a la casa de mi hermana, a pasar unos maravillosos 10 días al borde de un lago y rodeada de montañas, con la firme promesa de que irían mis amigos más tarde y nos escaparíamos una semana completa de campamento así que poco y nada molestaría a mi hermana y a Marcos, porque estaría fuera de su hogar más tiempo del previsto. Anabella se puso feliz cuando supo que la visitaría, así que me arregló la mejor habitación de huéspedes que tenía y me esperó con un delicioso almuerzo. Llegué a la cabaña hacia el mediodía y nos quedamos charlando con ella hasta entrada la tarde, hora en que se dispuso a preparar algo para tomar el té y de paso, esperar a Marcos con algo calentito.</p>
<p>Mi cuñado llegó alrededor de las seis y media de la tarde y la verdad es que estaba más apuesto que la última vez que nos habíamos visto, hacía año y medio atrás. He de decir que en ese tiempo yo también había cambiado: Estaba más alta, más morena, mi cabello llegaba casi a la cintura (siempre lacio y espeso) y había terminado de desarrollarme con un cuerpo carnoso, moldeado y mi gran orgullo eran mis pechos blancos, turgentes, redondísimos y siempre cálidos.</p>
<p>Todo ese gran paisaje carnal aún estaba intacto y la verdad es que me moría por descargar toda la energía acumulada haciendo el amor con alguien, pero nadie me había motivado lo suficiente hasta ese momento. Cuando surgió la idea del campamento con mis amigos supe que vendría David y pensé que tal vez ésa iba a ser una buena oportunidad de hacerlo por primera vez, teniendo en cuenta que ambos nos gustábamos aunque no nos arrastraba la pasión ni mucho menos.</p>
<p>Cuando Marcos, mi cuñado, me vio, se quedó parado frente a mí y una oleada de calor me recorrió el cuerpo, cuando sus ojos fueron de los míos a mis pies e hicieron el camino inverso admirándome&#8230; Mirándome como si no me hubiera reconocido. Un silbido de admiración se le escapó de los labios mientras me decía: -Vaya, vaya, vaya&#8230; ¡¡¡Mira mi cuñadita!!!- y me encerró en un fuerte abrazo, que me dejó apreciar la dureza de su pecho tan solo contados instantes. -¡¡Hola Marcos!!, ¡¡Cuánto tiempo sin vernos!!!-.</p>
<p>Nos sentamos los tres a tomar chocolate caliente y a contarnos miles de cosas, me aconsejaron zonas para acampar, lugares para recorrer y prometieron ir conmigo al pueblo al día siguiente, para comprar algunas cosas de último momento para que me llevara en esa semana que no estaría con ellos.</p>
<p>La verdad es que no podía dejar de mirar a mi cuñado con unas ganas enormes, estaba realmente bueno: Tenía más canas de las que recordaba, el aire de montaña le había curtido la piel y las labores del campo le habían trabajado el cuerpo de una forma increíble, se veían sus músculos tensos por sobre las mangas de la camisa y sus piernas eran como columnas de mármol bajo sus jeans de faena.</p>
<p>Ahora entendía todo lo que decían sobre su belleza y la suerte que había tenido Anabella al casarse con él, se notaba la síntesis exacta de ternura y salvajismo en su mirada y sabía por mi hermana que, además de todo, era una maravilla haciéndole el amor. Esa última parte era la que más curiosidad despertaba en mí, porque mi hermana no había ahorrado detalles al contarme su experiencia y me decía que ojalá me tocara un hombre como él para mi primera vez, así me quedaría un recuerdo imborrable.</p>
<p>Más lo miraba a lo largo de la noche, menos ganas tenía de que David apareciera en el campamento o en una misma cama conmigo. Había momentos en los que me daba cuenta de que me quedaba mirándolo como embobada y agradecía que tuviera que quedarme solo tres días ahí, sino no sé que hubiera pasado con él.</p>
<p>Nos acostamos temprano y al otro día nos fuimos al pueblo a comprar algunas herramientas para el campamento y mi hermana me aconsejó que comprara un impermeable y unas botas de goma, por si llovía alguno de esos días. En la tienda de ropa elegí dos o tres prendas y entré al probador.</p>
<p>Cuando me había quedado en ropa interior y me disponía a colocarme una prenda, ví a través de la cortina que había quedado abierta, que los ojos de Marcos no dejaban de mirarme a través del reflejo del espejo&#8230;</p>
<p>Su mirada era profunda, electrizante y se detenía en mis pechos y mis piernas&#8230; No se cuánto tiempo me quedé mirando cómo me miraba por entre la cortina del probador, pero sí sé que un cosquilleo se apoderó de mí y comencé a sentir que mi entrepierna se calentaba, más o menos como cuando veía acariciarse a los que vivían frente a mi casa y después tenía que correr a masturbarme.</p>
<p>Me probé la ropa como pude, sin dejar de pensar en Marcos y terminé comprándome el impermeable, dos jerseys y el par de botas de goma, más unas botas de caña alta para la nieve, de pluma de ganso. Después del comer me acosté un rato, pero a la media hora me despertaron sonidos que provenían de la habitación de mi hermana y pude reconocer los gemidos de placer de ella y los jadeos de mi cuñado. Debo reconocer que fueron unos 30 minutos, más o menos, de pura excitación, pero no me moví de mi cama, aunque a juzgar por lo que escuché, era una función digna de ser vista.</p>
<p>Allí fue cuando confirmé que Marcos era realmente un salvaje hecho y derecho porque las cosas que decía Anabella eran increíbles, los gritos que pegaba de éxtasis retumbaron en mis oídos durante toda la tarde y era dificilísimo para mí, no imaginarlos en la cama a medida que me los cruzaba por la casa, pero más difícil aún era no imaginarme al lado de Marcos, dejando que me hiciera lo que le diera la gana, igual que había hecho en mi hermana horas atrás.</p>
<p>Después de la cena nos fuimos a dormir y rogué para que no me despertaran sonidos provenientes de ningún lado, porque no iba a poder resistirlo dos veces en el mismo día; Gracias a Dios eso no sucedió, así que dormí como un bebé hasta entrada la mañana siguiente.</p>
<p>Se suponía que mis amigos llegarían al otro día así que me quedaba uno solo para terminar de arreglar las cosas y reconocer ciertos terrenos que me indicarían mi hermana y mi cuñado, para no perderme, pero la verdad es que mi cabeza ya no estaba en el campamento sino en mi cuñado y en mi cuerpo, que cada vez me pedía con más urgencia alguien que lo despertara, le sacara las ganas acumuladas y me diera mi primera vez.</p>
<p>La última mañana que me quedaba en casa de mi hermana, amaneció nevando de una forma descontrolada, eso no era un muy buen síntoma para mis planes de acampar, porque preveían una caída de nieve importantísima durante dos días y eso podía llegar a cortar algunos caminos que debíamos recorrer con mis amigos, así que me abandoné la idea de que se dificultaría todo, pero no quedaba más remedio que esperar.</p>
