jun 28, 2010

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Pasión por los Glory Holes

Os cuento una pequeña aventura que nos propusimos llevar a cabo y que fue muy excitante.

Como ya recordaréis somos una pareja donde ella está “como un tren” y yo disfruto haciéndola feliz. A ella le encanta tocar pollas. Es algo que lleva haciendo años y le encanta y a mi me encanta verla. Los tíos se ponen como burros y cuanto más burros se ponen más le gusta.

Nos propusimos un día probar algo nuevo, por lo que decidimos ir a un sex-shop de Madrid donde hay glory hole. Está por la zona de plaza España. Quería tocar rabos por doquier pero que ellos no pudieran tocarla ni verla, pero lo principal era comprobar el número de rabos que eran capaz de descargar su leche en una hora y disfrutar de las corridas de los chicos.

Cuando entramos (eran sobre las 6 de la tarde) los hombre se nos quedaron mirando. Al principio pensaron que sólo íbamos a comprar algo, pero después, cuando vieron que pedimos cambio para las cabinas se pusieron todos detrás de nosotros. Le pedidos permiso al encargado para entrar los dos en una cabina y nos lo dijo que no había problema, pero que no podíamos dejar pasar a los chicos ya que no se podía estar más de una persona por cabina, pero que en nuestro caso haría una excepción. Como para no hacerla, ya que mi chica llevaba un vestido negro ajustado y unos zapatos descubiertos de tacón que hacía que se le viera la mar de “guarrilla”.

Entramos a la cabina, metimos un billete y abrimos la portezuela del glory hole. De inmediato apareció una cara para ver lo que había allí dentro y acto seguido apareció un rabo. El rabo era normal, de unos 15cm. Fue impresionante. Ella se acercó despacio y se le acarició los huevos con la uñas. Ese rabo cobro vida propia y en 15 segundos estaba tieso como un palo. Era más bien feucho, torcido a la izquierda y totalmente descapullado, o sea, sin “pellejo” alguno. Le agarró el rabo con una mano y le dio 2 sacudidas. Al instante ese rabo empezó a escupir leche. Vaya mierda, dijo ella, este tío se ha corrido en menos de medio minuto. El rabo desapareció y apareció otro. Más de lo mismo, dos sacudidas y leche al suelo. Todos los rabos eran similares, de tamaño y de cantidad de leche que echaban y todos se corrían en menos de 1 minuto. Era decepcionante. Cuando llevábamos unos 8 rabos pajeados, me dio por asomar la cabeza por la puerta de nuestra cabina. Era increíble, había cola de tíos esperando para entrar.

Siguieron pasando rabos por el agujero y ya había un gran charco de leche en el suelo. En un momento dado, al retirarse uno de los muchos rabos vaciados de leche entró algo que nos hizo mirar con atención. Apareció un pedazo de carne descomunal. Estaba flácido, pero medía al menos 22 cm y grueso como un baso de tubo. Ella lo agarró con ambas manos y se agachó a chuparlo: -“Este pedazo de carne no me quedo yo sin probarlo”, dijo, pero lo dijo con una voz que me hizo estremece hasta los pelos del culo. Joder, lo que pasó fue que ese trozo empezó a crecer y crecer. Era impresionante ver aquello en erección y apuntando hacia arriba. Palpitaba y daba golpes en la pared de madera. Estaba excitadísimo, eso sin lugar a dudas, ya que soplaba y bufaba como un toro. Saqué un calendario de mi cartera, de esos que llevan una pequeña regla y le medí el rabo: 29 cm de rabo y no era negro.

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Ella se puso a moverlo arriba y abajo, chupándolo. Empezaba a calentarse, ya que se había quitado las bragas, tenía el vestido en la cintura y se había empezado a hacer un dedito. Me decía cosas guarras como “mira el rabo que me estoy comiendo” o “este sí que me lo apunto para mi colección”, cosas así. Sacó un condón de su bolso y se lo puso. Le pregunté que si se lo iba a tirar y me dijo que por supuesto, que no se iba a perder ese trozo de carne. El tío estaba que no vivía. No era español, eso sin lugar a dudas, es posible que fuera alemán, por lo tipos de palabras que decía. Cuando ella le puso en condón creo que esa polla creció aún más, era impresionante. Lo cogió para metérselo pero no llegaba. Imaginaros una chica delgadita, de 1,65 de altura y 50 Kg de peso tratando de meterse un rabo de casi 30cm. Ese rabo no se torcía hacía abajo, estaba tan duro que no se torcía para ningún sitio. Entonces tuve la idea de cogerla yo en volandas y dejarla caer sobre ese rabo. Ella aceptó, la cogí de la cintura, subía la altura de ese rabo, apunto el rabo a su coño y la dejé caer.

Lo que pasó después fue de infarto. Mi mujer quedó como ensartada como un pavo. Su cara estaba descompuesta y chillaba como una ninfómana. Lo curioso es que aunque yo casi la había soltado del todo sus pies no tocaban casi el suelo y no se caía. Conclusión, estaba sostenida tan solo por la fuerza de ese rabo. Se lo folló de todas la formas y maneras, el chico aguantaba como un jabato sin correrse. Mi mujer se corría una y otra vez, chillaba y se meneaba encima de ese mástil de carne. Yo ya me había hecho 3 pajas en menos de 30 minutos y no pude evitar tocarlo los huevos a ese hombre-caballo que se estaba follando sin piedad a mi bella mujercita. Ella estaba en la gloria y yo…..bueno yo aguantando el tipo, aunque debo reconocer que estaba cachondo perdido.

Escuchamos que decía que se iba a correr. Mi mujer se bajó de ese caballo, le quitó el condón y empezó a menearlo con ambas manos. Cuando se empezó a correr fue el no va más. 8 ó 9 sacudidas de leche, a cual más grande y espesa, llenaron la cara, pelo y tetas de mi mujer. Algunas de esas lechadas pasaron por encima de su cabeza y fueron a parar a su espalda. Algo increíble. Esa fábrica lechera se había vaciado, pero ni por asomo se bajada de su situación de privilegio. Seguía dura y grande como al principio. Mi mujer siguió moviendo sus manos arriba y abajo y pasó algo sorprendente, en menos de 1 minuto volvió a empezar a correrse. Sus sacudidas eran menores, pero volvió a depositar su leche en la cara y tetas de mi mujer. Había perdido fuerza, pero ese rabo no se bajaba y mi mujer seguía meneando. Ya era como un reto para ella. A los 5 minutos ese rabo volvió a escupir leche, ahora ya en cantidad menos notable, pero suficiente como para mancharle los zapatos. Mi mujer siguió meneando, pero el chico no pudo más y se retiró con el rabo flácido.

Nos limpiamos, salimos entre comentarios de los chicos que allí estaban y nos fuimos.

Una experiencia alucinante.

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