<p>Mi hermana había salido, pero no dejó dicho dónde y Marcos se había quedado en la cabaña porque tenía que terminar unos planos, así que estábamos los dos solos hasta que llegara Anabella y, para ser sincera, la idea de quedarme sola con él, hacía que me relamiera de gusto.</p>
<p>Al rato de estar solos, Anabella llamó desde su movil avisando que no podía llegar a la hora prevista porque se había cerrado uno de los caminos de acceso a la cabaña, así que tardaría más de lo previsto, se quedaría esperando que las máquinas abrieran huella y el coche pudiera pasar.</p>
<p>Marcos me avisó de ésto y me miró divertido al decirlo, con lo cual no pude evitar una sonrisa disimulada pensando que era mi oportunidad, que no podía dejarla pasar, que ya no quería estar más sin probar ese cuerpo y que necesitaba que él me hiciera mujer a costa de lo que fuera, aunque sabía que a pesar de mi decisión, algo de timidez me impediría ser tan franca como deseaba. A las dos o tres horas de estar sentados charlando en el living, al lado de la chimenea, me levanté para ir a la cocina a preparar algo de almorzar y lo dejé leyendo el diario.</p>
<p>Mientras estaba en la cocina Marcos apareció varias veces para supervisar su almuerzo y de tanto en tanto pellizcaba cariñosamente mis mejillas, diciéndome cuanto había crecido, cuanto me había desarrollado, cuanto había cambiado y eso encendía más y más mi deseo, mis mejillas se teñían de un rojo profundísimo, pero eso no parecía molestarle, muy por el contrario, parecía encantarle la mezcla de niña-mujer que anidaba en mí. Almorzamos juntos, nos divertimos, hablamos de la primera vez que nos vimos y de los cambios que el tiempo había hecho en los dos, me preguntó si tenia novio, le respondí que no y que jamás lo había tenido formalmente, que los chicos que había conocido no dejaron de ser solo compañías agradables, pero nada serio y que estaba esperando el gran momento de sentirme enamorada. Después de almorzar me tiré en el sillón del living y al calor de la hoguera me quedé adormecida&#8230;</p>
<p>No sé cuanto tiempo pasó, lo único que sé es que entre sueños comencé a sentir que alguien me decía cosas bonitas, que comenzaba a sentir un aliento cálido en mis oídos y una boca fuerte, pero muy dulce que me daba pequeños besitos en mi cara.</p>
<p>Abrí levemente los ojos y me encontré con los de Marcos que me miraban a pocos centímetros, que me acariciaban con la mirada y pensé que estaba soñando, que no era cierto, que no podía tenerlo tan cerca de mí y transmitiéndome todo ese calor que su cuerpo emanaba. Al intentar desperezarme sentí mi cuerpo inmóvil y no tardé demasiado en entender que el propio peso del cuerpo de él era el que inmovilizaba el mío, lo tenía tendido sobre mí, lo tenía todo para mí, estaba a punto de lograr lo que quería y eso no hizo más que comenzar a calentar mi piel y mi deseo.</p>
<p>Marcos me recorría la cara con sus manos diciéndome que era tan diferente a su esposa como hermosa, que no podía creer todo lo que yo había cambiado, que la otra noche le hizo el amor a mi hermana pensando que era a mí a quien tenía a su lado, que no había dejado de desearme desde que había llegado a su casa, que si no era lo que yo deseaba que se lo dijera y el jamás volvería a molestarme.</p>
<p>Como pude, como me salieron las palabras, porque me faltaba el aliento, le respondí que el sentimiento era mutuo, que mi deseo no se había extinguido sino aumentado al pensar que era mi cuñado, que nunca había estado con un hombre, pero que lo deseaba a él para ese momento y que me moría porque me hiciera el amor como había escuchado que se lo había hecho a mi hermana el otro día.</p>
<p>Al mismo tiempo que me escuchaba, me acariciaba, me rozaba los pechos, me recorría con la yema de sus dedos por encima de mi jersey, con el peso de sus piernas presionaba entre las mías para que las abriera despacio y la amplitud del sillón iba cediendo a nuestros cuerpos y nos hundíamos más y más así, pegados, soldados uno dentro del otro y sentía que flotaba ante cada dedo de Marcos en mi carne.</p>
<p>Me besó la cara, los ojos, la boca, me llenaba de besos y de pasión, me repetía lo bonita que era, lo deseable que era y lo excitado que estaba. Yo sentía que estaba mareándome de deseo, pero no podía quedarme así de inmóvil, quería que él se encendiera más y más, quería arrancarle los mismos gemidos que le había arrancado mi hermana la otra vez.</p>
<p>El sabía que yo jamás había estado con nadie, pero aun así, quería que sintiera que aún virgen, podía ser una mujer completamente apasionada así que comencé a dejar que mis manos lo recorrieran, le acaricié la espalda de arriba hacia abajo, descendí por su espalda llegando a sus nalgas, apretando sus caderas más y más hacia mí, hasta que sentía que la dureza de su entrepierna me perforaba la mía, mientras que su respiración se agitaba en mis oídos y sus caderas se movían refregándose contra las mías.</p>
<p>-¡Te quiero follar!-, me decía despacio en los oídos y eso me encendía porque estaba dicho desde una pasión profundísima, no me avergonzaba que me hablara así, sólo me excitaba. -¡Hazlo! ¡¡Deseo que seas el primero!!-. La boca de mi cuñado descendía por mi cuello, su lengua se había convertido en una suave pluma que me recorría el pecho y dejaba a su paso caricias de fuego;</p>
<p>Sus manos habían quitado mi jersey y mi pecho había quedado expuesto a sus ojos, sus dedos y su boca. Me quitó lentamente el sujetador y se dedicó a besarme cada uno de mis pechos, a encerrarlos entre sus manos uno a uno y quedarse un buen rato besándolos, lamiéndolos, tocando con la yema de sus dedos mis pezones, recorriendo el contorno y pellizcando el centro para después hacer lo mismo con su lengua.</p>
<p>Jamás había sentido la dureza que podían alcanzar, ni siquiera cuando me excitaba viendo películas subidas de tono. Sentía que el extremo de mis pechos quemaba y que sólo calmaría ese fuego su boca, su saliva, el contacto de su dura lengua al acariciarlos, al besarlos, al succionarlos como lo hacía. Mi espalda no podía dejar de arquearse y elevarse hacia él, mis caderas seguían soldadas a las suyas y su erección me quemaba, no veía el momento de poder quedar libre de toda esa ropa y poder sentir de una vez por todas todo el esplendor de su cuerpo contra el mío y ofrecerle la pasión que me estaba matando.</p>
<p>Mientras él seguía dedicado a mis pechos, comencé a quitarle la camisa y mis manos así vagaban por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel, esa piel que me fascinaba, sintiendo sus músculos tensos, duros, listos para dejar que su cuerpo se amoldara perfectamente al mío. Acaricié su espalda en círculos, subí y bajé por sus hombros, descendí un poquito con mi boca para poder besarle su pecho y me entretuve mordiendo levemente sus tetillas y así escuchar como aumentaban sus leves gemidos hasta convertirse en profundas exhalaciones de placer.</p>
<p>Alternaba los mordisquitos con caricias de mi lengua en ellos, los endurecí, los retuve entre mis labios y los solté hasta que los sentí duros como los míos, fui de uno a otro, me entretuve enloqueciéndolo así y no podía creer que fuera capaz de esas cosas, cosas que mi instinto me dictaba, cosas que jamás me había enseñado nadie, pero que a Marcos parecía enloquecerlo porque se arqueaba hacia mi boca con desesperación y seguía gimiendo.</p>
<p>No pronunciábamos palabra, nos dejábamos llevar por las sensaciones y los únicos sonidos que se escuchaban en el living eran los de nuestros besos y nuestros gemidos. Mientras seguía besándome sus manos comenzaron a acariciarme las piernas, la cara interna de los muslos y llegó a mi entrepierna.</p>
<p>Separó mis muslos delicadamente, aún con mis tejanos puestos, abrió la palma de su mano y me acariciaba por encima de la tela con su mano abierta, pasaba su palma de arriba hacia abajo, encerraba mi vagina en su mano y apretaba delicadamente viendo como mis ojos se humedecían más y más al sentir esa descarga eléctrica que significaba la mano de un hombre en ese rincón inviolable hasta ahora. Su propósito era calentarme al extremo, que yo llegara al delirio con sus caricias, que me dejara lista para todo lo que vendría después, parecíamos no tener límite de tiempo y nunca nos detuvimos a pensar que mi hermana podía llegar de un momento a otro;</p>
<p>Estábamos consumidos de deseo y yo no daba más, estallaba ante cada movimiento de mi cuñado, no creía que el cuerpo fuera capaz de dar tanto placer junto. -¡¡¡Sácame los pantalones, por favor!!!-, no podía dejar de decírselo, necesitaba sentir la piel de su mano junto a la piel de mi vagina, no quería más que eso.</p>
<p>Sentí como se sonreía ante mi pedido e inmediatamente lo hizo, bajo el cierre de mis jeans y rápidamente los deslizó por mis piernas, quedando frente a sus ojos sólo en ropa interior. Las mismas caricias que me había hecho hace instantes, las repitió por sobre mi pubis, con la diferencia de que ahora sus dedos se hundían en la carne de mi vagina, sentía como sus uñas cortísimas me arañaban muy despacio, como presionaba con la punta de sus dedos tratando de meterse en ella, pero no, sólo seguía excitándome.</p>
<p>-¡¡Estás mojada!!-, decía suavemente, casi susurrándome y era cierto, hacía rato que había sentido como me estaba humedeciendo y ahora él lo podía comprobar al sentir la humedad por encima de la tela de mi ropa interior.-¡Te deseo tanto!, ¡Te deseo tanto!-, repetía mi boca una y otra vez en sus oídos. El mismo camino que habían hecho sus manos ahora lo estaba haciendo su boca, con lo cual, en menos de dos minutos, sus labios estaban besando la entrada de mi vagina, siempre sobre mi ropa interior.</p>
<p>Sentía cómo me olía, como aspiraba mi excitación, como su lengua rozaba la tela húmeda y yo creía que no aguantaría más, pero quedaba tanto por delante que me parecía una eternidad. Ahora entendía por qué mi hermana decía las cosas que decía de mi cuñado.-¡Quítame las bragas, por favor!-, no pude evitar decírselo, la necesidad de sentir sus labios en mi carne era muy grande, no aguantaba más. No me las quitó, me las arrancó y fue el comienzo de mi real delirio.</p>
<p>Sus manos descendieron hacia mi vagina, la acariciaron, la moldearon, sus dedos separaron los labios de mi vagina y se humedecieron con mis líquidos.</p>
<p>El dedo índice de Marcos se empapó de mi flujo y recorrió internamente mi vagina, fue y vino, fue y vino, la aprendió de memoria hasta que suave y lentamente lo metió, abriendo camino dentro de mí, lo metió y lo sacó tiernamente, excitándome aun más si cabía. Ante cada arremetida de su dedo dentro de mí, mi cuerpo se elevaba hacia el cielo, sentirlo allí era una delicia y Marcos gozaba viendo mi cara y escuchando mis gemidos.</p>
<p>-¡Bésame! ¡Quiero que me beses ahí!-. Ese era uno de los deseos más profundos que tenía, sentir la boca de Marcos dentro. Mientras seguía abriéndome los labios con sus dedos, su lengua me recorría completa, me acariciaba por dentro, por fuera, me saboreaba, me degustaba y se entretenía haciendo círculos pequeñitos en mi carne&#8230;</p>
<p>Me estaba enloqueciendo y eso parecía darle más placer a él, más del que me estaba dando a mí, estaba dispuesto a que ese momento fuera completamente inolvidable para mí y lo estaba logrando. Yo sentía como me penetraba con su lengua, como la dejaba entrar y salir despacio, prolongando mi delirio, dejando que su aliento me cubriera y podía sentir como su respiración caliente me inundaba y yo respondía mojándome más y más, desde mi lugar podía sentir mi propio aroma de mujer escapándose y llenando el living de la cabaña, ese mismo aroma que me excitaba tanto a mí como a él.</p>
<p>Su lengua me enloquecía, la acompañaba con sus dedos, era fascinante sentir que había un verdadero hombre entre mis piernas, que esa primera vez nunca en mi vida iba a poder olvidármela, que hacer el amor era mucho más que una simple penetración, que había miles de formas de alcanzar el delirio y la boca y los dedos de mi cuñado me estaban arrastrando al borde del éxtasis.</p>
<p>Pero yo quería darle algo más que caricias, quería sentir que su hombría se vería satisfecha también conmigo, aunque mi experiencia fuera nula la reemplazaría por el instinto animal que él me despertaba. Lo alejé de mi entrepierna y así, con su boca llena de mí, empapada de mi flujo, lo atraje hacia mi boca, lo besé con pasión, supe lo que era mi propio sabor, lo que se sentía al tener mi flujo entre sus labios, el sabor agridulce de mi interior, dejé vagar mi lengua entre sus labios, metí mi lengua dentro de su boca y recorrí su paladar, batallé con la de él, absorbí la punta de su lengua con mis labios y dejaba mi aliento a cada paso, quería bebérmelo de una sola vez, hacerlo mío por completo.</p>
<p>Le mordí levemente los lóbulos de las orejas, metí la punta de mi lengua dentro de ellas y suspiré pesadamente en su interior, sintiendo como su cuerpo se arqueaba contra el mío al sentir la calidez de mi respiración; Bajé con mi boca por su pecho, repetí la operación de morder y succionar sus tetillas, arrastré mi lengua por su pecho, dejándole una estela de saliva hasta llegar a su ombligo, donde me detuve acariciándolo en círculos y apoyé mis mejillas en su entrepierna, donde advertí que su excitación era enorme.</p>
<p>Acaricié su entrepierna con los pantalones puestos, mis manos fueron y vinieron por encima de la rústica tela que cubría ese tesoro que estaba duro, hinchado, inflamado de deseo. Acerqué mi boca y besé levemente la zona y con mis dientes fui bajando lenta, pero cuidadosamente el cierre que lo atrapaba.</p>
<p>Ayudada por mis manos, logré bajar los pantalones y al liberar su prisión, sentí que Marcos suspiraba aliviado y ahora se dedicaba a gemir cada vez que sentía como mi boca subía y bajaba por sus muslos.</p>
<p>Era difícil creer que yo nunca hubiera tenido relaciones con nadie, pero la verdad es que desde que había tenido mi primer novio hasta ese momento, tantos días de caricias me habían enseñado como darle el mínimo placer a quien estaba conmigo, lo que nunca había experimentado yo, era el delirio que Marcos me estaba dando y la gloria de la penetración, el sello final de cualquier relación sexual.</p>
<p>No podía dejar de admirar su pene, de tomarlo delicadamente entre mis manos y darle pequeños besos como suspiros, de ver la cara de placer de mi cuñado al sentir como lo besaba, como mi boca quería enloquecerlo y lo besaba, dejaba que mi lengua descansara sobre la punta rosada y húmeda de su pene, que lo recorriera a lo largo, descendía hasta sus testículos, los lamía.</p>
<p>Llené de saliva toda la zona, no dejé de lamerlo un solo instante, lo tomé firmemente entre mis manos y dejé que su punta húmeda recorriera mis labios, en un arrebato de pasión lo metí completo en mi boca y la pelvis de Marcos se elevó al cielo, permitiendo así que su pene se metiera más aun dentro de mi paladar, sentía que me llegaba hasta la garganta y crecía dentro y eso hizo que una corriente eléctrica me recorriera el cuerpo y solo consiguió liberar más pasión y más instinto, con lo cual metí y saqué su pene frenéticamente de entre mis labios, escuchando que él me pedía más y más, que elevaba su torso para poder ver mi boca llena de su pene, para poder ver mi expresión lamiéndolo, comiéndolo entero, engulléndolo.</p>
<p>Me sentía poderosa con su pene dentro, me sentía hembra, caliente, dándole placer a él, una adolescente virgen enloqueciendo al marido de mi hermana, ese pensamiento me calentaba más y más.</p>
<p>Me deslicé hacia arriba un poco, justo para que mis pezones quedaran a la altura de su pene y con mis manos lo refregué sobre cada uno de mis pechos para que cada centímetro de mi piel entrara en contacto con la de él, para seguir aumentando esa calentura que nos consumía a los dos.</p>
<p>El aire de la cabaña estaba denso, ardiente, el aroma a sexo inundaba cada rincón, el sillón se hundía más y más, pero nada importaba, excepto nosotros dos y ese momento glorioso. Marcos me separó de él y sin dejar de besarme, me colocó nuevamente de espaldas en el sillón para poder dejarme gozar de él dentro de mí, al fin sabría lo que era ser penetrada con pasión, con delirio. -¿Estás lista?-, -¡Sí, por favor, sí!-. Abrió mis piernas delicadamente con sus manos y las elevó tanto como para poder facilitar la penetración y causarme el menor dolor posible;</p>
<p>Colocó la punta de su pene sobre los labios de mi vagina, acarició la zona con él y de una sola vez, dejó que se deslizara dentro, de un solo y seco empujón se metió en mí, abriéndose camino, desvirgándome, dejándome su sello para siempre.</p>
<p>El empujón me arrancó un pequeño quejido de dolor, pero rápidamente dejó paso a la sensación de querer retenerlo dentro, de no querer que me abandonara, dejé que mi instinto me guiara una vez más y comencé a moverme, a seguir el ritmo de sus embestidas, de sus entradas y salidas. -¡¡Me gusta, Marcos, me gusta mucho!!&#8230; Hummm, ¡¡¡sí!!!-. Escuchaba su voz gutural suspirando y moviéndose dentro de mí.</p>
<p>Sentir su pene friccionando las paredes de mi vagina ante cada entrada y salida me enloquecía, el ruido de mi flujo absorbiendo su miembro era delicioso, sentía que dentro de mi vagina había zonas que su pene rozaba que me estaba enloqueciendo. Marcos con sus manos separaba más y más mis piernas, elevaba mis caderas hacia él y me penetraba más y más. Instintivamente coloqué mis piernas alrededor de su cintura y ese movimiento me dio más placer.</p>
<p>Sin saberlo, contraje naturalmente los músculos internos de mi vagina y encerré dentro de mí el pene de mi cuñado y parece que eso lo transportó, porque escuché que me decía que eso le fascinaba, que no lo dejara salir, que lo apretara más y así hice, encerré su pene cada vez más, dificultando así las salidas y las entradas, para que el roce fuera más intenso.</p>
<p>Cada vez que el sacaba su pene para acariciar mi clítoris con su punta, sentía que miles de rayos me atravesaban el cuerpo y le pedía que volviera a meterlo, que me llenara cada rincón. En un momento lo sacó y sentía que lo ubicaba en la entrada de mi culo&#8230;</p>
<p>Me asustó la idea de que me penetrara por ahí, jamás creí que fuera a hacerlo, pero no me atreví a detenerlo porque lo sentía excitadísimo y tenía miedo de que me abandonara al sentirse rechazado así que lo dejé hacer, con la promesa interna de que si me dolía mucho se lo haría saber. ¡¡¡¡Qué placer mezclado con dolor fue sentirlo dentro de mi culo!!!!</p>
<p>Hizo lo mismo que antes, excitó la zona con su punta y cuando me quise dar cuenta, estaba dentro, bombeando, follándome sin piedad, entrando y saliendo por ese agujero estrecho, pero casi tanto o más placentero que el tradicional. Iba de un lado al otro sin miramientos, solo perseguía más y más placer.</p>
<p>El calor de la hoguera y el de nuestros cuerpos hacía que ambos estuviéramos sudadísimos y era una delicia sentir la piel de Marcos mojada de calor y placer, sentir como ambos cuerpos resbalaban al contacto, cómo el esfuerzo nos excitaba y nuestros gemidos nos llevaban más allá del éxtasis.</p>
<p>Su boca dedicaba los besos y los mordiscos más tiernos a mis pechos, sus manos separaban mis piernas y las mías masajeaban su espalda, palpando la tensión de cada músculo. Yo sentía que oleadas de calor subían y bajaban desde mi frente hasta mi vagina, como si estuviera en medio de una marejada, como sí flotara en agua caliente, me dejaba llevar por sus movimientos y los golpes de su pelvis contra la mía.</p>
<p>Cuando ninguno de los dos pudo más, cuando el estallido era inevitable, Marcos sacó su pene de mi vagina y estaba dispuesto a terminar sobre mi vientre cuando de pronto, sin saber cómo, me encontré con su pene entre mis manos, queriendo beberme su semen sin vergüenza, sin pudor, sólo por el mero hecho de darle el último segundo de placer, en agradecimiento a todo lo que el había hecho por mí.</p>
<p>Así, sin más ni más, coloqué nuevamente su pene dentro de mi boca y solamente acariciando su punta con mi lengua, logré que su semen se esparciera por mi paladar y el contacto de su leche con mi lengua me llevó a un orgasmo increíble, al mismo que llego él, al mismo que compartimos los dos mirándonos a los ojos profundamente.</p>
<p>Nos quedamos acostados, abrazados en el sillón y satisfechos.</p>
<p>Él, por haber disfrutado de una jornada de sexo increíble, tal vez una de las tantas que había tenido a lo largo de su vida. Yo, porque al fin conocía lo que era el sexo en todo el amplio sentido de la palabra, porque había pasado de adolescente a mujer apasionada, capaz de dar y recibir placer en igual medida y porque había comprobado que mi cuñado tenía la fama bien ganada.</p>
<p>Estaba pensado seriamente en irme de campamento. Sólo rogaba que la nevada cerrara los caminos durante mucho tiempo más.</p>
<p>El confidente</p>
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		<title>La trampa de mi novia</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jun 2010 11:27:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de fantasias]]></category>
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		<description><![CDATA[<img class="alignleft size-full wp-image-679" title="La trampa de mi novia -123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/06/trampa-novia.jpg" alt="La trampa de mi novia -123porno.com" width="175" height="180" /> Hace unos meses, hice una absurda apuesta con la que era mi novia, nos jugamos que el que perdiese haría realidad una fantasía del otro, fuese cual fuese esa fantasía. A mi excito la idea, pues pensé que seria algo sencillo, así que acepte sin rechistar. Ni que decir que perdí aquella apuesta, ella era la ganadora y tendría que hacer realidad una fantasía suya.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses, hice una absurda apuesta con la que  era mi novia, nos jugamos que el que perdiese haría realidad una fantasía del  otro, fuese cual fuese esa fantasía. A mi excito la idea, pues pensé que seria  algo sencillo, así que acepte sin rechistar. Ni que decir que perdí aquella  apuesta, ella era la ganadora y tendría que hacer realidad una fantasía suya.</p>
<p>Me pidió un tiempo para pensarla. Un día cuando ya ni  si quiera me recordaba, ella me lo recordó:</p>
<p>- Creo que es hora de cumplir nuestro trato.</p>
<p>Le pregunté qué era lo que quería hacer, y me dijo  que lo vería por la noche y que recordase que no podría echarme atrás, si de  verdad quería mantener la relación. Una apuesta es una apuesta, me dijo.</p>
<p>Por la noche, ella se había puesto increíble, llevaba  unas medias negras que subían un poco más allá de su rodilla, una minifalda  de volantes, que la daba un aspecto de jovencita traviesa, y una camiseta  ajustada que marcaba sus pechos desnudos. Me empezaba a gustar satisfacer su  fantasía, pero sin comerlo ni beberlo, llamaron a la puerta. Era un amigo de ella.  Menudo oportuno. Le eche una mirada fulminante para ver si se iba, pero mi  novia, Ana, me dijo que el era parte de la fantasía que fuese amable.</p>
<p>Nos sentó juntos en el sofá para explicarnos:</p>
<p>- Mirad, os he citado aquí para hacer realidad mi  fantasía, mi novio no se puede negar a nada por apostar, pero tu julio no  estas obligado a nada, así que si quieres puedes dejarlo en cualquier  momento. Si ambos aceptáis tendréis que hacer todos mis deseos.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-679" title="La trampa de mi novia -123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/06/trampa-novia.jpg" alt="La trampa de mi novia -123porno.com" width="300" height="309" />Julio ni que decir que acepto la sola posibilidad de participar en aquello le hizo endurecer su polla. A mi no me hacia mucha  gracia, pero quería mucho a Ana y no quería perderla.</p>
<p>- Quiero que os desnudéis ambos y me dejéis ver  vuestras pollas- dijo Ana.</p>
<p>Nos desnudamos, julio estaba totalmente empalmado, yo  aun con mi pene fláccido pues no me gustaba que aquel tipo estuviese allí.</p>
<p>- Buenos chicos, ahora quiero que os empecéis a  masturbar mientras yo toco mi rajita por encima de las bragas.</p>
<p>Nos masturbamos muy despacio, estaba tan bella, que  nos pusimos los dos cachondísimos.</p>
<p>- Ahora tú, Javi, quiero que cojas su polla y le  masturbes y pienses que esa polla que estas poniendo dura, me va a follar en muy  pocos minutos. Mueve despacio su mano, tocándole el capullo de la polla bien, para que se le ponga muy duro.</p>
<p>- Pero Ana… es que…</p>
<p>- Fue una apuesta Javi, ¿recuerdas?</p>
<p>Así que empece a tocarle la polla a aquel tipo, sabiendo que en un rato se la metería a ella sin piedad, el la tenia dura, no le  importaba que yo le tocase, solo tenia ojos para ella.</p>
<p>- Muy bien, ahora Javi te doy dos opciones, o le  comes la polla tu o se la como yo, para que veas que soy buena.</p>
<p>Me quedé blanco ¿qué hacer? No quería que ella le  comiese la polla, pero tampoco yo quería chuparla, no sabia que decir…<br />
- Mmm ¿no te decides? – me dijo Ana- mira que si  elijo yo lo tendrás que hacer…</p>
<p>- Está bien, cómesela. – le dije.</p>
<p>- Si así me gusta, ven Julio, pon tu polla cerca de  mi boca mientras mi novio se acerca a pocos centímetros de mi boca y ve como  te la como.</p>
<p>Se la estaba comiendo allí delante de mis narices, y  yo sin quererlo me estaba hasta excitando, ella me ordeno que la empezase a  comer el coño. Me puse entre sus piernas pensando que ese cerdo se la iba a meter  y yo estaba contribuyendo a que se pusiese más cachonda aun.</p>
<p>Sus flujos eran intensos, mientras gemía con la polla  de el en la boca, de repente me retiro y bajo a julio hasta que le encajo  entre sus piernas y se la metió de una embestida. Allí delante de mis narices se  la estaba follando y yo no podía hacer nada.</p>
<p>- Si, así&#8230; Julio sigue, no pares. Tú, Javi tienes la  opción de chuparme los pies mientras me la mete o chuparle su culo, elige, anda.</p>
<p>Uff ni lo pensé, me fui directo a sus pies, estaban mojaditos del sudor, pero antes que la otra opción hubiese elegido cualquier cosa.</p>
<p>Al poco me dijo que pusiese mi polla entre sus tetas  mientras ellos dos seguían follando, así que lo hice, me ponían muy cachondo sus  pechos, cachondisimo.</p>
<p>Al cabo de unos pocos minutos, yo ya estaba  excitadísimo, le tumbo a el boca abajo y lo empezó a cabalgar, mientras a mi me puso  frente a su cara y empezó a jugar con su piercing sobre mi capullo, estaba riquísima  su lengua.</p>
<p>Entre gemidos me dijo, mira te daré la última  elección pues os estoy notando muy cachondos a los dos, quiero que os corráis a la  vez, en esta posición, te dejo elegir, siguieres correrte follándome o correrte en mi boca.</p>
<p>Ni me lo pensé nunca había podido correrme en su  boca, no dejaría que aquel tipo fuese el primero que lo hiciese.</p>
<p>Empezó a chuparme despacito, mientras julio ya gemía  fuerte y lo cabalgaba con fuerza, cuando me susurró:</p>
<p>- ¿quieres otra apuesta mi  vida? Lo mismo a que te corres tú antes que él.</p>
<p>Le miré y tenia cara de  correrse en nada, así que acepte, pero mi novia lo tenia bien planeado, bajó su  ritmo, ya no lo montaba tan aprisa, y empezó a comerme la polla a mi muy deprisa,  metió su piercing por la rajita de mi capullo, y me acariciaba con los dedos mi  culo por fuera, me estaba poniendo a cien. Agarró mi polla con su mano y empezó a  pajearme muy deprisa. Ya estaba aguantando no sabia ni como, cuando de  repente ella acelero el ritmo de su cabalgada y julio empezó a gemir, ella  chillaba, le decía:</p>
<p>- ¡No te corras aun cabron, quiero que se corra mi novio!</p>
<p>Me puso terriblemente cachondo con sus palabras y su cara de lujuria, así que no  lo pude evitar, cuando volvió a meter su piercing lance un chorro impresionante  sobre su cara y su boca, mientras terminaba de correrme, vi. Que Julio se  empezaba a correr dentro de ella.</p>
<p>Así termino esta primera trampa.</p>
<p>Al día siguiente me dijo que no nos engañásemos los  tíos, que a casi todas las tías las pone muy cachondas follar delante de su  pareja con otro, incluso imaginar que su pareja le hace cosas a la persona que las  va a follar y con la cual será infiel.</p>
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		<title>Mi insoportable prima</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 14:02:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de incesto]]></category>
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		<description><![CDATA[<img class="alignleft size-full wp-image-531" title="123porno.com" src="http://www.123porno.com/wp-content/uploads/2010/03/mamada_noria.jpg" alt="123porno.com" width="175" height="100" />La llegada de los tíos a la costa siempre había resultado algo molesto a Carlos, su prima Paula siempre les acompañaba, y, aunque normalmente solo se quedaban un fin de semana, era tiempo suficiente como para odiar cada año más a la mimada prima Paula tres años menor.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La llegada de los tíos a la costa siempre había resultado algo molesto a Carlos, su prima Paula siempre les acompañaba, y, aunque normalmente solo se quedaban un fin de semana, era tiempo suficiente como para odiar cada año más a la mimada prima Paula tres años menor.</p>
<p>Este año, para mayor fastidio, se celebraba el decimoséptimo cumpleaños de Paula, las cajas de regalo inundaron la habitación de invitados y aunque Carlos intentó rehuir toda responsabilidad finalmente su madre le pidió que llevara a su sobrina a ver el nuevo parque de atracciones aquella misma noche mientras los demás desempaquetaban y preparaban el equipaje de los visitantes, no pudo rechistar de ninguna forma.</p>
<p>Paula iba vestida con una camiseta amarilla con dos franjas verdes a la altura de la barriga, unos vaqueros recortados sobre las rodillas y unos malgastados zapatos deportivos que poseían roturas por varios lugares. Su corta melena castaña la dejó totalmente libre de cualquier tipo de coleta, poco usual en ella.</p>
<p>Carlos fue montándose en una serie de atracciones junto a su prima y en otras mientras ella &#8220;pasaba el rato&#8221; aprovechaba para dar un paseo y relajarse. La niña le salía más cara de lo previsto, tras comprar dos perritos se le antojó subir a la noria del parque &#8220;para poder ver el paisaje mejor&#8221;. Carlos tuvo que aceptar a pesar de que cada vuelta en aquellas elegantes cabinas de la noria costaba un ojo de la cara. Antes de llegar a mitad de altura ambos perritos habían sido engullidos por la cumpleañera que quedó con hambre. De repente las luces de la cabina empezaron a tiritar hasta quedarse todo a oscuras, Carlos miró a las demás cabinas, toda la noria había quedado a oscuras. A los diez segundos una voz de hombre anunció problemas técnicos en la maquinaria de la noria, no volvió a oírse esa voz durante largos minutos que para Carlos se hicieron eternos en la oscuridad.</p>
<p>Paula se puso en pie y se dirigió a su primo.</p>
<p>- Pues yo tengo ganas de otro perrito caliente.</p>
<p>Empezó a ir de un lado a otro de la cabina haciendo que se balanceara peligrosamente.</p>
<p>- ¿Quieres estarte quieta?, ya has oído al responsable, en unos minutos se solucionará el problema y podré comprarte lo que quieras.</p>
<p>- ¡¡Yo lo quiero ahora!!</p>
<p>Carlos miró hacia las cabinas contiguas desesperado, su prima le estaba sacando de quicio, eso sin contar con que se encontraba a bastantes metros de altura encerrado durante un buen rato. No había absolutamente nadie en las cabinas adyacentes y Paula seguía balanceando la cabina de un lado a otro de forma peligrosa.</p>
<p>De repente Paula se asomó por una de las ventanas abiertas de la cabina de forma demasiado intrépida, Carlos se lanzó rápidamente hacia su prima y la sujetó con firmeza por la cintura.</p>
<p>- ¿Qué coño estás haciendo?</p>
<p>La prima esbozó una de sus muecas de total inocencia.</p>
<p>- Quería ver cómo se veían las personas de allá abajo.</p>
<p>Carlos soltó un resoplido y, volviéndose a sentar, cerró los ojos apoyando su cabeza sobre el cristal.</p>
<p>- Tengo hambre, quiero una salchicha.</p>
<p>Carlos no se molestó en abrir los ojos esta vez.</p>
<p>- Te he dicho que aquí arriba no puedo hacer nada.</p>
<p>- Eso no es cierto&#8230;</p>
<p>Carlos notó como su prima volvía a balancear toda la cabina con su movimiento. Sin darle tiempo a reaccionar Paula colocó su mano sobre la entrepierna de su primo que rápidamente se incorporó.</p>
<p>- Tú tienes una bastante grande para saciar toda mi hambre, te la vi el año pasado mientras te cambiabas.</p>
<p>Paula poseía una mirada perspicaz mientras no apartaba sus marrones ojos de los oscuros de su primo.</p>
<p>- ¿Qué crees que estás haciendo, Paula?</p>
<p>- Agradeciéndote mi regalo.</p>
<p>Con unas suaves y traviesas carcajadas bajó la cremallera de Carlos que volvió a dejarse caer sobre el asiento mientras observaba a su acompañante actuar sin ningún tipo de impedimento.</p>
<p>Tras abrir totalmente la cremallera los calzones de color blanco de Carlos aparecieron ante la vista de su, de repente cachonda, prima.</p>
<p>Introduciendo la mano por la abertura del pantalón acarició sobre los calzones el miembro de Carlos que empezó a endurecerse con el roce.</p>
<p>- Veo que aún no estás del todo motivado, eso tendremos que arreglarlo.</p>
<p>Apoyándose sobre el muslo de su primo se colocó hasta acercar su cara a la de él y sin esperar a nada más empezó a besarle tímidamente hasta que Carlos entreabrió sus labios y ambas lenguas no tuvieron ningún impedimento en juguetear mientras la mano de Paula seguía acariciando la suave tela de los calzoncillos.</p>
<p>Finalmente Paula se alejó unos centímetros de su primo y con una media sonrisa volvió a hablar.</p>
<p>- Desde que te la vi no he podido dejar de pensar en saborearla.</p>
<p>Carlos acarició de forma sensual la mejilla de su prima ya totalmente convencido de lo que iba a hacer.</p>
<p>- Es toda tuya.</p>
<p>La joven cayó de rodillas entre las piernas de su primo que ya tenía una erección bastante notable.</p>
<p>La mano de Paula se introdujo por la abertura de la cremallera y sobre el bóxer de su primo finalmente llegó a su pene.</p>
<p>- Es enorme.</p>
<p>Carlos sonrió desde su elevada posición antes de sujetar la curiosa mano de su compañera de cabina y sacarla junto a su falo, que salió disparado como si tuviera un muelle.</p>
<p>- Creía que tenías mucha hambre.</p>
<p>El leve roce de la lengua en su pene hizo que emitiera un leve gemido de placer, su prima empezó a lamer en círculos la cabeza de la polla sin apartar la vista desde su posición de la expresión de éxtasis de Carlos.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-531 aligncenter" title="123porno.com" src="http://123porno.com/wp-content/uploads/2010/03/mamada_noria.jpg" alt="123porno.com" width="350" height="200" /></p>
<p>Paula empezó a acariciar con las yemas de los dedos los huevos de su primo mientras proseguía con su lengüeteo circular, la chica empezó a reír y tras unos segundos se introdujo el aparato hasta la mitad y empezó a sacar y meter. Esta vez su lengua recorrió todo el tronco usando algunas veces un suave mordisco en el principio del glande. Carlos empezó a gemir con fuerza y apoyándose sobre el cristal ayudaba con pequeñas embestidas el trabajo que estaba realizando su prima.</p>
<p>Se sacó la polla de la boca y usando su lengua fue recorriendo todos y cada uno de los rincones de la verga hasta finalmente bajar a los huevos en los que se demoró mucho más con lametadas rápidas y precisas. Con su lengua fue recorriendo el tronco hasta finalmente regresar al glande que no tardó en ser engullido nuevamente en la oscuridad de su boca.</p>
<p>Con un gruñido definitivamente Carlos empezó a descargar su líquido dentro de la boca de su prima que fue engullendo lentamente toda la leche descargada. Con un suspiro Paula se separó de los genitales de su compañero de cabina.</p>
<p>- Es la mejor polla que he comido en muchos años.</p>
<p>- Aún puedes repetir durante todo el fin de semana.</p>
<p>Paula se limitó a mirar con ojos viciosos como su primo volvía a subirse los calzones y abrocharse la cremallera.</p>
<p>La prima se apoyó sobre el asiento para reincorporarse quedando así cara al sentado Carlos.</p>
<p>- ¡Mira como te has puesto las rodillas!</p>
<p>Las rodillas de Paula habían quedado ennegrecidas por la suciedad existente en el suelo de la cabina, Carlos echó mano a uno de sus bolsillos y sacando un kleenex empezó a limpiar con lentitud toda la suciedad hasta dejar ambas rodillas de su prima relativamente limpias.</p>
<p>Fue cuando iba a lanzar el kleenex a un lado cuando Carlos se percató de que el pequeño vaquero de su prima estaba húmedo.</p>
<p>- ¡Y los jeans también!, vas a tener que quitártelos.</p>
<p>Sin dar tiempo a reaccionar a Paula desabrochó el botón de sus vaqueros dejando ver el filo de unas braguitas amarillas, Carlos empezó a besar una y otra vez en el filo de las braguitas a su prima que volvía a temblar presa de la excitación. Carlos fue bajando poco a poco pero paró en seco y se recostó sobre el sillón de forma que la cabina se movió de un lado a otro, las luces de la cabina empezaban a llegar y los engranajes del mecanismo de la noria empezaban a chirriar. El apagón había sido solucionado.</p>
<p>- Será mejor que pospongamos la muda para otra ocasión mejor, primita, aunque a casa no podemos volver sin solucionar ese problema.</p>
<p>Carlos guiñó un ojo a su prima y observó como el suelo volvía a acercarse lentamente mientras su prima subía su cremallera. En aquel parque de atracciones debería haber algún tipo de tienda de ropa, daba igual si fuera de talla pequeña, y unos servicios, unos servicios que Carlos esperaba suficientemente amplios como para dar cabida a dos jóvenes que quisieran cambiarse su ropa mojada&#8230;</p>
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		<title>Me gusta mi trabajo</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 11:03:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos de jóvenes]]></category>

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		<description><![CDATA[Hola. Soy un chico de 17 años llamado Hector. Antes de contarles mi relato queria explicarles k es lo k hago. Yo estudio Bachillerato en Barcelona y por las tardes me dedico a ir a casa de mujeres mayores que yo para complacerlas a cambio de dinero...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola. Soy un chico de 17 años llamado Hector. Antes de contarles mi relato queria explicarles k es lo k hago. Yo estudio Bachillerato en Barcelona y por las tardes me dedico a ir a casa de mujeres mayores que yo para complacerlas a cambio de dinero. </p>
<p>Todo empezó una tarde de Noviembre cuando me encontraba solo en mi casa, estaba aburrido y no tenía ninguna cita con mujeres esa tarde y tenía ganas de salir a divertirme, el problema era que mis amigos ya habian quedado pero tuve la suerte de que en ese instante recibi una llamada de una mujer la cual me dijo k leio uno de mis relatos y k keria k la satisfaciera sexualmente a cambio de dinero. Esta mujer estaba casada pero su marido se habia ido a una reunion de negocios, asi k keria me pasase por su casa. Cuando llegué toqué el timbre y me atendió, estaba vestida con una camisa blanca holgada, pero que aun así dejaba observar la redondez de sus pechos, y podía apreciarse que no llevaba sostén. Cuando me abrió la puerta me saludó y me preguntó como estaba, note k ella no podía dejar de mirarme, y le contesté que bien. Me ofreció un café, el cual no pude rechazar, no quería ofenderla, ella me miró se sonrío y se dirigió a la cocina a la vez k me decia que últimamente no había tenido muchos encuentros cercanos con el sexo opuesto (ya k su marido ya no practiaba el sexo con ella). Me levanté y me dirigí a la cocina para no tener que hablar en voz alta, me paré en la puerta y al verme ella a mi parado frente a puerta de la cocina me miró y me dijo que le parecía extraño lo k le estaba sucediendo, ya que le resultaba agradable y atractivo. Mientras hablábamos hizo un gesto como de dolor y se tomó el hombro, le pregunté que le sucedía, y me dijo que nada que tenía un dolor no muy fuerte, debía ser una contractura, por el cansancio y el strees que le producía su trabajo en la oficina. </p>
<p>Yo me levanté, me paré detrás de ella y comencé a hacerle masajes en el hombro, a lo que ella se mostró muy a gusto, fui deslizando mis manos por su espalda, le pregunté si le gustaba, &#8220;Me encanta&#8221;, respondió. Comencé a dirijirme con mis manos a sus tetas y no habiendo oposición por su parte comencé acariciárcelas, noté entonces que sus pezones estaban duros, y la suavidad de sus pechos me excitaba tanto que mi pene se puso duro, luchaba por salir del pantalón, dejé de acariciarla y ella me tomó de las manos como dándome a entender de que quería que siguiera a lo que me negué ya que yo quería pararme frente a ella. Una vez echo esto me miro, y entendi de inmediato que era lo que deseaba y comenzó a bajar el cierre de mi pantalón, y con una mano agarró mi pene que estaba duro y lo dejó salir de su prisión, me miró y lo metió en su boca&#8230; Era increíble la forma como me lo estaba chupando, lo metía todo en su boca, de forma que en algunos momentos pude sentir su campanilla contra mi glande, su lengua se movía de una manera que nunca antes conocí, ella estaba tan excitada que tenía miedo de hacerme acabar rápidamente, entonces la tomé de los pelos y la alejé de mi pene a lo que se mostró un poco disconforme ya que estaba muy entusiasmada en sus labores, pero rápidamente le quité la camisa y comencé a besarle sus hermosas tetas y mordisquearle suavemente los pezones esto hizo que se excitara aún más, lo que aproveché para ir quitándole su pequeña tanga y luego su pollera, fuí bajando con mi boca lentamente hasta su húmeda concha, y empecé a jugar en ella con mi lengua, haciendo que la excitación de Susana fuera tal que se arqueaba sobre el sillón de la sala gimiendo de placer, me detuve, me suplicó que continuara, pero yo me paré sin hacer caso a su petición y la tomé en mis brazos, la llevé a la cama, la acosté y me retire un poco para que me observara desnudarme, ella me miraba y pedía que me apurara, una vez desnudo me acerqué a la cama y ella ya muy caliente se acercó a mi, tomo mi pene con sus manos y comenzó a chupármelo nuevamente, la tomé del pelo, la alejé y la hice acostarse y con la otra mano le separé las piernas, lo que no costo demasiado dado la calentura que tenía. Me arrodillé frente a ella y le tomé una mano, la llevé hasta mi pene, me lo agarró con firmeza y lentamente me fui acercando de modo que lo fuera guiando hasta su concha húmeda y ardiente, la penetré despacio para poder sentir el calor de su vagina. Ella me pedía desesperada que me moviera con fuerza y rapidez, yo no hacía caso a su petición porque deseaba disfrutar ese momento y debía hacerla excitar todo lo posible para asegurarme de hacerla gozar plenamente, continúe unos instantes con movimientos lentos sintiendo mi pene deslizarse dentro de esa concha lubricada por sus jugos, ya estaba tan excitado que no pude contener más mis instintos y deseos que comencé a moverme con más fuerza y rapidez, ella me pedía que siguiera así que la envistiera más fuerte, pedido este que complacía con todas mis ganas, al escucharla acabar no pude evitar hacerlo yo también, me abrazó y besó fuertemente, luego se relajó por completo, de igual modo lo hice yo. </p>
<p>Al cabo de unos minutos, sonó el teléfono, me puse tenso y nervioso, estaba en la cama con la mujer de un hombre que podía llegar en cualquier momento, ella contestó, era su marido que le avisaba que iba a llegar tarde ya que se quedaría a cenar en lo de su hermano, Susana le dijo que no tenía problemas y lo despidió. Se dió vuelta, me miró y dijo &#8220;Podemos disfrutar otro rato más, mi marido va llegar tarde&#8221;, y comenzó a besarme suavemente bajando lentamente por mi pecho, después mi abdomen y por fin deteniéndose en mi pene, me lo empezó a chupar con la misma ansiedad con que lo hizo la primera vez y en unos segundos ya lo tenía duro como piedra nuevamente, había conseguido excitarme otra vez, nunca conocí una mujer que la chupara como Susana, yo respondí a su juego y me acomodé de modo que quedamos en un sesenta y nueve perfecto, le chupaba la concha y comencé a introducir un dedo en su culo, lo que pareció gustarle, fui guiándola para ir cambiando la posición, cuando estuvimos frente a frente le dije que la quería coger desde atrás, me dijo que sí, pero no por el culo, acepté el condicionamiento, se puso boca abajo, le hice poner una almohada bajo su vientre para tener su culito bien levantado, le cerré las piernas, ella no se oponía a ninguna de mis maniobras y eso me excitaba mucho, me acomodé y la penetré por la concha desde atrás, como tenía las piernas cerradas, la fricción de mi pene era mayor a lo normal esto la calentó tanto que comenzó a gemir y gritar, me pedía que la cogiera más fuerte, y yo la complacía, mi pene estaba bien duro, y lo veía salir totalmente mojado con los jugos de Susana, esto me calentaba más, comencé a meterle un dedo en el culo, ella comenzó a gemir mas fuerte después de unos segundos le metí dos dedos lo que parecía gustarle aun más, en un momento la escuche decir &#8220;SI!!!&#8221;, yo pensé que estaba exclamando de placer, pero volvió a decir, &#8220;SI!!!, si quieres cogerme por el culo hazlo!&#8221;. Petición ésta que no quería hacer esperar ni un segundo, saqué mi pija de su concha, estaba mojada y dura, la tomé con una mano y la llevé hasta su ano, ya dilatado por el juego realizado con mis dedos, la penetré de un solo empellón, gritó un poco, mezcla de dolor y placer, la tomé de los cabellos y fui acomodándola de manera que los dos quedemos arrodillados, yo siempre con mi pija en su culo, comencé a moverme lentamente y ella gemía, me tomó de las piernas y me llevaba contra ella, yo con una mano le acariciaba las tetas, y con la otra le frotaba su clítoris, yo ya estaba tan excitado que no podía más y acabé en su culo, ella al sentir mi leche caliente correr por su ano acabó y cayó rendida sobre la cama y yo abrazada a ella, al cabo de unos minutos me miró y me dijo que era la mejor cogida que le habían pegado últimamente, y me pidió que nos volviéramos a ver en otra ocasión. </p>
<p>Me levante fuí a bañarme, una vez vestido, ella se puso un vestido ajustado, que dejaba apreciar sus curvas, me acompañó hasta la puerta del edificio, me despidió y quedamos en vernos en la semana, así estuvimos unos seis meses, hasta k se centro y volvio a cogerse a su marido.</p>
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